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Oficio de la Inmaculada

Mons. João S. Clá Dias (http://www.joaocladias.org.br)

“Hermosa como la luna, elegida como el sol,

terrible como un ejército en orden de batalla”

Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, Comentado

Con prefacio del Rvdo. P. Fray Antonio Royo Marín, O.P.



Al lector

No hay un solo devoto de la Virgen que no haya sido acariciado en el fondo de su alma, por aquel suave, profundo y maternal toque sobrenatural, proveniente de las sublimes alturas y de sus purísimas manos. Como Madre generosa, no pocas veces, Ella tiene la iniciativa del auxilio poderoso.

Transcurrían las solemnidades de la Semana Santa de 1991, cuando el autor de estos comentarios se hallaba al borde de la muerte, en un hospital de São Paulo. En aquel trance, él prometió a la Inmaculada Concepción que, comentaría el Pequeño Oficio en el círculo de sus amistades, si Ella le devolvía la salud. Habiendo recibido la Extremaunción la noche del Jueves Santo, se sintió, al poco tiempo, inundado por un océano de confianza en una intervención celestial.

Y, en efecto, en menos de dos meses ya se encontraba restablecido, y entonces le correspondía, lleno de gratitud, satisfacer el piadoso compromiso asumido con la Madre de misericordia y Salud de los enfermos.

Ayudado por algunos de sus hermanos de vocación, reunió las informaciones necesarias para cumplir su ofrenda a María Santísima.

Después de una serie de exposiciones sobre el pequeño salterio mariano, algunas personas insistieron en la conveniencia de divulgar más ampliamente aquellas disertaciones, con la intención de incrementar tan piadosa devoción.

Y atendiendo a esas súplicas, es por lo que se publican los presentes comentarios, bajo el prisma de las hermosas palabras de una de las más insignes luces que brillan en los cielos de la Mariología, San Luis María Grignion de Montfort, ardoroso devoto de la Santísima Virgen.

"De María nunquam satis... Aún no se alabó, exaltó, honró, amó y sirvió suficientemente a María, pues Ella merece mucha más alabanza, respeto, amor y servicio(...). Los Santos dijeron cosas admirables de esta ciudad santa de Dios(...). Y, después, proclamaron que es imposible percibir la altura de sus méritos, que Ella elevó hasta el trono de la Divinidad; que la anchura de su caridad, más extensa que la tierra, no se puede medir; que está más allá de toda comprensión la grandeza del poder que Ella ejerce sobre el propio Dios; y, en fin, que la profundidad de su humildad y de todas sus virtudes y gracias son un abismo imposible de sondear. !Oh altura incomprensible!. !Oh anchura inefable!. !Oh grandeza inconmensurable!(...). Los ojos no vieron, el oído no oyó, ni corazón humano comprendió las bellezas, las grandezas, las excelencias de María, el milagro de los milagros de la gracia, de la naturaleza y de la gloria"(1)

Así, las presentes consideraciones no llegan a ser un tratado exhaustivo, pues están lejos de abarcar el casi infinito universo de las excelencias de la Virgen María. Siglos de continuas alabanzas resuenan para la eternidad, junto al trono de la Inmaculada y Sapiencial Soberana, y otros aún se sucederán, interminables, sin lograr rendirle toda la honra que Ella merece.

Verdad ésta, corroborada por el profesor y ex-bibliotecario de la Facultad Pontificia Teológica Mariana (en Roma), Pe. Giuseppe M. Besutti, O.S.M., según el cual hace mucho vienen siendo publicados más de dos mil libros sobre Nuestra Señora cada año, en el mundo entero...

Dígnese Ella, Madre de misericordia inagotable, bendecir estas páginas que Le son dedicadas, haciéndolas fructificar en sincera y abrasada devoción mariana, en las almas de cuantos las leyeren.

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Prefacio

El autor de este bellísimo comentario al "Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción", D. João S. Clá Dias, tuvo la amabilidad de pedirme unas palabras que sirvieran de prefacio a la edición portuguesa.

El "Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción" constituye, de por sí, un genuino y profundo placer para todos aquellos que aman verdaderamente a la Virgen María. Produce real asombro encontrar totalmente reunidos en tan cortas invocaciones todos los grandes dogmas y títulos marianos, sin excepción.

