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Oficio de la Inmaculada

+ PARA MADRE EL SEÑOR OS DESTINÓ

+ EL QUE LOS MARES, LA TIERRA Y EL CIELO CREÓ 

 

Predestinación de Nuestra Señora

Se remontan hasta la eternidad los incomparables privilegios concedidos por el Creador a la Virgen Santísima, con su predestinación para la augusta misión de ser la Madre de Dios.

Los Padres de la Iglesia, fieles intérpretes de la Sagrada Escritura, reconocieron la predestinación de María para la maternidad divina.

San Agustín dice que antes de que Nuestro Señor Jesucristo naciera de María, ÉL la conoció y la predestinó para ser su Madre(1).

Y San Juan Damasceno, dirigiéndose a la Virgen María: "Porque el decreto de la predestinación nace del amor como de su primera raíz, Dios, Soberano maestro de todas las cosas, que os sabía previamente digna de su amor, os amó; y porque os amó, os predestinó"(2).

"¡Oh Virgen! -exclama San Bernardino de Siena- Vos fuisteis predestinada en el pensamiento divino antes de toda criatura, para dar vida al mismo Dios que se quiso revestir de nuestra humanidad"(3).

San Andrés de Creta en su discurso sobre la Asunción de la Virgen María explica el mismo pensamiento: "Esta Virgen es la manifestación de los misterios de la incomprensión divina, el fin que Dios se propuso antes de todos los siglos"(4).

Y San Bernardo: "«Fue enviado el Ángel Gabriel a una Virgen (Lc. I, 26-27)», Virgen en el cuerpo, Virgen en el alma; (...) no encontrada al azar o sin especial providencia, sino escogida desde todos los siglos, conocida en la presencia del Altísimo que la predestinó para ser un día su Madre; guardada por los Ángeles, designada anticipadamente por los antiguos Padres, prometida por los Profetas"(5).

 

Excelencias de la predestinación de María

Añadamos la explicación que de este sublime misterio nos hace el santo historiador de la infancia de María:

"La predestinación de la Santísima Virgen está ennoblecida y realzada con varias y señaladas mercedes. La primera es que tiene su origen y su principio en el infinito amor del Padre Eterno para con su Hijo Jesús, en el amor inmenso con María su Hija muy amada y en su inconcebible caridad con nosotros.

"Porque el amor incomprensible que este adorable Padre tiene a su Hijo, lo llevó a escoger para Él mismo, desde toda la eternidad, una Madre que fuese digna de Él (...) El amor inefable de este santo Padre para con su Hija María, que es primer objeto de su amor después de su amado Hijo, lo obligó a predestinarla en su eterno consejo para que fuese la Madre, la Aya y la Nodriza de su Verbo Encarnado, la Reina de los Ángeles, la Soberana del Cielo y de la tierra, la Emperatriz del universo. (...)

La caridad sin igual de este Padre de Misericordia para con nosotros lo hizo concebir desde toda la eternidad el designio de hacer nacer en la tierra a esta incomparable Virgen para, por medio de Ella, darnos un Redentor, y asociarla a Él mismo en la obra de nuestra reparación. He aquí el origen de esta eterna elección, merced que la eleva infinitamente por encima de las predestinaciones de todos los escogidos.

 

Perfecta semejanza entre la predestinación de Jesús y de María

"Otra señalada ventaja de la predestinación de María es la perfecta semejanza que tiene con la predestinación de Jesús, de la cual es una acabada imagen. Porque como Jesús es escogido por Dios desde toda la eternidad para ser el comienzo de sus caminos (Prov. VIII,22) y de sus designios, es decir, la primera por excelencia y más maravillosa obra de sus manos; así el Espíritu Santo, hablando por boca de la Iglesia, pronuncia estas mismas palabras -Principio de los caminos del Señor- en honor de esta incomparable Hija que se llama María. (...)

"Como únicamente Jesús fue escogido entre millares (Cánt. V,10), esto es, entre todos los hijos de Adán, para ser unido hipostáticamente a la Persona del Verbo Eterno, así María es la única elegida entre millares, o sea, entre todas las hijas de Eva, para estar asociada de manera más íntima y elevada con el Verbo Encarnado. Vuestra elección, ¡oh divina María! -dice San Bernardo- y vuestra predestinación es semejante a la del Sol, es decir, a la del Sol eterno que creó el sol físico. Porque ÉL es escogido entre millares de hombres; Vos entre millares de mujeres. Jesús es la maravilla de las obras de su Padre y María es la obra prima de los milagros de Jesús. (...)

