BrasilEspañaCanadáColombiaArgentinaItaliaCosta-RicaPeru_1Guatemala_1ParaguayPortugal

 

Oficio de la Inmaculada

** SEÑORA MIA

 

Desde la infancia, Señora del Cielo y la tierra

  Interpretando la etimología del santísimo nombre de María, escribe San Juan Eudes:

 "María significa Señora. En efecto, la gloriosa Virgen es desde su niñez Señora, Soberana del Cielo y de la tierra, de los hombres, de los Ángeles y de todas las criaturas; tiene un poder absoluto en el Cielo, en la tierra y en el infierno, sobre los demonios, sobre las cosas corporales y espirituales y sobre todas las obras de Dios. Y esto por tres títulos: como primogénita de todas las criaturas y, por tanto, heredera de todos los estados del Padre Eterno; como Madre de Dios; y como Esposa del Espíritu Santo que, por consiguiente, participa en todos los derechos de su Esposo"(1).

 

Señora de toda la creación , en el Hijo y por el Hijo

  No pocas veces esa gloriosa soberanía de María fue exaltada por la devoción de los Santos y de los autores eclesiásticos. En su muy bien documentado tratado sobre la Santísima Virgen, D. Gregorio Alastruey, recoge algunas de esas alabanzas:

 "San Efrén se dirige a Ella diciendo: «Señora de todo, después de la Santísima Trinidad...Virgen Señora, Madre de Dios».

 "San Germán de Constantinopla: «Señora de todos los hijos de la tierra».

"San Juan Damasceno: «En verdad que es propiamente Madre de Dios y Señora, siendo al mismo tiempo esclava y Madre del Creador, impera sobre toda la creación».

"San Ildefonso de Toledo: «Oh Señora mía y dueña mía, Madre de mi Señor, sierva de tu Hijo; sois Señora mía porque fuisteis sierva de mi Señor».

"San Anselmo: «A Vos, excelentísima y gran Señora, quiere amaros mi corazón».

"San Buenaventura: «La bienaventurada Virgen María como escogida Madre de Dios, es Señora de los Ángeles, quienes La sirven como mensajeros»"(2).

A continuación, concluye D. Alastruey: "No compete a María el derecho estricto del dominio sobre todas las cosas creadas; sin embargo, por el derecho de Cristo, a Quien todo está sometido, es por lo que puede llamarse como Madre suya amantísima, Señora de toda la Creación, en el Hijo y por el Hijo.

"Además de ser Madre de Dios y asociada al Redentor, alcanzó tanto poder unida al Hijo Omnipotente, Redentor del género humano, para conseguir lo que quiera, que ninguna criatura, ni autoridad alguna natural se puede comparar en poder con Ella"(3).

 

Todas las criaturas a los pies de la Virgen

Idéntico y particular relieve muestra este comentario del Pe. Henry Bolo:

"María es la Señora de este mundo. Ella sostiene bajo su mando la inmensidad de los seres. Ella comparte el Poder supremo de su Hijo porque ha participado en el rescate universal por el que fue adquirido ese imperio. Ella está revestida del sol, emblema de la magnificencia del mundo sobrenatural; Ella tiene bajo sus pies la luna, símbolo de esta pálida creación que se aleja en la noche. (...)

"La Iglesia, intérprete del universo, coloca a los pies de la Virgen todas las criaturas: para alabarla, en los campos no hay suficientes flores, ni en los cielos estrellas, ni brillo en las piedras preciosas, ni voces en los cánticos, nadie tiene en las almas suficiente pureza. El triunfo de María está superado únicamente por su Divino Hijo.

"Si no es a Ella a quien Dios confiere la honra intransferible que está reservada al Verbo Encarnado de sentarse a su derecha, sí que la Virgen aparece llevando al mismo Dios como Trono vivo de donde nace la Realeza, la Justicia, la Gloria. 

"Por eso Ella se llama María, la Soberana"(4).


