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Oficio

Mons. João S. Clá Dias (http://www.joaocladias.org.br)

“Hermosa como la luna, elegida como el sol,

terrible como un ejército en orden de batalla”

Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, Comentado

Con prefacio del Rvdo. P. Fray Antonio Royo Marín, O.P.



Al lector

No hay un solo devoto de la Virgen que no haya sido acariciado en el fondo de su alma, por aquel suave, profundo y maternal toque sobrenatural, proveniente de las sublimes alturas y de sus purísimas manos. Como Madre generosa, no pocas veces, Ella tiene la iniciativa del auxilio poderoso.

Transcurrían las solemnidades de la Semana Santa de 1991, cuando el autor de estos comentarios se hallaba al borde de la muerte, en un hospital de São Paulo. En aquel trance, él prometió a la Inmaculada Concepción que, comentaría el Pequeño Oficio en el círculo de sus amistades, si Ella le devolvía la salud. Habiendo recibido la Extremaunción la noche del Jueves Santo, se sintió, al poco tiempo, inundado por un océano de confianza en una intervención celestial.

Y, en efecto, en menos de dos meses ya se encontraba restablecido, y entonces le correspondía, lleno de gratitud, satisfacer el piadoso compromiso asumido con la Madre de misericordia y Salud de los enfermos.

Ayudado por algunos de sus hermanos de vocación, reunió las informaciones necesarias para cumplir su ofrenda a María Santísima.

Después de una serie de exposiciones sobre el pequeño salterio mariano, algunas personas insistieron en la conveniencia de divulgar más ampliamente aquellas disertaciones, con la intención de incrementar tan piadosa devoción.

Y atendiendo a esas súplicas, es por lo que se publican los presentes comentarios, bajo el prisma de las hermosas palabras de una de las más insignes luces que brillan en los cielos de la Mariología, San Luis María Grignion de Montfort, ardoroso devoto de la Santísima Virgen.

"De María nunquam satis... Aún no se alabó, exaltó, honró, amó y sirvió suficientemente a María, pues Ella merece mucha más alabanza, respeto, amor y servicio(...). Los Santos dijeron cosas admirables de esta ciudad santa de Dios(...). Y, después, proclamaron que es imposible percibir la altura de sus méritos, que Ella elevó hasta el trono de la Divinidad; que la anchura de su caridad, más extensa que la tierra, no se puede medir; que está más allá de toda comprensión la grandeza del poder que Ella ejerce sobre el propio Dios; y, en fin, que la profundidad de su humildad y de todas sus virtudes y gracias son un abismo imposible de sondear. !Oh altura incomprensible!. !Oh anchura inefable!. !Oh grandeza inconmensurable!(...). Los ojos no vieron, el oído no oyó, ni corazón humano comprendió las bellezas, las grandezas, las excelencias de María, el milagro de los milagros de la gracia, de la naturaleza y de la gloria"(1)

Así, las presentes consideraciones no llegan a ser un tratado exhaustivo, pues están lejos de abarcar el casi infinito universo de las excelencias de la Virgen María. Siglos de continuas alabanzas resuenan para la eternidad, junto al trono de la Inmaculada y Sapiencial Soberana, y otros aún se sucederán, interminables, sin lograr rendirle toda la honra que Ella merece.

Verdad ésta, corroborada por el profesor y ex-bibliotecario de la Facultad Pontificia Teológica Mariana (en Roma), Pe. Giuseppe M. Besutti, O.S.M., según el cual hace mucho vienen siendo publicados más de dos mil libros sobre Nuestra Señora cada año, en el mundo entero...

Dígnese Ella, Madre de misericordia inagotable, bendecir estas páginas que Le son dedicadas, haciéndolas fructificar en sincera y abrasada devoción mariana, en las almas de cuantos las leyeren.

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Prefacio

El autor de este bellísimo comentario al "Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción", D. João S. Clá Dias, tuvo la amabilidad de pedirme unas palabras que sirvieran de prefacio a la edición portuguesa.

El "Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción" constituye, de por sí, un genuino y profundo placer para todos aquellos que aman verdaderamente a la Virgen María. Produce real asombro encontrar totalmente reunidos en tan cortas invocaciones todos los grandes dogmas y títulos marianos, sin excepción.

Además, el espléndido comentario que acompaña a cada una de esas invocaciones las enriquece de una forma tan maravillosa, que se hace imposible encontrar algo más en las enseñanzas que nos legaron los grandes Santos marianos de todos los tiempos: Bernardo, Alberto Magno, Tomás de Aquino, Buenaventura, Grignion de Montfort, Alfonso Rodríguez, Alfonso de Ligorio, Juan Eudes, Antonio María Claret, etc., cuyas doctrinas son citadas abundantemente, al igual que las sabias especulaciones de los mejores teólogos marianos tales como Garrigou-Lagrange, Garriguet, Raulica, Alustrey, Campana, Roschini, Guitton, Marechal, Philipon, William, Scheeben, Terrien y otros muchos, juntamente con los imprescindibles documentos del Magisterio de la Iglesia a través de los Concilios y de los Sumos Pontífices.

¡Toda una espléndida y completa mariología en una perspectiva teológica y eminentemente devocional!

Para que el lector vaya teniendo conocimiento de todo lo que acabamos de decir, nos parece oportuno recoger aquí, en un brevísimo resumen, el contenido doctrinario de cada uno de los ocho capítulos en que el autor divide su magnífico comentario.

Capítulo 1.- Maitines: Especialmente hermosos son los comentarios a invocaciones tan bellas como Estrella de la Mañana, Reina del Cielo, Llena de gracia, Luz pura, Benefactora del mundo, Omnipotencia suplicante, Auxiliadora del Purgatorio...

Capítulo 2.- Prima: Aquí se celebran las grandes Virtudes de María (Teologales, Cardinales y derivadas) que constituyen el núcleo central de su excelsa santidad, superada solo por la infinita de su Hijo, Jesús.

Capítulo 3.- Tercia: Son expuestas y comentadas las múltiples prerrogativas y dignidades de María como Arca del Nuevo Testamento, Trono de Salomón, Arco-Iris de Esperanza, Zarza ardiente, Virgen Florida, Puerta cerrada, Virgen Inmaculada...

Capítulo 4.- Sexta: Piadoso sobremanera es el modo como se nos habla de la virginidad de María, Templo de la Santísima Trinidad, Encanto de los Ángeles, Ideal de castidad, Consuelo de los tristes, Alegría del Paraíso, Heroica Fortaleza, Lirio entre espinos, Conjunto de todas las gracias...

Capítulo 5.- Nona: Se invoca a María como Refugio de los pecadores, Torre de David, Torre de marfil, Caridad ardiente, Vencedora del demonio, Bella como Abigail, Valiente como Judith, Virgen de las vírgenes, toda Hermosa de cuerpo y alma...

Capítulo 6.- Vísperas: Se expone la Redención preventiva de María, su profundísima humildad, Lucero de la Mañana, Aurora que anuncia el día, Brillante como el sol, Bella como la luna, Luz inextinguible que excede en claridad a todos los Santos...

Capítulo 7.- Completas: Se reúnen aquí, entre otros muchos, los principales títulos de la Salve: Vida, Dulzura y Esperanza nuestra, Dispensadora de todas las gracias, Estrella del mar, Puerta del Cielo, Salud de los enfermos, Garantía de la eterna salvación...

Capítulo 8.- Despues del Oficio: Se hace un Devoto Ofrecimiento y se invoca la protección de la Virgen, en la vida y en la muerte.

Después de este exhaustivo y maravilloso repertorio de dogmas y títulos marianos, parece que ya nada cabría añadir. Sin embargo, el lector se ve gratamente sorprendido con dos extensos y magníficos "Apéndices":

Apéndice I: Bajo el título de "Dogmas y privilegios marianos" son expuestos en una perspectiva estrictamente teológica, la Predestinación eterna de María, su Inmaculada Concepción, su Perpetua Virginidad, su Maternidad divina, su Maternidad espiritual, Corredentora del género humano, Medianera y Dispensadora Universal de todas las gracias, su gloriosa Asunción a los Cielos, su Realeza Universal, la Plenitud de su gracia (con las Virtudes infusas, Dones y Frutos del Espíritu Santo y las Bienaventuranzas evangélicas) y sus carismas o gracias "gratis datae".

Apéndice II: Se trata de un estudio detallado de la evolución histórica del dogma de la Inmaculada Concepción, desde una piadosa creencia hasta la expresa declaración dogmática por Pío IX, el 8 de diciembre de 1854.

Es inútil ponderar el riquísimo contenido dogmático y devocional de estas páginas que nos cabe la honra de presentar al lector, a manera de "Prefacio". Basta leer el brevísimo índice-resumen que acabamos de hacer, para que se vuelva superfluo insistir en cosa tan clara y evidente.

Los devotos de María tienen aquí un verdadero arsenal para alimentar y satisfacer su fervor mariano, por más intenso que sea.!Que la Santísima Virgen bendiga abundantemente a los que asumieron la tarea de proporcionarnos tan grande festín espiritual!

Fr. Antonio Royo Marín, O.P.

Madrid, 29 de Septiembre de 1994
Fiesta de San Miguel Arcángel



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El Pequeño Oficio

de la Inmaculada Concepción

El Autor

Después de consultar muchos archivos y fuentes históricas, el Pe. Colin, biógrafo de San Alfonso María de Ligorio, concluyó que Frei Bernardino de Busti (1450-1513), el gran e ilustre predicador franciscano, fue el autor del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción.

Oriundo de la familia de los Busti, de Milán, hizo en esta ciudad sus primeros estudios, terminando jurisprudencia en Pavía. En 1475 ingresó en la Orden de los Frailes Menores, en la cual se destacó por el ejemplo de sus virtudes y por el brillo de su inteligencia.

Filósofo y teólogo, versado también en el Derecho eclesiástico y civil, Fray Bernardino de Busti, se distinguió como apóstol y escritor particularmente mariano. La fecundidad de su espíritu produjo diversas obras, siendo la mayor y más difundida el "Mariale de singulis festivatis Beatae Virginae Mariae" realizada en 1492, citada frecuentemente por los autores eclesiásticos. Referente a la Inmaculada Concepción, publicó nueve sermones, además de su "Officium et Missa de Immaculata Conceptione".

Fray Bernardino murió, en olor de santidad, entre los años 1513 y 1515 (probablemente el día 8 de mayo de 1513), en el convento de Santa María della Misericordia, en Melegnano (Lombardía). No tardó mucho para que la devoción popular -vox populi Dei- lo proclamase bienaventurado(2).

Difusión

A pesar de la virtuosa penumbra en que dejó que quedara su autor, el Pequeño Oficio se difundió enormemente por el orbe católico. Entre los que cooperaron para ello, se encuentra especialmente San Alfonso Rodríguez, S.J., natural de Segovia (España). Ardoroso devoto de la Santísima Virgen, este insigne jesuita recibió con júbilo el salterio mariano, que consideraba el más bello himno de alabanza a la Inmaculada Soberana.

Escribe San Alfonso Rodríguez de sí mismo, en tercera persona: "(Cierto día) este hombre daba gracias después de la comida, cuando se vio en presencia de la Santísima Virgen que lo favoreció con su trato íntimo y familiar. Recibió de Ella la orden de escribir las oraciones que acostumbraba a rezar. Teniendo recelo de que fuera una ilusión, fue tranquilizado por María, que nuevamente lo exhortó a obedecer para la gloria de Dios.

Las oraciones que desde hacía mucho acostumbraba a dirigir a la Virgen eran principalmente el Rosario, la Letanía de Nuestra Señora, el Oficio de su Santísima Concepción (que sabía de memoria), doce Salves y doce Ave-Marías para recordar cada hora la beatísima Concepción y alcanzar el auxilio de Jesús contra los ataques del pecado. Cuando cumplía estas prácticas de piedad, se sentía maravillosamente abrasado en devoción y amor; y disfrutaba de los más deliciosos coloquios con María" (Acta SS.).

Cuando era portero del colegio de Mallorca, como hermano coadjutor de la Compañía de Jesús, San Alfonso Rodríguez no esperó a la invitación de la Madre de Dios para difundir entre sus conocidos la práctica de esta devoción mariana. Siempre que se lo permitían sus funciones, recomendaba a todos el pequeño Oficio como medio de alabar especialmente a la Santísima Virgen(3).

En los momentos de descanso, transcribía a mano esta oración y la distribuía entre los alumnos del colegio, enseñándoles al mismo tiempo la manera de recitarla. De este piadoso apostolado no excluía a sus hermanos de hábito, extendiendo así la práctica del Pequeño Oficio a las demás casas de la Compañía de Jesús.

San Alfonso Rodríguez falleció en octubre de 1617, tras haber sido coronados sus esfuerzos.

No fue menor el ejemplo de San Alfonso María de Ligorio. Doctor de la Iglesia y Fundador de los Redentoristas, jurando defender con su propia vida el privilegio de la Inmaculada Concepción. Desde el momento en que conoció el Pequeño Oficio, pasó a rezarlo todos los días.

Según autores competentes, cierta vez la Santísima Virgen se apareció a San Alfonso, agradeciéndole y aprobando la recitación de las piadosas Horas. Luego le ordenó que las escribiese y las difundiese(4).

También las Congregaciones Marianas ayudaron de modo relevante a la propagación de este Oficio. Muchos miembros poseían su propia edición y la rezaban en todas las reuniones.

Modo de rezar

El pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción sigue las divisiones tradicionales del gran Oficio divino, cuya recitación distribuyó en diferentes horas del día el salterio del Rey y Profeta David, que decía: "Siete veces al día, te dirigirás al Señor en alabanzas".

De acuerdo con los cánones del Breviario, se reparte así:

Maitines: antes de la aurora
Prima: a las 6 horas
Tercia: a las 9 horas
Sexta: a las 12 horas
Nona: a las 15 horas
Vísperas: al atardecer
Completas: por la noche

Aunque se puede rezar todo de una vez, es mejor seguir esta división que renueva, durante el día, el recuerdo y las excelsas alabanzas a María Santísima. Si se recita en coro el Pequeño Oficio, se debe hacerlo por entero, adecuado al lugar y al número de personas que lo rezan. La pronunciación debe ser clara, bien inteligible y al unísono, para que pueda infundir devoción a los que rezan y a los que oyen.

A las palabras: "Abre ahora mis labios", se hace, con el pulgar derecho, una señal de la cruz en los labios. En Completas, al decir: "Conviértenos Jesús", la señal de la cruz se hace en el pecho, con el mismo pulgar. Todas las veces que se dice: "En mi socorro venid ya, Señora" se hace la señal de la cruz completa.

Los Himnos se suelen rezar de pie. El "Oremos" final de cada Hora, de rodillas, al igual que el ofrecimiento y las oraciones después del Oficio. Este pequeño ceremonial, aunque no es obligatorio, nos lleva a atender el deseo de la Santa Madre Iglesia de que se rece el Oficio dignamente, con piedad y atención.

Indulgencias

Tuvo el inmortal Pontífice Pío IX, el Papa de la Inmaculada Concepción, la honra de consagrar mundialmente el Oficio Menor.

A petición de Mons. Carlos F. Rousselet, Obispo de Sée (Francia), se concedió 300 días de indulgencia, por la recitación de estas Horas: De igual modo, Pío IX concedió 100 días de indulgencia a quien rezase la antífona "Esta es la Virgen", con el verso, el responso y la oración(5).



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Texto del Pequeño Oficio de la

Inmaculada Concepción

 

Maitines


V.- Entonad ahora, labios míos,
R.- Los dones y las glorias de la Virgen Madre de Dios.
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, ¡oh Virgen Madre!, Señora mía,
Estrella de la mañana, del Cielo Reina.
Llena de gracia sois; salve, luz pura,
Velad por el mundo y por toda criatura.
Para Madre el Señor os destinó
El que los mares, la tierra y el Cielo creó.
Él preservó vuestra Concepción
De la mancha que todos tenemos desde Adán. Amén.

V.- Dios la escogió y la predestinó.
R.- En su Tabernáculo la hizo habitar.
V.- Proteged, Señora, mi oración.
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor.

Oremos: Santa María, Reina de los Cielos, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Dominadora del mundo, que a nadie desamparáis ni despreciáis; poned, Señora, en mí, los ojos de vuestra piedad y alcanzadme de vuestro amado Hijo el perdón de todos mis pecados, para que, venerando ahora afectuosamente vuestra Inmaculada Concepción, consiga después la corona de la eterna bienaventuranza: por el mismo Hijo vuestro, Jesucristo, Señor Nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina en unidad perfecta, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

V.- Proteged, Señora, mi oración.
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor.
V.- Bendigamos al Señor.
R.- Demos gracias a Dios.
V.- Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R.- Amén.

Prima

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, Virgen Prudente, destinada
Para dar al Señor digna morada.
Con las siete columnas de la Escritura,
Del templo a la mesa os ornó en figura.
Fuisteis libre del mal que al mundo espanta,
Y en el seno materno siempre santa.
Puerta de los Santos: Eva, Madre de la vida,
Estrella de Jacob aparecida.
Armáis la escuadra contra Luzbel;
Sed amparo y refugio del pueblo fiel. Amén.
V.- Él mismo la creó en el Espíritu Santo.
R.- Y la representó maravillosamente en todas sus obras.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines ).

Tercia

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Sois el Arca de la Alianza, el Trono de Salomón,
Bello iris celeste, zarza ardiente de visión.
Vos sois la Virgen florida, el velo de Gedeón,
Divino portal cerrado, el panal del fuerte Sansón.
Convenía, ciertamente, que la Madre de tan noble Hijo
No tuviese de Eva la mancha y resplandeciese con todo el brillo.
Y habiendo el Verbo escogido por madre a la Virgen casta,
No quiso que estuviese sujeta a la culpa que el mundo arrastra. Amén.

V.- Yo habito en lo más alto del Cielo.
R.- Y mi trono está sobre la columna de las nubes.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Sexta

V.-En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Dios os salve, Virgen Madre, Vos sois el templo de la Trinidad,
El puro encanto de los Ángeles, agasajo de castidad.
Sois el consuelo de los tristes, el huerto de la alegría,
Sois la palma de la paciencia, el cedro de la pureza.
María, Vos tierra sois, bendita y sacerdotal,
Concebida y preservada sin pecado original.
Ciudad Santa del Altísimo, del Cielo entrada oriental,
Hay en Vos, Virgen singular, toda la gracia celestial. Amén.

V.- Como un lirio entre los espinos,
R.- Así es mi predilecta entre los hijos de Adán.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Nona

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Sois ciudad de refugio, de torres fortalecida,
Por David atrincherada, y de armas también defendida.
Sin pecado concebida, en caridad abrasada,
Fue del dragón la soberbia, por Vos, herida y humillada.
Sois la bella Abigail, Judith invicta y entusiasmada,
Fuisteis del verdadero David Madre tierna, Madre cariñosa.
Raquel dio a Egipto un prudente gobernador,
La Virgen de las vírgenes dio al mundo su Salvador. Amén.

V.- Sois toda hermosa, ¡oh Madre querida!
R.- Y la mancha original nunca os tocó
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Vísperas

V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, regulador celeste, por el cual
El sol retrocedió en diez líneas.
A fin de encarnarse el Verbo eterno, y ser humillado,
Y el hombre, como el sol, al Cielo ser levantado.
De aquel sol brillante la Virgen tiene el fulgor,
Y cual aurora naciente refulge en esplendor.
Lirio entre los espinos, la cabeza del dragón pisando,
Cual luna bella ilumina a los que en el mundo van errando. Amén.

V.- Yo hice nacer en el Cielo la luz que no se apaga
R.- Y cubrí como niebla la tierra entera
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Completas

V.- Conviértenos Jesús, por vuestro amor.
R.- Y retira de nosotros tu furor.
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...

Himno

Salve, floreciente Virgen pura,
Reina de astros coronada.
Más pura que los Ángeles, tenéis el trono
A la derecha del Rey, en nuestro auxilio.
¡Oh Madre de gracia!, nuestra dulce esperanza,
Del mar Estrella y puerto de bonanza.
Puerta del Cielo, salud en la enfermedad,
De Dios nos guía a la feliz presencia. Amén.

V.- Vuestro Nombre ¡oh María!, es como un bálsamo.
R.- Mucho os aman vuestros siervos fieles.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).

Después del Oficio

Acepta, ¡oh Virgen!
Esta devoción
En alabanza de vuestra
Pura Concepción.
Sednos en la vida
Defensora y guía;
Sednos aliento
En nuestra agonía.
¡Oh Madre de bondad!,
¡Oh dulce María!.

Antífona. Esta es la Virgen admirable, en la cual no hubo mancha original, ni sombra de pecado.

V.- En vuestra Concepción, ¡oh Virgen!, fuisteis Inmaculada.
R.- Rogad por nosotros al Padre Eterno, cuyo Hijo trajisteis al mundo.

Oremos. ¡Oh Dios! que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, preparaste a vuestro Hijo una digna morada, os rogamos que, pues en virtud de la previsión de la muerte de vuestro Hijo la preservasteis de toda mancha, nos concedáis también que, purificados por su intercesión, lleguemos a vuestra Divina Presencia. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

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1. ) San Luis María Grignion de Montfort. "Tratado de la verdadera Devoción a La Santísima Virgen".

2. ) Cfr. Enciclopedia Católica, Ed Sansoni (Firenze).

3. ) San Alfonso Rodríguez fue también un ardiente propagandista del Oficio Parvo de Nuestra Señora, compuesto en época más remota que el de la Inmaculada Concepción y basándose en los Salmos del Breviario. (Cfr.Fr. Antonio Royo Marín, O.P. "La Virgen María, Teología y espiritualidad marianas, B.A.C.)

4. )Cfr. Béringer,"Les Indulgences",apud Pe.Texier "Les paroles de la Sainte Vierge". Librairie Religieuse H. Oudin, (París).

5. ) Excepto las referencias indicadas por las notas precedentes, se basa esta introducción en la del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, Ed. Paulinas, (São Paulo).


Índice

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João S. Clá Dias (http://www.joaocladias.org.br)

Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, Comentado

Índice General

Al Lector

Prefacio del Rvdo. P. Fray Antonio Royo Marín, O.P.

El Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción

     El Autor
     Difusión
     Modo de rezar
     Indulgencias

Texto del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción (traducido de la edición brasileña)

Texto del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción (versión española publicada en "Oracional del Instituto 'Alianza en Jesús por María' (1953)"

Comentarios al

Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción

Capítulo 1: Maitines

** V.- Abrid ahora mis labios

  Honrando a la Virgen Santísima, glorificamos a Dios
 
María es digna de toda alabanza

** V.- En mi socorro, ven presto Señora.

 María socorre rápidamente a los que La invocan
 
El Papagayo que repetía "Ave-María"
 
María es nuestra fortaleza en la muerte
 
María es nuestro auxilio en el tribunal divino

** Gloria al Padre...

  Tres lirios atestiguan la perpetua virginidad de María

** Salve, oh Virgen Madre

  El gran milagro obrado por el Omnipotente

** Señora mía

  Desde la infancia, Señora del cielo y la tierra
 
Señora de toda creación, en el Hijo y por el Hijo
 
Todas las criaturas a los pies de la Virgen
  Señora del Señor de los señores

** ESTRELLA DE LA MAÑANA

  María es símbolo de la estrella
 El divino Sol de Justicia no eclipsa la belleza de María
 Estrella de la mañana que precedió al Sol de Justicia
 La Estrella que ahuyenta a los demonios y embellece la creación
 Astro brillante con luz propia en el firmamento de la santidad

** REINA DE CIELO

  El glorioso título de Reina
 Reina puesta para la salvación del mundo

** LLENA DE GRACIA SOIS

  Excelencia de gracia superior a la de todos los Ángeles y Santos juntos
 Plenitud de gracia que corresponde a la sublime dignidad de Madre de Dios
 La Voz de la Tradición
 Continuo aumento de la gracia
 María, llena de gracia

** SALVE, LUZ PURA

  Excelencias de la luz de María
 Luz que ilumina a toda la creación

** AYUDA AL MUNDO Y A TODA CRIATURA

  Protección universal
 María ayuda en muchos apuros de la vida
 María, Madre y Benefactora del mundo
 Para María se vuelven las miradas de todas las criaturas

+ PARA MADRE EL SEÑOR OS DESTINÓ

  Predestinación de Nuestra Señora
 Excelencias de la predestinación de María
 Perfecta semejanza entre la predestinación de Jesús y de María
 Jesús y María tuvieron una misma predestinación

* ÉL PRESERVÓ VUESTRA CONCEPCIÓN

  La Inmaculada Concepción
 El testimonio de los Santos

+ DIOS LA ESCOGIÓ Y LA PREDESTINÓ*

  Insigne participación en los designios de Dios

+ EN SU TABERNÁCULO LA HIZO HABITAR

  María en el eterno pensamiento divino

+ V/ PROTEGED, SEÑORA MI ORACIÓN

 María obtiene todo de Jesucristo, en nuestro favor
 Intercesión omnipotente

+ OREMOS:

 Ojos extraordinariamente misericordiosos
 La gracia de la perseverancia final
 Necesidad de un mediador entre Dios y los hombres
 El Hombre-Dios, Mediador perfectísimo

+ V/ BENDIGAMOS AL SEÑOR

 Gratitud a Dios por haber creado a Nuestra Señora

+ LAS ALMAS DE LOS FIELES DIFUNTOS

María desea que aliviemos a las almas del Purgatorio
María, modelo de la gratitud a Dios
El que reza por las almas del Purgatorio prepara su propio sufragio

Capítulo 2: Prima

+ SALVE, VIRGEN PRUDENTE

 La Virgen prudentísima
 Manifestaciones de la prudencia de María
 Maestra incomparable en el callar
 Maestra insuperable en el saber hablar
 Prudente en el conformar sus actos a la recta razón
 Prudencia en comprender el presente, recordar el pasado y preparar el futuro
 En el amar las cosas del Cielo y en el despreciar las de la tierra
 En el conocer las cosas divinas y humanas

+ DESTINADA PARA DAR AL SEÑOR DIGNA MORADA

 Casa embellecida por el Divino Arquitecto
 La más insigne estancia de Dios
 Morada ornamentada con las más hermosas galas
 La morada del Rey crucificado

+ CON LAS SIETE COLUMNAS DE LA ESCRITURA...

