BrasilEspañaCanadáColombiaArgentinaItaliaCosta-RicaPeru_1Guatemala_1ParaguayPortugal

 

Oficio de la Inmaculada

+ PUERTA DE LOS SANTOS

Los Santos, criaturas de María

“Los Santos son las obras-primas de la gracia y como milagros vivos y eternos de la gloria. Ahora, se puede afirmar que todos ellos son también criaturas de María. Dios nos lo hizo comprender, cuando deseó que Juan, el mayor entre los hijos de los hombres, fuese santificado por la palabra de esta augusta Virgen. (...)

“Se lee en la Vida de los Santos y se encuentra que, a lo largo de los siglos, María fue para ellos lo que Ella había sido para San Juan Bautista y los primeros Apóstoles.

“¿Quién podrá contar las almas puras cuya inocencia Ella protege, y los pecadores que Ella reconduce, cada día, por el camino de la salvación? He ahí las obras de su misericordia (...) y de su omnipotencia.

“Agradezcamos al Señor el habernos dado una Señora tan capaz de instruirnos y tan llena de benevolencia para con nosotros. ¡Qué provecho no sacaremos de sus lecciones si le prestamos atentos oídos, si nos esforzamos en seguir sus preceptos y en imitar los ejemplos de sus virtudes!

“Consideremos a los Santos: ellos escuchan a María, se amparan bajo su protección, imitan sus ejemplos, y se elevan a una perfección que los aproxima a los Querubines y los Serafines”(1).

 

María es necesaria a los hombres para llegar hasta su último fin”

Entre los que alcanzaron ese altísimo grado de virtud, por medio de la acrisolada devoción a la Inmaculada Virgen, se encuentra el gran San Luis Mª Grignion de Montfort, que nos dejó estas palabras eternas:

“La Santísima Virgen siendo necesaria para Dios, por una necesidad llamada hipotética, debido a su voluntad, es mucho más necesaria a los hombres para que lleguen hasta su último fin. No confundamos, por tanto, la devoción a la Santísima Virgen con la devoción a otros Santos, como si no fuese más necesaria que a la de éstos, y sólo de superrogación.

“El docto y piadoso Suárez, de la Compañía de Jesús, el sabio y devoto Justo Lipsio, doctor de la Universidad de Louvaina, y muchos otros, probaron de una manera incontestable, apoyados en la opinión de los Santos Padres (...) que la devoción a la Santísima Virgen es necesaria para la salvación, y que es una señal infalible para la condenación — opinión del propio Ecolampadio y otros herejes — no tener estima y amor a la Santísima Virgen. Al contrario, es un indicio certero de predestinación ser completa y verdaderamente devoto de ella

“Las figuras y las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento lo prueban; la opinión y los ejemplos de los Santos lo confirman; la razón y la experiencia lo enseñan y lo demuestran; el propio demonio y sus secuaces, forzados por la verdad, se ven obligados muchas veces a confesarlo, muy a su pesar. De todos los escritos de los Santos Padres y de los doctores que recopilé para demostrar esta verdad, cito sólo uno, para no alargarme: «Tibi devotum esse, est arma quaedam salutis quae Deus his dat quos vult salvos fieri...» (San Juan Damasceno), — «ser devoto vuestro, oh Virgen Santísima, es un arma de salvación que Dios da a aquellos que quiere salvar».

“Podría repetir aquí varias historias que prueban lo que afirmo.

“Entre otras aquella que viene narrada (...) en las crónicas de Santo Domingo: Cuando el Santo predicaba el Rosario en las cercanías de Carcassona, quince mil demonios, que poseían el alma de un infeliz hereje, fueron obligados, por orden de María Santísima, a confesar muchas verdades extraordinarias y consoladoras, referentes a la devoción a María.

“Y ellos, para su propia confusión, lo hicieron con tanto ardor y claridad, que no se puede leer esa auténtica narración y el panegírico que el demonio, contra su propia voluntad, hizo de la devoción mariana, sin derramar lágrimas de alegría, aunque se sea poco devoto de la Santísima Virgen.