"La excelencia de la predestinación de nuestra Santa María para la divina maternidad, se manifiesta claramente por las grandes y maravillosas cosas que Dios obró en Ella, cuando La hizo nacer milagrosamente de una madre que naturalmente no podía concebir, cuando La preservó del pecado original en su Inmaculada Concepción, cuando La llenó de luz y de gracia desde el primer instante de su vida, cuando colmó todo el universo de gozo con su nacimiento, cuando La honró con el admirable nombre de María y cuando hizo en Ella y por Ella otras muchísimas maravillas que sólo convenían a la grandeza de la Madre de Dios.

"Y como el fin de la predestinación de Jesús es dárnoslo por Salvador nuestro, nuestro mediador entre Dios y nosotros, nuestro Padre, nuestro ejemplo, nuestro tesoro, nuestra gloria, nuestro Paraíso, nuestro espíritu, nuestro corazón, nuestra vida, nuestro todo; así el fin de la predestinación de María es dárnosla como cooperadora de su Hijo en nuestra Redención, para ser nuestra medianera entre ÉL y nosotros, para ser nuestra Madre, nuestra preceptora, nuestra vida, nuestro consuelo, nuestra esperanza, para ser nuestra luz en las tinieblas, nuestra fuerza en nuestras debilidades, nuestro socorro en nuestras miserias, nuestro refugio en todas nuestras necesidades y nuestro modelo en nuestras costumbres y actos.

"Aumentaría aún más lo dicho, para mostrar la perfecta semejanza que hay entre la predestinación del Hombre-Dios y la de su Madre que, como aquella es el principio primero de todas las demás predestinaciones de los verdaderos hijos de Dios, ésta es en cierto modo parecida a la causa segunda. «Nadie se salva a no ser por vos, ¡Oh Santísima Virgen!», dice San Germán, Patriarca de Constantinopla. (...)

 

Jesús y María tuvieron una misma predestinación

"Todas estas cosas nos hacen ver que la predestinación de Nuestra Divina María es una perfecta imagen de la de Jesús. Voy más allá y me atrevo a decir que es tan estrecha la unión entre estas dos predestinaciones que así como el Hijo y la Madre no son más que una misma cosa, no teniendo más que una sola alma, un solo corazón y una misma voluntad, así, de alguna manera, tuvieron una sola predestinación. Porque si no encontramos a Jesús en los eternos designios de Dios sino como Hijo de María, y no teniendo lugar María sino como Madre de Jesús, podemos decir que no tienen sino una misma predestinación.

"De lo que se deduce que la Iglesia y los santos doctores aplicaron a María, la Madre del Salvador, las mismas palabras que el Espíritu Santo para darnos a entender la elección y la predestinación eterna de su Hijo: «El Señor me engendró al principio de sus obras, desde toda la eternidad, antes que crease cosa alguna» (Prov. VIII,22)"(6).

Tal es por tanto la preparación eterna de la Santísima Virgen, tal es su predestinación.

"Bien expuesta y bien comprendida, esta elección encierra todos los esplendores de la Teología de María. Prerrogativa, incomparables grandezas, cooperación en las obras divinas, plenitud de todas las gracias y distribución para los hombres de todos los méritos de la Encarnación del Verbo, de la Redención; todo, hasta la gloria de los Ángeles, la esperanza de los justos, el triunfo de los Santos, los deberes de los cristianos y su ilimitada confianza, deriva de esta predestinación como la consecuencia del principio, como el efecto de la causa"(7).


* ÉL PRESERVÓ VUESTRA CONCEPCIÓN

* DE LA MANCHA QUE NOSOTROS TENEMOS DESDE ADÁN 

 

La Inmaculada Concepción

«Sesenta son las reinas y ochenta las esposas de segundo orden e innumerables las doncellas; una sola es la paloma mía, la perfecta» (Cánt. VI,7-8).

Aplicando a Nuestra Señora este pasaje del Cantar de los Cantares, comenta Santo Tomás de Villanueva: "Es única; si buscas otra paloma no la encontrarás. Es única, sola y sin mancha. Es la única que no estuvo sujeta a la ley de la mancha común. Una sola es la Inmaculada y una sola la perfecta. No encontrarás otra sin mancha y por eso es solo una la paloma. No encontrarás otra tan perfecta y por eso es mi perfecta, única: purísima sin igual, perfecta sin igual"(8).

 

El testimonio de los Santos

La Inmaculada Concepción, admirable privilegio de la Virgen María, fue proclamada por innumerables Santos, a lo largo de los siglos en la Historia de la Iglesia. Por ejemplo, San Andrés, Apóstol del Señor, delante del procónsul Egeu, se expresa así con respecto a María: "Como el primer hombre fue formado de una tierra inmaculada, era preciso que de una Virgen Inmaculada naciera el Hombre perfecto"(9).