 Las siete virtudes de María
 Fe en la Santísima Trinidad
 Las virtudes cardinales de la Virgen
  * Fortaleza
  * Templanza
  * Prudencia
  * Justicia
 Columnas que sustentan la sabiduría de la Santísima Virgen

+ DEL TEMPLO A LA MESA OS ADORNÓ EN FIGURA

 La mesa sobre la que reposó el Pan de Vida
 Nuestra Señora y la Sagrada Eucaristía

+ FUISTEIS LIBRE DEL MAL QUE AL MUNDO ATERRA

 El pecado: causa de todos los males

MAL QUE ATERRA AL MUNDO

 La única criatura en la que el demonio no tomó parte
 Privilegiada y singular santidad

+ EN EL SENO MATERNO, SIEMPRE SANTA

 María, Santa desde el primer instante de su ser natural
 Preciosa perla en el seno de Santa Ana

+ PUERTA DE LOS SANTOS

 Los Santos, criaturas de María
 “María es necesaria a los hombres para llegar hasta su último fin”

ENTRANDO EN EL PARAÍSO DE LAS MANOS DE MARÍA

 Devoción especialmente necesaria para los Santos

+ EVA, MADRE DE LA VIDA

 La segunda y verdadera Eva
 María es nuestra vida

PORTENTOSO MILAGRO OBRADO POR LA “MADRE DE LA VIDA”

+ ESTRELLA DE JACOB APARECIDA

 María, la estrella de Jacob
 Estrella que pone en fuga a los caudillos de Moab

+ SOIS EJÉRCITO ARMADO EN ORDEN DE BATALLA
+ CONTRA LUZBEL

 Terrible adversaria del demonio
 Inflexible y terrible
 Enemistad creciente

+ SED AMPARO Y REFUGIO PARA EL PUEBLO FIEL

 María se hizo toda para todos
 Refugio de los cristianos contra toda clase de enemigos

+ V.-ÉL MISMO LA FORMÓ EN EL ESPÍRITU SANTO

 Realmente formada en el Espíritu Santo

+ V.- Y LA REPRESENTÓ MARAVILLOSAMENTE EN TODAS SUS OBRAS

 Sublime compendio de la creación

 

+ V.- PROTEGEDME, SEÑORA, ETC.

 

Capítulo 3: Tercia

+ SOIS EL ARCA DE LA ALIANZA

 Símbolo de las múltiples dignidades de Nuestra Señora.
 María, Arca del Testamento, en cuanto a su construcción.
  • Virginidad incorruptible.
  • Virtudes proporcionadas.
  • Belleza en la forma, fruto de la honestidad de la vida.
  • Eximia observante de la Ley Divina, según las virtudes cardinales.
 María, Arca del Testamento en cuanto a su contenido.
  • La dulzura de la gracia (maná)
  • La virtud de la confianza (vara)
  • La recta inteligencia (Ley)
  • La plenitud de la sabiduría (Querubines)
  María, Arca del Testamento, en cuanto a su eficacia.
  • Eficaz en llevar los hombres al Cielo
  • Eficaz en socorrer a los hombres en sus peligros y en sus angustias.
  • Eficaz en reconciliar a los pecadores arrepentidos con Dios.
  • Eficaz en derrotar a los enemigos de nuestra salvación
 María, Arca del Testamento, en cuanto al honor que le es debido.
  • Honrada con unánime favor
  • Honrada con humilde favor
  • Honrada con solemne favor
  • Honrada con infatigable favor
 Garantía de protección divina
 Arca que detuvo las olas del pecado original
 Fuente de gracia para los hijos, principio de muerte para los enemigos.

+ EL TRONO DE SALOMÓN

 Obra-prima destinada al Divino Salomón
 Trono revestido de las más bellas virtudes

 Trono espiritual del verdadero Salomón
 Trono de Dios para los pecadores

+ BELLO IRIS CELESTE

 ARCO-IRIS SOBRE LA IGLESIA DE DIOS
 La Inmaculada Concepción: preámbulo de la era de paz entre Dios y los hombres
 Arco-iris que une la Iglesia triunfante a la Iglesia militante
 Arco-iris que aplaca la cólera divina
 Arco-iris formado con los siete dones del Espíritu Santo
 En María, Dios cumple su promesa de alianza con el mundo

+ LA ZARZA ARDIENTE DE LA VISIÓN

 Símbolo de María virgen durante el parto
 Llamas de amor divino que purifican la tierra

 Zarza ardiente en la cual habitó el Señor
 Veneración y amor a María, "zarza ardiente de la visión"

+ VOS SOIS LA VIRGEN FLORIDA

 Vara de la cual nació Jesucrsito, flor de salvación y fruto de la vida
 Vara que dio testimonio en favor del Divino Sacerdote
 Vara sublime que se eleva hasta el trono de Dios

 

Nuevo:

+ EL VELO DE GEDEÓN

 Símbolo de la Inmaculada Concepción y de la plenitud de la gracia de María Santísima
 Velo que recibió el Divino Rocío

 Conmovedora figura de la humanidad de Nuestra Señora
 Señal de Redención del género humano

+ DIVINO PORTAL CERRADO

 Símbolo de la perpetua virginidad de María
 Puerta que dio paso al Sol de Justicia

+ EL PANAL DEL FUERTE SANSÓN

 Sansón y el panal de miel
 Enigma propuesto por Sansón

 Panal que trajo al autor de la vida
 Los labios de María son como un panal de miel

+ CONVENÍA, CIERTAMENTE, QUE LA MADRE DE TAN NOBLE HIJO NO TUVIESE
+ DE EVA LA MANCHA, Y RESPLANDECIESE CON TODO SU BRILLO.

 Incomparable brillo de la Inmaculada Concepción
 Convenía a la dignidad de la Madre de Dios un alma inmaculada

 El honor y la nobleza del Hijo exigían una Madre Inmaculada
 Convenía a la Madre de Dios una brillante e inigualable pureza

+ Y HABIENDO EL VERBO ESCOGIDO A LA VIRGEN CASTA,
+ NO QUISO QUE FUESE SUJETA A LA CULPA QUE EL MUNDO ARRASTRA

 Nuestro Señor quiso crear para sí una Madre Inmaculada
 Convenía al Legislador del IV Mandamiento preservar a su Madre del pecado original
 Digna Madre de un digno Hijo

 Espejo del la inmaculada pureza de Jesús
 Perla Inmaculada

+ V.-YO HABITO EN LO MÁS ALTO DE LOS CIELOS

 Encima de los coros de los Ángeles y de los Santos
 Regio y elevadísimo solio
 Confianza en Aquella que habita en la altura

+ R.- Y MI TRONO ESTÁ SOBRE UNA COLUMNA DE NUBE

 Columna de nube que conduce a los hombres a la Patria Celestial
 Nube siempre radiante de luz

 Nube que nunca se aparta de los hombres
 Nube en la cual se refleja la magnificencia de Dios

+ V.- PROTEGED, SEÑORA, ETC.

 

(Nota: En breve iremos publicando nuevos capítulos.)

(Cada título de este índice tiene un link al capítulo correspondiente del texto completo del libro.)

 

D. João S. Clá Dias (http://www.joaocladias.org.br)

Comentarios al Pequeño Oficio

de la Inmaculada Concepción

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Capítulo 1

 

Maitines

V.- Abrid ahora mis labios,
R.- Glorias y gracias de la Virgen Madre de Dios.
V.- Apresuraos Señora en socorrerme.
R.- De las manos de mis enemigos, líbrame Señora.
Gloria al Padre...

Salve, oh Virgen Madre, Señora mía,
Estrella de la mañana, Reina del Cielo.
Llena eres de gracia; salve luz pura,
Socorred al mundo y a toda criatura.
Para Madre el Señor os destinó
El que los mares, Cielo y tierra creó.
Preservó Él vuestra Concepción
De la mancha que todos tenemos en Adán. Amén.

V.- Dios la escogió y la predestinó.
R.- En su tabernáculo la hizo habitar.
V.- Acoged Señora mi oración.
R.- Llegue hasta Vos mi clamor.

Oremos: Santa María, Reina de los Cielos, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Emperatriz del mundo que a nadie desamparáis ni despreciáis, fijad en mí, Señora, vuestros piadosos ojos y alcanzadme de vuestro Amado Hijo, el perdón de mis pecados, para que venerando ahora con amor vuestra Inmaculada Concepción, alcance después la corona de la eterna bienaventuranza: por la gracia de vuestro mismo Hijo Jesucristo, Nuestro Señor que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina en unidad perfecta, Dios, por los siglos de los siglos, Amén.


V.- Acoged Señora mi oración
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor
V.- Bendigamos al Señor
R.- Demos gracias a Dios
V.- Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios descansen en paz.
R.- Amén.

La predestinación de María Santísima es la idea principal de este Himno. Desde toda la eternidad, Dios la eligió para la altísima y excelsa misión de concebir y dar a luz a Nuestro Señor Jesucristo, y "para realizar en Ella y por Ella las grandiosas maravillas que se propuso hacer en toda la Creación"(1).

Escogida para Soberana del mundo y Reina de los Cielos, Virgen de las vírgenes, María poseyó en plenitud la gracia, siendo la Estrella de la Mañana que anuncia el día de nuestra Redención e ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

Al decretar en sus eternos designios la Encarnación del Verbo, no lo hizo Dios de manera abstracta o indeterminada; fue especificando los pormenores de las condiciones necesarias, para el cumplimiento de su soberana voluntad.

Si el Hijo se encarna, necesita de una Madre que le dé a luz, permaneciendo Virgen. Además de eso, en cuanto fuera posible esta Madre debe ser digna de Él. Luego de antemano tendrá todos los privilegios que el Padre Eterno le concedió: inmune del pecado original y de pecado actual, la plenitud de la gracia y una hermosura de alma y cuerpo excedida tan solo por la del Hombre-Dios(2).

"Después de Jesucristo, Nuestro Señor -escribe San Juan Eudes-, María es la más admirable obra-prima que haya salido del Consejo sempiterno de su Divina Majestad"(3).


** Abrid ahora mis labios

** Glorias y gracias de la Virgen Madre de Dios

Expresan estos dos versículos una invitación para que nuestra alma se entusiasme en cantar las alabanzas de María Santísima. Estando una vez la gran Santa Gertrudis en subida oración, pensando qué mayor agrado podría dar a Dios en aquel momento, entonces el Señor le indicó: "Ponte delante de mi Madre que está sentada a mi lado y procura ensalzarla"(4).

 

 Honrando a la Virgen Santísima, glorificamos a Dios

En efecto, al decir de San Luis María Grignion de Montfort, mucho glorificamos a Dios venerando a su Inmaculada Madre:

"Nunca pensáis en María, sin que Ella en vuestro lugar, piense en Dios. Nunca alabais ni honráis, sin que Ella con vosotros alabe y honre a Dios. María está en total conexión con Dios, y con toda propiedad yo la llamaría: la relación de Dios, que sólo existe en referencia a Dios, el eco de Dios, que sólo habla y repite a Dios. Santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada porque Ella creyó, y María, el eco fidelísimo de Dios entonó: «Magnificat anima mea Domino», -Mi alma glorifica al Señor- (Lc I, 46). Lo que obró María en esa ocasión, lo repite todos los días; cuando la alabamos, honramos, amamos, o la ofrecemos algo, Dios es alabado, honrado, amado y ese agasajo lo recibe por María y en María"(5).

Parecido es el pensamiento del Rvdo. P. Ventura según el cual la Virgen Santísima "recomienda a Jesucristo a todo aquel que la invoca y muestra un sentimiento de filial ternura para con Ella; y Jesucristo, a su vez, confía a su Madre a todo aquel que cree en Él y le ama como a su Señor. Así pues, todo hijo fiel a María, es al mismo tiempo discípulo amado de Jesucristo"(6).

 

María es digna de toda alabanza

Al recitar el Pequeño Oficio, nos asociamos a las honras que desde todos los siglos y en todas las generaciones han sido dadas a la Virgen Santísima, desde los atronadores entusiasmos del concilio de Éfeso que la proclamó Madre de Dios, hasta nuestros días, pasando por las aclamaciones universales que respondieron a la voz de Pío IX, cuando decretó su Inmaculada Concepción.

"María -escribe un docto y pío autor-, es digna de toda honra, de todo respeto y de toda alabanza, de todo elogio y de toda gloria. 

"No basta la voz de los Santos de la tierra y del Cielo unida a la de los Ángeles, para cantar sus grandezas, su poder y sus misericordias (...) La Virgen María es digna de toda alabanza porque concibió a Cristo, Hijo de Dios, lo llevó en su seno y lo dio al mundo (...) La Virgen María es digna de toda alabanza porque tuvo en sus manos al Verbo Encarnado, porque Ella lo vio con sus ojos, porque Ella le habló y con Él tuvo un trato familiar; lo acunó en su regazo, lo alimentó con su leche y cubrió con sus delicadas caricias la carne del Hijo de Dios (...)

"Jamás hubo época, ni nación, ni estado, ni orden que haya omitido o suprimido las alabanzas de esta augusta Virgen.

"Ella fue alabada por Dios, que desde toda la eternidad, la escogió por Madre y la predestinó como la primera de todas las criaturas... Fue alabada por los Ángeles, que cantaron en su nacimiento: «¿Quién es ésta que avanza brillante como la aurora, hermosa como la luna, radiante como el sol?» (Cánt. 6,9). (...)

"María Santísima fue también colmada de alabanzas por los hombres. Desde los primeros tiempos de la Iglesia, ellos siempre honraron a la Virgen, admiraron su dignidad, su majestad, su gracia y la proclamaron bienaventurada"(7).

A este santo y filial deber nos consagramos, bendiciendo a la Santísima Virgen en la recitación de las Horas de este salterio mariano.

 

** V.- En mi socorro, ven presto Señora.

** R.- Líbrame de las manos de mis enemigos.

 

Afirma San Pedro (I Pdr, V,8), que el demonio está como león rugiente a nuestro alrededor, para hacernos caer. De igual modo, desde aquel grito de sublevación: non serviam -no serviré-, que mereció los castigos eternos, él tiene aversión a toda autoridad y por eso está en continua guerra contra nosotros para tratar de arrebatarnos la salvación.

Militia est vitam hominis super terram -la vida de los hombres es milicia sobre la tierra- (Jó VII,1). Nuestra vida es constante combate contra un adversario naturalmente mucho más fuerte que nosotros. Sin embargo, un poderosísimo escudo nos fue dado: basta recurrir a la protección de la bienaventurada Virgen, que el auxilio vencedor nos vendrá de inmediato.

Esta es la súplica que iniciará cada uno de los Himnos del Pequeño Oficio.

Comenta el Santo autor de las Glorias de María que "en todas las batallas contra el infierno ciertamente saldremos siempre vencedores si recurrimos a la Madre de Dios y nuestra (...) Ella está colocada en un trono en lo alto, a la vista de todos los poderes celestiales, lo mismo que la palma es señal de segura victoria, que para sí mismos pueden prometerse todos aquellos que se acogen bajo su patrocinio.

"«Dirigí a lo alto mis ramas como la palmera en Cades» (Ecli XXIV, 18), esto es, añade San Alberto Magno, yo extiendo mi mano sobre vosotros para protegeros. «Hijos, parece querer decirnos María, cuando el demonio os asalte, recurrid a Mí, miradme y tened ánimo, porque en Mí, que os defiendo, veréis juntamente vuestra victoria».

"Por eso, el recurrir a María es el medio segurísimo para vencer todos los asaltos del infierno. (...)

 

María socorre rápidamente a los que La invocan

"[Por otra parte], conociendo María nuestras miserias -continúa San Alfonso-, se apresura con el fin de socorrernos con su misericordia. Novarino añade que Ella desconoce la demora en el deseo de hacernos bien y porque no se reserva para sí, como el avaro, sus gracias es por lo que no tarda, como Madre de Misericordia, en derramar sobre sus siervos los tesoros de su bondad.

"¡Oh!, cómo está siempre dispuesta esta buena Madre para auxiliar a los que La llaman. Explicando el pasaje de los Cánticos (IV,5), dice Ricardo de San Lorenzo que María es tan rápida en poner por obra su misericordia para con los que se la piden, como son de veloces en su correr los cabritillos. El mismo autor nos asegura la compasión de María sobre los que se La solicitan, aun cuando no haya otras oraciones por medio sino solamente un breve Ave-María. Nos dice Novarino que la Virgen no es que corra, sino que vuela en auxilio de cuantos La invocan. En el ejercicio de su misericordia Ella imita a Dios que también vuela sin tardanza en socorro de los que Lo llaman, porque es fidelísimo en el cumplimiento de su promesa: «Pedid y recibiréis» (Jn XVI,24). Así lo afirma Novarino. Lo mismo ocurre con María. En cuanto es invocada, de inmediato, está lista para ayudar a quien La llamó en su auxilio"(8).

 

 

EL PAPAGAYO QUE REPETÍA "AVE-MARÍA"

"El hermano Bernardino de Busti recuerda el hecho de que un papagayo a quien le habían enseñado a decir Ave-María, estando perseguido por un gavilán, gritó Ave-María! y de inmediato cayó por tierra muerto el depredador.

"Con este relato maravilloso quiso el Señor dar a entender que, si un animal irracional se salvó de la muerte con tan sólo pronunciar el nombre de María, ¡cuanto más libre estará de caer en las manos del demonio quien, en los asaltos del mismo, estuviese muy atento en llamar a la Divina Madre!

"«Lo que tenemos que hacer cuando el enemigo venga a tentarnos -dice Santo Tomás de Villanueva-, que a semejanza de las crías de los pájaros que, a la vista del gavilán, se refugian bajo las alas de la madre, tan pronto como nos sintamos asaltados por las tentaciones, rápidamente sin entrar en discusiones con ellas, busquemos el refugio bajo el manto de María»."

(Rvdo. P. Pascual Lacroix, La Virgen María, seguro refugio de los pecadores, Publicaciones S.C.J. Petrópolis, 1935, 2ª ed., p.134)

 

 

María es nuestra fortaleza en la muerte *

(*Véase también "Sed nuestro aliento en nuestra agonía"; cap. 8. Después del oficio)

Acordémonos de aquel postrero socorro que cada día solicitamos de la Santísima Virgen al decir el Ave-María.

"Esa buena Señora y Madre -escribe San Alfonso María de Ligorio-, no abandona a sus fieles siervos en sus angustias y especialmente en las de la muerte, que de todas son las peores. Como es nuestra vida en la etapa de nuestro destierro, así tendrá que ser de plácida en el momento de la muerte, obteniéndonos un tranquilo y feliz tránsito. Desde aquel día que sufrió el dolor juntamente con la satisfacción de asistir a la muerte de Jesús, su Hijo, Cabeza de los predestinados, obtuvo también Ella la gracia de asistir a la muerte de todos los predestinados. Por eso la Santa Iglesia manda implorar a la bienaventurada Virgen: «Rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

"Muchas y considerables son las angustias de los pobres moribundos, ya sea por los remordimientos de los pecados cometidos, ya sea por el terror al juicio próximo, ya sea por la incertidumbre de la salvación eterna. Y mientras, el infierno echa mano de todas las armas y se empeña con todo su ahínco para perder aquella alma que pasa para la eternidad (...) Acostumbrado a tentarla durante la vida, el demonio no se contenta con ser el único que la tienta en la hora de la muerte, sino que da órdenes a sus compañeros para que lo ayuden: «llena sus casas (de Babilonia) con dragones» (Is. XIV,21). Cuando alguien está para morir, le entran por la casa los demonios que, a porfía, tratan de perderlo (...)

"¡Ah!, ¡cómo huyen, [no obstante], los demonios en presencia de Nuestra Señora! Si en la hora de nuestra muerte tuviéramos a María de nuestra parte, ¿qué podríamos temer del infierno en pleno?. Se consolaba David en las terribles angustias de la muerte, poniendo su confianza en la muerte del futuro Redentor y en la intercesión de la Virgen Madre: «Porque aún cuando esté en medio de las sombras de la muerte, nada temeré; porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sostienen» (Sl XXII,4.5). Por cayado entiende el cardenal Hugo el madero de la cruz, y por vara la intercesión de María, que fue la vara profetizada por Isaías (XI,11). Esta divina Madre, dice San Pedro Damiano, es aquella poderosa vara que vence los ataques de los enemigos infernales. Se animaba San Antonio diciendo: Si María está con nosotros, ¿quien podrá contra nosotros? (...)

"Como afirma Conrado de Sajonia, la Santísima Virgen, en defensa de los fieles moribundos, envía al Príncipe San Miguel con todos sus ángeles para protegerlos contra las tentaciones del demonio y recibir sus almas, especialmente la de aquellos siervos que se encomendaron continuamente a Ella.

 

María es nuestro auxilio en el tribunal divino

"Cuando un alma está para dejar esta vida, dice Isaías, se sobresalta el infierno todo y envía a los demonios más iracundos para tentarla antes de salir del cuerpo, y acusarla cuando se presente en el tribunal de Jesucristo. «El infierno allá abajo se remueve para venir a tu encuentro, y ante ti levanta a los grandes de la tierra» (Is. XIV,9). Pero Ricardo dice que los demonios, tratándose de un alma que está bajo el patrocinio de María, no tienen el atrevimiento de acusarla de nuevo, pues saben muy bien que el Juez nunca condenó y nunca condenará a un alma protegida por su excelsa Madre. San Jerónimo escribe a Eustoquio que María no sólo socorre a sus queridos siervos en la muerte, sino que también los va a esperar en el paso para la eternidad, con la intención de animarlos y acompañarlos hasta el Tribunal Divino"(9).

 

** Gloria al Padre...

 

Nos explica el gran y afamado teólogo Fr. Antonio Royo Marín, O.P., dominico de nuestros días, que decir el Gloria Patri es "la principal fórmula que desde los primeros tiempos usa la Iglesia para honrar a la Santísima Trinidad. Con ella se rinde a las tres beatísimas Personas un homenaje de reconocimiento, amor, adoración y honor a su Infinita grandeza. La Iglesia se ocupa constantemente en la liturgia y es obligatoria al final de cada salmo del Oficio Divino. (...)

"No debemos olvidar que la glorificación de la Santísima Trinidad es el fin último y absoluto de toda oración y de la propia existencia de toda criatura, incluyendo a María y al mismo Jesucristo en cuanto hombre. (...) Si tenemos que ir a Jesús por María, el término final no puede ser otro sino Dios Uno y Trino, en concordancia con San Pablo: «por tanto nadie se gloríe en los hombres, porque todas las cosas son vuestras (...), el mundo, la vida o la muerte, las cosas presentes, o las futuras, todo es vuestro. Sin embargo sois de Cristo, y Cristo es de Dios» (I Cor. III, 21-23)"(10).

 

 

TRES LIRIOS ATESTIGUAN
LA PERPETUA VIRGINIDAD DE MARÍA

En aquellos maravillosos tiempos en los que del rosal de la Fe brotaban las flores más hermosas, leemos en la vida del bienaventurado Egidio de Asís, discípulo predilecto de San Francisco de Asís, esta atractiva y encantadora historia, en la que resplandece la perpetua virginidad de la Madre de Dios:

"Un piadoso y docto fraile dominico, habiendo sufrido durante muchos años graves tentaciones contra el dogma de la perpetua virginidad de María, decidió ir por fin al encuentro de un humilde franciscano, que tenía la facultad de apaciguar las conciencias confusas, con la intención de exponerle las tentaciones. El bienaventurado Egidio, iluminado por el Cielo, salió a su encuentro y ya fuera de las puertas del convento, saludándolo, le dijo: «Hermano predicador, la Santísima Madre de Dios, María, fue Virgen antes de darnos a Jesús», y dicho esto golpeó la tierra con el báculo y brotó de ella inmediatamente un hermoso lirio. Volvió a golpear la tierra y repitió: «Hermano predicador, María Santísima fue Virgen al darnos a Jesús». Enseguida surgió un segundo lirio aún más bello que el primero. Golpeó por tercera vez la tierra, replicando: «Hermano predicador, María Santísima fue Virgen después de darnos a Jesús». Y nació un tercer lirio que, en belleza y blancura, sobrepasaba a los otros dos.

"Dicho esto, el bienaventurado Egidio se dio la vuelta, sin más, y entró en el convento, dejando a aquel religioso atónito y al mismo tiempo libre de sus violentas tentaciones.

"Supo después que aquel fraile era el bienaventurado Egidio de Asís, le tuvo en gran estima y mientras vivió, conservó aquellos lirios como testimonio irrefutable de la perpetua virginidad de María."

(Surio, Vida del B. Egidio, apud Pe Gabriel Roschini, Instrucciones Marianas, Ed. Paulinas, São Paulo, 1960, p.209.)

 

 

** Salve, oh Virgen Madre*

(*Véase también: "Virgen Madre", cap. 4; "Florente Virgen", cap. 7; y Ap.1,3)

 

El gran milagro obrado por el Omnipotente

Nuestra Señora, ¡Virgen y Madre!. He aquí uno de los monumentales milagros obrados por la diestra del Omnipotente. San Bernardo, el doctor Melifluo, vio en esta extraordinaria actuación de la Providencia, uno de los privilegios que más distinguen a la Santísima Virgen sobre todas las demás criaturas:

"No hay cosa más verdadera, que más me agrade, y que por otro lado me atemorice que hablar de la gloria de la Virgen Madre. Confieso mi falta de experiencia, y no oculto mi falta de valor. Porque (...) si me arriesgo a alabar su virginidad, me doy cuenta que muchas otras fueron después de Ella, vírgenes. Si trato de exaltar su humildad, podemos tropezar con algunos, aunque sean pocos, que a ejemplo de su Divino Hijo, se hicieron mansos y humildes de corazón. Si enaltezco la multitud de sus misericordias, me vienen a la memoria algunos hombres y mujeres que fueron misericordiosos.