ENTRANDO EN EL PARAÍSO
DE LAS MANOS DE MARÍA


      “Se cuenta en las crónicas franciscanas, que Fray León tuvo una visión y en ella vio dos escaleras, una blanca y otra roja. Sobre la segunda se hallaba Jesucristo y sobre la primera su Santísima Madre. Reparó que algunos intentaban subir por la escalera roja y después de trepar algunos escalones caían; volvían a subir y caían otra vez.

      “Fueron avisados de que debían ascender por la escalera blanca, y por esa, los vio subir dichosos, porque la Santísima Virgen les daba la mano y así llegaban seguros al Paraíso”

(San Alfonso Mª de Ligorio, Glorias de María Santísima,p.161)

 

Devoción especialmente necesaria para los Santos

“Si la devoción a la Santísima Virgen es necesaria para que todos los hombres consigan sencillamente la salvación, es aún mayor para aquellos que son llamados a una perfección particular; y no creo que nadie pueda conseguir una unión íntima con Nuestro Señor y una perfecta fidelidad al Espíritu Santo, sin una grandísima unión con la Santísima Virgen y una total dependencia de su auxilio. (...)

“El Altísimo la hizo tesorera de todos sus bienes, dispensadora de sus gracias, para ennoblecer, elevar y enriquecer a quien ella quiera, para hacer entrar a quien ella quiera por el camino estrecho del Cielo, para deja pasar, a pesar de todo, quien ella quiera por la puerta estrecha de la vida eterna, y para dar el trono, el cetro y la corona de rey a quien ella quiera. (...)

“Dios confió sólo a María las llaves de los graneros del divino amor, y el poder para entrar en las vías más sublimes y más secretas de la perfección, y hacer que otros entren en esos caminos. Sólo María da a los miserables hijos de la Eva traidora la entrada en el Paraíso Terrestre, para que ahí estén agradablemente con Dios, para que ahí se oculten seguros de sus enemigos, para que ahí, sin temor a la muerte, se alimenten de los deliciosos frutos de los árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal, y para que saboreen las aguas celestiales de esta hermosa fuente que mana tan abundante; o mejor, como ella misma es ese Paraíso Terrestre o esa tierra virgen y bendita, de la que Adán y Eva, pecadores, fueron expulsados, sólo ella da entrada a aquellos que a ella le place dejar entrar, y hacerlos santos”(2).

 

+ EVA, MADRE DE LA VIDA

La segunda y verdadera Eva

“De la misma manera que Jesucristo fue llamado por los Padres el nuevo Adán, así también la Virgen fue llamada la nueva Eva. La primera Eva fue la madre de todos los vivientes en el orden de la naturaleza; la segunda Eva, María, lo fue en el orden inconmensurablemente superior de la gracia. Si echamos, no obstante, una mirada a la primera mujer después del pecado, vemos que María se nos aparece totalmente diferente.

“En efecto, Eva, hablando con el ángel de las tinieblas, que se le apareció bajo la forma de una serpiente, consintió en la corrupción y arruinó a todo el género humano. María, al contrario, hablando con el Ángel de la luz, consintió en la reparación del género humano y lo salvó. Eva ofreció al hombre el fruto de la muerte; María, al contrario, le dio el fruto de la vida. Eva fue medianera de la muerte, María fue medianera de la vida”(3).

Ya en el siglo II encontramos establecida esta doctrina por la autoridad de San Ireneo de Lyon, que escribió: “La Humanidad recibió un nuevo Progenitor (Jesús), que ocupa el sitio del primer Adán. Pero como la primera mujer también estaba implicada en la caída [del hombre] por su desobediencia, el proceso curativo comienza así mismo con la obediencia de una mujer. Dando la vida al nuevo Adán, ella viene a ser la verdadera Eva, la verdadera Madre de los vivientes y la causa de nuestra salvación”(4).