San Hipólito, Obispo de Oporto, mártir, escribía allá por el año 220: "Cuando el Salvador del mundo resolvió rescatar al género humano, nació de la Inmaculada Virgen María y se revistió de nuestra carne..."(10).

San Efrén el sirio, diácono de Edessa, en el año 360 exclamaba: "Sois Inmaculada, no tenéis mancha ni defecto alguno, sois la pureza misma, a la cual no se puede aproximar ni la sombra del pecado, ¡oh Virgen, Esposa de Dios y Soberana nuestra!"(11).

El gran San Jerónimo, explicando las palabras del Cántico (V,2): Paloma mía, inmaculada mía, se expresa así:

"María representa en todo, la candidez de la paloma, porque nada hubo en Ella que no fuese todo pureza, sencillez, todo verdad y todo gracia. Ella es, pues, Inmaculada porque carece de cualquier tipo de corrupción"(12).

Y San Agustín: "¿Quién podrá decir: yo nací sin pecado?. ¿Quién podrá vanagloriarse de ser puro de toda iniquidad, sino esta Virgen prudentísima, este Templo vivo del Altísimo, que el propio Dios escogió y predestinó antes de la Creación del mundo, para que fuese la Santa e Inmaculada Madre de Dios, para que fuese la Hija preservada de toda corrupción y de toda mancha de pecado?"(13).

San Ildefonso, una de las glorias más puras de España, escribía a mediados del siglo VII: "Es opinión firme que Ella fue preservada de toda falta original. Aquella por quien no sólo la maldición de nuestra madre Eva fue revocada, sino que la bendición la alcanzó para todos"(14).

En el año 811, San Nicéforo, Patriarca de Constantinopla, dirigía al Papa León III una carta en la que exponía su profesión de fe, y que concluía en estos términos: "Por la intercesión de su Madre toda Inmaculada y toda pura, y por la de todos los Santos"(15).

Ricardo de San Victor, a finales del siglo XII: "Las estrellas están cubiertas de tinieblas, los santos están obscurecidos por la falta común de todos los hombres. Pero la Bienaventurada Virgen fue toda Hermosa: el Sol de Justicia la iluminó por completo y la inundó de sus rayos. En Ella no hay mancha alguna, ni sombra de pecado"(16).

Durante el siglo XIV vivió el piadoso y admirado autor Raimundo Jordâo, agustino y abad de Celles, el cual, por humildad, se escondía con el seudónimo de El tonto. Fervoroso defensor de la Inmaculada Concepción, exclamaba: "Sois toda Hermosa ¡oh María!, y en Vos no hay la menor mancha. Sois toda Hermosa en vuestra Concepción pues fuisteis creada para ser el Templo del Dios Altísimo. (...) ¡Nunca jamás mancha alguna, ni soplo de vicio de pecado rozó vuestra alma gloriosa! (...) No hay en Vos sombra de pecado, ya sea mortal, sea venial, sea original: ¡nunca la hubo ni la habrá!"(17).

En 1410, San Vicente Ferrer declaraba que María no fue semejante a nosotros en su Concepción, sino que fue creada pura y santa desde el primer instante. :"Y más tarde -decía- los Ángeles celebrarán la fiesta de la Inmaculada Concepción"(18).

En los albores del siglo XVII, San Francisco de Sales se expresaba así: "Bien es verdad que nuestro primer padre y Eva fueron creados y no concebidos; sin embargo, todas las concepciones de los hombres se efectúan en pecado. Solamente Nuestra Señora quedó exenta de ese mal, Ella, que debía concebir a Dios, primero en su corazón y en su espíritu, antes de concebirlo en sus purísimas entrañas"(19).

Concluimos esta breve lista de loores a la Inmaculada Concepción con el apasionado juramento de San Alfonso María de Ligorio, un siglo antes de la definición dogmática por la Bula Ineffabilis Deus: "¡Oh Señora mía, mi Inmaculada!, me alegro con Vos por veros tan enriquecida con tantísima pureza. Agradezco y me propongo agradecer siempre a nuestro común Creador por haberos Él preservado de toda mancha de pecado. De esto estoy plenamente convencido y para defender este vuestro tan grande y singular privilegio de Inmaculada Concepción, juro dar hasta mi vida"(20).

 

+ DIOS LA ESCOGIÓ Y LA PREDESTINÓ*

Entre las infinitas criaturas posibles, Dios escogió y predestinó a la Virgen. No fueron otras las palabras de Pío IX en la célebre Bula que definió el dogma de la Inmaculada Concepción:

"Desde el principio y antes de todos los siglos, escogió y predestinó [Dios] para su Hijo una Madre en la que se Encarnaría y de la cual, después, en la feliz plenitud de los tiempos, nacería; y con preferencia a cualquier otra criatura, hízola limpísima por el mucho amor, hasta el punto de complacerse en Ella con singularísima bondad"(21).