"Una cosa hay en la que Ella no tuvo igual, ni semejante, ni lo tendrá jamás, y fue el unir las alegrías de la maternidad con la gloria de la virginidad. «María -dice Jesús- escogió para sí la mejor parte». Aunque no hay duda efectivamente que la fecundidad conyugal es buena, es infinitamente mejor la castidad virginal o la virginidad fecunda. Privilegio es éste propio de María y que nunca será concedido a ninguna otra mujer. Es prerrogativa singular suya y por eso mismo inefable: nadie podrá comprenderla, ni explicarla.

"¿Qué diríamos entonces si nos acordáramos de quien fue María Madre?. ¿Qué lengua, incluso angélica, podría alabar lo suficiente a la Virgen Madre?. Madre no de uno de nosotros, sino de Dios. Doble milagro, doble privilegio que se armonizan de modo maravilloso. Porque no era digno de la Virgen otro Hijo, ni de Dios otra Madre"(11).

Es semejante el pensamiento de Santo Tomás de Aquino al comentar este versículo del Magnificat: "Porque hizo en mí maravillas el Todopoderoso, y su Nombre es Santo" (Lc I,49):

"Manifiesta la Virgen que será proclamada bienaventurada (...) «porque hizo en mí maravillas el Todopoderoso».

"¿Qué grandes maravillas obró en Vos?. Creo que [estas]: siendo criatura, disteis a luz al Creador; siendo esclava engendrasteis al Señor para que Dios redimiera al mundo por Vos, y por Vos también le devolviera la vida. Y sois grande porque concebisteis, permaneciendo Virgen, superando por decreto divino a la propia naturaleza. Fuisteis encontrada digna de ser Madre sin conocer varón; no una madre cualquiera, sino la del Unigénito Salvador. A esto se refiere el principio del Cántico que dice: «Mi alma engrandece al Señor». Sólo aquella alma a la que Dios se dignó obrar grandes maravillas y que puede enaltecerlo con alabanzas apropiadas.

"Después continúa: «El que es todopoderoso», para que si alguno dudara de la verdad de la Encarnación permaneciendo Virgen después de haber concebido, atribuye este milagro al gran Poder de quien lo hizo"(12).

Considerando el extraordinario hecho de María, conciliar en sí la perpetua virginidad y la maternidad divina, exclama un piadoso autor del siglo pasado:

"¡Oh Virgen, la maravilla es precisamente la virginidad fecunda: el milagro es precisamente vuestra condición inaudita de Virgen Madre! (...)

"¡Oh María, Virgen Madre, sois desde este momento un ideal que entusiasmará a todos los apasionados por la verdadera belleza: Virgen Madre, los doctores y los artistas se disputan a porfía el teneros por modelo de sus más sublimes composiciones, y todos, después de agotar su talento, abandonan la pluma o el pincel sin haber podido expresar todo lo que atraía la vehemencia de su anhelo y los arrebatos de sus sentimientos!

"¡Virgen Madre, os saludamos haciéndonos eco de las palabras del Ángel en su embajada, que os habló según la inspiración de Dios! Nos gusta tanto meditar vuestras grandezas y que sean ellas la causa de nuestra esperanza en Vos. ¡Vuestra gracia, divina unión de humildad y pureza revistió a Dios de carne humana, y ella podrá revestirme con la túnica de la santidad!"(13).

_____________________

1. ) San Juan Eudes. "La Infancia Admirable de la Santísima Madre de Dios" Ed. San Juan Eudes, (Bogotá).

2. ) Cfr. Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción...con comentarios Ed. Paulinas.

3. ) San Juan Eudes, op. cit.

4. ) Santa Gertrudis, "Revelaciones". Ed. Benedictina, (Buenos Aires).

5. ) San Luis María Grignion de Montfort. "Tratado de la Verdadera Devoción"

6. ) Rvdo. P. Ventura de Raulica, "Tratado sobre el culto de la Santísima Virgen"

Leocardio López Ed. (Madrid).

7. ) Rvdo. P..Z. C. Jourdain," Somme des Grandeurs de Marie" Hippolyte Walzer Ed.(París)

8. ) San Alfonso María de Ligorio. "Glorias de María Santísima".

9. ) San Alfonso María de Ligorio, op. cit.

10. ) Fr. Antonio Royo Marín, op. cit.

11. ) San Bernardo, "Obras Completas" B.A.C. (Madrid)

12. ) Santo Tomás de Aquino, "Catena Aurea" Cursos de cultura católica (Buenos Aires).

13. ) Mons. Dadolle, "Le Mois de Marie" Ed.J.Gabalda (París).


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** SEÑORA MIA

 

Desde la infancia, Señora del Cielo y la tierra

  Interpretando la etimología del santísimo nombre de María, escribe San Juan Eudes:

 "María significa Señora. En efecto, la gloriosa Virgen es desde su niñez Señora, Soberana del Cielo y de la tierra, de los hombres, de los Ángeles y de todas las criaturas; tiene un poder absoluto en el Cielo, en la tierra y en el infierno, sobre los demonios, sobre las cosas corporales y espirituales y sobre todas las obras de Dios. Y esto por tres títulos: como primogénita de todas las criaturas y, por tanto, heredera de todos los estados del Padre Eterno; como Madre de Dios; y como Esposa del Espíritu Santo que, por consiguiente, participa en todos los derechos de su Esposo"(1).

 

Señora de toda la creación , en el Hijo y por el Hijo

  No pocas veces esa gloriosa soberanía de María fue exaltada por la devoción de los Santos y de los autores eclesiásticos. En su muy bien documentado tratado sobre la Santísima Virgen, D. Gregorio Alastruey, recoge algunas de esas alabanzas:

 "San Efrén se dirige a Ella diciendo: «Señora de todo, después de la Santísima Trinidad...Virgen Señora, Madre de Dios».

 "San Germán de Constantinopla: «Señora de todos los hijos de la tierra».

"San Juan Damasceno: «En verdad que es propiamente Madre de Dios y Señora, siendo al mismo tiempo esclava y Madre del Creador, impera sobre toda la creación».

"San Ildefonso de Toledo: «Oh Señora mía y dueña mía, Madre de mi Señor, sierva de tu Hijo; sois Señora mía porque fuisteis sierva de mi Señor».

"San Anselmo: «A Vos, excelentísima y gran Señora, quiere amaros mi corazón».

"San Buenaventura: «La bienaventurada Virgen María como escogida Madre de Dios, es Señora de los Ángeles, quienes La sirven como mensajeros»"(2).

A continuación, concluye D. Alastruey: "No compete a María el derecho estricto del dominio sobre todas las cosas creadas; sin embargo, por el derecho de Cristo, a Quien todo está sometido, es por lo que puede llamarse como Madre suya amantísima, Señora de toda la Creación, en el Hijo y por el Hijo.

"Además de ser Madre de Dios y asociada al Redentor, alcanzó tanto poder unida al Hijo Omnipotente, Redentor del género humano, para conseguir lo que quiera, que ninguna criatura, ni autoridad alguna natural se puede comparar en poder con Ella"(3).

 

Todas las criaturas a los pies de la Virgen

Idéntico y particular relieve muestra este comentario del Pe. Henry Bolo:

"María es la Señora de este mundo. Ella sostiene bajo su mando la inmensidad de los seres. Ella comparte el Poder supremo de su Hijo porque ha participado en el rescate universal por el que fue adquirido ese imperio. Ella está revestida del sol, emblema de la magnificencia del mundo sobrenatural; Ella tiene bajo sus pies la luna, símbolo de esta pálida creación que se aleja en la noche. (...)

"La Iglesia, intérprete del universo, coloca a los pies de la Virgen todas las criaturas: para alabarla, en los campos no hay suficientes flores, ni en los cielos estrellas, ni brillo en las piedras preciosas, ni voces en los cánticos, nadie tiene en las almas suficiente pureza. El triunfo de María está superado únicamente por su Divino Hijo.

"Si no es a Ella a quien Dios confiere la honra intransferible que está reservada al Verbo Encarnado de sentarse a su derecha, sí que la Virgen aparece llevando al mismo Dios como Trono vivo de donde nace la Realeza, la Justicia, la Gloria. 

"Por eso Ella se llama María, la Soberana"(4).


 Señora del Señor de los señores

"Señora de los Ángeles, de los hombres y de las gracias" -exclama otro eminente mariólogo-, "Señora de su Hijo, que es ser Señora del Señor de los señores.

"Señora que significa dueña y emperatriz de cielos y tierra, a la que están sujetos todos los poderes infernales. Dispensadora de todas las gracias y a quien, por tanto, debemos recurrir en la vida y en la muerte, en la prosperidad y en la adversidad. !Oh Señora mía!"(5).

 

** ESTRELLA DE LA MAÑANA

 

La evocadora belleza de este cuerpo celeste, refulgiendo en los albores del día constituye una expresiva representación del esplendor de la verdadera Estrella de la Mañana, María Santísima.

 

María es símbolo de la estrella

El Pe. Jourdain nos da algunas razones por las que Nuestra Señora está representado por el símbolo de la estrella:

"El símbolo de la estrella encaja perfectamente en María. Nos hace comprender mejor sus inefables grandezas y lo que Ella representa para nosotros. «El sol es Jesucristo y María es la estrella», dice Hugo de San Víctor (...)

"Algunos astros sacan su luz del sol. María Santísima declara que Ella también sacó su luz del Sol de Justicia, Jesucristo. «Aquel que es poderoso -dice Ella- hizo en mí maravillas y su nombre es santo». Ella refleja tan perfectamente la luz divina, que la Iglesia no duda en aplicarle varios pasajes de la Sagrada Escritura que La conciernen, en primer lugar, la Sabiduría increada. (...)

"La estrella permanece siempre en el firmamento y jamás desciende a la tierra. La Santísima Virgen siempre llevó una vida sobrenatural: todos sus afectos estaban en el Cielo; nunca puso su espíritu en cosas terrenas y mundanas. Así el Esposo alabó su rostro diciendo que «Ella es como el Monte Carmelo» (Cánt. VII,5). Así como la cumbre del Carmelo nunca se cubrió de nubes y gozó siempre de un aire puro, así el alma de María jamás se inquietó por afectos terrenos y desordenados: Ella resplandecía con celestial serenidad. (...)

"Los antiguos veían la vida de las estrellas como incorruptible, inaccesible; de igual modo la destrucción que el tiempo proporciona a las cosas de la tierra. María estuvo exenta de toda corrupción: su carne no conoció la ruina del sepulcro, porque no tuvo origen en su alma el pecado.

"Una estrella extiende su luz con gran resplandor, sin menoscabo de su esencia. La Bienaventurada Virgen María, del mismo modo, sin detrimento de su virginidad, concibió en sus purísimas entrañas a Cristo, la Luz del mundo. (...)

"Las estrellas influyen sobre las criaturas terrenas, iluminándolas y contribuyendo a su desarrollo. Sin la luz del sol, de la luna y las estrellas el universo caería en una especie de caos. La bienaventurada Virgen María influye del mismo modo sobre el mundo oscurecido por las tinieblas del pecado: Ella lo ilumina, lo protege y lo conserva bajo su autoridad, de tal modo que, si Ella no existiera, hace ya mucho tiempo que el mundo habría desaparecido. (...)

"Una estrella, a pesar de su aparente inmovilidad, recorre con gran rapidez y perfecta regularidad distancias inimaginables. Así también, la Santísima Virgen recorrió una larguísima trayectoria en la vida de perfección y de los méritos, que sobresalió sobre todos los Santos y los Ángeles. (...) María es igualmente de una tal perseverancia, de una firmeza tan inconmovible, que siguió la voluntad de Dios sin apartarse jamás de Ella. 

"Las estrellas dirigen a los que viajan, sobretodo a los navegantes; lo mismo nos dirige María en esta tierra de exilio y conduce a buen puerto a los que navegan por este ancho mar del mundo.


El divino Sol de Justicia no eclipsa la belleza de María

"Existe, sin embargo, una diferencia entre María y las estrellas. Cuando aparece el sol, todos los demás astros se desprenden de sus rayos y parece que se sumergen en la nada. El Divino Sol de Justicia no eclipsa la belleza María. Al contrario, le da mayor brillo a su gloria. (...)

"[Podemos resumir con] Guillermo de Paris: «María desde su nacimiento, fue una estrella por estar preservada del pecado original que la hizo incorruptible; por la luz del buen ejemplo que propagó en torno suyo y que se extendió al mundo entero; por su desapego de las cosas de la tierra; despreció la fama, porque fue humilde; las riquezas, porque fue muy pobre; los placeres, porque fue Santísima; por el nuevo fulgor que Ella confiere al paraíso del que su gloria es uno de los más bellos adornos». (...)

 

Estrella de la mañana que precedió al Sol de Justicia

"La Augusta Virgen María -continua el Pe. Jourdain-, es la más resplandeciente de las estrellas que brillan en la bóveda celeste. Ella es la estrella de la mañana, de todas la más bella y refulgente. (...)

"La estrella de la mañana pone fin a la noche y precede al comienzo del nuevo día. María fue también el final de la noche y el comienzo de un nuevo día. Anterior al nacimiento de María, las tinieblas del pecado, la noche de la infidelidad tenían al universo bajo una tal presión, que no podía vislumbrar el Sol de justicia, el Cristo, el Mesías prometido. Dios quiso que le precediera la Estrella de la Mañana, para que los ojos del corazón humano, obcecados por el lodo inmundo de las iniquidades y, como consecuencia, incapaces de fijar la vista en la inmensa y verdadera luz, se acostumbraran primero a la claridad de la estrella para que enseguida recibieran el brillo de Jesucristo.

"He aquí porqué la graciosa Virgen María surge toda resplandeciente, antes de nacer el verdadero Sol; he aquí porqué nuestra Estrella de la Mañana precede al Salvador. Desde la aparición de esta estrella centelleante de claridad, se disipó la siniestra oscuridad del crimen y del error, el culto de los ídolos fue abolido, y los oráculos de los dioses falsos fueron reducidos al silencio.

"La estrella de la mañana, precediendo al sol, lo trae consigo. La bienaventurada Virgen María introdujo entre nosotros al verdadero Sol de Justicia, «que ilumina a todo hombre que viene a este mundo». Ella puede ser llamada, por tanto, fuente de luz. Y éste es el saludo que La dirigió San Gregorio el Taumaturgo: «¡Yo os saludo, llena de gracia, fuente de luz, que ilumina a todos los que creen en Vos!».

"Y San Metodio, igualmente La dijo: «¡Con el primer rayo, la Santísima Virgen, de esta luz fulgurante, que trajo al mundo al verdadero Sol de Justicia, desapareció el espantoso horror de las tinieblas, y el universo entero se llenó de los más puros fulgores de la verdad!».


La Estrella que ahuyenta a los demonios y embellece la creación

"La estrella de la mañana anuncia la llegada del sol, lo que obliga a las serpientes, a los lobos, a las fieras, y a los animales salvajes a entrar nuevamente en sus cavernas; espanta a las aves nocturnas e invita a los pájaros del cielo a entonar sus melodías. La bienaventurada Virgen María no fue sólo la mensajera del Sol de Justicia. Ella lo trajo en su seno; Ella puso en fuga a las bestias infernales, esto es, a los demonios; Ella disipó, como las aves nocturnas, los errores fatuos del paganismo; y Ella estimuló a los propios Ángeles y a todas las almas santas a cantar las alabanzas del Señor.

"La estrella de la mañana acobarda a los ladrones, conforta a los enfermos, todo lo embellece. María ahuyentó a los ladrones, que son los demonios. Desde que Ella dio al mundo al Hijo de Dios hecho hombre, Satanás comprendió que quedaba destituido de su usurpado imperio. Júpiter, Marte, Venus, Saturno y las otras monstruosas divinidades adoradas por los hombres, se ocultaron avergonzadas. (...)

"María, como Estrella de la Mañana, reanima a los enfermos, es decir, a los pecadores, porque Ella engendró al Sol de quien dijo el profeta Malaquías(IV,2): «El Sol de Justicia nacerá para los que teméis mi nombre, bajo cuyas alas está la salvación». Además, por su intercesión, Ella ahuyenta las tentaciones de la concupiscencia y de los malos pensamientos y cura todas las enfermedades.

"María es toda hermosura. En efecto, aún después de tantos siglos de tinieblas, Ella apareció en el mundo, y con Ella su Divino Hijo, su belleza, su bondad, su humildad, su amor, su clemencia, su misericordia, su benevolencia propagaron una claridad tan intensa, que el mundo pareció más bello a los ojos de Dios y de los Ángeles, como no lo estuvo antes de la caída del primer hombre, y la misma tierra se estremeció de júbilo. (...)


 Astro brillante con luz propia en el firmamento de la santidad

"Entre todos los astros de la noche, la estrella matutina es la que brilla más intensamente. La bienaventurada Virgen María se elevó por encima de todos los Santos del Antiguo Testamento. Ella deslumbra en medio de ellos con incomparable brillo. Sus rayos se obscurecen al aparecer María, porque sus virtudes comparadas con las de Ella pierden todo su fulgor.

"¿Qué son ante las perfecciones de María, la inocencia de Abel, la justicia de Noé, la obediencia de Abraham, la paciencia de Jacob, la castidad de José, la mansedumbre de Moisés, la valentía de Josué, la caridad de Samuel, la humildad de David, el celo de Elías, la abstinencia de Daniel, la eminente santidad de San Juan Bautista, la sencillez de Simeón, la piedad de Ana, la santidad de Isabel? Así como en comparación con Dios, nadie es Santo, de igual modo nadie, puesto a la par con María, es perfecto, puro y adornado de extraordinarias virtudes.

"Tal es el pensamiento de San Jerónimo que, después de enumerar varias santas mujeres del Antiguo Testamento, añade: «Guardo silencio sobre Ana, Isabel y las otras mujeres; pálido es su brillo, debilitado y eclipsado en presencia de la radiante luz de María». Bien merece Ella el nombre de Estrella de la Mañana.

"Al despuntar el lucero del alba, cayó una llovizna que refrescó los campos y fecundó la tierra. Al manifestarse la Madre de Dios, se expandió un abundante rocío de gracia sobre el mundo: el Verbo de Dios descendió hasta su seno para revestirse de nuestra naturaleza humana en él.

"En fin, no se pasa de las tinieblas de la noche a la luz del día, sin que la estrella de la mañana haya esparcido su dulce claridad. De la misma manera, es imposible pasar de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia y de las virtudes sin la intercesión de María"(6).

 

** REINA DE CIELO

Afirma San Luis María Grignion de Montfort que "en el Cielo, María da órdenes a los Ángeles y a los bienaventurados. Para recompensar su profunda humildad, Dios le dio el poder y la misión de poblar de Santos los tronos vacíos, que los Ángeles apóstatas abandonaron y perdieron por orgullo. Es la Voluntad del Altísimo, que enaltece a los humildes (Lc. I,52), que el Cielo y la tierra y los infiernos se inclinen, de buena o mala gana, a las órdenes de la humilde María"(7).


El glorioso título de Reina

Esta augusta prerrogativa de Nuestra Señora nos la expone con gran magnificencia el Santo fundador de los redentoristas, al iniciar sus hermosos y piadosos comentarios sobre la Salve Regina:

"Habiendo sido la Santísima Virgen elevada a la dignidad de Madre de Dios, con más razón la Santa Iglesia la honra y quiere que de todos sea alabada con el título glorioso de Reina. Si el Hijo es Rey, dice Pseudo-Atanasio, con toda justicia la Madre debe ser considerada y llamada Reina. Desde el momento en que María aceptó ser la Madre del Verbo Eterno, nos dice San Bernardino de Siena, mereció convertirse en Reina del universo y de todas las criaturas. Si la carne de María, termina diciendo el abad Arnoldo, no fue distinta de la de Jesús, ¿cómo, pues, de la Monarquía del Hijo pudo ser separada la Madre?. Por eso se debe entender que la gloria del reino no sólo es común entre Madre e Hijo, sino que es la misma para ambos.

"Si Jesús es Rey del universo, también es María Reina del universo, escribe Roberto abad. De manera que, en la frase de San Bernardino de Siena, tantas cuantas sean las criaturas que sirven a Dios, también deben servir a María. Por lo tanto, están sujetos a la soberanía de María, los Ángeles, los hombres y todas las cosas del Cielo y de la tierra, porque todo está sujeto al imperio de Dios. Por eso, Guerrico, abad, le dirige estas palabras: «Continuad reinando con toda confianza, disponed a vuestro antojo de los bienes de vuestro Hijo, pues siendo Madre y Esposa del Rey de los reyes, os pertenece como Reina el reino y el dominio sobre todas las criaturas»"(8).


Reina puesta para la salvación del mundo

Sobre el título de Nuestra Señora Reina, no son menos elocuentes estas palabras del Papa Pío XII:

"La realeza de María es una realidad ultraterrena, que al mismo tiempo, sin embargo, penetra hasta lo más íntimo de los corazones y los conmueve en lo profundo de su esencia, en lo que ellos poseen de espiritual e inmortal.

"El origen de las glorias de María, el momento solemne que ilumina a toda su persona y misión es aquel en que, llena de gracia, dirigió al arcángel Gabriel el FIAT que expresaba su consentimiento al mandato divino. Se convirtió así en Madre de Dios y Reina y recibió la misión real de velar por la unidad y por la paz del género humano. Por su mediación tenemos la firme esperanza de que la humanidad se ha de encaminar poco a poco por esta senda de salvación.

"¿Qué podrían hacer los cristianos en esta época actual en la que la unidad y la paz del mundo, y hasta las propias fuentes de la vida, están en peligro, si no se volvieran a mirar hacia La que se les presenta revestida del poder real?. Así como Ella envolvió antes en su manto al Divino Infante, primogénito de todas las criaturas y de la creación entera (Col. I,15), así también dignase ahora de envolver a todos los hombres y a todos los pueblos con el cuidado de su vigilante ternura. Dignase como Sede de la Sabiduría hacer brillar la verdad de las palabras inspiradas, que la Iglesia le aplica: «Por mí reinan los reyes y los magistrados administran la justicia. Por mí los príncipes mandan y los nobles gobiernan con rectitud» (Prov. VIII, 15-16).

"Si hoy el mundo combate sin descanso para conquistar su unidad y para asegurar la paz, la petición del Reino de María es, además de todos los medios humanos a nuestro alcance y de los intentos materiales, siempre imperfectos, el clamor de la Fe y de la Esperanza cristiana, firmes y animados en las promesas divinas y en los auxilios inagotables, que este poder de María divulgó para la salvación de la humanidad"(9).

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1. ) San Juan Eudes, op.cit.

2. ) D. Gregorio Alastruey, Tratado de la Virgen Santísima, B.A.C., Madrid, 1952, p. 823.

3. ) D. Gregorio Alastruey, op. cit.

4. ) Pe. Henry Bolo, "Pleine de Grace" Ed. René Haton (París)

5. ) Pe. Javier Barcon S.J. "Aprende a orar" (Bilbao)

6. ) Pe. Z.c. Jourdain,op.cit. Basado en sermones de: Jacques de Vorágine, San Pedro Damián, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, San Antonio de Florencia, Ricardo de San Lorenzo y otros.

7. ) San Luis María Grignion de Montfort, op. cit.

8. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

9. ) Pío XII, "Discurso en el solemne rito mariano del 1/11/1954". Documentos Pontificios.


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** LLENA DE GRACIA SOIS

Deseando que el Verbo se encarnara con el fin de rescatar a la humanidad perdida, el Padre Eterno escogió para Madre del Hombre-Dios, una Virgen, la más pura, la más santa, y la más humilde entre todas.

Mientras María, en su humilde morada, se ocupaba en suplicar por la venida del Redentor, se le apareció de repente un Ángel saludándola: Ave, gratia plena. Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus (Lc.I,28).-- "¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres!"

¡Llena de gracia!. "Desde que Adán fue expulsado del Paraíso, era la primera vez que un ser humano era saludado por un Ángel en términos tan elogiosos. Él interrogaba a María, siendo la mujer favorecida por Dios de modo singularísimo, y se hallaba bajo la especial dirección divina"(1).

 

Excelencia de gracia superior a la de todos los Ángeles y Santos juntos

"Es innegable que el alma de María es la más hermosa que Dios creó. Después de la Encarnación del Verbo, ésta fue la obra más grande y más digna de Sí, hecha por el Omnipotente en este mundo. Una maravilla que sólo es excedida por el propio Creador, como dice Nicolau el monje. Por eso en María no descendió la gracia gota a gota como en los otros Santos, sino, al contrario, fue como una lluvia sobre el vellocino -bajaba como lluvia sobre el césped, como las aguas que la tierra embebe- (Sl. LXXI,6). Semejante a la lana del vellocino, absorbió la Virgen con alegría la inmensa lluvia de gracias, sin desperdiciar una sola gota.

"Le era pues lícito exclamar: La plenitud de los Santos se halla en mi morada(Ecli XXIV, 16). Esto significa según la explicación de San Buenaventura: Poseyó en plenitud lo que sólo en parte poseen los otros Santos. Y San Vicente Ferrer, refiriéndose especialmente a la santidad de María, antes de su nacimiento, dice que excedió a la de todos los Ángeles y Santos.

"La gracia que adornó a la Santísima Virgen superó no sólo a la de cada uno en particular, sino a la de todos juntos, como lo prueba el doctísimo Padre Francisco Pepe, jesuita, en su preciosa obra sobre las grandezas de Jesús y de María. En ella afirma que ésta tan gloriosa opinión para con Nuestra Reina, es hoy en día común y de general certeza entre los teólogos contemporáneos. (...) Según eso, si ésta es general evidencia, lo será también este otro parecer: María, desde el primer instante de su Concepción Inmaculada recibió una gracia extraordinaria, superior a la de todos los Ángeles y Santos juntos. (...)