Y San Epifanio, en el siglo IV, dejó esta enseñanza: “Eva fue para todos los hombres la raíz funesta de la muerte y la ruina, porque por ella la muerte se introdujo en el mundo. María fue para ellos la fuente de la vida, ya que por ella nos fue restituida la vida, y por su mediación el Hijo de Dios vino al mundo”(5).

Haciéndonos eco de la tradición cristiana, el Padre Bernardes se expresa de la siguiente manera: “Laméntense y lloren los mortales, en cuanto hijos de Eva, porque de Eva nada nos sirvió de provecho excepto la descendencia y progenitura de María. Pero consuélense, en cuanto hijos de María, porque María nos vivificó por Cristo y, por el mismo Cristo ya vivificada para la inmortalidad, nos está llamando e invitando para participar de su misma vida”(6).

También el Padre De la Boullaya, S.J., en uno de sus célebres sermones en la catedral de París, reafirma la sentencia de los Santos y doctores: “en los orígenes del mundo, Adán llamó a su esposa Eva, que quiere decir, madre de los vivientes. Adán y Eva, Dios os creó para ser el padre y la madre de nuestra raza. Fuisteis, no obstante, los asesinos, pues la vida sobrenatural que nos debisteis transmitir, la extinguisteis en vosotros mismos.

“Nuestro verdadero Padre, aquel que devolvió a nuestras almas esta savia de vida divina, la gracia, es Cristo; nuestra verdadera Madre es la Virgen que Lo atrajo del Cielo para este mundo. Sí, Madre con toda la expresión del término, porque es a ella, después de Jesús, a quien debemos la vida. Madre no adoptiva, sino real, aún cuando sea en el orden espiritual, porque debemos a sus actos personales el volver a ser hijos de Dios, y el poder llamar verdaderamente nuestro hermano a Jesús, su Hijo muy amado”(7).

 

María es nuestra vida

Con su esclarecida sabiduría de doctor de la Iglesia, San Alfonso Mª de Ligorio, nos da a conocer los motivos más profundos por los que Nuestra Señora es la verdadera Eva, la Madre de la vida:

“Para la exacta comprensión de las razones de porqué la Santa Iglesia nos manda que llamemos a María nuestra vida, es necesario saber que, así como el alma da la vida al cuerpo, así también la gracia divina da vida al alma. Un alma sin la gracia divina sólo tiene de vida el nombre, pues en realidad está muerta. Obteniendo María, por su intercesión, la gracia a los pecadores, de este modo les da la vida.

“Oigamos las palabras que la Iglesia le pone en los labios, aplicándole el siguiente pasaje de los Proverbios: «Los que están vigilantes desde el amanecer para buscarme, me encontrarán» (VIII,7). «Los que recurren a mí desde la mañana, esto es, sin demora, con certeza me encontrarán». O, según la traducción griega, «encontrarán la gracia». De modo que recurrir a María es recobrar la gracia de Dios. Por eso leemos más adelante: «Quien me halla, encuentra la vida, y recibirá del Señor la salvación» (Prov. VIII, 25). Oídlo los que buscáis el Reino de Dios, añade San Buenaventura, honrad a la Santísima Virgen María y hallareis la vida juntamente con la salvación eterna. (...) De ahí las palabras de San Germán: «¡Oh Madre de Dios! vuestra protección es la causa de la inmortalidad; vuestra intercesión, la vida»”(8).

Así, podemos concluir con el Pe. Chevalier:

“La sangre se distribuye siempre desde el corazón por todo el cuerpo y siempre a través de una misma arteria principal, antes de pasar a las secundarias. La sangre es la imagen de la vida divina. Esta vida nos viene del Sagrado Corazón, por medio de esta arteria única, que es María, Madre de los vivientes. Ahora, no vemos ni el corazón, ni la arteria, ni la fuente, ni el canal primero; la propia sangre no la vemos. En el cielo veremos todas estas maravillas. Pero aunque fuesen visibles, ellas no cambiarían. La fuente siempre será la misma, siempre la misma arteria. La diferencia es que veremos, y esta visión será nuestra eterna felicidad.