 Señora del Señor de los señores

"Señora de los Ángeles, de los hombres y de las gracias" -exclama otro eminente mariólogo-, "Señora de su Hijo, que es ser Señora del Señor de los señores.

"Señora que significa dueña y emperatriz de cielos y tierra, a la que están sujetos todos los poderes infernales. Dispensadora de todas las gracias y a quien, por tanto, debemos recurrir en la vida y en la muerte, en la prosperidad y en la adversidad. !Oh Señora mía!"(5).

 

** ESTRELLA DE LA MAÑANA

 

La evocadora belleza de este cuerpo celeste, refulgiendo en los albores del día constituye una expresiva representación del esplendor de la verdadera Estrella de la Mañana, María Santísima.

 

María es símbolo de la estrella

El Pe. Jourdain nos da algunas razones por las que Nuestra Señora está representado por el símbolo de la estrella:

"El símbolo de la estrella encaja perfectamente en María. Nos hace comprender mejor sus inefables grandezas y lo que Ella representa para nosotros. «El sol es Jesucristo y María es la estrella», dice Hugo de San Víctor (...)

"Algunos astros sacan su luz del sol. María Santísima declara que Ella también sacó su luz del Sol de Justicia, Jesucristo. «Aquel que es poderoso -dice Ella- hizo en mí maravillas y su nombre es santo». Ella refleja tan perfectamente la luz divina, que la Iglesia no duda en aplicarle varios pasajes de la Sagrada Escritura que La conciernen, en primer lugar, la Sabiduría increada. (...)

"La estrella permanece siempre en el firmamento y jamás desciende a la tierra. La Santísima Virgen siempre llevó una vida sobrenatural: todos sus afectos estaban en el Cielo; nunca puso su espíritu en cosas terrenas y mundanas. Así el Esposo alabó su rostro diciendo que «Ella es como el Monte Carmelo» (Cánt. VII,5). Así como la cumbre del Carmelo nunca se cubrió de nubes y gozó siempre de un aire puro, así el alma de María jamás se inquietó por afectos terrenos y desordenados: Ella resplandecía con celestial serenidad. (...)

"Los antiguos veían la vida de las estrellas como incorruptible, inaccesible; de igual modo la destrucción que el tiempo proporciona a las cosas de la tierra. María estuvo exenta de toda corrupción: su carne no conoció la ruina del sepulcro, porque no tuvo origen en su alma el pecado.

"Una estrella extiende su luz con gran resplandor, sin menoscabo de su esencia. La Bienaventurada Virgen María, del mismo modo, sin detrimento de su virginidad, concibió en sus purísimas entrañas a Cristo, la Luz del mundo. (...)

"Las estrellas influyen sobre las criaturas terrenas, iluminándolas y contribuyendo a su desarrollo. Sin la luz del sol, de la luna y las estrellas el universo caería en una especie de caos. La bienaventurada Virgen María influye del mismo modo sobre el mundo oscurecido por las tinieblas del pecado: Ella lo ilumina, lo protege y lo conserva bajo su autoridad, de tal modo que, si Ella no existiera, hace ya mucho tiempo que el mundo habría desaparecido. (...)

"Una estrella, a pesar de su aparente inmovilidad, recorre con gran rapidez y perfecta regularidad distancias inimaginables. Así también, la Santísima Virgen recorrió una larguísima trayectoria en la vida de perfección y de los méritos, que sobresalió sobre todos los Santos y los Ángeles. (...) María es igualmente de una tal perseverancia, de una firmeza tan inconmovible, que siguió la voluntad de Dios sin apartarse jamás de Ella. 

"Las estrellas dirigen a los que viajan, sobretodo a los navegantes; lo mismo nos dirige María en esta tierra de exilio y conduce a buen puerto a los que navegan por este ancho mar del mundo.