Además, el espléndido comentario que acompaña a cada una de esas invocaciones las enriquece de una forma tan maravillosa, que se hace imposible encontrar algo más en las enseñanzas que nos legaron los grandes Santos marianos de todos los tiempos: Bernardo, Alberto Magno, Tomás de Aquino, Buenaventura, Grignion de Montfort, Alfonso Rodríguez, Alfonso de Ligorio, Juan Eudes, Antonio María Claret, etc., cuyas doctrinas son citadas abundantemente, al igual que las sabias especulaciones de los mejores teólogos marianos tales como Garrigou-Lagrange, Garriguet, Raulica, Alustrey, Campana, Roschini, Guitton, Marechal, Philipon, William, Scheeben, Terrien y otros muchos, juntamente con los imprescindibles documentos del Magisterio de la Iglesia a través de los Concilios y de los Sumos Pontífices.

¡Toda una espléndida y completa mariología en una perspectiva teológica y eminentemente devocional!

Para que el lector vaya teniendo conocimiento de todo lo que acabamos de decir, nos parece oportuno recoger aquí, en un brevísimo resumen, el contenido doctrinario de cada uno de los ocho capítulos en que el autor divide su magnífico comentario.

Capítulo 1.- Maitines: Especialmente hermosos son los comentarios a invocaciones tan bellas como Estrella de la Mañana, Reina del Cielo, Llena de gracia, Luz pura, Benefactora del mundo, Omnipotencia suplicante, Auxiliadora del Purgatorio...

Capítulo 2.- Prima: Aquí se celebran las grandes Virtudes de María (Teologales, Cardinales y derivadas) que constituyen el núcleo central de su excelsa santidad, superada solo por la infinita de su Hijo, Jesús.

Capítulo 3.- Tercia: Son expuestas y comentadas las múltiples prerrogativas y dignidades de María como Arca del Nuevo Testamento, Trono de Salomón, Arco-Iris de Esperanza, Zarza ardiente, Virgen Florida, Puerta cerrada, Virgen Inmaculada...

Capítulo 4.- Sexta: Piadoso sobremanera es el modo como se nos habla de la virginidad de María, Templo de la Santísima Trinidad, Encanto de los Ángeles, Ideal de castidad, Consuelo de los tristes, Alegría del Paraíso, Heroica Fortaleza, Lirio entre espinos, Conjunto de todas las gracias...

Capítulo 5.- Nona: Se invoca a María como Refugio de los pecadores, Torre de David, Torre de marfil, Caridad ardiente, Vencedora del demonio, Bella como Abigail, Valiente como Judith, Virgen de las vírgenes, toda Hermosa de cuerpo y alma...

Capítulo 6.- Vísperas: Se expone la Redención preventiva de María, su profundísima humildad, Lucero de la Mañana, Aurora que anuncia el día, Brillante como el sol, Bella como la luna, Luz inextinguible que excede en claridad a todos los Santos...

Capítulo 7.- Completas: Se reúnen aquí, entre otros muchos, los principales títulos de la Salve: Vida, Dulzura y Esperanza nuestra, Dispensadora de todas las gracias, Estrella del mar, Puerta del Cielo, Salud de los enfermos, Garantía de la eterna salvación...

Capítulo 8.- Despues del Oficio: Se hace un Devoto Ofrecimiento y se invoca la protección de la Virgen, en la vida y en la muerte.

Después de este exhaustivo y maravilloso repertorio de dogmas y títulos marianos, parece que ya nada cabría añadir. Sin embargo, el lector se ve gratamente sorprendido con dos extensos y magníficos "Apéndices":

Apéndice I: Bajo el título de "Dogmas y privilegios marianos" son expuestos en una perspectiva estrictamente teológica, la Predestinación eterna de María, su Inmaculada Concepción, su Perpetua Virginidad, su Maternidad divina, su Maternidad espiritual, Corredentora del género humano, Medianera y Dispensadora Universal de todas las gracias, su gloriosa Asunción a los Cielos, su Realeza Universal, la Plenitud de su gracia (con las Virtudes infusas, Dones y Frutos del Espíritu Santo y las Bienaventuranzas evangélicas) y sus carismas o gracias "gratis datae".

Apéndice II: Se trata de un estudio detallado de la evolución histórica del dogma de la Inmaculada Concepción, desde una piadosa creencia hasta la expresa declaración dogmática por Pío IX, el 8 de diciembre de 1854.

Es inútil ponderar el riquísimo contenido dogmático y devocional de estas páginas que nos cabe la honra de presentar al lector, a manera de "Prefacio". Basta leer el brevísimo índice-resumen que acabamos de hacer, para que se vuelva superfluo insistir en cosa tan clara y evidente.