“Dios, Jesús y María se nos aparecerán en toda su gloria. Dios, fuente de vida, sin fin y sin orillas, manantial que brota totalmente en Jesús, y de Jesús se comunica a todos sus elegidos, por medio de María. Inmensa y maravillosa sociedad; maravillosa por el número de sus miembros, por la belleza de cada uno; maravillosa también por su perfecta unidad: ¡una sola vida!; ¡un sólo cuerpo!, ¡una sola cabeza! y ¡un sólo corazón!. Y ese todo, de prodigiosa variedad en una extraordinaria unidad, será el propio Cristo.

“Y María aparecerá como Madre de ese Cristo, Madre de los Ángeles, Madre de todos y de cada uno de los elegidos. No habrá otra vida sino la dada por María; y nosotros la contemplaremos como ella es: ¡la Madre de la vida!(9).

 


PORTENTOSO MILAGRO
OBRADO
POR LA “MADRE DE LA VIDA”

Ampliando sus meditaciones sobre Nuestra Señora, Madre de la vida, el Padre Jourdain las ilustra con este extraordinario ejemplo:

“María, no contenta con procurarnos la vida de la gracia, se complace en socorrernos también en los peligros que amenazan nuestra vida natural. ¡Cuántos enfermos le deben su curación! ¡Cuántos infelices a punto de morir inevitablemente, fueron salvados por ella! (...)

“Permitidme que os relate un hecho antiguo, poco conocido.

“Un sacerdote de Eslovenia, devotísimo de la Santísima Virgen, dejó su país para peregrinar a Nuestra Señora de Loreto, Tuvo la desgracia, en el camino, de caer en mano de los turcos que infestaban las costas de Italia. Como no dejaba de invocar a María, y de decir que la amaba con todo su corazón, los infieles le abrieron el pecho, le arrancaron el corazón y se lo entregaron, ordenándole que fuera a ofrecérselo él mismo a Aquella a quien tanto amaba.

“¡Oh milagro!. Ese fiel servidor de María no murió. Aprovechando la libertad que le dieron sus verdugos, pudo arrastrarse durante algunos días y llegar a Loreto. Depositó su corazón (todavía incorrupto) a los pies del altar de María, recibió la Sagrada Comunión y expiró.

“Aquí está la demostración de cómo María es la Madre de la vida. Ella, por un milagro estremecedor, contrariando todas la leyes de la naturaleza, conservó la vida de su muy amado servidor, para que él pudiera cumplir su voto.

“María es, por tanto, la Madre de la vida temporal, espiritual y eterna, que ella nos obtiene con su intercesión”.

(Pe. Z.C. Jourdain, Somme de Grandeurs de Marie, t.V, pp.123-124.)

 

+ ESTRELLA DE JACOB APARECIDA

Cuenta el Libro de los Números (XXII y ss.) que los judíos, camino de la tierra prometida, acamparon en las llanuras de Moab, donde se halla situada Jericó, más allá del Jordán. A la vista del pueblo de Israel que hacia allí se dirigía, Balac, rey de los moabitas, temiendo por los habitantes de sus territorios, mandó embajadores a Balaam, adivino del país de Amón, rogándole que viniera para maldecir a los israelitas.

A pesar de todo, de los labios del adivino, por obra de Dios, salieron palabras de bendición, y con cuatro oráculos profetizó acerca de los destinos de aquel pueblo que “cubría la faz de la tierra”.

En el cuarto y último vaticinio, Balaam, hijo de Beor, pronunció estas palabras: “Nacerá una estrella de Jacob, y se levantará una vara de Israel, y herirá a los capitanes de Moab...” (Núm. XXIV, 17).