El divino Sol de Justicia no eclipsa la belleza de María

"Existe, sin embargo, una diferencia entre María y las estrellas. Cuando aparece el sol, todos los demás astros se desprenden de sus rayos y parece que se sumergen en la nada. El Divino Sol de Justicia no eclipsa la belleza María. Al contrario, le da mayor brillo a su gloria. (...)

"[Podemos resumir con] Guillermo de Paris: «María desde su nacimiento, fue una estrella por estar preservada del pecado original que la hizo incorruptible; por la luz del buen ejemplo que propagó en torno suyo y que se extendió al mundo entero; por su desapego de las cosas de la tierra; despreció la fama, porque fue humilde; las riquezas, porque fue muy pobre; los placeres, porque fue Santísima; por el nuevo fulgor que Ella confiere al paraíso del que su gloria es uno de los más bellos adornos». (...)

 

Estrella de la mañana que precedió al Sol de Justicia

"La Augusta Virgen María -continua el Pe. Jourdain-, es la más resplandeciente de las estrellas que brillan en la bóveda celeste. Ella es la estrella de la mañana, de todas la más bella y refulgente. (...)

"La estrella de la mañana pone fin a la noche y precede al comienzo del nuevo día. María fue también el final de la noche y el comienzo de un nuevo día. Anterior al nacimiento de María, las tinieblas del pecado, la noche de la infidelidad tenían al universo bajo una tal presión, que no podía vislumbrar el Sol de justicia, el Cristo, el Mesías prometido. Dios quiso que le precediera la Estrella de la Mañana, para que los ojos del corazón humano, obcecados por el lodo inmundo de las iniquidades y, como consecuencia, incapaces de fijar la vista en la inmensa y verdadera luz, se acostumbraran primero a la claridad de la estrella para que enseguida recibieran el brillo de Jesucristo.

"He aquí porqué la graciosa Virgen María surge toda resplandeciente, antes de nacer el verdadero Sol; he aquí porqué nuestra Estrella de la Mañana precede al Salvador. Desde la aparición de esta estrella centelleante de claridad, se disipó la siniestra oscuridad del crimen y del error, el culto de los ídolos fue abolido, y los oráculos de los dioses falsos fueron reducidos al silencio.

"La estrella de la mañana, precediendo al sol, lo trae consigo. La bienaventurada Virgen María introdujo entre nosotros al verdadero Sol de Justicia, «que ilumina a todo hombre que viene a este mundo». Ella puede ser llamada, por tanto, fuente de luz. Y éste es el saludo que La dirigió San Gregorio el Taumaturgo: «¡Yo os saludo, llena de gracia, fuente de luz, que ilumina a todos los que creen en Vos!».

"Y San Metodio, igualmente La dijo: «¡Con el primer rayo, la Santísima Virgen, de esta luz fulgurante, que trajo al mundo al verdadero Sol de Justicia, desapareció el espantoso horror de las tinieblas, y el universo entero se llenó de los más puros fulgores de la verdad!».


La Estrella que ahuyenta a los demonios y embellece la creación

"La estrella de la mañana anuncia la llegada del sol, lo que obliga a las serpientes, a los lobos, a las fieras, y a los animales salvajes a entrar nuevamente en sus cavernas; espanta a las aves nocturnas e invita a los pájaros del cielo a entonar sus melodías. La bienaventurada Virgen María no fue sólo la mensajera del Sol de Justicia. Ella lo trajo en su seno; Ella puso en fuga a las bestias infernales, esto es, a los demonios; Ella disipó, como las aves nocturnas, los errores fatuos del paganismo; y Ella estimuló a los propios Ángeles y a todas las almas santas a cantar las alabanzas del Señor.

"La estrella de la mañana acobarda a los ladrones, conforta a los enfermos, todo lo embellece. María ahuyentó a los ladrones, que son los demonios. Desde que Ella dio al mundo al Hijo de Dios hecho hombre, Satanás comprendió que quedaba destituido de su usurpado imperio. Júpiter, Marte, Venus, Saturno y las otras monstruosas divinidades adoradas por los hombres, se ocultaron avergonzadas. (...)