 

Insigne participación en los designios de Dios

En efecto, "después de Cristo-Hombre -escribe el Rvdo. P. Antonio Royo Marín-, primogénito de toda criatura, a nadie amó más el Padre de lo que amó a Aquella que con el tiempo debería ser la Madre de su Hijo Encarnado"(22).

Lo mismo nos enseña el insigne mariólogo Nicolás, según el cual la Santísima Virgen María fue "predestinada entre todas las criaturas para ocupar un puesto definitivamente superior al de todos los elegidos. Después de Jesús y mucho antes que sobre todos sus hermanos, Dios fijó sobre Ella su eterna mirada de complacencia, aquella mirada todopoderosa que, donde quiera que se pose, produce vida, como el sol hace resaltar los cuerpos que reviste y colorea con su luz"(23).

Santo Tomás de Villanueva explica que "aunque en el pensamiento y en la elección de Dios no hay prioridad de tiempo -pues todo fue escogido desde la eternidad-, existe sin embargo la prioridad de dignidad, porque algunos fueron elegidos para un grado de dignidad mayor que otros. Por eso decimos que la Santísima Virgen fue constituida y elegida singularmente ... Porque lo fue para una gloria eminente y única, por lo que la Iglesia canta de Ella: «Dios la eligió y la predestinó»"(24).

Recogiendo la opinión de autores santos, añade el Pe. Jourdain:

"Santo Tomás de Aquino enseña expresamente que Cristo, siendo la Sabiduría increada, no puede ser llamado mera criatura. Así pues no es en loor de Jesucristo sino de María a quien la Iglesia aplica las palabras del Eclesiástico en la Santa Liturgia: Yo salí de la boca del Altísimo, primogénita antes que toda criatura... Fuí creada desde el principio y antes que todos los siglos», y estas otras palabras sacadas del Libro de los Proverbios (VIII,2): «Fuí concebida antes que las colinas», es decir, según el pensamiento de San Agustín: «Dios me concibió antes que a las más sublimes criaturas, antes que a los Ángeles y a los Santos, no solo para que yo fuese Santa, sino para Madre de los Santos, como de ellos Jesucristo es el Padre, el Príncipe y el Jefe Supremo». (...)

"[Así], concuerdan todos los teólogos en considerar a María como la obra maestra del poder divino; reconocen todos que en los designios de Dios, Ella recibió la parte más hermosa y la más gloriosa"(25).

 

+ EN SU TABERNÁCULO LA HIZO HABITAR

 

María en el eterno pensamiento divino

Podemos decir que en el Tabernáculo de Dios habitó María, en virtud de la excelencia de su predestinación.

"La Santísima Virgen en la cual todo es una maravilla, antes de venir a este mundo en la realidad de su vida terrenal, tuvo, por especialísimo y singular privilegio, una existencia anticipada. Dios le concedió la honra de la preexistencia.

"Ahora, la forma más espléndida de esta preexistencia es, ciertamente, aquella de la que María gozó en el seno de Dios, antes de todos los tiempos. Desde toda la eternidad Ella estuvo en el pensamiento de Dios, vivía en el Corazón de Dios, en razón de su incomparable predestinación.

"Sin duda, todas las criaturas que han sido y serán viven desde toda la eternidad en el pensamiento de Dios, como en su arquetipo vivo e infinito, puesto que en Dios no hay un antes y un después. No obstante, según nuestra manera de comprender, en el pensamiento de Dios vive, de modo particular y especialísimo, la Santísima Virgen"(26).

 

+ V/ PROTEGED, SEÑORA MI ORACIÓN

   R/ Y LLEGUE HASTA VOS MI CLAMOR 

 

María obtiene todo de Jesucristo, en nuestro favor

"Todo cuanto la Santísima Virgen pide en favor de sus siervos, lo obtiene, con certeza, de Dios" Esta frase es de San Alfonso María de Ligorio. "Meditad -continua él, citando a Buenaventura Baduario- en la gran virtud que tuvieron las palabras de María en la Visitación. Pues por su voz, fue concedida la gracia del Espíritu Santo, tanto a su prima Isabel como a Juan, su hijo, según cuenta el Evangelista. (...)

"Vencido por los ruegos de María, concede Cristo sus favores. Pues, en el parecer de San Germán, Jesús no puede dejar de escuchar a María en todo lo que Ella le pide, queriendo así obedecerla como su verdadera Madre. (...) Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María, repito con San Bernardo, continuando con las palabras de la Virgen a Santa Matilde: «El Espíritu Santo me colmó de toda su dulzura y me hizo tan grata a Dios que cuantos por mi intercesión le piden gracias a Él, todos, con certeza, las obtienen». (...)