 

Plenitud de gracia que corresponde a la sublime dignidad de Madre de Dios

"Escribe Dionisio El Cartujo: A causa de su predestinación para Madre de Dios, María fue elevada a un orden superior al de todas las criaturas. Pues, según Suárez, de cierto modo la dignidad de Madre de Dios pertenece al orden de la unión hipostática, esto es, unión del Verbo Divino con la naturaleza humana. Con razón, por eso, desde el inicio de la vida, le fueron conferidas gracias de orden superior, las cuales sobrepasan sin comparación a cuantas fueron concedidas a las demás criaturas. (...)

  "La Santísima Virgen, dice Santo Tomás de Aquino, fue escogida para ser Madre de Dios y, para tan alto fin, el Altísimo la preparó sin duda con su gracia. Antes de ser la Madre de Dios, María fue, por consiguiente, adornada de una santidad tan perfecta que la colocó a la altura de tan gran dignidad.

"En otro pasaje de la Suma Teológica, había dicho el Doctor Angélico que María es llamada «llena de gracia», mas no tanto a causa de la gracia propiamente, pues con todo no la poseía en toda su excelencia posible. Tampoco en Jesucristo, dice el Santo, la gracia ordinaria fue total, esto es, de tal forma que el poder divino no hubiese podido hacerla más grande en absoluto. Fue, sin embargo, suficiente y proporcionada para el fin para el cual la Divina Sabiduría La predestinó, para la unión de la Santísima Humanidad con la Persona del Verbo. Nos da la razón de esto el mismo Doctor: «Tan grande es el Poder Divino, que por más que conceda, siempre le queda para seguir dando. Por sí sola la criatura es muy limitada en su natural sensibilidad, y al mismo tiempo es capaz de ser colmada por completo. Sin embargo, no tiene límites a sus prerrogativas de obediencia a la Voluntad Divina, pudiendo Dios aumentarle la predisposición a colmarle de gracias».

"Pero volvamos a nuestro asunto. Afirma Santo Tomás que aunque María no fuese incluso llena de gracia en relación propiamente a la gracia, es llamada no obstante llena de gracia con relación a sí misma. Pues la recibió inmensa en abundancia, suficiente y proporcionada a su excepcional dignidad de Madre de Dios. Por ella, entonces, se hizo digna de ser Madre de Dios. Por eso escribe Benedicto Fernández: en la dignidad de ser Madre de Dios está la medida para poder apreciar la gracia comunicada a María"(2).

 

La Voz de la Tradición

La plenitud de gracia que tiene Nuestra Señora, fue objeto, durante muchos siglos, del unánime homenaje de los Santos y de los Doctores eclesiásticos. Oigamos entre otros:

-San Atanasio: "¡Fuisteis llamada llena de gracia, porque poseísteis la abundancia de toda gracia!"(3).

-Dionisio el Cartujo: "Así como nadie sería capaz de contar las gotas de agua del mar, así nadie sabrá expresar la excelencia de gracia y de gloria que hay en María"(4).

-San Buenaventura: "El Hijo de Dios santificando a la Virgen, la colmó de gracia y después de santificarla la protegió Él mismo con su sombra y la llenó de gloria, de tal modo que ni en el alma ni en el cuerpo quedara parte alguna que no estuviera llena de gracia de la Divinidad"(5).

-Santo Tomás de Aquino: "En todo orden de cosas, cuanto más alguien se aproxima al principio de ese orden, más participa de los efectos de ese principio (v.g. lo que está más cerca del fuego, se calienta más). Pues bien, Cristo es el principio de la gracia: por la Divinidad, como verdadero autor; por la humanidad, como instrumento. Y así se lee en San Juan: «La gracia y la verdad vinieron por Jesucristo»(Jn. I,17). Ahora bien, la bienaventurada Virgen María estuvo cerquísima de Cristo, según la humanidad, puesto que de Ella recibió Cristo la naturaleza humana. Por lo tanto tuvo que haber alcanzado de Él una plenitud de gracia superior a la de todos los demás"(6).

El mismo Doctor Angélico, en su magistral interpretación del Avemaría, añade:

"La Santísima Virgen superó a los Ángeles por la abundancia de la gracia, que con más profusión coexiste en Ella de la que hay en cualquier Ángel. Al manifestarlo dice Gabriel: «Gratia plena», esto es, «yo te venero porque me aventajas en abundancia de gracia». La Virgen María es llena de gracia:

"En cuanto al alma, poseyó la superabundancia de gracia, ya que Dios la derramó para dos fines: para obrar el bien y para evitar el mal. En cuanto al pecado, la Virgen los evitó todos, y mucho más que cualquier otro Santo, siendo en esto la primera después de Cristo, dado que nació sin el pecado original, y se vio libre durante toda su vida del mortal y del venial. Por lo que se le puede decir: «Tota pulchra est amica mea et macula non est in te», eres toda hermosa, amiga mía; no hay defecto ni mancha en tí (Cánt. IV,7).

"En lo referente al fruto de las virtudes, la Santísima Virgen las practicó todas, mientras que los Santos practican unas determinadas, pues uno fue humilde, otro fue casto, otro misericordioso. Por lo que cada uno de ellos es propuesto como modelo de una diferente virtud; pero la Virgen Santísima nos da ejemplo en todas.

"Es llena de gracia, en segundo lugar, porque ésta sobreabundó tanto en su alma que pudo llegar a santificar su cuerpo. Cosa grande es que los santos tengan la [gracia] suficiente para santificar su alma...

"En tercer lugar, es llena de gracia porque llegó a derramarla sobre todos los hombres. Es cosa admirable que un Santo la tenga para comunicar la salvación a muchos. Pero que salve a todos, no se puede decir sino de Cristo y de María. En cualquier peligro se puede obtener de Ella la gracia"(7).

-San Pedro Damián: "Así, con mucha perfección , la Virgen es elevada en medio de las almas de los Santos y de los Ángeles, precede a los méritos de cada uno y a los títulos de todos... Así, la Virgen singular supera a una y otra naturaleza (angélica y humana), por la inmensidad de su gracia y el resplandor de sus virtudes"(8).

-San Pedro Crisólogo: "A cada uno se le da la gracia por partes, pero a María se le concedió la plenitud total de la gracia"(9).

-Fr. Luis de Granada, haciéndose eco de la voz de sus antecesores, afirma: "Todos están de acuerdo en que la Sacratísima Virgen, antes de nacer, fue llena de todas las gracias y dones del Espíritu Santo, porque así convenía que fuese La que ab aeterno - desde la eternidad-, fue escogida para ser Madre del Salvador del mundo. No hay lengua humana que pueda declarar cuán grandes fueron esta gracia y estas virtudes. La razón es que Dios hace todas las cosas conforme a los fines para los cuales las elige, y de ese modo las provee perfectamente de lo que necesitan. Es por lo que eligió a esta Sacratísima Virgen, para la mayor dignidad que se puede conceder a una criatura. De ahí se deduce que la adornó y engrandeció con gracia especialísima, con los más grandes dones y virtudes que jamás se concedieron a criatura alguna."(10).

-Santo Tomás de Villanueva: "Da rienda suelta a la imaginación, dilata los horizontes del entendimiento y procura forjar en tu mente la imagen de una Virgen purísima, prudentísima, hermosísima, devotísima, humildísima, mansísima, llena de todas las gracias, de toda santidad, adornada con todas las virtudes, enriquecida con todos los carismas, sumamente agradable a Dios; aumenta todo cuanto pudieres, inténtalo todo hasta donde alcances; inmensamente, sin comparación alguna, mayor es esta Virgen, más excelente es esta Virgen, muy superior es esta Virgen.

"No la describió el Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras. La dejó para que la esculpieses tú en tu alma, y así comprendas que nada en Ella es falta de gracia, de perfección, de gloria que el espíritu de una simple criatura pueda concebir y, más aún, que supera en la realidad a todo entendimiento"(11).

-Por fin las célebres palabras de Pío IX en la Bula Ineffabilis Deus, con la que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción:

"[El Padre Eterno] con preferencia a cualquier otra criatura, hízola Inmaculada con todo el amor, hasta tal punto de complacerse en Ella con singular afecto. Para eso la colmó admirablemente más que a todos los Santos y a todos los Ángeles, de la mayor abundancia de todos los dones celestiales, sacados del tesoro de su Divinidad. De esta suerte, quedó siempre libre absolutamente de toda mancha de pecado, toda bella y perfecta. María posee una tal plenitud de inocencia y de santidad, que después de la de Dios, no se puede concebir otra mayor, y cuya profundidad, excepción hecha de Dios, ninguna mente puede llegar a comprender"(12).

 

Continuo aumento de la gracia

A propósito de la plenitud de gracia en Nuestra Señora, interesa que consideremos el testimonio de San Luis María Grignion de Montfort:

"Únicamente María halló gracia delante de Dios (Lc. I,30), sin auxilio de criatura alguna. Sólo después de Ella, los demás hallaron gracia delante de Dios. La hallaron por medio de Ella y sólo por Ella encontrarán gracias los que aún están por venir. María estaba llena de gracia cuando el Arcángel la saludó (Lc. I,28), y la gracia sobreabundó cuando el Espíritu Santo la cubrió con su divina sombra "(13).

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MARÍA, LLENA DE GRACIA

Con respecto al progreso de la gracia en la Santísima Virgen, escribe uno de los más grandes mariólogos de nuestro siglo:

"Antes de la Anunciación, María poseía ya la gracia: Ella siempre la tuvo en plenitud, y sin sufrir alteración desde su Inmaculada Concepción, por un privilegio exclusivo suyo, con vistas a su egregia misión.

"Sin embargo, en el transcurso de ese incesante progreso de la gracia en María, la Anunciación marca el momento único en el que esta Virgen, neófita en su maternidad, queda literalmente transformada en su Hijo.

"Este Hijo es un tesoro. Él es el principio de la gracia: es el autor de ella por su divinidad y el instrumento de creación y difusión de la misma entre nosotros, por su humanidad. Conteniendo Cristo en Sí mismo, antes que nada el mundo y para todo el mundo, María recibió de Él mayor abundancia de gracias que todas las demás criaturas, y eso la hizo más cristiana que todos los cristianos juntos...

"En el momento en que Ella alcanzó el fin de su vida terrestre, la Virgen María encarnaba verdaderamente en su persona y en su vida, la más alta de las perfecciones y la plenitud de la gracia cristiana. Este agua viva que María Santísima se impregnó en contacto con el Verbo Encarnado, fue para Ella una fuente rebosante de vida eterna, dispuesta para comunicarla a todos. En la Asunción, los supremos instantes de la Virgen, unen concretamente el tiempo y la eternidad, el régimen de gracia y de gloria. Estando en la tierra es la Madre de Jesús; en el Cielo ya lo es -¡y de qué manera!-".

(Fr. Bernard, O.P. Le Mystère de Mariae, Desclée de Brouwer, Bruges, 1954, 4ªed. pp.91 y 210)

** SALVE, LUZ PURA

"Los Padres de la Iglesia no cesan de dar a María, como a su Divino Hijo, el nombre de luz. Para ellos, Ella es la luz esplendorosa y luz de las naciones, la luz de nuestro corazón; la luz representada por la originada al comienzo, y de la cual se cree que fue hecho el sol, como el Divino Sol de Justicia sacó su substancia corporal de la substancia de la propia María, cuando vino a este mundo para disipar nuestras tinieblas. (...)

 

Excelencias de la luz de María

"Los bienes provenientes de la luz natural, la cual brilla ante nuestros ojos, son incontables. Sin ella la tierra no sería más que un horrendo desierto, imposible para la vida de los hombres. Pero los bienes que nos aporta María, la luz de nuestras almas después de Dios, son incomparablemente mayores y más preciosos. Sin la Santísima Virgen nos faltaría no solo la luz del cuerpo, sino la de nuestra alma. Sin Ella, todos los hombres serían infaliblemente víctimas de la muerte eterna, pues es por medio de María como nos vino el Divino Sol, Jesucristo, fuera del cual no encontraríamos ni luz ni salvación. (...)

"María es luz a causa de su belleza. Después de su Divino Hijo no hubo y nunca jamás habrá nada que se le pueda comparar. El sol que ilumina nuestros ojos, las estrellas que nos alegran con su maravillosa armonía, nada son junto a Ella. (...)

"La luz se vuelve visible a los más insignificantes objetos: basta que un rayo de sol penetre en una estancia, y enseguida se percibirán hasta las más pequeñas partículas de polvo volando por los aires. María toma nuestras almas, las presenta ante su adorable Hijo, hace que penetre en nosotros un rayo de su divina luz, y nuestros ojos se abren, reconocemos nuestras miserias, lloramos nuestros pecados, abrazamos la virtud. Nuestros pensamientos, nuestros afectos, esclarecidos gracias a María, se encaminan completamente hacia el soberano bien.

"María es la luz que nos antecede y nos muestra el camino que es preciso seguir en nuestro peligroso viaje por el mundo. Ella nos ilumina con sus ejemplos, nos ayuda con su poderosísima intercesión.

"Su luz no se puede debilitar, porque Ella dio un día a Jesucristo, la luz increada, sin perder nada de su propia integridad. La luz es incorruptible, la pureza de María es todavía más incorruptible. Ni una fibra de mancha la tocó, ni se la aproximó jamás. Esta luz no se nubló porque no hubo pecado en María.

"Para los que se adentran en el camino de la perfección, María es la luz que indica el camino, allana los obstáculos, protege las flores y los frutos de buenas costumbres y los ayuda a madurar, y los hace crecer en gracia y virtud.

"Aquellos a los que María ilumina, no caerán en las trampas del demonio"(14).

 

Luz que ilumina a toda la creación

Continúa el docto Pe. Jourdain: "La santidad incomparable con la cual la bienaventurada Virgen María fue agraciada desde el primer instante de su existencia, es preciso aumentarla con las luces con que Dios, al mismo tiempo, inundó su alma. El nombre de María, entre otros significados místicos, tiene el de Iluminada. Las luces con las que fue irradiada al salir de la nada, justifican plenamente esta interpretación.

"Antes de nada, Ella conoció la fuente de toda luz, y en Dios conoció el resto, según la palabra del profeta: In lumine tuo videbimus lumen (Sl XXXV,10). Ella vio a Dios, Creador de todas las cosas y conoció las criaturas espirituales, racionales y privadas de razón. Ella vio en Dios, Bien supremo y absoluto, lo que era bueno y malo, lo que merecía ser buscado y despreciado, lo que era preciso amar y odiar. Y como la luz que la iluminaba era perfecta, Ella tenía la justa y conveniente medida de todas las cosas. (...)

"[Así], la Luz Divina, la Luz eterna, produjo una luz creada, destinada a iluminar a todas las demás obras de las manos de Dios"(15).

Esa singular luminosidad de la Virgen, esparciendo su fulgor sobre toda la creación, fue también exaltada por el entusiasmo de Santo Tomás de Villanueva: "¡Oh cirio brillantísimo, a cuantos alegrasteis cuando, iluminada por el resplandor divino, aparecisteis inmaculada en el seno de vuestra madre! (...)

Decidnos, oh sabios astrónomos que contempláis las estrellas; decidnos, oh profetas, ¿qué llegará a ser esta doncella que tan brillantemente y aventajada se presenta en el mundo?...

"¡Oh!, día digno de ser celebrado con gran regocijo, en que tal don recibimos. Exclamamos con San Bernardo: «Quita el sol, y ¿qué quedará en el mundo sino tinieblas?». Quita a María de la Iglesia y ¿qué quedará sino obscuridad?"(16).

 

** AYUDA AL MUNDO Y A TODA CRIATURA

Reina y Señora de toda la creación, por voluntad divina, María Santísima vela particularmente por las necesidades de sus súbditos, y por las necesidades de su inmenso imperio.

 

Protección universal

El dominico Fr. Bernard tradujo así este sentimiento:

"María, por más alta que sea su corona de gloria en el Cielo, permanece en estrecho contacto con los hombres en la tierra. (...) Por la propia perfección de su estado, Ella está más próxima a nosotros, que nuestros seres más próximos. Para nosotros, Ella es más que nuestro Ángel de la Guarda, siendo él el más dulce y más vigilante de nuestros amigos. (...)

"Por eso, debemos estar absolutamente persuadidos de que la Virgen Santísima posee todos los medios para pensar constantemente en todos sus hijos. Ni el tiempo, ni el espacio pueden ser un obstáculo en los límites de su visión, situada, ahora, en otro plano, bajo la luz de la gloria: «Hijo mío, nos dice Ella, pienso en tí en mi eternidad, y no te puedo apartar de mi pensamiento. En realidad, jamás te aparto de mi vista; te conozco más que tú mismo, estoy más presente en tí que tú».

"En efecto, su dignidad de Reina, y aún más su misión de Madre, la obligan a tener esta presencia de espíritu con relación a todo y a todos. Para eso Ella unió su inteligencia a la de su Divino Hijo, su pensamiento al pensamiento del Hombre-Dios. Y los dos, así, absortos en la Divina Esencia, inundados de la luz eterna, viendo todas las cosas en su principio y en su fin, están presentes espiritualmente en el mundo entero, para abrazar - en el todo y en cada caso particular- el universo que Les fue confiado. (...)

"Nunca será demasiada nuestra admiración al pensar hasta que punto la protección de la Santísima Virgen se extiende a todos los estados y a todas las necesidades de este mundo. Lourdes es un símbolo de ello. Allí se ve de un modo tangible lo que hace María Santísima siempre y en todo lugar. Ella ofrece constantemente socorro a aquellos que están en la miseria, auxilio a los pusilánimes, consuelo a los que lloran. Con su oración, Ella sustenta a todo el pueblo. Ella aparta de nosotros los males y los alivia, y atrae sobre nosotros todos los bienes. En resumen, Ella se muestra Madre tanto cuanto es posible, y mucho más de lo que podríamos imaginar.

"Se puede pensar, igualmente, que su patrocinio se adapta a los tiempos y a los lugares, a las familias naturales y espirituales, a las ciudades y a las naciones, a todo lo que concierne el movimiento y la vida de la cristiandad sobre la tierra"(17).

 

María ayuda en muchos apuros de la vida

Por otro lado, según San Alfonso María de Ligorio, "andamos errando por este valle de lágrimas, como pobres hijos de la infortunada Eva, exiliados de nuestra patria, llorando por tantos dolores que nos afligen en el cuerpo y en el espíritu. Feliz, por tanto, aquel que entre tantas miserias se dirige muchas veces hacia la Consoladora del mundo, hacia el Refugio de los pecadores, a la Madre de Dios.

"La Santa Iglesia, a nosotros sus hijos, nos enseña con cuánto celo, cuánta confianza debemos recurrir sin cesar a Ésta, nuestra amorosa protectora. Bastaría para ello solamente ver y oír que, en todas las calamidades públicas, ella siempre quiere que se recurra a la Divina Madre con novenas, con oraciones, con procesiones y visitas a sus iglesias e imágenes.

"Esto exactamente es lo que quiere María que nosotros hagamos. Que siempre la invoquemos, que siempre la pidamos, no porque necesite de nuestros favores, ni de nuestras honras tan inadecuadas a sus merecimientos, sino para que, a medida de nuestra devoción y de nuestra confianza, nos pueda socorrer y consolar mejor"(18).

 

María, Madre y Benefactora del mundo

De esa insondable protección de María Santísima son benefactores, no sólo los hombres, sino también todas las cosas creadas. Con razón, Ella es llamada Madre del mundo. Oigamos al renombrado jesuita Pe Terrien:

"El mundo material recibió tales bienes por intermedio de María, que Ella puede ser considerada, en sentido propio, su Madre. (...)

"[Así expone] Eadmero la inapreciable ventaja que la creación material recibió de Dios, por el ministerio de la Santísima Virgen: «Las criaturas debían ser como una escalera que permitiese al hombre elevarse hacia su Autor, y la observación de la naturaleza debía conducirlo al conocimiento de los esplendores divinos. Esta dignidad las criaturas la perdieron [por la caída de Adán]. Lamentable pérdida, que duraría hasta el momento que vino al mundo, por intermedio de María, el Redentor. Entonces el hombre retornó al conocimiento de Dios, gracias al Cordero; al mismo tiempo, las criaturas readquirieron su primitiva condición y fueron restablecidas a su antigua honra.

Ahora, ¿este gran bien, a quien se lo atribuiremos, sino a Aquella cuyo seno virginal introdujo en el mundo a Cristo, Salvador de la naturaleza humana y, por consiguiente, reparador de los privilegios de toda la creación?

En vista de eso, aquel que nos acompañó en esta meditación, estime todo lo que las criaturas inteligentes o las privadas de razón deben a esta Sacratísima Virgen... por la cual la naturaleza de las cosas recuperó bienes inestimables, y el mundo recibió la gracia insigne de ser levantado de tan profunda decadencia»"(19).


Para María se vuelven las miradas de todas las criaturas

Ante esa inagotable solicitud de Nuestra Señora con las criaturas, podemos unirnos a la fervorosa exclamación de San Bernardo:

"¡Oh María!, es hacia Vos, como para el centro de la tierra, como para el Arca de Dios, como para la causa de las cosas, como para la estupenda obra de los siglos, que se vuelven las miradas de los habitantes del Cielo y de la tierra, de los tiempos pasados, presentes y futuros. (...) Por eso Os llamarán bienaventurada todas las naciones, ¡oh Madre de Dios!, ¡Señora del mundo!, ¡Reina del Cielo! (...) pues para todas engendrasteis la vida y la gloria. En Vos encuentran los Ángeles la alegría, los justos la gracia, los pecadores el perdón para siempre. Con razón, ponen en Vos sus ojos todas las criaturas, porque en Vos, por Vos y de Vos la benigna mano del Omnipotente rehízo todo lo que Él había creado"(20).

_____________________

1. ) Pe. Francisco Miguel William, "Vida de María, Madre de Jesús"(Petrópolis).

2. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

3. ) San Atanasio, "Serm. de Deiparae, apud Pe. Jourdain op.cit.

4. ) Dionisio el Cartujo, "De Laud. Virg"

5. ) San Buenaventura, "Obras Completas, B.A.C. (Madrid).

6. ) Santo Tomás de Aquino, "Suma Teológica" B.A.C. (Madrid).

7. ) Santo Tomás de Aquino, "Opusc.8 Devot.expos.super Salutationem angelicam" Opera (Roma).

8. ) San Pedro Damián,Serm. 40,In Assumpta B.M.Virg.apud Alastruey,op.cit.

9. ) San Pedro Crisólogo, Serm. 143, idem, ibid.

10. ) Fr. Luis de Granada, "Obra Selecta" B.A.C. (Madrid)

11. ) Santo Tomás de Villanueva, "Obras" B.A.C. (Madrid).

12. ) Pio IX, Bula "Ineffabilis Deus", Documentos Pontificios. (Petrópolis).

13. ) San Luis María Grignion de Montfort, op.cit.

14. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

15. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

16. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit.

17. ) Fr. Bernard, O.P., op.cit.

18. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

19. ) Pe. J.B. Terrien, S.J. "La Mere de Dieu el la Mere des hommmes" Ed.Lethielleux (París)

20. ) San Bernardo, op.cit.


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+ PARA MADRE EL SEÑOR OS DESTINÓ

+ EL QUE LOS MARES, LA TIERRA Y EL CIELO CREÓ 

 

Predestinación de Nuestra Señora

Se remontan hasta la eternidad los incomparables privilegios concedidos por el Creador a la Virgen Santísima, con su predestinación para la augusta misión de ser la Madre de Dios.

Los Padres de la Iglesia, fieles intérpretes de la Sagrada Escritura, reconocieron la predestinación de María para la maternidad divina.

San Agustín dice que antes de que Nuestro Señor Jesucristo naciera de María, ÉL la conoció y la predestinó para ser su Madre(1).

Y San Juan Damasceno, dirigiéndose a la Virgen María: "Porque el decreto de la predestinación nace del amor como de su primera raíz, Dios, Soberano maestro de todas las cosas, que os sabía previamente digna de su amor, os amó; y porque os amó, os predestinó"(2).

"¡Oh Virgen! -exclama San Bernardino de Siena- Vos fuisteis predestinada en el pensamiento divino antes de toda criatura, para dar vida al mismo Dios que se quiso revestir de nuestra humanidad"(3).

San Andrés de Creta en su discurso sobre la Asunción de la Virgen María explica el mismo pensamiento: "Esta Virgen es la manifestación de los misterios de la incomprensión divina, el fin que Dios se propuso antes de todos los siglos"(4).

Y San Bernardo: "«Fue enviado el Ángel Gabriel a una Virgen (Lc. I, 26-27)», Virgen en el cuerpo, Virgen en el alma; (...) no encontrada al azar o sin especial providencia, sino escogida desde todos los siglos, conocida en la presencia del Altísimo que la predestinó para ser un día su Madre; guardada por los Ángeles, designada anticipadamente por los antiguos Padres, prometida por los Profetas"(5).

 

Excelencias de la predestinación de María

Añadamos la explicación que de este sublime misterio nos hace el santo historiador de la infancia de María:

"La predestinación de la Santísima Virgen está ennoblecida y realzada con varias y señaladas mercedes. La primera es que tiene su origen y su principio en el infinito amor del Padre Eterno para con su Hijo Jesús, en el amor inmenso con María su Hija muy amada y en su inconcebible caridad con nosotros.

"Porque el amor incomprensible que este adorable Padre tiene a su Hijo, lo llevó a escoger para Él mismo, desde toda la eternidad, una Madre que fuese digna de Él (...) El amor inefable de este santo Padre para con su Hija María, que es primer objeto de su amor después de su amado Hijo, lo obligó a predestinarla en su eterno consejo para que fuese la Madre, la Aya y la Nodriza de su Verbo Encarnado, la Reina de los Ángeles, la Soberana del Cielo y de la tierra, la Emperatriz del universo. (...)