 

María, la estrella de Jacob

El célebre mariólogo francés, Auguste Nicolas, se refiere en estos términos a esa prefigura de la Santísima Virgen:

“He aquí la señal que despierta y siempre despertará el dulce, puro y santamente gracioso nombre de María: es el más generalizado y el menos común de todos los nombres, que se asigna y no se da jamás a los que lo llevan (tan propio es de la Virgen que lo santificó), y el cual siempre vuelve, puro de sus aplicaciones, como el rayo de luz vuelve a su estrella.

Y tal es el significado del inefable nombre de María: Estrella. Estrella del mar, estrella de la mañana, imagen delicada de la venida de María al mundo. De esta misma estrella, Balaam, quince siglos antes, pronosticaba su venida, cuando dijo, profetizando el dominio universal del Mesías: «Yo lo veré, pero no ahora; lo miraré atentamente, pero no de cerca: UNA ESTRELLA SE LEVANTARÁ DE JACOB, un cetro se alzará de Israel, herirá a los príncipes de Moab, y reinará sobre todos los hijos de Set». Profecía que todos los antiguos hebreos aplicaban unánimemente al Mesías; que, según el relato de Josefo, constituía la preocupación universal de su nación en la época de la venida de Jesucristo y que, según el mismo historiador y el Talmud, favoreció el éxito pasajero del falso Mesías Barkochebas, por el significado de este nombre, que quiere decir, hijo de la estrella.

La Estrella, cuyo verdadero Hijo reina hace 18 siglos(10) sobre todos los hijos de Set (es decir, sobre la raza humana, siendo Set el hijo de Adán), María, al levantarse sobre el horizonte del mundo, fue como la aurora de la mañana de la verdad, como el despuntar del día de fe, que difundió sobre el mundo a Jesucristo, luz eterna, como la llama de la Iglesia”(11).

 

Estrella que pone en fuga a los caudillos de Moab

Otra magistral interpretación de la Estrella de Jacob, se encuentra en San Buenaventura:

La Estrella superior que es la Bienaventurada Virgen, nos conduce a Cristo. Y de ella se entiende lo que dice el libro de los Números, con estas palabras:

«De Jacob nacerá una estrella, y de Israel se erguirá una vara que herirá a los capitanes de Moab». se llama estrella a la Bienaventurada Virgen por su perseverante e inquebrantable virtud. Por Moab se entiende a los voluptuosos. Capitanes del Moab son los demonios o pecados capitales. Esta estrella, es decir, la Bienaventurada Virgen, desbarata a los caudillos de Moab, que son los siete pecados capitales: el espíritu de soberbia, siendo humildísima; el espíritu de envidia, siendo bondadosísima; el espíritu de ira, por ser mansísima; el espíritu de pereza, por ser devotísima; el espíritu de avaricia, por su extremada generosidad; el espíritu de gula, por su moderadísima templanza, y, por último, el espíritu de lujuria, siendo como es íntegra e ilimitadamente casta.

Puso en fuga, pues, esta estrella a los caudillos de Moab”(12).

 

+ SOIS EJÉRCITO ARMADO EN ORDEN DE BATALLA

 + CONTRA LUZBEL 

 

Con el fin de expresar el pavor que la Inmaculada Madre de Dios inspira a las huestes infernales, la tradición cristiana y la liturgia católica aplican a María esta frase de la Escritura: “Terrible como un ejército en orden de batalla” (Cánt. VI,3 y 9).

 

Terrible adversaria del demonio

“Cuando un confuso ejército de rebeldes ve avanzar contra ellos a un poderoso ejército, se llena de temor a la vista de los estandartes y de las armas relucientes, y piensa más en huir que en combatir.