"No nos apartemos jamás de los pies de esta tesorera de las gracias, diciéndole siempre con San Juan Damasceno: «¡Oh Madre de Dios!. Ábrenos las puertas de tu misericordia, ruega siempre por nosotros, pues vuestras oraciones son la salvación de todos los hombres». Recurriendo a María, lo mejor será pedirle que ruegue por nosotros y nos obtenga aquellas gracias que reconozca más convenientes para nuestra salvación"(27).

 

Intercesión omnipotente

Tanto más debemos implorar este patrocinio de Nuestra Señora cuanto él es omnipotente. Así lo explica, en conformidad con la enseñanza de los Santos y de los doctores eclesiásticos, el ilustre teólogo dominico, Fr. Garrigou-Lagrange:

"El sentido cristiano de todos los fieles estima que una madre beatificada conoce en el Cielo las necesidades espirituales de los hijos que ella dejó en la tierra, e intercede por su salvación. Universalmente en la Iglesia, los cristianos se recomiendan a las oraciones de los Santos que han llegado al término de su viaje. (...) El Concilio de Trento (sess.XXV), definió que los Santos en el Cielo ruegan por nosotros y que es útil invocarlos. (...)

Jesucristo viviendo siempre, no cesa de interceder por nosotros», dice San Pablo (Hebr. VII,25). Él es sin duda el intercesor necesario y principal. Pero la Providencia y Él mismo quieren que recurramos a María, para que nuestras oraciones presentadas por Ella tengan más valor.

"En su calidad de Madre de todos los hombres, Nuestra Señora conoce todas las necesidades espirituales de estos, y lo que concierne a su salvación; en virtud de su inmensa caridad, María intercede por ellos. (...)

"Esta oración de la Santísima Virgen es omnipotente. Por eso la Tradición la proclama omnipotentia supplex, la toda poderosa en el orden de la súplica. (...)

"Bossuet en su Sermón sobre la Compasión de María, se explica así: «Intercede por nosotros, ¡oh Bienaventurada María!: tenéis en vuestras manos, me atrevo a decir, la llave de las bendiciones divinas. Vuestro Hijo es esta llave mediante la cual son abiertos los cofres del Padre Eterno. Él cierra y nadie abre; Él abre y nadie cierra. Es su Sangre inocente la que hace derramar sobre nosotros los tesoros de las gracias celestiales. ¿Y a quién dará Él más derecho sobre esa Sangre, sino a Aquella de la que obtuvo toda su Sangre?. Además, vivís con Él en una tan perfecta unión, que es imposible que no seáis atendida». Basta, como dice San Bernardo, que María hable al Corazón de su Hijo. (...)

"Se ve, así, que la intercesión de María es mucho más poderosa y más eficaz que la de todos los demás Santos reunidos, pues ellos no obtienen nada sin Ella. Su mediación está sujeta a la de Ella, que es universal, por supuesto siempre subordinada, a su vez, a la de Nuestro Señor Jesucristo"(28).

 

+ OREMOS: SANTA MARÍA, REINA DE LOS CIELOS,

   MADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

   Y DOMINADORA DEL MUNDO
 

 

Las invocaciones iniciales de esta oración que se repiten en todas las horas del Pequeño Oficio, nos recuerdan algunos de los títulos principales con que honramos a la Virgen a lo largo de este Salterio, comentados en sus lugares respectivos. A continuación decimos:

 

+ QUE A NADIE DESAMPARÁIS NI DESPRECIÁIS;

   PONED, SEÑORA, EN MI, LOS OJOS DE VUESTRA PIEDAD;

   Y ALCANZADME DE VUESTRO AMADO HIJO

   EL PERDÓN DE TODOS MIS PECADOS...
 

 

Ojos extraordinariamente misericordiosos

Con gran afecto dirigía, cierta vez, Santa Gertrudis estas palabras a Nuestra Señora: "Esos vuestros ojos misericordiosos, volvedlos hacia nosotros". Se le apareció entonces la Santísima Virgen, con el Niño Jesús en sus brazos y mostrándole los ojos de su Divino Hijo, dijo: "Estos son mis ojos extraordinariamente misericordiosos que puedo inclinar provechosamente por cuantos me invocan, enriqueciéndolos con el abundante fruto de la salvación eterna"(29).

Semejante es el ejemplo que registra San Alfonso en sus comentarios a la Salve: "Llorando cierta vez un pecador ante una imagen de la Virgen María, y pidiéndole que le alcanzase de Dios el perdón de sus pecados, vio a la Bienaventurada Virgen volverse hacia su Hijo que tenía en los brazos y decirle: «Hijo, ¿se perderán estas lágrimas?». El infeliz reconoció que Jesucristo le concedió el perdón.