Los devotos de María tienen aquí un verdadero arsenal para alimentar y satisfacer su fervor mariano, por más intenso que sea.!Que la Santísima Virgen bendiga abundantemente a los que asumieron la tarea de proporcionarnos tan grande festín espiritual!

Fr. Antonio Royo Marín, O.P.

Madrid, 29 de Septiembre de 1994
Fiesta de San Miguel Arcángel



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El Pequeño Oficio

de la Inmaculada Concepción

El Autor

Después de consultar muchos archivos y fuentes históricas, el Pe. Colin, biógrafo de San Alfonso María de Ligorio, concluyó que Frei Bernardino de Busti (1450-1513), el gran e ilustre predicador franciscano, fue el autor del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción.

Oriundo de la familia de los Busti, de Milán, hizo en esta ciudad sus primeros estudios, terminando jurisprudencia en Pavía. En 1475 ingresó en la Orden de los Frailes Menores, en la cual se destacó por el ejemplo de sus virtudes y por el brillo de su inteligencia.

Filósofo y teólogo, versado también en el Derecho eclesiástico y civil, Fray Bernardino de Busti, se distinguió como apóstol y escritor particularmente mariano. La fecundidad de su espíritu produjo diversas obras, siendo la mayor y más difundida el "Mariale de singulis festivatis Beatae Virginae Mariae" realizada en 1492, citada frecuentemente por los autores eclesiásticos. Referente a la Inmaculada Concepción, publicó nueve sermones, además de su "Officium et Missa de Immaculata Conceptione".

Fray Bernardino murió, en olor de santidad, entre los años 1513 y 1515 (probablemente el día 8 de mayo de 1513), en el convento de Santa María della Misericordia, en Melegnano (Lombardía). No tardó mucho para que la devoción popular -vox populi Dei- lo proclamase bienaventurado(2).

Difusión

A pesar de la virtuosa penumbra en que dejó que quedara su autor, el Pequeño Oficio se difundió enormemente por el orbe católico. Entre los que cooperaron para ello, se encuentra especialmente San Alfonso Rodríguez, S.J., natural de Segovia (España). Ardoroso devoto de la Santísima Virgen, este insigne jesuita recibió con júbilo el salterio mariano, que consideraba el más bello himno de alabanza a la Inmaculada Soberana.

Escribe San Alfonso Rodríguez de sí mismo, en tercera persona: "(Cierto día) este hombre daba gracias después de la comida, cuando se vio en presencia de la Santísima Virgen que lo favoreció con su trato íntimo y familiar. Recibió de Ella la orden de escribir las oraciones que acostumbraba a rezar. Teniendo recelo de que fuera una ilusión, fue tranquilizado por María, que nuevamente lo exhortó a obedecer para la gloria de Dios.

Las oraciones que desde hacía mucho acostumbraba a dirigir a la Virgen eran principalmente el Rosario, la Letanía de Nuestra Señora, el Oficio de su Santísima Concepción (que sabía de memoria), doce Salves y doce Ave-Marías para recordar cada hora la beatísima Concepción y alcanzar el auxilio de Jesús contra los ataques del pecado. Cuando cumplía estas prácticas de piedad, se sentía maravillosamente abrasado en devoción y amor; y disfrutaba de los más deliciosos coloquios con María" (Acta SS.).

Cuando era portero del colegio de Mallorca, como hermano coadjutor de la Compañía de Jesús, San Alfonso Rodríguez no esperó a la invitación de la Madre de Dios para difundir entre sus conocidos la práctica de esta devoción mariana. Siempre que se lo permitían sus funciones, recomendaba a todos el pequeño Oficio como medio de alabar especialmente a la Santísima Virgen(3).

En los momentos de descanso, transcribía a mano esta oración y la distribuía entre los alumnos del colegio, enseñándoles al mismo tiempo la manera de recitarla. De este piadoso apostolado no excluía a sus hermanos de hábito, extendiendo así la práctica del Pequeño Oficio a las demás casas de la Compañía de Jesús.

San Alfonso Rodríguez falleció en octubre de 1617, tras haber sido coronados sus esfuerzos.

No fue menor el ejemplo de San Alfonso María de Ligorio. Doctor de la Iglesia y Fundador de los Redentoristas, jurando defender con su propia vida el privilegio de la Inmaculada Concepción. Desde el momento en que conoció el Pequeño Oficio, pasó a rezarlo todos los días.

Según autores competentes, cierta vez la Santísima Virgen se apareció a San Alfonso, agradeciéndole y aprobando la recitación de las piadosas Horas. Luego le ordenó que las escribiese y las difundiese(4).