La caridad sin igual de este Padre de Misericordia para con nosotros lo hizo concebir desde toda la eternidad el designio de hacer nacer en la tierra a esta incomparable Virgen para, por medio de Ella, darnos un Redentor, y asociarla a Él mismo en la obra de nuestra reparación. He aquí el origen de esta eterna elección, merced que la eleva infinitamente por encima de las predestinaciones de todos los escogidos.

 

Perfecta semejanza entre la predestinación de Jesús y de María

"Otra señalada ventaja de la predestinación de María es la perfecta semejanza que tiene con la predestinación de Jesús, de la cual es una acabada imagen. Porque como Jesús es escogido por Dios desde toda la eternidad para ser el comienzo de sus caminos (Prov. VIII,22) y de sus designios, es decir, la primera por excelencia y más maravillosa obra de sus manos; así el Espíritu Santo, hablando por boca de la Iglesia, pronuncia estas mismas palabras -Principio de los caminos del Señor- en honor de esta incomparable Hija que se llama María. (...)

"Como únicamente Jesús fue escogido entre millares (Cánt. V,10), esto es, entre todos los hijos de Adán, para ser unido hipostáticamente a la Persona del Verbo Eterno, así María es la única elegida entre millares, o sea, entre todas las hijas de Eva, para estar asociada de manera más íntima y elevada con el Verbo Encarnado. Vuestra elección, ¡oh divina María! -dice San Bernardo- y vuestra predestinación es semejante a la del Sol, es decir, a la del Sol eterno que creó el sol físico. Porque ÉL es escogido entre millares de hombres; Vos entre millares de mujeres. Jesús es la maravilla de las obras de su Padre y María es la obra prima de los milagros de Jesús. (...)

"La excelencia de la predestinación de nuestra Santa María para la divina maternidad, se manifiesta claramente por las grandes y maravillosas cosas que Dios obró en Ella, cuando La hizo nacer milagrosamente de una madre que naturalmente no podía concebir, cuando La preservó del pecado original en su Inmaculada Concepción, cuando La llenó de luz y de gracia desde el primer instante de su vida, cuando colmó todo el universo de gozo con su nacimiento, cuando La honró con el admirable nombre de María y cuando hizo en Ella y por Ella otras muchísimas maravillas que sólo convenían a la grandeza de la Madre de Dios.

"Y como el fin de la predestinación de Jesús es dárnoslo por Salvador nuestro, nuestro mediador entre Dios y nosotros, nuestro Padre, nuestro ejemplo, nuestro tesoro, nuestra gloria, nuestro Paraíso, nuestro espíritu, nuestro corazón, nuestra vida, nuestro todo; así el fin de la predestinación de María es dárnosla como cooperadora de su Hijo en nuestra Redención, para ser nuestra medianera entre ÉL y nosotros, para ser nuestra Madre, nuestra preceptora, nuestra vida, nuestro consuelo, nuestra esperanza, para ser nuestra luz en las tinieblas, nuestra fuerza en nuestras debilidades, nuestro socorro en nuestras miserias, nuestro refugio en todas nuestras necesidades y nuestro modelo en nuestras costumbres y actos.

"Aumentaría aún más lo dicho, para mostrar la perfecta semejanza que hay entre la predestinación del Hombre-Dios y la de su Madre que, como aquella es el principio primero de todas las demás predestinaciones de los verdaderos hijos de Dios, ésta es en cierto modo parecida a la causa segunda. «Nadie se salva a no ser por vos, ¡Oh Santísima Virgen!», dice San Germán, Patriarca de Constantinopla. (...)

 

Jesús y María tuvieron una misma predestinación

"Todas estas cosas nos hacen ver que la predestinación de Nuestra Divina María es una perfecta imagen de la de Jesús. Voy más allá y me atrevo a decir que es tan estrecha la unión entre estas dos predestinaciones que así como el Hijo y la Madre no son más que una misma cosa, no teniendo más que una sola alma, un solo corazón y una misma voluntad, así, de alguna manera, tuvieron una sola predestinación. Porque si no encontramos a Jesús en los eternos designios de Dios sino como Hijo de María, y no teniendo lugar María sino como Madre de Jesús, podemos decir que no tienen sino una misma predestinación.

"De lo que se deduce que la Iglesia y los santos doctores aplicaron a María, la Madre del Salvador, las mismas palabras que el Espíritu Santo para darnos a entender la elección y la predestinación eterna de su Hijo: «El Señor me engendró al principio de sus obras, desde toda la eternidad, antes que crease cosa alguna» (Prov. VIII,22)"(6).

Tal es por tanto la preparación eterna de la Santísima Virgen, tal es su predestinación.

"Bien expuesta y bien comprendida, esta elección encierra todos los esplendores de la Teología de María. Prerrogativa, incomparables grandezas, cooperación en las obras divinas, plenitud de todas las gracias y distribución para los hombres de todos los méritos de la Encarnación del Verbo, de la Redención; todo, hasta la gloria de los Ángeles, la esperanza de los justos, el triunfo de los Santos, los deberes de los cristianos y su ilimitada confianza, deriva de esta predestinación como la consecuencia del principio, como el efecto de la causa"(7).


* ÉL PRESERVÓ VUESTRA CONCEPCIÓN

* DE LA MANCHA QUE NOSOTROS TENEMOS DESDE ADÁN 

 

La Inmaculada Concepción

«Sesenta son las reinas y ochenta las esposas de segundo orden e innumerables las doncellas; una sola es la paloma mía, la perfecta» (Cánt. VI,7-8).

Aplicando a Nuestra Señora este pasaje del Cantar de los Cantares, comenta Santo Tomás de Villanueva: "Es única; si buscas otra paloma no la encontrarás. Es única, sola y sin mancha. Es la única que no estuvo sujeta a la ley de la mancha común. Una sola es la Inmaculada y una sola la perfecta. No encontrarás otra sin mancha y por eso es solo una la paloma. No encontrarás otra tan perfecta y por eso es mi perfecta, única: purísima sin igual, perfecta sin igual"(8).

 

El testimonio de los Santos

La Inmaculada Concepción, admirable privilegio de la Virgen María, fue proclamada por innumerables Santos, a lo largo de los siglos en la Historia de la Iglesia. Por ejemplo, San Andrés, Apóstol del Señor, delante del procónsul Egeu, se expresa así con respecto a María: "Como el primer hombre fue formado de una tierra inmaculada, era preciso que de una Virgen Inmaculada naciera el Hombre perfecto"(9).

San Hipólito, Obispo de Oporto, mártir, escribía allá por el año 220: "Cuando el Salvador del mundo resolvió rescatar al género humano, nació de la Inmaculada Virgen María y se revistió de nuestra carne..."(10).

San Efrén el sirio, diácono de Edessa, en el año 360 exclamaba: "Sois Inmaculada, no tenéis mancha ni defecto alguno, sois la pureza misma, a la cual no se puede aproximar ni la sombra del pecado, ¡oh Virgen, Esposa de Dios y Soberana nuestra!"(11).

El gran San Jerónimo, explicando las palabras del Cántico (V,2): Paloma mía, inmaculada mía, se expresa así:

"María representa en todo, la candidez de la paloma, porque nada hubo en Ella que no fuese todo pureza, sencillez, todo verdad y todo gracia. Ella es, pues, Inmaculada porque carece de cualquier tipo de corrupción"(12).

Y San Agustín: "¿Quién podrá decir: yo nací sin pecado?. ¿Quién podrá vanagloriarse de ser puro de toda iniquidad, sino esta Virgen prudentísima, este Templo vivo del Altísimo, que el propio Dios escogió y predestinó antes de la Creación del mundo, para que fuese la Santa e Inmaculada Madre de Dios, para que fuese la Hija preservada de toda corrupción y de toda mancha de pecado?"(13).

San Ildefonso, una de las glorias más puras de España, escribía a mediados del siglo VII: "Es opinión firme que Ella fue preservada de toda falta original. Aquella por quien no sólo la maldición de nuestra madre Eva fue revocada, sino que la bendición la alcanzó para todos"(14).

En el año 811, San Nicéforo, Patriarca de Constantinopla, dirigía al Papa León III una carta en la que exponía su profesión de fe, y que concluía en estos términos: "Por la intercesión de su Madre toda Inmaculada y toda pura, y por la de todos los Santos"(15).

Ricardo de San Victor, a finales del siglo XII: "Las estrellas están cubiertas de tinieblas, los santos están obscurecidos por la falta común de todos los hombres. Pero la Bienaventurada Virgen fue toda Hermosa: el Sol de Justicia la iluminó por completo y la inundó de sus rayos. En Ella no hay mancha alguna, ni sombra de pecado"(16).

Durante el siglo XIV vivió el piadoso y admirado autor Raimundo Jordâo, agustino y abad de Celles, el cual, por humildad, se escondía con el seudónimo de El tonto. Fervoroso defensor de la Inmaculada Concepción, exclamaba: "Sois toda Hermosa ¡oh María!, y en Vos no hay la menor mancha. Sois toda Hermosa en vuestra Concepción pues fuisteis creada para ser el Templo del Dios Altísimo. (...) ¡Nunca jamás mancha alguna, ni soplo de vicio de pecado rozó vuestra alma gloriosa! (...) No hay en Vos sombra de pecado, ya sea mortal, sea venial, sea original: ¡nunca la hubo ni la habrá!"(17).

En 1410, San Vicente Ferrer declaraba que María no fue semejante a nosotros en su Concepción, sino que fue creada pura y santa desde el primer instante. :"Y más tarde -decía- los Ángeles celebrarán la fiesta de la Inmaculada Concepción"(18).

En los albores del siglo XVII, San Francisco de Sales se expresaba así: "Bien es verdad que nuestro primer padre y Eva fueron creados y no concebidos; sin embargo, todas las concepciones de los hombres se efectúan en pecado. Solamente Nuestra Señora quedó exenta de ese mal, Ella, que debía concebir a Dios, primero en su corazón y en su espíritu, antes de concebirlo en sus purísimas entrañas"(19).

Concluimos esta breve lista de loores a la Inmaculada Concepción con el apasionado juramento de San Alfonso María de Ligorio, un siglo antes de la definición dogmática por la Bula Ineffabilis Deus: "¡Oh Señora mía, mi Inmaculada!, me alegro con Vos por veros tan enriquecida con tantísima pureza. Agradezco y me propongo agradecer siempre a nuestro común Creador por haberos Él preservado de toda mancha de pecado. De esto estoy plenamente convencido y para defender este vuestro tan grande y singular privilegio de Inmaculada Concepción, juro dar hasta mi vida"(20).

 

+ DIOS LA ESCOGIÓ Y LA PREDESTINÓ*

Entre las infinitas criaturas posibles, Dios escogió y predestinó a la Virgen. No fueron otras las palabras de Pío IX en la célebre Bula que definió el dogma de la Inmaculada Concepción:

"Desde el principio y antes de todos los siglos, escogió y predestinó [Dios] para su Hijo una Madre en la que se Encarnaría y de la cual, después, en la feliz plenitud de los tiempos, nacería; y con preferencia a cualquier otra criatura, hízola limpísima por el mucho amor, hasta el punto de complacerse en Ella con singularísima bondad"(21).

 

Insigne participación en los designios de Dios

En efecto, "después de Cristo-Hombre -escribe el Rvdo. P. Antonio Royo Marín-, primogénito de toda criatura, a nadie amó más el Padre de lo que amó a Aquella que con el tiempo debería ser la Madre de su Hijo Encarnado"(22).

Lo mismo nos enseña el insigne mariólogo Nicolás, según el cual la Santísima Virgen María fue "predestinada entre todas las criaturas para ocupar un puesto definitivamente superior al de todos los elegidos. Después de Jesús y mucho antes que sobre todos sus hermanos, Dios fijó sobre Ella su eterna mirada de complacencia, aquella mirada todopoderosa que, donde quiera que se pose, produce vida, como el sol hace resaltar los cuerpos que reviste y colorea con su luz"(23).

Santo Tomás de Villanueva explica que "aunque en el pensamiento y en la elección de Dios no hay prioridad de tiempo -pues todo fue escogido desde la eternidad-, existe sin embargo la prioridad de dignidad, porque algunos fueron elegidos para un grado de dignidad mayor que otros. Por eso decimos que la Santísima Virgen fue constituida y elegida singularmente ... Porque lo fue para una gloria eminente y única, por lo que la Iglesia canta de Ella: «Dios la eligió y la predestinó»"(24).

Recogiendo la opinión de autores santos, añade el Pe. Jourdain:

"Santo Tomás de Aquino enseña expresamente que Cristo, siendo la Sabiduría increada, no puede ser llamado mera criatura. Así pues no es en loor de Jesucristo sino de María a quien la Iglesia aplica las palabras del Eclesiástico en la Santa Liturgia: Yo salí de la boca del Altísimo, primogénita antes que toda criatura... Fuí creada desde el principio y antes que todos los siglos», y estas otras palabras sacadas del Libro de los Proverbios (VIII,2): «Fuí concebida antes que las colinas», es decir, según el pensamiento de San Agustín: «Dios me concibió antes que a las más sublimes criaturas, antes que a los Ángeles y a los Santos, no solo para que yo fuese Santa, sino para Madre de los Santos, como de ellos Jesucristo es el Padre, el Príncipe y el Jefe Supremo». (...)

"[Así], concuerdan todos los teólogos en considerar a María como la obra maestra del poder divino; reconocen todos que en los designios de Dios, Ella recibió la parte más hermosa y la más gloriosa"(25).

 

+ EN SU TABERNÁCULO LA HIZO HABITAR

 

María en el eterno pensamiento divino

Podemos decir que en el Tabernáculo de Dios habitó María, en virtud de la excelencia de su predestinación.

"La Santísima Virgen en la cual todo es una maravilla, antes de venir a este mundo en la realidad de su vida terrenal, tuvo, por especialísimo y singular privilegio, una existencia anticipada. Dios le concedió la honra de la preexistencia.

"Ahora, la forma más espléndida de esta preexistencia es, ciertamente, aquella de la que María gozó en el seno de Dios, antes de todos los tiempos. Desde toda la eternidad Ella estuvo en el pensamiento de Dios, vivía en el Corazón de Dios, en razón de su incomparable predestinación.

"Sin duda, todas las criaturas que han sido y serán viven desde toda la eternidad en el pensamiento de Dios, como en su arquetipo vivo e infinito, puesto que en Dios no hay un antes y un después. No obstante, según nuestra manera de comprender, en el pensamiento de Dios vive, de modo particular y especialísimo, la Santísima Virgen"(26).

 

+ V/ PROTEGED, SEÑORA MI ORACIÓN

   R/ Y LLEGUE HASTA VOS MI CLAMOR 

 

María obtiene todo de Jesucristo, en nuestro favor

"Todo cuanto la Santísima Virgen pide en favor de sus siervos, lo obtiene, con certeza, de Dios" Esta frase es de San Alfonso María de Ligorio. "Meditad -continua él, citando a Buenaventura Baduario- en la gran virtud que tuvieron las palabras de María en la Visitación. Pues por su voz, fue concedida la gracia del Espíritu Santo, tanto a su prima Isabel como a Juan, su hijo, según cuenta el Evangelista. (...)

"Vencido por los ruegos de María, concede Cristo sus favores. Pues, en el parecer de San Germán, Jesús no puede dejar de escuchar a María en todo lo que Ella le pide, queriendo así obedecerla como su verdadera Madre. (...) Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María, repito con San Bernardo, continuando con las palabras de la Virgen a Santa Matilde: «El Espíritu Santo me colmó de toda su dulzura y me hizo tan grata a Dios que cuantos por mi intercesión le piden gracias a Él, todos, con certeza, las obtienen». (...)

"No nos apartemos jamás de los pies de esta tesorera de las gracias, diciéndole siempre con San Juan Damasceno: «¡Oh Madre de Dios!. Ábrenos las puertas de tu misericordia, ruega siempre por nosotros, pues vuestras oraciones son la salvación de todos los hombres». Recurriendo a María, lo mejor será pedirle que ruegue por nosotros y nos obtenga aquellas gracias que reconozca más convenientes para nuestra salvación"(27).

 

Intercesión omnipotente

Tanto más debemos implorar este patrocinio de Nuestra Señora cuanto él es omnipotente. Así lo explica, en conformidad con la enseñanza de los Santos y de los doctores eclesiásticos, el ilustre teólogo dominico, Fr. Garrigou-Lagrange:

"El sentido cristiano de todos los fieles estima que una madre beatificada conoce en el Cielo las necesidades espirituales de los hijos que ella dejó en la tierra, e intercede por su salvación. Universalmente en la Iglesia, los cristianos se recomiendan a las oraciones de los Santos que han llegado al término de su viaje. (...) El Concilio de Trento (sess.XXV), definió que los Santos en el Cielo ruegan por nosotros y que es útil invocarlos. (...)

Jesucristo viviendo siempre, no cesa de interceder por nosotros», dice San Pablo (Hebr. VII,25). Él es sin duda el intercesor necesario y principal. Pero la Providencia y Él mismo quieren que recurramos a María, para que nuestras oraciones presentadas por Ella tengan más valor.

"En su calidad de Madre de todos los hombres, Nuestra Señora conoce todas las necesidades espirituales de estos, y lo que concierne a su salvación; en virtud de su inmensa caridad, María intercede por ellos. (...)

"Esta oración de la Santísima Virgen es omnipotente. Por eso la Tradición la proclama omnipotentia supplex, la toda poderosa en el orden de la súplica. (...)

"Bossuet en su Sermón sobre la Compasión de María, se explica así: «Intercede por nosotros, ¡oh Bienaventurada María!: tenéis en vuestras manos, me atrevo a decir, la llave de las bendiciones divinas. Vuestro Hijo es esta llave mediante la cual son abiertos los cofres del Padre Eterno. Él cierra y nadie abre; Él abre y nadie cierra. Es su Sangre inocente la que hace derramar sobre nosotros los tesoros de las gracias celestiales. ¿Y a quién dará Él más derecho sobre esa Sangre, sino a Aquella de la que obtuvo toda su Sangre?. Además, vivís con Él en una tan perfecta unión, que es imposible que no seáis atendida». Basta, como dice San Bernardo, que María hable al Corazón de su Hijo. (...)

"Se ve, así, que la intercesión de María es mucho más poderosa y más eficaz que la de todos los demás Santos reunidos, pues ellos no obtienen nada sin Ella. Su mediación está sujeta a la de Ella, que es universal, por supuesto siempre subordinada, a su vez, a la de Nuestro Señor Jesucristo"(28).

 

+ OREMOS: SANTA MARÍA, REINA DE LOS CIELOS,

   MADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

   Y DOMINADORA DEL MUNDO
 

 

Las invocaciones iniciales de esta oración que se repiten en todas las horas del Pequeño Oficio, nos recuerdan algunos de los títulos principales con que honramos a la Virgen a lo largo de este Salterio, comentados en sus lugares respectivos. A continuación decimos:

 

+ QUE A NADIE DESAMPARÁIS NI DESPRECIÁIS;

   PONED, SEÑORA, EN MI, LOS OJOS DE VUESTRA PIEDAD;

   Y ALCANZADME DE VUESTRO AMADO HIJO

   EL PERDÓN DE TODOS MIS PECADOS...
 

 

Ojos extraordinariamente misericordiosos

Con gran afecto dirigía, cierta vez, Santa Gertrudis estas palabras a Nuestra Señora: "Esos vuestros ojos misericordiosos, volvedlos hacia nosotros". Se le apareció entonces la Santísima Virgen, con el Niño Jesús en sus brazos y mostrándole los ojos de su Divino Hijo, dijo: "Estos son mis ojos extraordinariamente misericordiosos que puedo inclinar provechosamente por cuantos me invocan, enriqueciéndolos con el abundante fruto de la salvación eterna"(29).

Semejante es el ejemplo que registra San Alfonso en sus comentarios a la Salve: "Llorando cierta vez un pecador ante una imagen de la Virgen María, y pidiéndole que le alcanzase de Dios el perdón de sus pecados, vio a la Bienaventurada Virgen volverse hacia su Hijo que tenía en los brazos y decirle: «Hijo, ¿se perderán estas lágrimas?». El infeliz reconoció que Jesucristo le concedió el perdón.

"¿Y cómo podría perecer quien se encomienda a esta buena Madre?. ¿No le prometió su Divino Hijo que usaría de la misericordia por su amor y según su deseo, con todos los que a Ella recurran?. Tal fue la promesa que Santa Brígida oyó al Señor hacer a su Madre. (...)

"Si a causa de nuestros pecados nos invade la desconfianza, digamos con Guilherme de París: «¡Oh Señora mía!, no me echéis en cara mis pecados, porque les opondré vuestra gran misericordia. Jamás se diga que mis pecados no pueden ser contrarrestados en el juicio con vuestra misericordia. Pues ésta es mucho más eficaz para obtenerme el perdón que todos mis pecados para condenarme»"(30).

 

+ PARA QUE, VENERANDO AHORA, AFECTUOSAMENTE,

   VUESTRA INMACULADA CONCEPCIÓN, CONSIGA DESPUÉS,

   LA CORONA DE LA ETERNA BIENAVENTURANZA
 


La gracia de la perseverancia final

Unamos nuestras voces a las del gran San Bernardo, que así se dirigía a la Santa Madre de Dios: "¡Oh bendita Virgen, que encontrasteis la gracia, Madre de la vida, Madre de la salvación!. Por medio de Vos llegamos a vuestro Hijo, por Vos nos recibe El que por Vos se dio a nosotros. Que sean perdonadas ante Él por vuestra integridad las culpas de nuestra corrupción, y vuestra humildad tan grata a Dios alcance el perdón de nuestra vanidad. Que vuestra copiosa caridad cubra la multitud de nuestros pecados, y vuestra fecundidad gloriosa nos dé la fecundidad de las buenas obras. ¡Señora nuestra! Medianera nuestra y abogada nuestra, reconcílianos con vuestro Hijo.

"¡Oh Bendita!, por la gracia que hallasteis, por el privilegio que merecisteis, por la misericordia que engendrasteis, haced que Aquel que por medio de Vos se dignó hacerse partícipe de nuestra enfermedad y nuestra miseria, por vuestra intercesión también nos haga partícipes de su gloria y de la bienaventuranza"(31).

 

+ POR EL MISMO JESUCRISTO, VUESTRO HIJO, SEÑOR NUESTRO

+ QUE CON EL PADRE Y EL ESPÍRITU SANTO VIVE Y REINA

EN UNIDAD PERFECTA, DIOS, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

AMÉN.
 


Necesidad de un mediador entre Dios y los hombres

La intercesión de María, aunque omnipotente, está subordinada a la de Nuestro señor Jesucristo, como vimos(32). Razón por la cual la Santa Iglesia termina las oraciones de su liturgia invocando la mediación del Hijo de Dios.

Fr. Luis de Granada explica que, después de la caída de Adán, "la primera y mayor necesidad que teníamos era la de ser restituidos a la antigua amistad y gracia de nuestro Creador, que habíamos perdido por aquel pecado común, por el cual, como dice el Apóstol (Ef. II,3), los hombres nacían hijos de la ira. Y como la amistad y la gracia de Dios para con sus criaturas es la primera causa de todos los bienes de ellas, faltando ésta, faltaban también los beneficios que de esta amistad proceden. (...)

"Estando así los hombres en esta desgracia con su Rey y Señor, era necesario lo que generalmente se hace cuando dos partes andan en desavenencia: un tercero y buen mediador que las lleve a la concordia.


El Hombre-Dios, Mediador perfectísimo

"Éste no podía ser más conveniente que el mismo Hijo de Dios humanado. (...) Pues, ¿qué cosa es más fiel para con Dios que el propio Dios?. ¿Y qué cosa es más fiel para con el hombre que el propio hombre?. ¿Y quién es más amigo de ambas naturalezas que Aquel que las tiene ambas a la vez?. De modo que los dos asuntos los tomaba por suyos: el de Dios porque era Dios verdadero, y el del hombre porque era verdadero Hombre. Por tanto, para este fin ninguna cosa se podía, no digo ordenar, ni siquiera imaginar ni desear más a propósito.

"Además, quien había de tener tan grandes y generales amistades, quien había de apagar la llama de este odio, quien había de hacer amigos de tantos enemigos como eran todos los siglos presentes, pasados y futuros, necesariamente tenía que ser el mayor amigo y el más grato a los ojos de Dios, para que con la abundancia de sus gracias se deshicieran tantas desgracias, y con la grandeza de su amistad se olvidasen tantas enemistades.

"¿Quién podía ser para esto más conveniente sino el Hijo de Dios, infinitamente amado por su Padre Eterno?. A Éste, pues, nos dio la inmensa bondad de Dios por mediador y reconciliador, por quien alcanzamos la redención y el perdón de nuestros pecados"(33).

 

+ V/ BENDIGAMOS AL SEÑOR

   R/ DEMOS GRACIAS A DIOS 

 

Gratitud a Dios por haber creado a Nuestra Señora

Después de repetir los versículos con los que invocamos, nuevamente, la intercesión de la Santísima Virgen, manifestamos nuestro entrañable y filial reconocimiento a Dios.

Es la exhortación constante de los autores eclesiásticos que "siempre y por todo debemos dar gracias a Nuestro Creador"(34), "no sólo por sus grandes beneficios, sino también por los pequeños"(35).

"Feliz el hombre -exclama San Bernardo-, que a cada uno de los bienes de la gracia, se vuelve hacia Aquel que es la plenitud de las gracias; y al mostrarnos agradecidos por los favores recibidos, nos disponemos a merecer gracias aún mayores. Solamente nuestra ingratitud nos impide progresar en la vida perfecta, pues, considerando el donante que en cierto modo se frustró lo que el ingrato recibió, se cuida de no volver a dar tanto al mismo para no perderlo.