En el Cantar de los Cantares, María es comparada a un potentísimo ejército: «Terribilis ut castrorum acies ordinata». ¿para quién es María tan terrible?. No para los Ángeles, ni para sus fieles servidores, ni tampoco para los pobres pecadores que recurren a ella con corazón contrito y humillado. Ella es terrible para los ángeles rebeldes. Con su simple recuerdo, los demonios temen que no podrán soportar su presencia, dice el Cardenal Hugo. Y María no está sola. Están con ella todos los Santos y todos los Ángeles que forman su ejército. Ella los envía, cuando es necesario, en socorro de aquellos que la invocan. Con razón dice San Pedro Damián que María es nuestra protección contra los demonios, y San Buenaventura añade que ella es el bastón de mando del poder de Dios contra los enemigos infernales, cuyas emboscadas y ataques ella confunde y reprime”(13).

Comentando el referido párrafo del Cántico, San Juan de Ávila escribe. “La Virgen, ante ninguna adversidad, tentación o trabajo, dejó de cumplir la santa Voluntad del Señor y de andar por sus santos caminos. Como persona determinada a morir o vencer, partió victoriosa sobre todos sus enemigos y se hizo temer por ellos, hasta el punto de no osar aparecer ante ella Por eso dicen los Ángeles que María es terrible para los demonios y para los pecados como un ejército en orden de batalla(14).

Semejante comentario hace el Pe. Henry Bolo: “María, que guarda a sus hijos del peligro, los sustenta en la batalla. Toda lucha, cualquiera que sea, viene del eterno enemigo. Por toda parte por donde aparece, María tiene la misión de aplastarle la cabeza con su pie virginal. No hay ejército más terrible contra el Infierno que el de la Santísima Virgen. Ella encarna, bajo la frágil apariencia de una mujer, la virtud guerrera, la fuerza en el combate. Ya sean inmensos y mortíferos campos de batalla, manchados de sangre, confundidos por los gritos y las convulsiones, cubiertos de polvo, o bien de ese otro campo de batalla invisible que se llama la conciencia de cada uno, la victoria está asegurada si se invoca a María”(15).

 

Inflexible y terrible

Ese litigio milenario entre Nuestra Señora y el demonio fue descrito magníficamente por San Luis Mª Grignion de Montfort, en las páginas de su Tratado de la Verdadera Devoción. Transcribimos aquí algunos párrafos del mismo:

Una única enemistad puso Dios y la estableció, enemistad irreconciliable, que no sólo ha de durar, sino aumentar hasta el fin. La enemistad entre María, su dignísima Madre, y el demonio; entre los hijos y los siervos de María y los hijos y secuaces de Lucifer; de modo que María es la más terrible enemiga que Dios armó contra el demonio. Él La dio, desde el Paraíso, tanto odio a ese maldito enemigo de Dios, tanta clarividencia para descubrir la malicia de esa asquerosa serpiente, tanta fuerza para vencer, aplastar y aniquilar a ese orgulloso impío, que el temor que María inspira al demonio es mayor que el que le inspiran todos los Ángeles y todos los hombres y, en cierto modo, el propio Dios.

No es que el odio, la ira, el poder de Dios no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, sino que, en primer lugar, Satanás, porque es orgulloso, sufre incomparablemente más al ser vencido y castigado por la pequeña y humilde esclava de Dios, cuya humildad lo humilla más que el poder divino; en segundo lugar, porque Dios concedió a María tan gran poder sobre los demonios que, como muchas veces se vieron obligados a confesar , por boca de los posesos, les infunde más temor uno sólo de sus suspiros por un alma, que las oraciones de todos los Santos; y una sola de sus amenazas que todos los demás tormentos”.

 

Enemistad creciente

San Luis María Grignion dice: “Es precisamente a estas últimas y crueles persecuciones del demonio que se multiplicarán todos los días hasta el reino del Anticristo, a las que se refiere aquella primera y célebre predicción y maldición que Dios lanzó contra la serpiente en el Paraíso Terrenal (Gen.III,15): Pondré enemistad entre tiy la mujer; entre tu descendencia y la suya. Ella te aplastará la cabeza y tú tramarás traiciones en su calcañar”.