"¿Y cómo podría perecer quien se encomienda a esta buena Madre?. ¿No le prometió su Divino Hijo que usaría de la misericordia por su amor y según su deseo, con todos los que a Ella recurran?. Tal fue la promesa que Santa Brígida oyó al Señor hacer a su Madre. (...)

"Si a causa de nuestros pecados nos invade la desconfianza, digamos con Guilherme de París: «¡Oh Señora mía!, no me echéis en cara mis pecados, porque les opondré vuestra gran misericordia. Jamás se diga que mis pecados no pueden ser contrarrestados en el juicio con vuestra misericordia. Pues ésta es mucho más eficaz para obtenerme el perdón que todos mis pecados para condenarme»"(30).

 

+ PARA QUE, VENERANDO AHORA, AFECTUOSAMENTE,

   VUESTRA INMACULADA CONCEPCIÓN, CONSIGA DESPUÉS,

   LA CORONA DE LA ETERNA BIENAVENTURANZA
 


La gracia de la perseverancia final

Unamos nuestras voces a las del gran San Bernardo, que así se dirigía a la Santa Madre de Dios: "¡Oh bendita Virgen, que encontrasteis la gracia, Madre de la vida, Madre de la salvación!. Por medio de Vos llegamos a vuestro Hijo, por Vos nos recibe El que por Vos se dio a nosotros. Que sean perdonadas ante Él por vuestra integridad las culpas de nuestra corrupción, y vuestra humildad tan grata a Dios alcance el perdón de nuestra vanidad. Que vuestra copiosa caridad cubra la multitud de nuestros pecados, y vuestra fecundidad gloriosa nos dé la fecundidad de las buenas obras. ¡Señora nuestra! Medianera nuestra y abogada nuestra, reconcílianos con vuestro Hijo.

"¡Oh Bendita!, por la gracia que hallasteis, por el privilegio que merecisteis, por la misericordia que engendrasteis, haced que Aquel que por medio de Vos se dignó hacerse partícipe de nuestra enfermedad y nuestra miseria, por vuestra intercesión también nos haga partícipes de su gloria y de la bienaventuranza"(31).

 

+ POR EL MISMO JESUCRISTO, VUESTRO HIJO, SEÑOR NUESTRO

+ QUE CON EL PADRE Y EL ESPÍRITU SANTO VIVE Y REINA

EN UNIDAD PERFECTA, DIOS, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

AMÉN.
 


Necesidad de un mediador entre Dios y los hombres

La intercesión de María, aunque omnipotente, está subordinada a la de Nuestro señor Jesucristo, como vimos(32). Razón por la cual la Santa Iglesia termina las oraciones de su liturgia invocando la mediación del Hijo de Dios.

Fr. Luis de Granada explica que, después de la caída de Adán, "la primera y mayor necesidad que teníamos era la de ser restituidos a la antigua amistad y gracia de nuestro Creador, que habíamos perdido por aquel pecado común, por el cual, como dice el Apóstol (Ef. II,3), los hombres nacían hijos de la ira. Y como la amistad y la gracia de Dios para con sus criaturas es la primera causa de todos los bienes de ellas, faltando ésta, faltaban también los beneficios que de esta amistad proceden. (...)

"Estando así los hombres en esta desgracia con su Rey y Señor, era necesario lo que generalmente se hace cuando dos partes andan en desavenencia: un tercero y buen mediador que las lleve a la concordia.


El Hombre-Dios, Mediador perfectísimo

"Éste no podía ser más conveniente que el mismo Hijo de Dios humanado. (...) Pues, ¿qué cosa es más fiel para con Dios que el propio Dios?. ¿Y qué cosa es más fiel para con el hombre que el propio hombre?. ¿Y quién es más amigo de ambas naturalezas que Aquel que las tiene ambas a la vez?. De modo que los dos asuntos los tomaba por suyos: el de Dios porque era Dios verdadero, y el del hombre porque era verdadero Hombre. Por tanto, para este fin ninguna cosa se podía, no digo ordenar, ni siquiera imaginar ni desear más a propósito.

"Además, quien había de tener tan grandes y generales amistades, quien había de apagar la llama de este odio, quien había de hacer amigos de tantos enemigos como eran todos los siglos presentes, pasados y futuros, necesariamente tenía que ser el mayor amigo y el más grato a los ojos de Dios, para que con la abundancia de sus gracias se deshicieran tantas desgracias, y con la grandeza de su amistad se olvidasen tantas enemistades.

"¿Quién podía ser para esto más conveniente sino el Hijo de Dios, infinitamente amado por su Padre Eterno?. A Éste, pues, nos dio la inmensa bondad de Dios por mediador y reconciliador, por quien alcanzamos la redención y el perdón de nuestros pecados"(33).