También las Congregaciones Marianas ayudaron de modo relevante a la propagación de este Oficio. Muchos miembros poseían su propia edición y la rezaban en todas las reuniones.

Modo de rezar

El pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción sigue las divisiones tradicionales del gran Oficio divino, cuya recitación distribuyó en diferentes horas del día el salterio del Rey y Profeta David, que decía: "Siete veces al día, te dirigirás al Señor en alabanzas".

De acuerdo con los cánones del Breviario, se reparte así:

Maitines: antes de la aurora
Prima: a las 6 horas
Tercia: a las 9 horas
Sexta: a las 12 horas
Nona: a las 15 horas
Vísperas: al atardecer
Completas: por la noche

Aunque se puede rezar todo de una vez, es mejor seguir esta división que renueva, durante el día, el recuerdo y las excelsas alabanzas a María Santísima. Si se recita en coro el Pequeño Oficio, se debe hacerlo por entero, adecuado al lugar y al número de personas que lo rezan. La pronunciación debe ser clara, bien inteligible y al unísono, para que pueda infundir devoción a los que rezan y a los que oyen.

A las palabras: "Abre ahora mis labios", se hace, con el pulgar derecho, una señal de la cruz en los labios. En Completas, al decir: "Conviértenos Jesús", la señal de la cruz se hace en el pecho, con el mismo pulgar. Todas las veces que se dice: "En mi socorro venid ya, Señora" se hace la señal de la cruz completa.

Los Himnos se suelen rezar de pie. El "Oremos" final de cada Hora, de rodillas, al igual que el ofrecimiento y las oraciones después del Oficio. Este pequeño ceremonial, aunque no es obligatorio, nos lleva a atender el deseo de la Santa Madre Iglesia de que se rece el Oficio dignamente, con piedad y atención.

Indulgencias

Tuvo el inmortal Pontífice Pío IX, el Papa de la Inmaculada Concepción, la honra de consagrar mundialmente el Oficio Menor.

A petición de Mons. Carlos F. Rousselet, Obispo de Sée (Francia), se concedió 300 días de indulgencia, por la recitación de estas Horas: De igual modo, Pío IX concedió 100 días de indulgencia a quien rezase la antífona "Esta es la Virgen", con el verso, el responso y la oración(5).



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Texto del Pequeño Oficio de la

Inmaculada Concepción

 

Maitines


V.- Entonad ahora, labios míos,
R.- Los dones y las glorias de la Virgen Madre de Dios.
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, ¡oh Virgen Madre!, Señora mía,
Estrella de la mañana, del Cielo Reina.
Llena de gracia sois; salve, luz pura,
Velad por el mundo y por toda criatura.
Para Madre el Señor os destinó
El que los mares, la tierra y el Cielo creó.
Él preservó vuestra Concepción
De la mancha que todos tenemos desde Adán. Amén.

V.- Dios la escogió y la predestinó.
R.- En su Tabernáculo la hizo habitar.
V.- Proteged, Señora, mi oración.
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor.

Oremos: Santa María, Reina de los Cielos, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Dominadora del mundo, que a nadie desamparáis ni despreciáis; poned, Señora, en mí, los ojos de vuestra piedad y alcanzadme de vuestro amado Hijo el perdón de todos mis pecados, para que, venerando ahora afectuosamente vuestra Inmaculada Concepción, consiga después la corona de la eterna bienaventuranza: por el mismo Hijo vuestro, Jesucristo, Señor Nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina en unidad perfecta, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

V.- Proteged, Señora, mi oración.
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor.
V.- Bendigamos al Señor.
R.- Demos gracias a Dios.
V.- Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R.- Amén.

Prima

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, Virgen Prudente, destinada
Para dar al Señor digna morada.
Con las siete columnas de la Escritura,
Del templo a la mesa os ornó en figura.
Fuisteis libre del mal que al mundo espanta,
Y en el seno materno siempre santa.
Puerta de los Santos: Eva, Madre de la vida,
Estrella de Jacob aparecida.
Armáis la escuadra contra Luzbel;
Sed amparo y refugio del pueblo fiel. Amén.
V.- Él mismo la creó en el Espíritu Santo.
R.- Y la representó maravillosamente en todas sus obras.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines ).

Tercia

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Sois el Arca de la Alianza, el Trono de Salomón,
Bello iris celeste, zarza ardiente de visión.
Vos sois la Virgen florida, el velo de Gedeón,
Divino portal cerrado, el panal del fuerte Sansón.
Convenía, ciertamente, que la Madre de tan noble Hijo
No tuviese de Eva la mancha y resplandeciese con todo el brillo.
Y habiendo el Verbo escogido por madre a la Virgen casta,
No quiso que estuviese sujeta a la culpa que el mundo arrastra. Amén.