"María, como Estrella de la Mañana, reanima a los enfermos, es decir, a los pecadores, porque Ella engendró al Sol de quien dijo el profeta Malaquías(IV,2): «El Sol de Justicia nacerá para los que teméis mi nombre, bajo cuyas alas está la salvación». Además, por su intercesión, Ella ahuyenta las tentaciones de la concupiscencia y de los malos pensamientos y cura todas las enfermedades.

"María es toda hermosura. En efecto, aún después de tantos siglos de tinieblas, Ella apareció en el mundo, y con Ella su Divino Hijo, su belleza, su bondad, su humildad, su amor, su clemencia, su misericordia, su benevolencia propagaron una claridad tan intensa, que el mundo pareció más bello a los ojos de Dios y de los Ángeles, como no lo estuvo antes de la caída del primer hombre, y la misma tierra se estremeció de júbilo. (...)


 Astro brillante con luz propia en el firmamento de la santidad

"Entre todos los astros de la noche, la estrella matutina es la que brilla más intensamente. La bienaventurada Virgen María se elevó por encima de todos los Santos del Antiguo Testamento. Ella deslumbra en medio de ellos con incomparable brillo. Sus rayos se obscurecen al aparecer María, porque sus virtudes comparadas con las de Ella pierden todo su fulgor.

"¿Qué son ante las perfecciones de María, la inocencia de Abel, la justicia de Noé, la obediencia de Abraham, la paciencia de Jacob, la castidad de José, la mansedumbre de Moisés, la valentía de Josué, la caridad de Samuel, la humildad de David, el celo de Elías, la abstinencia de Daniel, la eminente santidad de San Juan Bautista, la sencillez de Simeón, la piedad de Ana, la santidad de Isabel? Así como en comparación con Dios, nadie es Santo, de igual modo nadie, puesto a la par con María, es perfecto, puro y adornado de extraordinarias virtudes.

"Tal es el pensamiento de San Jerónimo que, después de enumerar varias santas mujeres del Antiguo Testamento, añade: «Guardo silencio sobre Ana, Isabel y las otras mujeres; pálido es su brillo, debilitado y eclipsado en presencia de la radiante luz de María». Bien merece Ella el nombre de Estrella de la Mañana.

"Al despuntar el lucero del alba, cayó una llovizna que refrescó los campos y fecundó la tierra. Al manifestarse la Madre de Dios, se expandió un abundante rocío de gracia sobre el mundo: el Verbo de Dios descendió hasta su seno para revestirse de nuestra naturaleza humana en él.

"En fin, no se pasa de las tinieblas de la noche a la luz del día, sin que la estrella de la mañana haya esparcido su dulce claridad. De la misma manera, es imposible pasar de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia y de las virtudes sin la intercesión de María"(6).

 

** REINA DE CIELO

Afirma San Luis María Grignion de Montfort que "en el Cielo, María da órdenes a los Ángeles y a los bienaventurados. Para recompensar su profunda humildad, Dios le dio el poder y la misión de poblar de Santos los tronos vacíos, que los Ángeles apóstatas abandonaron y perdieron por orgullo. Es la Voluntad del Altísimo, que enaltece a los humildes (Lc. I,52), que el Cielo y la tierra y los infiernos se inclinen, de buena o mala gana, a las órdenes de la humilde María"(7).


El glorioso título de Reina

Esta augusta prerrogativa de Nuestra Señora nos la expone con gran magnificencia el Santo fundador de los redentoristas, al iniciar sus hermosos y piadosos comentarios sobre la Salve Regina:

"Habiendo sido la Santísima Virgen elevada a la dignidad de Madre de Dios, con más razón la Santa Iglesia la honra y quiere que de todos sea alabada con el título glorioso de Reina. Si el Hijo es Rey, dice Pseudo-Atanasio, con toda justicia la Madre debe ser considerada y llamada Reina. Desde el momento en que María aceptó ser la Madre del Verbo Eterno, nos dice San Bernardino de Siena, mereció convertirse en Reina del universo y de todas las criaturas. Si la carne de María, termina diciendo el abad Arnoldo, no fue distinta de la de Jesús, ¿cómo, pues, de la Monarquía del Hijo pudo ser separada la Madre?. Por eso se debe entender que la gloria del reino no sólo es común entre Madre e Hijo, sino que es la misma para ambos.