"Feliz, pues, el que rinde no pocas gracias, aún por los mínimos beneficios. Por tanto, os recomiendo, hermanos, que nos humillemos más y más, bajo la poderosa mano de Dios, y que procuremos alejarnos de este gran y pésimo vicio de la ingratitud, para que, ocupándonos con toda la devoción en la acción de gracias, atraigamos sobre nosotros la gracia de nuestro Dios, la única que puede salvar nuestra almas.

"Y no sólo nos mostremos agradecidos de palabra, sino con obra y verdad, porque no es tanto la verborrea como la acción de gracias lo que exige de nosotros el donante de todas las gracias, Nuestro Señor, que es bendito por los siglos de los siglos"(36).

Sin lugar a dudas, uno de los mayores beneficios por los que debemos gratitud y alabanza al Altísimo, es la existencia de su y nuestra Inmaculada Madre. Por eso decimos con San Juan Eudes: "¡Oh gran Dios! Que siempre seáis bendito por vuestros eternos planes de darnos este inmenso tesoro. Gracias infinitas os sean dadas, ¡oh adorabilísima Trinidad!, por todos los favores con que habéis enriquecido a esta Virgen incomparable. Que el Cielo y la tierra, los Ángeles y los hombres, y todas las criaturas por esto os bendigan e incesantemente os glorifiquen!"(37).

 

+ LAS ALMAS DE LOS FIELES DIFUNTOS

+ POR LA MISERICORDIA DE DIOS DESCANSEN EN PAZ 

Con esta última súplica recordamos a las almas que se encuentran en el Purgatorio, para las que pedimos, por las oraciones de María, el perpetuo descanso.

 

María desea que aliviemos a las almas del Purgatorio

No es otra la afirmación de San Alfonso María de Ligorio, según el cual "por los merecimientos de María, no sólo se hacen más leves, sino también más breves las penas de las almas del Purgatorio, apresurando, con la intercesión de la Santísima Virgen, su tiempo de expiación. Basta que Ella haga una súplica en este sentido"(38).

 


MARÍA, MODELO DE LA GRATITUD A DIOS

 

En su admirable obra dedicada a la Santísima Virgen, el Pe. Jourdain recoge estas palabras del Pe. Kiselio S.J. (S.XVII):

"Al oír que Isabel la proclamaba bendita entre todas las mujeres y rendía testimonio a la divinidad del bendito fruto de sus entrañas, la Bienaventurada Virgen María revela los sentimientos que tiene, en el admirable cántico, el más bello que contienen nuestros Santos Libros: Magnificat anima mea Domine. «Mi alma glorifica al Señor».

"Como en el día de la Anunciación, Ella se llama la humilde sierva; proclama que Él es el Dios que salva, el Dios omnipotente, el Dios Santo. Ella cumple lo que recomienda el Sabio: «Bendice al Señor y exáltalo cuanto puedas». Transportada de júbilo y de reconocimiento, María rinde gracias a Dios por sus beneficios. (...)

"Que el ejemplo de la Virgen nos enseñe cómo debemos, por nuestra parte, glorificar a Dios, Jesucristo Nuestro Señor y a su Bienaventurada Madre.

"¿Por ventura, no hizo Dios en nosotros grandes cosas, por su Omnipotencia?. ¿No nos recogió y nos sacó del abismo de nuestra miseria?. ¿Su Nombre no es igualmente Santo para nosotros y lleno de suavidad?. ¿No nos aceptó como hijos en su Misericordia?. ¿No dio de comer a aquellos que tenían hambre?. ¿No consoló a los afligidos y enalteció a los humildes?. Que nuestra alma glorifique pues al Señor y que nuestro espíritu se alegre en Dios nuestro Salvador.

"¡Sí, es con alegría como conviene, a ejemplo de María, bendecir al Señor, manifestarle nuestra gratitud y celebrar su gloria!".

(Padre Z.C. Jourdain. "Conjunto de las grandezas de María", t.V, pp.377-378)

Además la Madre de Dios estima sobremanera las acciones en favor de los miembros de la Iglesia Padeciente. A este respecto escribe el Pe. Jourdain:

"Las almas del Purgatorio son queridas para la Santísima Virgen; son almas predestinadas y santas, almas que La aman mucho y que, en su mayor parte, La sirvieron con fidelidad durante su vida sobre la tierra. En las almas del Purgatorio, María ve a las hijas bien amadas del Padre Eterno, a las esposas de su Divino Hijo, a los templos del Espíritu Santo, las imágenes de Dios que brillarán un día en el Cielo con maravilloso fulgor. Ella ve en esas almas el precio de la Sangre de su adorable Jesús, las flores inmortales que adornarán su propia corona durante la eternidad. En ellas, María ve a sus propios hijos. (...)

 

El que reza por las almas del Purgatorio prepara su propio sufragio

"Cooperando para el alivio de esas almas, practicamos numerosos actos de virtud y preparamos nuestro socorro para el tiempo que estemos en el Purgatorio. Muy pocos son aquellos que van directamente al Cielo, al dejar esta vida. Por tanto, si salvamos nuestra alma, la salvaremos pasando por el fuego, según la palabra del Apóstol (I Cor. XIII, 15).

"Pero si durante nuestra vida nos dedicamos a sufragar a las almas del Purgatorio, no debemos temer ser abandonados; lo que hicimos por los otros, nos será devuelto cien veces más. María no permitirá que seamos víctimas de nuestra generosidad, y si nuestra deuda fuese de diez mil talentos, será pagada.

"Roguemos pues por las almas del Purgatorio. Así practicamos el bien, alegramos el Corazón de Nuestra Señora, enriquecemos el tesoro de nuestros méritos y nos preparamos una entrada más fácil para la mansión de la eterna beatitud"(39).

_____________________

1. ) Cfr. San Agustín, "Obras" B.A.C. (Madrid).

2. ) San Juan Damasceno, "Orat.I de Nativ.Mariae, apud Jourdain op.cit.

3. ) San Bernardino de Siena, apud Pe. Jourdain,op.cit.

4. ) San Andrés de Creta, idem, ibid.

5. ) San Bernardo, op.cit.

6. ) San Juan Eudes, op.cit.

7. ) Pe. Chevalier, "Notre-Dame du Sacré-Coeur, Ed. Retaux-Bray, (París).

8. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit.

9. ) Carta del martirio de san Andrés, apud Pe. Jourdain, op.cit.

10. ) San Hipólito, Orat.in Consummatione mundi, idem

11. ) San Efrén, Serm.2 de Laudibus B.Mariae, idem

12. ) San Jerónimo, Epist. de Assumptione, idem

13. ) San Agustín, in Breviario Romano a Card. Quignonio, idem

14. ) San Ildefonso, Lib.de Parturitione et Virginitate B.M.V. idem

15. ) San Nicéforo, Epist.ad Leonem III Papam, idem

16. ) Ricardo de San Víctor, a Bernard. de Bustis citatus, idem

17. ) Abad Raimundo Jordán, Contempl. de Virgine deipara, idem

18. ) San Vicente Ferrer, Serm. de Nativitate, idem

19. ) San Francisco de Sales, "Obras selectas" B.A.C. (Madrid)

20. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

21. ) Pio IX, Bula "Ineffabilis Deus"

22. ) Fr. Royo Marín, op.cit.

23. ) Augusto Nicolas, "La Virgen María y el Plan Divino", Librería Religiosa (Barcelona).

24. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit.

25. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

26. ) Pe. Ch. Rolland, "La Reine du Paradis", L`ami du Clergé (Langres).

27. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

28. ) Fr. Garrigou-Lagrange, O.P., La Mère du Sauveur et notre vie intérieure, Ed. Du Lévrier, Ottawa (Canadá), 1948, pp. 232, 234-236, 238-239.

29. ) Santa Gertrudis, op.cit.

30. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit

31. ) San Bernardo, op.cit.

32. ) Cfr. p.67 y Apéndice I, cap.7.

33. ) Fr. Luis de Granada, op.cit.

34. ) San Agustín, "Obras" B.A.C. (Madrid)

35. ) San Juan Crisóstomo, "Obras" B.A.C. (Madrid)

36. ) San Bernardo, op.cit.

37. ) San Juan Eudes, op.cit.

38. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

39. ) Pe. Z.C.Jourdain, op.cit.


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PRIMA

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Salve, Virgen prudente, destinada

Para dar al Señor digna morada.

Como las siete columnas de la Escritura,

Del templo a la mesa os ornó en figura.

Fuisteis libre del mal que el mundo admira,

Y en el seno materno siempre Santa.

Puerta de los Santos: Eva, Madre de la vida,

Estrella de Jacob aparecida.

Habéis armado una escuadra contra Luzbel;

Sed amparo y refugio para la grey fiel. Amén.

 

V.- Él mismo La creó en el Espíritu Santo.

R.- Y la presentó maravillosamente en todas sus obras.

 Después de los versículos iniciales, comentados en Maitines, el presente Himno canta las honras de la Virgen Inmaculada, Santa desde el primer instante de su ser; exenta de toda mancha de pecado.

María Santísima, en esta hora será alabada como la única criatura digna de ser Madre de Dios, y que así se constituye como la puerta por la cual, obligatoriamente entran todos los justos en el Cielo, como afirma el Santo cartujo: “¿Quién se salvará?¿Quién conseguirá reinar en el Paraíso? Aquellos, sin duda, por los que haya rogado la Madre de misericordia”(1).

Nuestra Señora será venerada como la Restauradora del Orden: “Lo que hizo Eva, asociada a Adán, para la ruina del género humano, fue reparado por María, asociada a Cristo, nuevo Adán”(2).

Ella es la Virgen prudentísima, en cuyo Inmaculado Corazón ardió continuamente la lámpara del amor divino, sin ningún apego a las cosas terrenales (3). Digna mansión que edificó para sí la eterna Sabiduría, María recibió en su seno virginal al verdadero Padre de la Vida, Jesucristo Nuestro Señor.

Anunciada por los labios de Balaam, Nuestra Señora es la Estrella de Jacob que, para proteger a sus hijos, aterroriza y resiste de forma invencible al demonio.

 

+ SALVE, VIRGEN PRUDENTE

Este homenaje a Nuestra Señora tiene como punto de referencia la parábola narrada por el Divino Maestro cuando, las vísperas de la Pasión, recomendaba a los hombres vigilancia y prudencia (Mt. XXV, 1-13):

“Entonces, el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, tomaron las lámparas y no llevaron aceite consigo; las prudentes, sin embargo, llevaron aceite en sus vasos junto con las lámparas. Y, tardando el esposo, comenzaron a tener sueño y se durmieron. A media noche se oyó un clamor: he aquí que llega el esposo; ¡salid a su encuentro!. Aquellas vírgenes se levantaron, y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite que se nos apagan las lámparas. Las prudentes respondieron diciendo: Para que no suceda que tal vez nos falte a nosotras y a vosotras, id a la tienda y comprad para vosotras. Pero cuando ellas fueron a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a celebrar las bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Él respondió: En verdad os digo que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.”


La Virgen prudentísima

María Santísima es la “Virgen prudente que supo conservar bien encendida su lámpara, alimentándola copiosamente con el aceite de la divina gracia, aguardando al esposo para las bodas de Dios con la humanidad, en la Encarnación”(4).

La prudencia de Nuestra Señora es una de sus glorias, siempre admirada por los Santos y autores eclesiásticos.

Para San Efrén, María es “la primera de todas las criaturas, prudentísima, muy previsora y muy esclarecida Virgen”(5).

San Ildefonso escribe: “No se trata de una virgen cualquiera, sino una de las del número de prudentes y la primera entre las primeras, que sigue al Cordero lo más cerca posible a dondequiera que Éste vaya”(6).

El piadoso abad Raimundo Jordán: “Virgen ilustrada en el pensamiento, en el oír, en el mirar, en el olfato, en el gusto, en la risa, en la palabra, en el tacto, y en todo movimiento, de modo que de Ella se dice: «La boca del varón prudente es buscada en las asambleas, y cada uno medita en su corazón las palabras que le oye» (Ecles. XXI,20)”(7).

Exclama Santa Catalina de Siena: “¡Oh María, vaso de humildad en el que arde la luz del verdadero conocimiento con la que os elevasteis por encima de Vos misma y agradasteis por esto al Padre Eterno, y El os conquistó y atrajo hacia Sí, amandoos con singular amor! (...) Oh María, porque tuvisteis esta luz, no fuisteis necia sino prudente” (8).

Y San Bernardo comenta: “No era [María] de las vírgenes necias, sino Virgen prudente, (...) cuya ardentísima lámpara fue un asombro para los mismos Ángeles de luz, de modo que decían. «¿Quién es esta que camina como la aurora, se levanta hermosa como la luna y escogida como el sol?». Porque más claramente que las demás, brillaba Aquella a quien llenara de aceite de gracia el mismo Cristo Jesús, Hijo suyo y Señor nuestro”(9).

 

Manifestaciones de la prudencia de María

      Veamos ahora por las enseñanzas de uno de los grandes mariólogos de este siglo, como se manifestó la virtud de la prudencia en Nuestra Señora:

      “Para obrar con prudencia -escribe el Pe. Roschini-, son particularmente necesarias tres condiciones: examinar con ponderación, resolver con sentido común, ejecutar con exactitud.

      “En María se encontraba esta rara prudencia sobrenatural, elevada al grado más eminente de perfección al que puede llegar una criatura humana. Ella fue la Virgen prudente en relación con el fin que se propuso que fue sólo agradar siempre y en todo a Dios, de servirlo y amarlo con todo su corazón. Prudentísima en los medios empleados por Ella que fueron escogidos con ponderación, reserva y consejo.

      “«Ella no hizo jamás, como dice el cardenal Lepicier, cosa alguna con precipitación, falta de consideración, ligereza, sino que se aconsejaba primero de su celestial Esposo, considerando con sabia lentitud los motivos y las razones de sus obras, juzgando con paz y quietud al respecto del procedimiento a tener en cuenta, y siguiendo puntualmente los dictados de la razón y de la fe»”.


Maestra incomparable en el callar

      “Una prueba muy elocuente de la prudencia de una persona consiste en saber callar y saber hablar en el momento oportuno; pues, como dice el Eclesiástico (III,7) hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar. En lo uno y en lo otro, María fue incomparable.

      “Podría haber hablado, observa justamente un piadoso autor, manifestando a José el secreto misterio que se había obrado en Ella, despejando así el desconcierto del amantísimo Esposo; pero eso hubiera sido revelar el secreto del Rey del Cielo; se hubiera convertido en una celebridad para Ella; prefirió, pues, callar y dejó que hablase Dios por medio del Ángel.

      “Habría podido hablar en Belén, cuando le fue negado el hospedaje, dando a conocer la nobleza de su linaje, su sublime dignidad; la humildad profunda y el deseo de sufrir, de conformarse con la voluntad divina, La llevaron al silencio y calló.

      “Cuántas cosas habría podido decir a los Pastores y a los Magos que fueron a visitar al Divino Infante. Esto podría haber alborotado la adoración y la contemplación de esos santos personajes delante de Jesús: la gloria de Dios, la caridad para con los Magos y los Pastores le impedían hablar y se calló.

      “Oía con admiración todo lo que decían para gloria del Hijo, de su celestial doctrina, de sus milagros; María, más que los demás Lo admiraba en su corazón, y en éste conservaba con cuidado aquellas palabras y aquellos hechos.

      “El anciano profeta Simeón le predijo los destinos del Hijo y sus futuros y atrocísimos tormentos; María no dice una sola palabra, pues está dispuesta para todo; no ensalza su resignación, escucha, se ofrece a Sí misma en holocausto juntamente con el Hijo y calla.

      “Por las mismas justísimas razones, se calla al pie de la Cruz, se calla en las tribulaciones, en las humillaciones, como por modestia, se calla en la alegría y en la gloria. Estas son las pruebas admirables de prudencia divina que nos ofrece el silencio de María: Tempus tacendi.

 

Maestra insuperable en el saber hablar

      “Maestra incomparable en el callar cuando se debe callar, se mostró también maestra insuperable en el hablar a tiempo, en lugar y manera conveniente, es decir, cuando y cuanto conviene para dar gloria a Dios y hacer bien a los hombres.

      “También están aquí los hechos que lo prueban. Habló al Arcángel San Gabriel y no podemos dejar de admirar la prudencia de sus palabras. Habló a su prima Santa Isabel y sus palabras hicieron saltar de gozo, antes de su nacimiento, al futuro Precursor de su Hijo. Sus palabras fueron una profesión de humildad, de gratitud, un cántico de alabanza, un himno sublime de agradecimiento al Omnipotente: Magnificat anima mea Dominum.

      “Habló con el Hijo en el Templo y sus palabras fueron una admirable demostración de afecto y de solicitud maternales.

      “Habló en las bodas de Caná y con sus palabras quedó patente su compasiva misericordia con los necesitados y su ilimitada confianza en Dios. ¡Oh admirable prudencia de María, prudencia incomparable, tanto en el hablar como en el callar!... ¡Oh Virgen prudentísima!” (10).


Prudente en el conformar sus actos a la recta razón

      A las enseñanzas anteriores podemos añadir las de D. Gregorio Alastruey, encontrado en las páginas de su Tratado de la Virgen Santísima:

      “Es propio del prudente encauzar todo lo que hace de acuerdo con la norma de la razón y la fe; de modo que nada hace sino lo que es recto y loable. Esto corresponde a la Bienaventurada Virgen María, que nunca se apartó de lo ordenado por la razón y por la fe, en ninguna de sus acciones o actos”(11).


Prudencia en comprender el presente, recordar el pasado y preparar el futuro

      “Forma parte de la prudencia -prosigue el mismo autor-, el entender las cosas presentes, recordar las pasadas y preparar las futuras.

      “La Santísima Virgen tuvo conocimiento de las cosas presentes, que consiste en decidir antes de actuar lo qué y cómo se debe hacer, porque saludada por el Arcángel que Le anuncia el misterio de la Encarnación, pensó para sí misma, reflexionando qué saludo era aquel, qué sentido tenía y dónde la llevaría, suponiendo que se solicitaba de Ella algo grande y muy por encima de lo común.  «Reflexiona, pues -dice San Pedro Crisólogo-, porque el responder inmediatamente es propio de la imprudencia humana; pero reflexionar es propio de los espíritus muy sensatos y de juicio prudente».

      “Además, María instruida por el Arcángel de que había sido elegida para ser Madre de Dios, pregunta cómo sería aquello; y preguntar de esa forma no se debe achacar a exceso de confianza, sino que se debe considerar digno de loor y atribuirse a la prudencia que interroga cuándo es conveniente y necesario conocer el modo, como le fue preciso a María, que había hecho voto de guardar perpetuamente la virginidad. Por lo que dice Ricardo de San Lorenzo: «Su prudencia fue la de, turbada, callar, entender lo que oyó y responder a lo que se le proponía».

      “María tuvo memoria de las cosas pasadas, puesto que sin cesar meditaba los oráculos dirigidos a Ella, las gracias en Ella acumuladas y los preclaros dichos y hechos de su Hijo, como dice San Lucas (II,19): «María guardaba todas esas cosas meditándolas en su corazón».

      “María también obró con precaución, no sólo custodiando a su Hijo y apartando de Él los peligros presentidos y también procurándole los cuidados materiales, vistiéndolo, alimentándolo para que en su momento Él se ofreciera a sí mismo en el ara de la Cruz, y cumpliese la obra de la Redención. Era pues sin duda alguna Virgen prudentísima”(12).

 

En el amar las cosas del Cielo y en el despreciar las de la tierra

      Profundizando en la consideración de esta virtud, el Pe. Jourdain nos presenta otras características:

      “Dice San Agustín que la prudencia es una inclinación o un movimiento del alma, por el cual se comprende que las cosas eternas son superiores a las cosas terrenas inferiores.

      “Tal fue la prudencia de la que estaba revestida la Virgen Madre de Dios.

      “Ella se apartó de su mirada y de sus afectos, despreció y dejó de lado todo el brillo de la gloria temporal, todo favor y todo lo que proporciona la fortuna. Fijó la vista en el Cielo y en las cosas celestiales, las cuales deseó y amó.


En el conocer las cosas divinas y humanas

      “Con frecuencia llamamos prudente a los que están instruidos, tienen experiencia, son sabios, y podemos con razón definir la prudencia como el conocimiento de las cosas divinas y humanas, la ciencia de lo justo y de lo injusto. La Virgen Madre de Dios estuvo dotada del más alto grado de este conocimiento, y por eso es llamada con toda justicia Virgen Prudentísima.

      “Primero, la Bienaventurada Virgen poseyó el conocimiento más perfecto de la Sagrada Escritura. Ricardo de San Lorenzo la llama El Arca de las Escrituras; San Germán, arzobispo de Constantinopla, [la honra como siendo] El sello de uno y otro Testamento; San Vicente Ferrer afirma que la Virgen conocía mejor la Biblia que los Profetas. (...)

      “La ciencia que María poseía de las cosas divinas era tal que pocas veces los propios pensamientos de su Divino Hijo le eran desconocidos, como se vio en las bodas de Caná. ¿Cómo podría aquella que fue la Madre de la ciencia y de la sabiduría esenciales de Dios, no poseer el más alto grado de esta ciencia y esta sabiduría del Verbo Divino en Ella Encarnado?.

      “Por otro lado, María leía con frecuencia las Escrituras, y descubría en ellas los más sublimes misterios; su continua oración, sus profundas y santas meditaciones eran para Ella otra fuente de luz”(13).

      Tal fue la prudencia de María.


+ DESTINADA PARA DAR AL SEÑOR DIGNA MORADA

      El capítulo noveno de los Proverbios se inicia con este versículo: “La Sabiduría edificó para Sí una casa”.

      ¿Cuál es esta sabiduría y qué morada se construyó para su uso?

      San Bernardo nos lo dice: “Esta sabiduría que era de Dios y que era venida de Dios a nosotros desde el seno del Padre, se construyó para Sí una casa, y esta casa fue la Virgen María, su Madre”(14).


Casa embellecida por el Divino Arquitecto

      Ratificado por las opiniones del Santo Abad de Claraval y de otros eminentes varones de la Iglesia, escribe el Pe. Pablo Ségneri, renombrado jesuita y predicador en la Corte Pontificia del siglo XVII:

      “Según los santos doctores, la casa que se edificó para sí la Sabiduría, es la Virgen Santa que el Verbo escogió desde toda la eternidad por Madre. Ahora, un rey poderoso y rico que desee construir para sí una mansión, desea al mismo tiempo que no se economice en la armonía, ornato y magnificencia del edificio.

      “¿La Sabiduría Eterna haría menos por su morada?

      “No. El Verbo, cuando resolvió tomar un cuerpo humano en el seno de una Virgen y permanecer en él nueve meses, no olvidó nada para embellecer este templo de su divinidad, para enriquecerlo con todos sus dones, en una palabra, para hacerlo digno de Sí. De este modo la Escritura habla del Verbo bajo el nombre de Sabiduría Sapientia aedificavit sibi domum, con el fin de manifestar que es la sabiduría que Él emplea, para escoger y formar una criatura de la que jamás se avergonzará de ser su Hijo.

      “El Verbo, pues, como hábil arquitecto que no deja nada desordenado, defectuoso, imperfecto, en la obra maestra de su arte, y que le da, por el contrario, toda la perfección de que es capaz, el Verbo, dice, lejos de permitir en su Madre cualquier defecto, cualquier desorden, se dará el gusto de perfeccionarla como una obra que gobierna su sabiduría infinita.

      “¿Qué más pruebas necesitamos después de esto de las extraordinarias prerrogativas de la Santísima Virgen? ¿Puede alguien negarle alguna, cuando sabemos que Ella es la casa que la Sabiduría se edificó para Sí: Sapientia aedificabit sibi domum?”(15).

      En esta misma línea son los comentarios del Pe. Jourdain:

      “No para un hombre, sino para el mismo Dios era preciso preparar una residencia, la cual en todo fuera digna del huésped divino que la ocuparía, no para un día de paso, sino para habitarla y tomar de ella los elementos, (el fundamento), de una nueva vida. (...)

      “Tal mansión está necesariamente a resguardo de toda mancha. O sea, María, Madre de Dios hecho hombre, creada y preparada para Él para encarnarse en su seno, estuvo necesariamente exenta de cualquier falta, actual u original. Esto no basta, añade San Agustín; convenía que Ella estuviese adornada y enriquecida de todas las virtudes: «El Hijo de Dios no construyó jamás una casa más digna de Él como María. Esta estancia nunca fue asaltada por los ladrones, jamás fue atacada por los enemigos, nunca fue despojada de sus ornamentos». (...)


La más insigne estancia de Dios

      “San Pedro Damián y San Jerónimo entienden así el capítulo III de Isaías: La Santísima Virgen es en verdad la casa de Dios, el palacio o la corte real en que el Hijo del Rey Eterno, revestido de nuestra carne, hace su entrada en este mundo. «El palacio sagrado del Rey, única estancia de Aquel que ningún lugar puede contener», como dice San Andrés de Creta. (...)

      “La Santísima Virgen María es por lo tanto la casa de Dios. Si, como dice el Apóstol, «los que viven castamente son el templo de Dios», la Virgen, la castísima Madre de Dios, ¿podría no serlo? Sí, Ella lo es, y jamás Dios tuvo casa más noble y más digna de Él. Por esto dice San Gregorio: «¡Salve, templo vivo de la divinidad! ¡Salve, casa equivalente al Cielo y a la tierra! ¡Salve, templo digno de Dios!»”(16).

 

Morada ornamentada con las más hermosas galas

      San Alfonso María de Ligorio, citando al Doctor Angélico, comenta:

      “Deben ser santas y limpias todas las cosas destinadas a Dios. Por eso David, al trazar el plano del templo de Jerusalén con la magnificencia digna del Señor, exclamó: No se prepara la morada para un hombre cualquiera, sino para Dios (I Par. XXIX, 1). Ahora, el Soberano Creador había destinado a María para Madre de su propio Hijo. ¿No debía entonces adornarle el alma con todas las virtudes, haciéndola digna morada de Dios?