V.- Yo habito en lo más alto del Cielo.
R.- Y mi trono está sobre la columna de las nubes.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Sexta

V.-En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Dios os salve, Virgen Madre, Vos sois el templo de la Trinidad,
El puro encanto de los Ángeles, agasajo de castidad.
Sois el consuelo de los tristes, el huerto de la alegría,
Sois la palma de la paciencia, el cedro de la pureza.
María, Vos tierra sois, bendita y sacerdotal,
Concebida y preservada sin pecado original.
Ciudad Santa del Altísimo, del Cielo entrada oriental,
Hay en Vos, Virgen singular, toda la gracia celestial. Amén.

V.- Como un lirio entre los espinos,
R.- Así es mi predilecta entre los hijos de Adán.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Nona

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Sois ciudad de refugio, de torres fortalecida,
Por David atrincherada, y de armas también defendida.
Sin pecado concebida, en caridad abrasada,
Fue del dragón la soberbia, por Vos, herida y humillada.
Sois la bella Abigail, Judith invicta y entusiasmada,
Fuisteis del verdadero David Madre tierna, Madre cariñosa.
Raquel dio a Egipto un prudente gobernador,
La Virgen de las vírgenes dio al mundo su Salvador. Amén.

V.- Sois toda hermosa, ¡oh Madre querida!
R.- Y la mancha original nunca os tocó
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Vísperas

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, regulador celeste, por el cual
El sol retrocedió en diez líneas.
A fin de encarnarse el Verbo eterno, y ser humillado,
Y el hombre, como el sol, al Cielo ser levantado.
De aquel sol brillante la Virgen tiene el fulgor,
Y cual aurora naciente refulge en esplendor.
Lirio entre los espinos, la cabeza del dragón pisando,
Cual luna bella ilumina a los que en el mundo van errando. Amén.

V.- Yo hice nacer en el Cielo la luz que no se apaga
R.- Y cubrí como niebla la tierra entera
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Completas

V.- Conviértenos Jesús, por vuestro amor.
R.- Y retira de nosotros tu furor.
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, floreciente Virgen pura,
Reina de astros coronada.
Más pura que los Ángeles, tenéis el trono
A la derecha del Rey, en nuestro auxilio.
¡Oh Madre de gracia!, nuestra dulce esperanza,
Del mar Estrella y puerto de bonanza.
Puerta del Cielo, salud en la enfermedad,
De Dios nos guía a la feliz presencia. Amén.

V.- Vuestro Nombre ¡oh María!, es como un bálsamo.
R.- Mucho os aman vuestros siervos fieles.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Después del Oficio

Acepta, ¡oh Virgen!
Esta devoción
En alabanza de vuestra
Pura Concepción.
Sednos en la vida
Defensora y guía;
Sednos aliento
En nuestra agonía.
¡Oh Madre de bondad!,
¡Oh dulce María!.

Antífona. Esta es la Virgen admirable, en la cual no hubo mancha original, ni sombra de pecado.

V.- En vuestra Concepción, ¡oh Virgen!, fuisteis Inmaculada.
R.- Rogad por nosotros al Padre Eterno, cuyo Hijo trajisteis al mundo.

Oremos. ¡Oh Dios! que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, preparaste a vuestro Hijo una digna morada, os rogamos que, pues en virtud de la previsión de la muerte de vuestro Hijo la preservasteis de toda mancha, nos concedáis también que, purificados por su intercesión, lleguemos a vuestra Divina Presencia. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

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1. ) San Luis María Grignion de Montfort. "Tratado de la verdadera Devoción a La Santísima Virgen".

2. ) Cfr. Enciclopedia Católica, Ed Sansoni (Firenze).

3. ) San Alfonso Rodríguez fue también un ardiente propagandista del Oficio Parvo de Nuestra Señora, compuesto en época más remota que el de la Inmaculada Concepción y basándose en los Salmos del Breviario. (Cfr.Fr. Antonio Royo Marín, O.P. "La Virgen María, Teología y espiritualidad marianas, B.A.C.)

4. )Cfr. Béringer,"Les Indulgences",apud Pe.Texier "Les paroles de la Sainte Vierge". Librairie Religieuse H. Oudin, (París).

5. ) Excepto las referencias indicadas por las notas precedentes, se basa esta introducción en la del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, Ed. Paulinas, (São Paulo).


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