 

+ SED AMPARO Y REFUGIO PARA EL PUEBLO FIEL

 

María se hizo toda para todos

Esa total, absoluta y constante protección que la Madre de Dios nos dispensa, fue exaltada de este modo por San Bernardo: “[María] se hace toda para todos; con una extraordinaria y profusa caridad se hizo deudora de sabios e ignorantes. A todos abre el tesoro de la misericordia, para que todos reciban de su plenitud: redención para el cautivo, cura para el enfermo, consuelo para el afligido, perdón para el pecador, gracia para el justo, alegría para el Ángel, gloria para la Trinidad Santísima; y la propia persona del Hijo recibe de ella la naturaleza humana, con el fin de que no haya nadie que se escape de su calor”(16).

Y San Alfonso Mª de Ligorio, insistiendo en la necesidad de que recurramos al auxilio de María, nos aconseja una bellísima súplica: “Digan, pues, todos con gran confianza, invocando a esta Madre de misericordia, como le decía el Pseudo-Agustín: «Acordaos, ¡oh piadosísima Señora! que no se ha oído jamás, desde que el mundo es mundo, que nadie fuese de Vos desamparado. Y por eso perdonadme si os digo que no quiero ser el primer desgraciado que, recurriendo a vos, no obtenga vuestro amparo(17).

 

Refugio de los cristianos contra toda clase de enemigos

En la misma alabanza que ahora se comenta, la Virgen Santísima es también invocada como el infalible refugio de los cristianos.

“Desde el tiempo de las persecuciones -escribe Mons. Dadolle-, la Iglesia depositó su confianza en el culto que ella profesa a María. Ese culto se lee aún hoy, vivo e inmortal, sobre los muros de las catacumbas, donde están estampados en dibujos y en colores. La imagen de la Virgen Madre colocada en los principales ábsides de esas criptas sagradas, donde la fe de los primeros cristianos se iba a enfervorizar o a defenderse, nos muestra que, desde esos primeros tiempos, la sociedad cristiana conocía su refugio seguro contra todas las formas de ataque del enemigo”(18).

Semejante es la opinión de Fr. Garrigou-Lagrange, que dice: “María es el socorro de los cristianos, porque el socorro es la consecuencia del amor, y en ella se encuentra la plenitud consumada de la caridad, que sobresale y excede a la de todos los Santos y Ángeles reunidos.

Nuestra Señora ama las almas rescatadas por la Sangre de su Hijo más de lo que nosotros sabríamos expresar, las asiste en sus penas y las ayuda en la práctica de todas las virtudes. Ella es el socorro, no sólo de las almas en particular, sino de los pueblos cristianos...

El título de Nuestra Señora de las Victorias nos recuerda que, frecuentemente, su intervención fue decisiva en los campos de batalla para la liberación de los cristianos oprimidos”(19).

 

+ V.-ÉL MISMO LA FORMÓ EN EL ESPÍRITU SANTO

 

Realmente formada en el Espíritu Santo

Refiriéndose al origen milagroso de Nuestra Señora, en virtud de su Inmaculada Concepción, observa Fr Bernard O.P., que ésta fue “una obra indiscutible del Espíritu Santo, de la que resultó la más santa infancia y la más santa adolescencia, como nunca se vieron semejantes, y como jamas se habrán de ver”(20).

Es lo que en otros términos afirma San Juan Eudes:“Así como Jesús fue predestinado para ser el Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo, así María estuvo animada y poseída por el mismo Espíritu, desde el primer instante de su vida, lo cual la llenó de gracia y la santificó siempre cada vez más, durante el curso de su infancia, para disponerla a concebir y dar a luz al Verbo Eterno y ser la Madre de Dios”(21).

El santo franciscano Fr, Maximiliano Kolbe (1894-1941), hermosa y osadamente, señala esa íntima unión de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad con Nuestra Señora: “Puede casi decirse, que la Inmaculada es la Encarnación del Espíritu Santo”(22).