"Si Jesús es Rey del universo, también es María Reina del universo, escribe Roberto abad. De manera que, en la frase de San Bernardino de Siena, tantas cuantas sean las criaturas que sirven a Dios, también deben servir a María. Por lo tanto, están sujetos a la soberanía de María, los Ángeles, los hombres y todas las cosas del Cielo y de la tierra, porque todo está sujeto al imperio de Dios. Por eso, Guerrico, abad, le dirige estas palabras: «Continuad reinando con toda confianza, disponed a vuestro antojo de los bienes de vuestro Hijo, pues siendo Madre y Esposa del Rey de los reyes, os pertenece como Reina el reino y el dominio sobre todas las criaturas»"(8).


Reina puesta para la salvación del mundo

Sobre el título de Nuestra Señora Reina, no son menos elocuentes estas palabras del Papa Pío XII:

"La realeza de María es una realidad ultraterrena, que al mismo tiempo, sin embargo, penetra hasta lo más íntimo de los corazones y los conmueve en lo profundo de su esencia, en lo que ellos poseen de espiritual e inmortal.

"El origen de las glorias de María, el momento solemne que ilumina a toda su persona y misión es aquel en que, llena de gracia, dirigió al arcángel Gabriel el FIAT que expresaba su consentimiento al mandato divino. Se convirtió así en Madre de Dios y Reina y recibió la misión real de velar por la unidad y por la paz del género humano. Por su mediación tenemos la firme esperanza de que la humanidad se ha de encaminar poco a poco por esta senda de salvación.

"¿Qué podrían hacer los cristianos en esta época actual en la que la unidad y la paz del mundo, y hasta las propias fuentes de la vida, están en peligro, si no se volvieran a mirar hacia La que se les presenta revestida del poder real?. Así como Ella envolvió antes en su manto al Divino Infante, primogénito de todas las criaturas y de la creación entera (Col. I,15), así también dignase ahora de envolver a todos los hombres y a todos los pueblos con el cuidado de su vigilante ternura. Dignase como Sede de la Sabiduría hacer brillar la verdad de las palabras inspiradas, que la Iglesia le aplica: «Por mí reinan los reyes y los magistrados administran la justicia. Por mí los príncipes mandan y los nobles gobiernan con rectitud» (Prov. VIII, 15-16).

"Si hoy el mundo combate sin descanso para conquistar su unidad y para asegurar la paz, la petición del Reino de María es, además de todos los medios humanos a nuestro alcance y de los intentos materiales, siempre imperfectos, el clamor de la Fe y de la Esperanza cristiana, firmes y animados en las promesas divinas y en los auxilios inagotables, que este poder de María divulgó para la salvación de la humanidad"(9).

_____________________

1. ) San Juan Eudes, op.cit.

2. ) D. Gregorio Alastruey, Tratado de la Virgen Santísima, B.A.C., Madrid, 1952, p. 823.

3. ) D. Gregorio Alastruey, op. cit.

4. ) Pe. Henry Bolo, "Pleine de Grace" Ed. René Haton (París)

5. ) Pe. Javier Barcon S.J. "Aprende a orar" (Bilbao)

6. ) Pe. Z.c. Jourdain,op.cit. Basado en sermones de: Jacques de Vorágine, San Pedro Damián, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, San Antonio de Florencia, Ricardo de San Lorenzo y otros.

7. ) San Luis María Grignion de Montfort, op. cit.

8. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

9. ) Pío XII, "Discurso en el solemne rito mariano del 1/11/1954". Documentos Pontificios.


Volver al Índice