      “Afirma el beato Dionisio el Cartujo: El divino artífice del universo quería preparar para su Hijo una digna morada, y por eso adornó a María con las gracias más encantadoras. Sobre esta verdad, nos da certeza la Santa Madre Iglesia. En la oración, después de la Salve Regina, declara que Dios preparó el cuerpo y el alma de la Santísima Virgen para ser en la tierra la digna morada de su Unigénito”(17).


La morada del Rey crucificado

      Finalmente, otro aspecto, tal vez el más sublime, de María Santísima en cuanto casa de Dios, nos lo presenta San Ambrosio, el padre de la Mariología occidental. Comentando el Evangelio de San Lucas (XXIII, 33-49), Él designó a Nuestra Señora, junto a la Cruz como “la morada del Rey”(18).

      Con respecto a esto, observa el benedictino D. Manuel Bonaño: “La Virgen es la corte, el palacio, la morada por excelencia del gran Rey. A los pies de la Cruz, cuando Nuestro Señor es abandonado por todos, Ella continua siendo su morada, como lo fue en la Encarnación”(19).


+ CON LAS SIETE COLUMNAS DE LA ESCRITURA...

      Este homenaje es consecuencia de lo anterior, donde llamamos a Nuestra Señora digna morada de Dios.

      En efecto, así reza el libro de los Proverbios (IX,1): “La Sabiduría se edificó una casa para Sí, levanto siete columnas”.


Las siete virtudes de María

      Escuchemos al Padre Ségneri, S.J. interpretando este pasaje de la Escritura:

      “Las siete columnas que la Sabiduría labró para el embellecimiento de su casa, son las siete virtudes que adornan el alma de María, siete virtudes principales en las que se condensan todas las demás. María poseyó en grado sumo la fe, la esperanza, la caridad, la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza.

      “Las tres primeras son aquellas virtudes que llamamos teologales, sobrenaturales, divinas, porque no las encontramos sino en un alma elevada por la gracia en la participación de la naturaleza divina. Las otras cuatro virtudes son las que denominamos cardinales, y que podemos llamar también naturales y morales, dado que se encuentran en el hombre considerado en su estado natural, y que todavía no ha sido potenciado por la gracia.

      “Ahora bien, estas virtudes jamás fueron vacilantes en la Santísima Virgen como están en nosotros. Por el contrario, fueron en María como sólidas columnas que nada puede derribar. Confirmada en gracia, Ella ignoraba esa perturbación moral íntima que nos hace vacilar, constantemente entre el bien y el mal: «Ego confirmavi columnas ejus» (Sl LXXIV,3).

      “El Espíritu Santo dice que la propia Sabiduría talló las siete columnas de su casa para darnos a entender que esas columnas no debían ser obra vulgar, sino rara, singular, extraordinaria. Quiere esto decir que las mismas virtudes que son comunes a todos los justos, tuvieron en la Santísima Virgen un carácter de excelencia muy particular, que fueron de un orden superior a las virtudes que normalmente poseen los Santos. María debería tener la fe, la esperanza, la caridad y todas las otras virtudes en grado más eminente de lo que las tuvo Adán, para satisfacer con mayor exactitud y disposición los deseos del Señor, por lo que desde toda la eternidad, descansaron sobre Ella sus ojos y La escogió por Madre”(20).

 

Fe en la Santísima Trinidad

      Muy parecido es el pensamiento de San Bernardo al discurrir sobre lo expuesto de los Proverbios:

      “¿Qué significa esculpir siete columnas (en su casa) sino la de hacer una digna morada con la fe y las buenas obras?. El número tres ciertamente pertenece a la fe en la Santísima Trinidad, y el cuatro a las cuatro principales virtudes. Que estuvo la Santísima Trinidad en María (me refiero a la presencia en la majestad), en la que únicamente el Hijo estaba para tomar la naturaleza humana, lo confirma San Gabriel, quien descubriendo los misterios ocultos, dice: «Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo»; y a continuación «El Espíritu santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc.I 28-35). Así pues, tiene al Señor, tiene la virtud del Altísimo, tiene al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. No puede estar el Padre sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre, y sin los dos El que procede de ambos, el Espíritu Santo, según lo dice el mismo Hijo: «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí». Y también «el Padre, que permanece en mí, Él obra milagros» (Jn. 14,10). Está claro, entonces, que en el Corazón de la Virgen estuvo la fe en la Santísima Trinidad.


Las virtudes cardinales de la Virgen

      “Debemos ver ahora porqué Ella tuvo las cuatro virtudes cardinales como cuatro columnas.

* Fortaleza

      “Primero, veamos si tuvo fortaleza. ¿Cómo puede estar alejada de esta virtud, la que apartada de las ostentaciones profanas y despreciados los deleites de la carne, se propuso vivir sólo para Dios virginalmente? Si no me equivoco esta es la Virgen de la que se lee en Salomón: «¿Quién hallará mujer fuerte? Ciertamente, su precio es incalculable» (Prov XXXI, 10). La que fue tan valiente que aplastó la cabeza de aquella serpiente a quien dice el Señor: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; y Ella te aplastará la cabeza» (Gen. III, 15).

* Templanza

      “Que fue moderada, prudente, justa, lo comprobamos a la clara luz del Ángel en su plática y en su respuesta. Habiéndola saludado el Ángel con tanto honor, diciéndola: «Dios te salve llena de gracia», no se mostró altiva ni soberbia por ser bendecida por un privilegio singular de la gracia; muy al contrario, se calló y consideró en su interior lo que significaba aquella insólita cortesía. ¿Qué otra cosa resalta así sino es la templanza?

* Prudencia

      “Incluso cuando el mismo Ángel le aclaraba los misterios celestiales, preguntó con rapidez cómo concebiría y daría a luz, la que no conocía varón; y así, sin duda alguna, fue prudente.

* Justicia

      “Da una señal de justicia cuando se confiesa esclava del Señor (Lc.I 28-38). Que la confesión es propia de los justos lo atestigua aquel que dice: «Con todo eso, los justos confesarán tu nombre y los rectos vivirán en tu presencia» (Sl. CXXXIX,14); y en otra parte se dice de los mismos: «Y diréis en la confesión: todas las obras del Señor son excelsas» (Ecli. XXXIX,21).

“Fue, pues, la Bienaventurada Virgen María firme en el propósito, moderada en el silencio, prudente en la interrogación, justa en la confesión. Por lo tanto, con estas cuatro columnas y las tres anteriores de la fe, la Sabiduría Celestial construyó en Ella una casa para Sí misma”(21).

 

Columnas que sustentanla sabiduría de la Santísima Virgen

Otra interesante interpretación de la alabanza expresada en el encabezamiento, se lo debemos a la ilustre pluma del Cardenal Lepicier. Comentando el don de sabiduría con que el Espíritu Santo adornó el alma de la Santísima Virgen, escribe:

      “Cuando leemos que la Sabiduría edificó para Sí misma una casa y levantó siete columnas, debemos entenderlo como si la espiritual y celestial sabiduría de María hubiera sido señalada con siete características que son, por así decir, otros tantos fundamentos suyos.

      “La Sabiduría de lo alto es, antes que nada, pura; después pacífica, modesta, dócil, actuando lo mismo que los buenos y llena de misericordia y de excelentes frutos; sin el hábito de criticar y ajena a la hipocresía.

      “Pensemos qué sólidas deberían ser las bases de estas siete columnas en María y con qué majestad se levantaba sobre ellas su sabiduría”(22).


+ DEL TEMPLO A LA MESA OS ADORNÓ EN FIGURA

      Este honor que rendimos a la Santísima Virgen se relaciona con el siguiente pasaje del Éxodo(XXV, 23-30), cuando en lo alto del Sinaí, el Señor ordenó a Moisés la construcción del Tabernáculo, destinado al culto divino:

      “Harás también una mesa de madera de acacia(23), que tenga dos codos de longitud(24), uno de latitud y codo y medio de altura. Y la cubrirás con láminas de oro purísimo, la ceñirás con una guirnalda de oro. Harás a su alrededor un reborde de un palmo y labrarás con él otra guirnalda de oro.

      “Harás asimismo cuatro anillos de oro, y los pondrás en las cuatro esquinas de la mesa, uno en cada pie. Los anillos de oro estarán debajo de la guirnalda para meter por ellos las varas, a fin de que la mesa pueda ser transportada. Harás también de madera de acacia estas varas, cubriéndolas con planchas de oro, y servirán para llevar la mesa. Prepararás también de oro purísimo, tazas y redomas; incensarios y copas en que se han de ofrecer las libaciones. Y sobre la mesa siempre tendrás puesto ante mi presencia los panes de la proposición.”

      Los doce panes de la proposición representaban las doce tribus de Israel, que así, quedaban simbólicamente en continuo homenaje ante el Creador. Esos panes sólo se podían consumir por las personas consagradas al servicio divino, como eran los sacerdotes y levitas(25).


La mesa sobre la que reposó el Pan de Vida

      No obstante, aquellos panes contenían un simbolismo más sublime todavía: eran imágenes del verdadero Pan del Sacrificio, Nuestro Señor Jesucristo. Y la mesa sobre la cual se encontraban representaba, a su vez, la Santa Madre de Dios. Así lo piensa el Pe. Terrien que nos dice: “Si Cristo es el pan sagrado de la proposición, el Pan vivo y vivificante, María es la mesa sobre la que Él fue puesto”(26).

      La misma idea encontramos en el Pe. Jourdain, según el cual: “María es la mesa mística, magníficamente adornada y fabricada con madera incorruptible que Dios preparó para los que se complacen en meditar las cosas divinas. Ella es la mesa santa y sagrada, portadora del Pan de vida, Jesucristo Nuestro Señor, el sustento del mundo. Por la Encarnación, trajo María [en su inmaculado seno] ese Pan que es el propio Dios, uniendo a su divinidad la naturaleza que recibimos de Adán, y comunicando a aquellos que de Él se alimentan, una nueva vida y la gracia de hacerse semejantes a Dios”(27).

 

Nuestra Señora y la Sagrada Eucaristía

      Esta última consideración pone ante nuestro espíritu la estrechísima relación que hay entre Nuestra Señora y la Sagrada Eucaristía. “Ésta, como pone de relieve D. Alastruey, es en cierto modo una extensión y complemento de la Encarnación, no únicamente porque gracias a ella Cristo está y continuará presente en la tierra hasta la consumación del mundo, sino porque además los inmensos beneficios de la Encarnación y de la Redención se unen maravillosamente en este misterio, y en él se derraman sobre los hombres.

      “María, otorgando su consentimiento en la Encarnación del Verbo, consintió, al menos implícitamente, con todas las consecuencias de la misma, entre las cuales sobresale de manera especial, por su grandeza, la Sagrada Eucaristía”(28).

      Es lo que indica San Bernardo cuando, aludiendo a la parábola del fermento o levadura que una mujer puso en tres medidas de harina (Mt. XIII,33), dice: “Estas son aquellas medidas del Evangelio, fermentadas para que se haga el pan de los Ángeles que el hombre come, el pan que fortalece el corazón humano. Dichosa la mujer, bendita entre todas las mujeres, en cuyas castísimas entrañas, con el fuego del Espíritu Santo, se coció este pan. Dichosa la mujer, repito, que en estas tres medidas introdujo la levadura de su fe”(29).

      Junto con San Bernardo, no pocos fueron los Santos y autores eclesiásticos que enaltecieron a la Santísima Virgen, porque concibió y nos dio el Pan de Vida. Por ejemplo el monje benedictino Roberto de Deutz exclama: “Cuando el Ángel dijo a María: «concebirás y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús», entonces abrió el Señor las puertas de los Cielos, e hizo llover el maná que habríamos de comer, pan del Cielo, pan de los Ángeles”(30).

      Y Ricardo de San Lorenzo: “Cristo es el Pan vivo que descendió del Cielo (Jn.VI, 32 y ss.). La Trinidad Divina mezcló el agua de la humanidad con el vino de la divinidad cuando unió la naturaleza humana y la divina, y también la Santísima Virgen cuando creyó y consintió en la unión”(31).

      En la introducción de uno de sus famosos sermones, se expresa así San Juan de Ávila: “Señora, ¿en qué veremos vuestra predilección para con nosotros? Dadnos una señal cierta de que nos amáis. «Si os amo o no -dice la Virgen-, ved lo que hice por vosotros; considerad mis obras y los frutos».

      “Ved el fruto de su vientre, el Santísimo Sacramento que de sus entrañas salió. Y entonces Ella nos dice: «Venid y comed este Pan bendito, esta Carne que mi seno engendró» ¡Con cuanta benevolencia nos convida! Si, pues, por el fruto conocemos al que nos lo dio, Vos, Señora, alcanzadnos que lo saboreemos”(32).

      Y San Pedro Damián dice: “Detengámonos aquí, hermanos míos, y pensemos en lo agradecidos que tenemos que estar con la Santísima Virgen, la Bienaventurada Madre de Dios, y la acción de gracias que debemos rendir por un beneficio tan grande; pues este Cuerpo que Ella engendró y que tuvo en su seno, este Cuerpo que Ella envolvió en pañales y alimentó con su leche, prodigándole cuidados y ternuras maternales es, digo, ese mismo Cuerpo que recibimos en el altar. Por muchos loores y alabanzas que le queramos rendir, estarán siempre muy por debajo de sus méritos, pues Ella fue quien nos preparó en sus castas entrañas la Carne purísima que se nos da en alimento”(33).


+ FUISTEIS LIBRE DEL MAL QUE AL MUNDO ATERRA

      Comentando las palabras del salmo 90: “No llegará hasta ti la desgracia, ni el castigo pasará por tu casa”, dice San Bernardo que “la verdadera vida del alma es Dios, del que únicamente puede separar el pecado. El mal de alma, ¿qué otra cosa es sino el pecado?”(34).

 

El pecado: causa de todos los males

      “El mal que aterroriza al mundo” es, pues, el pecado, que arruina todos los bienes que Dios concede a los hombres para que se unan a Él en esta vida y en la otra. Esto es lo que recalca el Pe. Texier, confirmado por las palabras de la Santísima Virgen, tomadas de revelaciones particulares:

      “En el camino que conduce a Dios, el primer obstáculo que encontramos, y el mayor, es el pecado: frena la marcha y puede arrojarnos fuera del camino. A propósito de este enemigo del Señor, María quiere darnos a conocer el sentimiento de su alma; Ella nos dirá con el salmista: «Los que amáis a Dios, aborreced el mal» (Sl. XCVI,10).

      “Lo que hace tan terrible al pecado es el hecho de que sea él la causa de todos los males.

      “«Yo soy la salud de los enfermos, declara la Santísima Virgen a María Lataste (Su vida, por Pascal Darbinis,II,199). Ahora, hay dos tipos de enfermedades; las del cuerpo y las del alma. Curo igualmente unas y otras. Todas tienen por principio el pecado. Éste, en efecto, encadenó al hombre a la muerte y a las diversas dolencias que afligen su cuerpo en las pruebas de la vida. Y, al mismo tiempo, inclinó desgraciadamente al alma humana hacia el mal».

      “¡Cuántas veces, a través de los siglos, la Santa Madre de Dios recordó a los hombres este desastroso privilegio del pecado! En La Salette, en Lourdes, Ella advirtió el gran mal contra el que es preciso protegerse, porque provoca la cólera del Altísimo y atrae los castigos sobre el mundo”(35).

 

MAL QUE ATERRA AL MUNDO

Causa de los pecados del individuo, el pecado, lo es también de los desórdenes sociales. Así nos lo indica uno de los grandes teólogos contemporáneos, Fr. Victorino Rodríguez y Rodríguez, O.P., recalcando la enseñanza del Magisterio de la Iglesia:

“Toda vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, seguramente dramática, entre el bien y el mal. (...)

“Es cierto que el desorden, comprobado tan frecuentemente en el orden social, sucede, en parte, debido a las propias tensiones que existen en las estructuras económicas, políticas y sociales. Sin embargo, en lo más profundo, se origina en la soberbia y el egoísmo de los hombres, que trastornan el ambiente social. Y donde más atacado es el orden de las cosas por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado al mal desde su nacimiento, encuentra enseguida nuevos estímulos para el pecado. [Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, nn. 13 y 25]”.

(Fr Victorino Rodríguez Rodríguez, O.P., Temas Claves de Humanismo Cristiano, Speiro, Madrid, 1984, pp. 173-174).


La única criatura en la que el demonio no tomó parte

      A respecto de cómo Nuestra Señora fue “libre del mal que al mundo horroriza”, es también categórica la enseñanza del P. Domingos Bertetto, S.D.B.:

      “Entre los seres humanos, María es la única de quien se puede decir: «Satanás no tuvo en Ella parte alguna. Todo en Ella pertenece a Dios».

      “Efectivamente, no sólo es admirable en Ella la inocencia original y la ausencia de todo pecado mortal, sino también la inmunidad de cualquier culpa venial, así como de la más mínima imperfección moral. Esto se debe -dice el Concilio de Trento-, a un «especial privilegio de Dios», que la Iglesia considera que le fue concedido a la Santísima Virgen (cfr. Sess VI, can. 23, Denz, 833).

      “De hecho, a la Virgen María le convenía aquella pureza moral reclamada por su prerrogativa de Madre de Jesús, Cordero sin mancha, nacido para abolir el pecado en el mundo. (...)

      “Por eso la saludó el Arcángel como la llena de gracia y de presencia del Señor: «¿Qué defecto -dice San Pedro Damián- podría caber en la mente y en el cuerpo de Aquella que, tal como es el Cielo, fue el sagrario de toda la Divinidad?».

      “María, por consiguiente, actuó siempre bajo la inspiración y el impulso del Espíritu Santo, de manera que «nunca quiso otra cosa sino aquello que le mostraba la Divina Sabiduría -añade San Bernardino de Siena-, y siempre amó a Dios cuanto sabía que debía amarlo». Por esto hay que excluir de Ella todas las imperfecciones morales”(36). 

 

Privilegiada y singular santidad

      Acerca de la incomprensible santidad de la Madre de Dios, se encuentran otros fervorosos testimonios consignados en las páginas de la Mariología. Podemos citar, por ejemplo, el de San Bernardo: “Creo que descendió sobre Ella una abundantísima bendición santificadora, que no sólo la santificó en su nacimiento, sino que también la conservó inmune durante su vida de todo pecado; lo cual se cree que no fue concedido a ningún otro nacido de mujer. Era preciso a la Reina de las vírgenes el privilegio de una santidad especial, por cuya virtud transcurriera toda su existencia sin un solo pecado, para que de este modo, la que habría de dar a luz al Vencedor de la muerte y del pecado, obtuviese para todos el don de la vida y de la justicia”(37).

      Enumerando los excelsos privilegios de Nuestra Señora, escribe el P. Mathias Faber, S.J. (Siglo XVII):

      “La cuarta estrella de la corona de María fue la inmunidad de todo pecado actual, incluso el venial. Los Santos Padres multiplican sus testimonios sobre este punto. San Agustín muestra en el libro De la naturaleza y de la gracia, que no quiere, en absoluto, que se haga mención, cada vez que se trate del pecado, a la Bienaventurada Virgen María. San Bernardo, San Buenaventura, San Ambrosio, San Efrén, todos, en fin, se expresan al respecto en el mismo sentido. Además, el Ángel en la Anunciación, ¿no lo indicó con toda claridad cuando le dijo a María: «Ave María, llena de gracia»?

      “Mientras andamos por los cenagosos caminos de este mundo, nosotros los hombres, (...) no podemos vivir mucho tiempo sin caer en alguna falta, a causa de los continuos cambios de la concupiscencia, que nos excita al pecado. No fue, pues, digno de la Madre de Dios el estar sujeta a esta enfermedad. Si hubiese Ella cometido un sólo pecado, ¿se hubiera podido convertir en la Madre de Dios que bajó a la tierra para extirpar todo pecado? ¿No sería esa falta algo ignominioso para su Hijo?

      “María fue impecable y confirmada en gracia de modo tan perfecto, que no podía pecar, ni siquiera venialmente. Esta es la enseñanza de los doctores y de la Santa Madre Iglesia, que celebra la Concepción y la Natividad de la Madre de Dios, y atestigua su creencia en la incontestable santidad de María, no sólo en su nacimiento, sino también en el primer instante de su Purísima e Inmaculada Concepción”(38).

      Y una vez más la célebre y hermosa opinión del Doctor Angélico:

     “Aquellos a los que Dios elige para una misión, los prepara de tal forma que sean idóneos para poder desempeñarla.

      “Ahora bien, la Bienaventurada Virgen María fue escogida por Dios para ser su Madre y no hay duda alguna de que Él la hizo, por la gracia, apta para semejante misión, según las palabras del Ángel: «Hallasteis gracia delante de Dios y he aquí que concebirás», etc. Con toda seguridad no hubiera resultado idónea si hubiese pecado, bien porque la honra de los padres recae en los hijos, y, al contrario, recae en el hijo la ignominia de la madre; bien por la afinidad de la Virgen con Cristo que de Ella recibió la Carne, pues se dice en la segunda carta a los Corintios: «¿Qué armonía puede existir entre Cristo y el diablo?»; bien también porque de manera singular, el Hijo de Dios, que es la Sabiduría Divina, habitó en Ella, y no sólo en su alma, sino también en su seno. Y en el libro de la Sabiduría se dice: «La Sabiduría no entrará en el alma perversa, ni habitará en el cuerpo esclavo del pecado».

      “De manera que debemos decir categóricamente que la Bienaventurada Virgen María no cometió ningún pecado actual, mortal ni venial, para que en Ella se cumpla lo que se lee en el Cantar de los Cantares: «Sois toda hermosa, amiga mía, y no hay en ti mancha alguna»”(39).

 

+ EN EL SENO MATERNO, SIEMPRE SANTA

      Afirma un eminente mariólogo que “la remisión del pecado original no se puede verificar sin la acción y efecto de la gracia santificante. Por eso, la Inmaculada Concepción no se distingue, en realidad, de la primera santificación de la Madre de Dios y puede llamarse su gracia original”(40).


María, Santa desde el primer instante de su ser natural

      Los Santos y otros destacados autores, expresan de distinta forma esta doctrina.

      En uno de sus arrebatadores sermones dedicado a Nuestra Señora, Santo Tomás de Villanueva enseña: “Era necesario que la Madre de Dios fuese también purísima, sin mancha, sin pecado. Y no sólo cuando era adolescente, sino desde pequeñita fue santísima, y santísima en el seno de su madre, y santísima en su Concepción. Pues no era conveniente que el santuario de Dios, la mansión de la Sabiduría, el relicario del Espíritu Santo, la urna del maná celestial, tuviese en sí la más mínima mancha. Por lo que antes de recibir aquella alma santísima fue completamente purificada la carne hasta del residuo de toda mancha, y así, al ser infundida el alma, no heredó ni contrajo por la carne mancha alguna de pecado como está escrito: «Quedó su casa en paz»(Sl.LXXV,3). Es decir, la mansión de la Divina Sabiduría fue construida sin inclinación para el pecado”(41).

      Al señalar los principales privilegios que acompañaron a la Inmaculada Concepción de María, escribe San Juan Eudes:

      “La gloriosa Virgen no sólo fue preservada del pecado original en su Concepción, sino que también fue adornada con la justicia original y confirmada en gracia desde el primer instante de su vida, según muchos eminentes teólogos, para ser más digna al concebir y dar a luz al Salvador del mundo. Privilegio que jamás fue concedido a criatura alguna, ni humana ni angélica, reservado únicamente a la Madre del Santo de los Santos, después de su Hijo Jesús. (...)

      “Todas las virtudes, con todos los dones y frutos del Espíritu Santo, y las ocho bienaventuranzas evangélicas se encuentran en el Corazón de María desde el momento de su Concepción, de manera completa y estableciendo en Ella su trono en un grado altísimo y proporcionado a la eminencia de su gracia”(42).

      San Alfonso Mª de Ligorio, a su vez, comenta:

      “Nuestra niña celestial, tanto por su oficio de medianera del mundo, como a la vista de su vocación de Madre del Redentor, recibió, desde el primer instante de su vida, una gracia mayor que la de todos los Santos juntos. ¡Y que admirable espectáculo para el Cielo y para la tierra, sería el alma de esa bienaventurada niña, encerrada en el seno de su madre! Era la criatura más amable a los ojos de Dios, pues, llena de gracias y méritos, podía decir: «Cuando era niña, agradé al Altísimo». Y al mismo tiempo era la criatura más amante de Dios, de cuantas hasta entonces habían existido.

      “Habiendo nacido inmediatamente después de su Inmaculada Concepción, ya vino al mundo más rica y más santa que toda la corte de los Santos. Imaginemos ahora ¡cuánto más santa nació la Virgen, viendo la luz del mundo después de nueve meses, que pasó adquiriendo nuevos merecimientos en el seno materno!”(43).


Preciosa perla en el seno de Santa Ana

Con su gracioso estilo el Pe. Manuel Bernardes nos presenta a María en el seno materno siempre santa:

“Una perla dio la reina Cleopatra a Marco Antonio, que se valoraba en muchos miles de talentos. ¿En cuánto valoraríamos nosotros esta perla animada que se formó en la concha del vientre de Santa Ana? Existen perlas en la India, que, debido a su diferente grandeza y forma, se llaman perlas Avemarías y perlas Padrenuestros. ¿Qué riquezas se descubrirían hoy en la casa de la gloriosísima y felicísima madre Santa Ana, de donde nos vino tal perla Avemaría, que nos dio tal perla Padrenuestro? Aunque todo el firmamento fuese un libro (como lo considera San Juan en el Apocalipsis), y se escribiese todo con letras, no sumaría el valor de estas dos perlas. Porque, así como decimos, y es cierto, todo lo que debemos a Cristo, Hijo de Dios, debemos, también, a María, escogida para Madre de Dios, y que fue la que dio los pies a Dios, para andar con los hombres en la Tierra”(44).