 

+ V/ BENDIGAMOS AL SEÑOR

   R/ DEMOS GRACIAS A DIOS 

 

Gratitud a Dios por haber creado a Nuestra Señora

Después de repetir los versículos con los que invocamos, nuevamente, la intercesión de la Santísima Virgen, manifestamos nuestro entrañable y filial reconocimiento a Dios.

Es la exhortación constante de los autores eclesiásticos que "siempre y por todo debemos dar gracias a Nuestro Creador"(34), "no sólo por sus grandes beneficios, sino también por los pequeños"(35).

"Feliz el hombre -exclama San Bernardo-, que a cada uno de los bienes de la gracia, se vuelve hacia Aquel que es la plenitud de las gracias; y al mostrarnos agradecidos por los favores recibidos, nos disponemos a merecer gracias aún mayores. Solamente nuestra ingratitud nos impide progresar en la vida perfecta, pues, considerando el donante que en cierto modo se frustró lo que el ingrato recibió, se cuida de no volver a dar tanto al mismo para no perderlo.

"Feliz, pues, el que rinde no pocas gracias, aún por los mínimos beneficios. Por tanto, os recomiendo, hermanos, que nos humillemos más y más, bajo la poderosa mano de Dios, y que procuremos alejarnos de este gran y pésimo vicio de la ingratitud, para que, ocupándonos con toda la devoción en la acción de gracias, atraigamos sobre nosotros la gracia de nuestro Dios, la única que puede salvar nuestra almas.

"Y no sólo nos mostremos agradecidos de palabra, sino con obra y verdad, porque no es tanto la verborrea como la acción de gracias lo que exige de nosotros el donante de todas las gracias, Nuestro Señor, que es bendito por los siglos de los siglos"(36).

Sin lugar a dudas, uno de los mayores beneficios por los que debemos gratitud y alabanza al Altísimo, es la existencia de su y nuestra Inmaculada Madre. Por eso decimos con San Juan Eudes: "¡Oh gran Dios! Que siempre seáis bendito por vuestros eternos planes de darnos este inmenso tesoro. Gracias infinitas os sean dadas, ¡oh adorabilísima Trinidad!, por todos los favores con que habéis enriquecido a esta Virgen incomparable. Que el Cielo y la tierra, los Ángeles y los hombres, y todas las criaturas por esto os bendigan e incesantemente os glorifiquen!"(37).

 

+ LAS ALMAS DE LOS FIELES DIFUNTOS

+ POR LA MISERICORDIA DE DIOS DESCANSEN EN PAZ 

Con esta última súplica recordamos a las almas que se encuentran en el Purgatorio, para las que pedimos, por las oraciones de María, el perpetuo descanso.

 

María desea que aliviemos a las almas del Purgatorio

No es otra la afirmación de San Alfonso María de Ligorio, según el cual "por los merecimientos de María, no sólo se hacen más leves, sino también más breves las penas de las almas del Purgatorio, apresurando, con la intercesión de la Santísima Virgen, su tiempo de expiación. Basta que Ella haga una súplica en este sentido"(38).

 


MARÍA, MODELO DE LA GRATITUD A DIOS

 

En su admirable obra dedicada a la Santísima Virgen, el Pe. Jourdain recoge estas palabras del Pe. Kiselio S.J. (S.XVII):

"Al oír que Isabel la proclamaba bendita entre todas las mujeres y rendía testimonio a la divinidad del bendito fruto de sus entrañas, la Bienaventurada Virgen María revela los sentimientos que tiene, en el admirable cántico, el más bello que contienen nuestros Santos Libros: Magnificat anima mea Domine. «Mi alma glorifica al Señor».

"Como en el día de la Anunciación, Ella se llama la humilde sierva; proclama que Él es el Dios que salva, el Dios omnipotente, el Dios Santo. Ella cumple lo que recomienda el Sabio: «Bendice al Señor y exáltalo cuanto puedas». Transportada de júbilo y de reconocimiento, María rinde gracias a Dios por sus beneficios. (...)

"Que el ejemplo de la Virgen nos enseñe cómo debemos, por nuestra parte, glorificar a Dios, Jesucristo Nuestro Señor y a su Bienaventurada Madre.

"¿Por ventura, no hizo Dios en nosotros grandes cosas, por su Omnipotencia?. ¿No nos recogió y nos sacó del abismo de nuestra miseria?. ¿Su Nombre no es igualmente Santo para nosotros y lleno de suavidad?. ¿No nos aceptó como hijos en su Misericordia?. ¿No dio de comer a aquellos que tenían hambre?. ¿No consoló a los afligidos y enalteció a los humildes?. Que nuestra alma glorifique pues al Señor y que nuestro espíritu se alegre en Dios nuestro Salvador.