El mismo autor en otro capítulo añade:

“En el alma de la Inmaculada, el Dispensador de todas las gracias -el Espíritu Santo- habitó desde el primer instante de su existencia, inundándola de tal manera que nadie más habitó en ella, y el nombre de Esposa del Espíritu Santo significa tan sólo un remoto, tenue e imperfecto -aunque verdadero-, esbozo de esta unión”(23).

 

+ V.- Y LA REPRESENTÓ MARAVILLOSAMENTE EN TODAS SUS OBRAS

 

Sublime compendio de la creación

Comentando el capítulo de los Proverbios (VIII,22-31) usado por la Liturgia en la celebración de la Natividad de Nuestra Señora, San Juan Eudes escribe:

“[María] estuvo presente con el Creador del universo, cuando Él asentaba los cielos, regulaba el movimiento de los astros, y cuando cercaba los abismos; cuando formaba el aire y los vientos y daba consistencia a las nubes en lo alto; cuando ponía límites al mar, para que las aguas no sobrepasasen sus confines; cuando asentaba los cimientos de la tierra.

¿Cómo se entiende esto?. ¿De qué modo esta sagrada Virgen estaba con Dios en la Creación del mundo, y de qué manera hizo todo con Él?

Estaba con Dios porque Él la llevaba siempre en su espíritu y en su corazón, y consideraba cuidadosamente todas las perfecciones naturales y sobrenaturales diferentemente repartidas entre todas las criaturas, para recogerlas un día y reunirlas todas en Aquella que había sido destinada para ser la Soberana del universo. Por esta razón, San Epifanio La llama: «Misterio del Cielo y de la tierra», porque Dios puso en esta maravillosa Virgen como en un resumen y compendio, todo lo que hay de más hermoso en el Cielo y en la tierra”(24).

En ese mismo sentido, el Pe. Jourdain transcribe este comentario de un piadoso autor: “Dios se confirma en la creación de los Ángeles, de los Arcángeles, de los Querubines y de los Serafines; se confirma en la creación del cielo material, de los astros, del sol, de la tierra y de las criaturas que la contienen. Creando todos esos seres, Dios prenunciaba su obra maestra por excelencia, la creación de María, que ella misma sería el preludio de la creación de la humanidad del Salvador. Todo se aplicaba a Jesús y a María, todo les representaba, todo preparaba su venida a la tierra para el rescate de los hombres y la glorificación de Dios”(25).

 

+ V.- PROTEGEDME, SEÑORA, ETC.

 

(se repiten las mismas oraciones del final de Maitines)

_____________________

1. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

2. ) San Luis María Grignion de Montfort, op.cit.

3. ) Pe Roschini, op.cit.

4. ) San Irineo de Lyon, in Johannes Quasten, “Patrología” B.A.C. (Madrid).

5. ) San Epifanio, “Adv.HoeresIII”, apud Roschini.

6. ) Pe. Manuel Bernardes, op.cit.

7. ) Pe. H. Pinard de la Boullaye S.J. “Marie, Chef-d`ouvre de Dieu” (París).

8. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

9. ) Pe Chevalier, op.cit.

10. ) Auguste Nicolas, ardoroso católico e ilustre magistrado de Burdeos, escribió a mediados del s.XIX.

11. ) Auguste Nicolas, op.cit.

12. ) San Buenaventura, op.cit.

13. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

14. ) San Juan de Ávila, op.cit.

15. ) Pe. Henry Bolo, op.cit.

16. ) San Bernardo, op.cit.

17. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

18. ) Mons. Dadolle, op.cit.

19. ) Fr. Garrigou-Lagrange, op.cit.

20. ) Fr. Bernard, op.cit.

21. ) San Juan Eudes, op.cit.

22. ) San Maximiliano Kolbe, O.F.M. Conv.Conferencia el 5/2/1941

23. ) San Maximiliano Kolbe, “De Inmmacolata B.M.V. Conceptione...idem

24. ) San Juan Eudes, op.cit.

25. ) Pe. Z.C.Jourdain, op.cit.


Índice