"¡Sí, es con alegría como conviene, a ejemplo de María, bendecir al Señor, manifestarle nuestra gratitud y celebrar su gloria!".

(Padre Z.C. Jourdain. "Conjunto de las grandezas de María", t.V, pp.377-378)

Además la Madre de Dios estima sobremanera las acciones en favor de los miembros de la Iglesia Padeciente. A este respecto escribe el Pe. Jourdain:

"Las almas del Purgatorio son queridas para la Santísima Virgen; son almas predestinadas y santas, almas que La aman mucho y que, en su mayor parte, La sirvieron con fidelidad durante su vida sobre la tierra. En las almas del Purgatorio, María ve a las hijas bien amadas del Padre Eterno, a las esposas de su Divino Hijo, a los templos del Espíritu Santo, las imágenes de Dios que brillarán un día en el Cielo con maravilloso fulgor. Ella ve en esas almas el precio de la Sangre de su adorable Jesús, las flores inmortales que adornarán su propia corona durante la eternidad. En ellas, María ve a sus propios hijos. (...)

 

El que reza por las almas del Purgatorio prepara su propio sufragio

"Cooperando para el alivio de esas almas, practicamos numerosos actos de virtud y preparamos nuestro socorro para el tiempo que estemos en el Purgatorio. Muy pocos son aquellos que van directamente al Cielo, al dejar esta vida. Por tanto, si salvamos nuestra alma, la salvaremos pasando por el fuego, según la palabra del Apóstol (I Cor. XIII, 15).

"Pero si durante nuestra vida nos dedicamos a sufragar a las almas del Purgatorio, no debemos temer ser abandonados; lo que hicimos por los otros, nos será devuelto cien veces más. María no permitirá que seamos víctimas de nuestra generosidad, y si nuestra deuda fuese de diez mil talentos, será pagada.

"Roguemos pues por las almas del Purgatorio. Así practicamos el bien, alegramos el Corazón de Nuestra Señora, enriquecemos el tesoro de nuestros méritos y nos preparamos una entrada más fácil para la mansión de la eterna beatitud"(39).

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1. ) Cfr. San Agustín, "Obras" B.A.C. (Madrid).

2. ) San Juan Damasceno, "Orat.I de Nativ.Mariae, apud Jourdain op.cit.

3. ) San Bernardino de Siena, apud Pe. Jourdain,op.cit.

4. ) San Andrés de Creta, idem, ibid.

5. ) San Bernardo, op.cit.

6. ) San Juan Eudes, op.cit.

7. ) Pe. Chevalier, "Notre-Dame du Sacré-Coeur, Ed. Retaux-Bray, (París).

8. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit.

9. ) Carta del martirio de san Andrés, apud Pe. Jourdain, op.cit.

10. ) San Hipólito, Orat.in Consummatione mundi, idem

11. ) San Efrén, Serm.2 de Laudibus B.Mariae, idem

12. ) San Jerónimo, Epist. de Assumptione, idem

13. ) San Agustín, in Breviario Romano a Card. Quignonio, idem

14. ) San Ildefonso, Lib.de Parturitione et Virginitate B.M.V. idem

15. ) San Nicéforo, Epist.ad Leonem III Papam, idem

16. ) Ricardo de San Víctor, a Bernard. de Bustis citatus, idem

17. ) Abad Raimundo Jordán, Contempl. de Virgine deipara, idem

18. ) San Vicente Ferrer, Serm. de Nativitate, idem

19. ) San Francisco de Sales, "Obras selectas" B.A.C. (Madrid)

20. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

21. ) Pio IX, Bula "Ineffabilis Deus"

22. ) Fr. Royo Marín, op.cit.

23. ) Augusto Nicolas, "La Virgen María y el Plan Divino", Librería Religiosa (Barcelona).

24. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit.

25. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

26. ) Pe. Ch. Rolland, "La Reine du Paradis", L`ami du Clergé (Langres).

27. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

28. ) Fr. Garrigou-Lagrange, O.P., La Mère du Sauveur et notre vie intérieure, Ed. Du Lévrier, Ottawa (Canadá), 1948, pp. 232, 234-236, 238-239.

29. ) Santa Gertrudis, op.cit.

30. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit

31. ) San Bernardo, op.cit.

32. ) Cfr. p.67 y Apéndice I, cap.7.

33. ) Fr. Luis de Granada, op.cit.

34. ) San Agustín, "Obras" B.A.C. (Madrid)

35. ) San Juan Crisóstomo, "Obras" B.A.C. (Madrid)

36. ) San Bernardo, op.cit.

37. ) San Juan Eudes, op.cit.

38. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

39. ) Pe. Z.C.Jourdain, op.cit.


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