_____________________

1. ) Dionisio, el Cartujo, en San Alfonso María de Ligorio, Glorias de María, p.158.

2. ) Fr. Royo Marín, op.cit., p.51.

3. ) Cfr. Pe. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. III, p. 125.

4. ) Del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, ... con comentarios [Ed. Paulinas], pp. 89-90..

5. ) San Efrén, Serm. de Ss. Dei Genitr. V. M. Laudibus, apud D.Alastruey, op. cit., p. 304..

6. ) San Ildefonso, Serm. 1, De Assumpt. B. M., ídem, ibid.

7. ) Abad Raimundo Jordán, Contempl. de B. Virgine, 8, ídem, ibid.

8. ) Santa Catalina de Siena, El Diálogo, B.A.C., Madrid, 1955, pp. 600-601.

9. ) San Bernardo, op.cit., t. I, pp. 711-712.

10. ) Padre Gabriel Roschini, Instrucciones marianas, Ed. Paulinas, São Paulo, 1960, pp. 167-168.

11. ) D. Alastruey, op.cit., p. 304.

12. ) D. Alastruey, op.cit., pp. 305-306.

13. ) Padre Z.-C. Jourdain, op.cit., t. III, pp. 124-128.

14. ) San Bernardo, op.cit., t. I, p. 1070.

15. ) Padre Paulo Ségneri, S.J., Meditaciones, apud P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. VIII, pp. 1-2.

16. ) Padre. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, p. 132; t. V, pp. 39-40, t. III, pp. 247-248.

17. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit., p. 192.

18. ) San Ambrosio, Obras, B.A.C., Madrid, 1966, t. I, p. 612..

19. ) D. Manuel Bonaño, in San Ambrosio, op.cit., p. 612, nota 47.

20. ) Padre Paulo Ségneri, S.J., Meditaciones, apud P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. VIII, pp. 3-4.

21. ) San Bernardo, op.cit., t. I, pp. 1071-1072.

22. ) Cardenal Lépicier, Il piú bel fiore del Paradiso, pp. 68-69, apud P. Roschini,op.cit., p. 180.

23. ) Madera de Acacia nilótica. En toda la región del Sinaí, este es el único árbol que puede servir para la construcción. (Nota de P. Matos Soares, en la Biblia traducida y comentada por él).

24. ) Antigua medida de longitud, que tenía tres palmos, equivalente a 66 cm.

25. ) Cfr. Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, ... con comentarios [Ed. Paulinas], p. 92.

26. ) Padre J. B. Terrien, op.cit., parte I, t. I, p. 120.

27. ) Padre Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, pp. 467-468.

28. ) D. Alastruey, op.cit., p. 678.

29. ) San Bernardo, op.cit., t. I, p. 278.

30. ) Ruperto de Deutz, De gloria et hon. Filii hominis, apud D. Alastruey, op. cit., pp. 677-678.

31. ) Ricardo de San Lorenzo, De laud. B. Mariae, t. I, apud D. Alastruey, op. cit., p. 678

32. ) San Juan de Ávila, Obras Completas, B.A.C., Madrid, 1853, t. II, pp. 911-912.

33. ) Padre Z.-C. Jourdain, op.cit., t. II, p. 641; t. X, pp. 795-797.

34. ) San Bernardo, Obras Completas, t. I, p. 424.

35. ) Padre Texier, Les Paroles de la Sainte Vierge, Librairie Religieuse H. Oudin, París, 1913, t. II, pp. 283-285.

36. ) Padre Domingos Bertetto, S.D.B., La Virgen Inmaculada Auxiliadora, Centro de las Ediciones Salesianas, Oporto, 1957, pp. 15-16.

37. ) San Bernardo, op.cit., t. II, p. 1179.

38. ) Padre Mathias Faber, S.J., In Festo Conceptionis B.V.M., apud P. Z.-C. Jourdain, op. cit., t. V, pp. 69-70.

39. ) Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, t. XII, pp. 32-33.

40. ) D. Alastruey, op.cit., p. 260.

41. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit., p. 210.

42. ) San Juan Eudes, op.cit., pp. 63 y 66.

43. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit., p. 214.

44. ) Padre Manuel Bernardes, Las más bellas páginas de Bernardes (2000 Trechos seleccionados por Mario Ritter Nunes), Mejoramientos, São Paulo, 1996, p. 412.


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+ PUERTA DE LOS SANTOS

Los Santos, criaturas de María

“Los Santos son las obras-primas de la gracia y como milagros vivos y eternos de la gloria. Ahora, se puede afirmar que todos ellos son también criaturas de María. Dios nos lo hizo comprender, cuando deseó que Juan, el mayor entre los hijos de los hombres, fuese santificado por la palabra de esta augusta Virgen. (...)

“Se lee en la Vida de los Santos y se encuentra que, a lo largo de los siglos, María fue para ellos lo que Ella había sido para San Juan Bautista y los primeros Apóstoles.

“¿Quién podrá contar las almas puras cuya inocencia Ella protege, y los pecadores que Ella reconduce, cada día, por el camino de la salvación? He ahí las obras de su misericordia (...) y de su omnipotencia.

“Agradezcamos al Señor el habernos dado una Señora tan capaz de instruirnos y tan llena de benevolencia para con nosotros. ¡Qué provecho no sacaremos de sus lecciones si le prestamos atentos oídos, si nos esforzamos en seguir sus preceptos y en imitar los ejemplos de sus virtudes!

“Consideremos a los Santos: ellos escuchan a María, se amparan bajo su protección, imitan sus ejemplos, y se elevan a una perfección que los aproxima a los Querubines y los Serafines”(1).

 

María es necesaria a los hombres para llegar hasta su último fin”

Entre los que alcanzaron ese altísimo grado de virtud, por medio de la acrisolada devoción a la Inmaculada Virgen, se encuentra el gran San Luis Mª Grignion de Montfort, que nos dejó estas palabras eternas:

“La Santísima Virgen siendo necesaria para Dios, por una necesidad llamada hipotética, debido a su voluntad, es mucho más necesaria a los hombres para que lleguen hasta su último fin. No confundamos, por tanto, la devoción a la Santísima Virgen con la devoción a otros Santos, como si no fuese más necesaria que a la de éstos, y sólo de superrogación.

“El docto y piadoso Suárez, de la Compañía de Jesús, el sabio y devoto Justo Lipsio, doctor de la Universidad de Louvaina, y muchos otros, probaron de una manera incontestable, apoyados en la opinión de los Santos Padres (...) que la devoción a la Santísima Virgen es necesaria para la salvación, y que es una señal infalible para la condenación — opinión del propio Ecolampadio y otros herejes — no tener estima y amor a la Santísima Virgen. Al contrario, es un indicio certero de predestinación ser completa y verdaderamente devoto de ella

“Las figuras y las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento lo prueban; la opinión y los ejemplos de los Santos lo confirman; la razón y la experiencia lo enseñan y lo demuestran; el propio demonio y sus secuaces, forzados por la verdad, se ven obligados muchas veces a confesarlo, muy a su pesar. De todos los escritos de los Santos Padres y de los doctores que recopilé para demostrar esta verdad, cito sólo uno, para no alargarme: «Tibi devotum esse, est arma quaedam salutis quae Deus his dat quos vult salvos fieri...» (San Juan Damasceno), — «ser devoto vuestro, oh Virgen Santísima, es un arma de salvación que Dios da a aquellos que quiere salvar».

“Podría repetir aquí varias historias que prueban lo que afirmo.

“Entre otras aquella que viene narrada (...) en las crónicas de Santo Domingo: Cuando el Santo predicaba el Rosario en las cercanías de Carcassona, quince mil demonios, que poseían el alma de un infeliz hereje, fueron obligados, por orden de María Santísima, a confesar muchas verdades extraordinarias y consoladoras, referentes a la devoción a María.

“Y ellos, para su propia confusión, lo hicieron con tanto ardor y claridad, que no se puede leer esa auténtica narración y el panegírico que el demonio, contra su propia voluntad, hizo de la devoción mariana, sin derramar lágrimas de alegría, aunque se sea poco devoto de la Santísima Virgen.

ENTRANDO EN EL PARAÍSO
DE LAS MANOS DE MARÍA


      “Se cuenta en las crónicas franciscanas, que Fray León tuvo una visión y en ella vio dos escaleras, una blanca y otra roja. Sobre la segunda se hallaba Jesucristo y sobre la primera su Santísima Madre. Reparó que algunos intentaban subir por la escalera roja y después de trepar algunos escalones caían; volvían a subir y caían otra vez.

      “Fueron avisados de que debían ascender por la escalera blanca, y por esa, los vio subir dichosos, porque la Santísima Virgen les daba la mano y así llegaban seguros al Paraíso”

(San Alfonso Mª de Ligorio, Glorias de María Santísima,p.161)

 

Devoción especialmente necesaria para los Santos

“Si la devoción a la Santísima Virgen es necesaria para que todos los hombres consigan sencillamente la salvación, es aún mayor para aquellos que son llamados a una perfección particular; y no creo que nadie pueda conseguir una unión íntima con Nuestro Señor y una perfecta fidelidad al Espíritu Santo, sin una grandísima unión con la Santísima Virgen y una total dependencia de su auxilio. (...)

“El Altísimo la hizo tesorera de todos sus bienes, dispensadora de sus gracias, para ennoblecer, elevar y enriquecer a quien ella quiera, para hacer entrar a quien ella quiera por el camino estrecho del Cielo, para deja pasar, a pesar de todo, quien ella quiera por la puerta estrecha de la vida eterna, y para dar el trono, el cetro y la corona de rey a quien ella quiera. (...)

“Dios confió sólo a María las llaves de los graneros del divino amor, y el poder para entrar en las vías más sublimes y más secretas de la perfección, y hacer que otros entren en esos caminos. Sólo María da a los miserables hijos de la Eva traidora la entrada en el Paraíso Terrestre, para que ahí estén agradablemente con Dios, para que ahí se oculten seguros de sus enemigos, para que ahí, sin temor a la muerte, se alimenten de los deliciosos frutos de los árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal, y para que saboreen las aguas celestiales de esta hermosa fuente que mana tan abundante; o mejor, como ella misma es ese Paraíso Terrestre o esa tierra virgen y bendita, de la que Adán y Eva, pecadores, fueron expulsados, sólo ella da entrada a aquellos que a ella le place dejar entrar, y hacerlos santos”(2).

 

+ EVA, MADRE DE LA VIDA

La segunda y verdadera Eva

“De la misma manera que Jesucristo fue llamado por los Padres el nuevo Adán, así también la Virgen fue llamada la nueva Eva. La primera Eva fue la madre de todos los vivientes en el orden de la naturaleza; la segunda Eva, María, lo fue en el orden inconmensurablemente superior de la gracia. Si echamos, no obstante, una mirada a la primera mujer después del pecado, vemos que María se nos aparece totalmente diferente.

“En efecto, Eva, hablando con el ángel de las tinieblas, que se le apareció bajo la forma de una serpiente, consintió en la corrupción y arruinó a todo el género humano. María, al contrario, hablando con el Ángel de la luz, consintió en la reparación del género humano y lo salvó. Eva ofreció al hombre el fruto de la muerte; María, al contrario, le dio el fruto de la vida. Eva fue medianera de la muerte, María fue medianera de la vida”(3).

Ya en el siglo II encontramos establecida esta doctrina por la autoridad de San Ireneo de Lyon, que escribió: “La Humanidad recibió un nuevo Progenitor (Jesús), que ocupa el sitio del primer Adán. Pero como la primera mujer también estaba implicada en la caída [del hombre] por su desobediencia, el proceso curativo comienza así mismo con la obediencia de una mujer. Dando la vida al nuevo Adán, ella viene a ser la verdadera Eva, la verdadera Madre de los vivientes y la causa de nuestra salvación”(4).

Y San Epifanio, en el siglo IV, dejó esta enseñanza: “Eva fue para todos los hombres la raíz funesta de la muerte y la ruina, porque por ella la muerte se introdujo en el mundo. María fue para ellos la fuente de la vida, ya que por ella nos fue restituida la vida, y por su mediación el Hijo de Dios vino al mundo”(5).

Haciéndonos eco de la tradición cristiana, el Padre Bernardes se expresa de la siguiente manera: “Laméntense y lloren los mortales, en cuanto hijos de Eva, porque de Eva nada nos sirvió de provecho excepto la descendencia y progenitura de María. Pero consuélense, en cuanto hijos de María, porque María nos vivificó por Cristo y, por el mismo Cristo ya vivificada para la inmortalidad, nos está llamando e invitando para participar de su misma vida”(6).

También el Padre De la Boullaya, S.J., en uno de sus célebres sermones en la catedral de París, reafirma la sentencia de los Santos y doctores: “en los orígenes del mundo, Adán llamó a su esposa Eva, que quiere decir, madre de los vivientes. Adán y Eva, Dios os creó para ser el padre y la madre de nuestra raza. Fuisteis, no obstante, los asesinos, pues la vida sobrenatural que nos debisteis transmitir, la extinguisteis en vosotros mismos.

“Nuestro verdadero Padre, aquel que devolvió a nuestras almas esta savia de vida divina, la gracia, es Cristo; nuestra verdadera Madre es la Virgen que Lo atrajo del Cielo para este mundo. Sí, Madre con toda la expresión del término, porque es a ella, después de Jesús, a quien debemos la vida. Madre no adoptiva, sino real, aún cuando sea en el orden espiritual, porque debemos a sus actos personales el volver a ser hijos de Dios, y el poder llamar verdaderamente nuestro hermano a Jesús, su Hijo muy amado”(7).

 

María es nuestra vida

Con su esclarecida sabiduría de doctor de la Iglesia, San Alfonso Mª de Ligorio, nos da a conocer los motivos más profundos por los que Nuestra Señora es la verdadera Eva, la Madre de la vida:

“Para la exacta comprensión de las razones de porqué la Santa Iglesia nos manda que llamemos a María nuestra vida, es necesario saber que, así como el alma da la vida al cuerpo, así también la gracia divina da vida al alma. Un alma sin la gracia divina sólo tiene de vida el nombre, pues en realidad está muerta. Obteniendo María, por su intercesión, la gracia a los pecadores, de este modo les da la vida.

“Oigamos las palabras que la Iglesia le pone en los labios, aplicándole el siguiente pasaje de los Proverbios: «Los que están vigilantes desde el amanecer para buscarme, me encontrarán» (VIII,7). «Los que recurren a mí desde la mañana, esto es, sin demora, con certeza me encontrarán». O, según la traducción griega, «encontrarán la gracia». De modo que recurrir a María es recobrar la gracia de Dios. Por eso leemos más adelante: «Quien me halla, encuentra la vida, y recibirá del Señor la salvación» (Prov. VIII, 25). Oídlo los que buscáis el Reino de Dios, añade San Buenaventura, honrad a la Santísima Virgen María y hallareis la vida juntamente con la salvación eterna. (...) De ahí las palabras de San Germán: «¡Oh Madre de Dios! vuestra protección es la causa de la inmortalidad; vuestra intercesión, la vida»”(8).

Así, podemos concluir con el Pe. Chevalier:

“La sangre se distribuye siempre desde el corazón por todo el cuerpo y siempre a través de una misma arteria principal, antes de pasar a las secundarias. La sangre es la imagen de la vida divina. Esta vida nos viene del Sagrado Corazón, por medio de esta arteria única, que es María, Madre de los vivientes. Ahora, no vemos ni el corazón, ni la arteria, ni la fuente, ni el canal primero; la propia sangre no la vemos. En el cielo veremos todas estas maravillas. Pero aunque fuesen visibles, ellas no cambiarían. La fuente siempre será la misma, siempre la misma arteria. La diferencia es que veremos, y esta visión será nuestra eterna felicidad.

“Dios, Jesús y María se nos aparecerán en toda su gloria. Dios, fuente de vida, sin fin y sin orillas, manantial que brota totalmente en Jesús, y de Jesús se comunica a todos sus elegidos, por medio de María. Inmensa y maravillosa sociedad; maravillosa por el número de sus miembros, por la belleza de cada uno; maravillosa también por su perfecta unidad: ¡una sola vida!; ¡un sólo cuerpo!, ¡una sola cabeza! y ¡un sólo corazón!. Y ese todo, de prodigiosa variedad en una extraordinaria unidad, será el propio Cristo.

“Y María aparecerá como Madre de ese Cristo, Madre de los Ángeles, Madre de todos y de cada uno de los elegidos. No habrá otra vida sino la dada por María; y nosotros la contemplaremos como ella es: ¡la Madre de la vida!(9).

 


PORTENTOSO MILAGRO
OBRADO
POR LA “MADRE DE LA VIDA”

Ampliando sus meditaciones sobre Nuestra Señora, Madre de la vida, el Padre Jourdain las ilustra con este extraordinario ejemplo:

“María, no contenta con procurarnos la vida de la gracia, se complace en socorrernos también en los peligros que amenazan nuestra vida natural. ¡Cuántos enfermos le deben su curación! ¡Cuántos infelices a punto de morir inevitablemente, fueron salvados por ella! (...)

“Permitidme que os relate un hecho antiguo, poco conocido.

“Un sacerdote de Eslovenia, devotísimo de la Santísima Virgen, dejó su país para peregrinar a Nuestra Señora de Loreto, Tuvo la desgracia, en el camino, de caer en mano de los turcos que infestaban las costas de Italia. Como no dejaba de invocar a María, y de decir que la amaba con todo su corazón, los infieles le abrieron el pecho, le arrancaron el corazón y se lo entregaron, ordenándole que fuera a ofrecérselo él mismo a Aquella a quien tanto amaba.

“¡Oh milagro!. Ese fiel servidor de María no murió. Aprovechando la libertad que le dieron sus verdugos, pudo arrastrarse durante algunos días y llegar a Loreto. Depositó su corazón (todavía incorrupto) a los pies del altar de María, recibió la Sagrada Comunión y expiró.

“Aquí está la demostración de cómo María es la Madre de la vida. Ella, por un milagro estremecedor, contrariando todas la leyes de la naturaleza, conservó la vida de su muy amado servidor, para que él pudiera cumplir su voto.

“María es, por tanto, la Madre de la vida temporal, espiritual y eterna, que ella nos obtiene con su intercesión”.

(Pe. Z.C. Jourdain, Somme de Grandeurs de Marie, t.V, pp.123-124.)

 

+ ESTRELLA DE JACOB APARECIDA

Cuenta el Libro de los Números (XXII y ss.) que los judíos, camino de la tierra prometida, acamparon en las llanuras de Moab, donde se halla situada Jericó, más allá del Jordán. A la vista del pueblo de Israel que hacia allí se dirigía, Balac, rey de los moabitas, temiendo por los habitantes de sus territorios, mandó embajadores a Balaam, adivino del país de Amón, rogándole que viniera para maldecir a los israelitas.

A pesar de todo, de los labios del adivino, por obra de Dios, salieron palabras de bendición, y con cuatro oráculos profetizó acerca de los destinos de aquel pueblo que “cubría la faz de la tierra”.

En el cuarto y último vaticinio, Balaam, hijo de Beor, pronunció estas palabras: “Nacerá una estrella de Jacob, y se levantará una vara de Israel, y herirá a los capitanes de Moab...” (Núm. XXIV, 17).

 

María, la estrella de Jacob

El célebre mariólogo francés, Auguste Nicolas, se refiere en estos términos a esa prefigura de la Santísima Virgen:

“He aquí la señal que despierta y siempre despertará el dulce, puro y santamente gracioso nombre de María: es el más generalizado y el menos común de todos los nombres, que se asigna y no se da jamás a los que lo llevan (tan propio es de la Virgen que lo santificó), y el cual siempre vuelve, puro de sus aplicaciones, como el rayo de luz vuelve a su estrella.

Y tal es el significado del inefable nombre de María: Estrella. Estrella del mar, estrella de la mañana, imagen delicada de la venida de María al mundo. De esta misma estrella, Balaam, quince siglos antes, pronosticaba su venida, cuando dijo, profetizando el dominio universal del Mesías: «Yo lo veré, pero no ahora; lo miraré atentamente, pero no de cerca: UNA ESTRELLA SE LEVANTARÁ DE JACOB, un cetro se alzará de Israel, herirá a los príncipes de Moab, y reinará sobre todos los hijos de Set». Profecía que todos los antiguos hebreos aplicaban unánimemente al Mesías; que, según el relato de Josefo, constituía la preocupación universal de su nación en la época de la venida de Jesucristo y que, según el mismo historiador y el Talmud, favoreció el éxito pasajero del falso Mesías Barkochebas, por el significado de este nombre, que quiere decir, hijo de la estrella.

La Estrella, cuyo verdadero Hijo reina hace 18 siglos(10) sobre todos los hijos de Set (es decir, sobre la raza humana, siendo Set el hijo de Adán), María, al levantarse sobre el horizonte del mundo, fue como la aurora de la mañana de la verdad, como el despuntar del día de fe, que difundió sobre el mundo a Jesucristo, luz eterna, como la llama de la Iglesia”(11).

 

Estrella que pone en fuga a los caudillos de Moab

Otra magistral interpretación de la Estrella de Jacob, se encuentra en San Buenaventura:

La Estrella superior que es la Bienaventurada Virgen, nos conduce a Cristo. Y de ella se entiende lo que dice el libro de los Números, con estas palabras:

«De Jacob nacerá una estrella, y de Israel se erguirá una vara que herirá a los capitanes de Moab». se llama estrella a la Bienaventurada Virgen por su perseverante e inquebrantable virtud. Por Moab se entiende a los voluptuosos. Capitanes del Moab son los demonios o pecados capitales. Esta estrella, es decir, la Bienaventurada Virgen, desbarata a los caudillos de Moab, que son los siete pecados capitales: el espíritu de soberbia, siendo humildísima; el espíritu de envidia, siendo bondadosísima; el espíritu de ira, por ser mansísima; el espíritu de pereza, por ser devotísima; el espíritu de avaricia, por su extremada generosidad; el espíritu de gula, por su moderadísima templanza, y, por último, el espíritu de lujuria, siendo como es íntegra e ilimitadamente casta.

Puso en fuga, pues, esta estrella a los caudillos de Moab”(12).

 

+ SOIS EJÉRCITO ARMADO EN ORDEN DE BATALLA

 + CONTRA LUZBEL 

 

Con el fin de expresar el pavor que la Inmaculada Madre de Dios inspira a las huestes infernales, la tradición cristiana y la liturgia católica aplican a María esta frase de la Escritura: “Terrible como un ejército en orden de batalla” (Cánt. VI,3 y 9).

 

Terrible adversaria del demonio

“Cuando un confuso ejército de rebeldes ve avanzar contra ellos a un poderoso ejército, se llena de temor a la vista de los estandartes y de las armas relucientes, y piensa más en huir que en combatir.

En el Cantar de los Cantares, María es comparada a un potentísimo ejército: «Terribilis ut castrorum acies ordinata». ¿para quién es María tan terrible?. No para los Ángeles, ni para sus fieles servidores, ni tampoco para los pobres pecadores que recurren a ella con corazón contrito y humillado. Ella es terrible para los ángeles rebeldes. Con su simple recuerdo, los demonios temen que no podrán soportar su presencia, dice el Cardenal Hugo. Y María no está sola. Están con ella todos los Santos y todos los Ángeles que forman su ejército. Ella los envía, cuando es necesario, en socorro de aquellos que la invocan. Con razón dice San Pedro Damián que María es nuestra protección contra los demonios, y San Buenaventura añade que ella es el bastón de mando del poder de Dios contra los enemigos infernales, cuyas emboscadas y ataques ella confunde y reprime”(13).

Comentando el referido párrafo del Cántico, San Juan de Ávila escribe. “La Virgen, ante ninguna adversidad, tentación o trabajo, dejó de cumplir la santa Voluntad del Señor y de andar por sus santos caminos. Como persona determinada a morir o vencer, partió victoriosa sobre todos sus enemigos y se hizo temer por ellos, hasta el punto de no osar aparecer ante ella Por eso dicen los Ángeles que María es terrible para los demonios y para los pecados como un ejército en orden de batalla(14).

Semejante comentario hace el Pe. Henry Bolo: “María, que guarda a sus hijos del peligro, los sustenta en la batalla. Toda lucha, cualquiera que sea, viene del eterno enemigo. Por toda parte por donde aparece, María tiene la misión de aplastarle la cabeza con su pie virginal. No hay ejército más terrible contra el Infierno que el de la Santísima Virgen. Ella encarna, bajo la frágil apariencia de una mujer, la virtud guerrera, la fuerza en el combate. Ya sean inmensos y mortíferos campos de batalla, manchados de sangre, confundidos por los gritos y las convulsiones, cubiertos de polvo, o bien de ese otro campo de batalla invisible que se llama la conciencia de cada uno, la victoria está asegurada si se invoca a María”(15).

 

Inflexible y terrible

Ese litigio milenario entre Nuestra Señora y el demonio fue descrito magníficamente por San Luis Mª Grignion de Montfort, en las páginas de su Tratado de la Verdadera Devoción. Transcribimos aquí algunos párrafos del mismo:

Una única enemistad puso Dios y la estableció, enemistad irreconciliable, que no sólo ha de durar, sino aumentar hasta el fin. La enemistad entre María, su dignísima Madre, y el demonio; entre los hijos y los siervos de María y los hijos y secuaces de Lucifer; de modo que María es la más terrible enemiga que Dios armó contra el demonio. Él La dio, desde el Paraíso, tanto odio a ese maldito enemigo de Dios, tanta clarividencia para descubrir la malicia de esa asquerosa serpiente, tanta fuerza para vencer, aplastar y aniquilar a ese orgulloso impío, que el temor que María inspira al demonio es mayor que el que le inspiran todos los Ángeles y todos los hombres y, en cierto modo, el propio Dios.

No es que el odio, la ira, el poder de Dios no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, sino que, en primer lugar, Satanás, porque es orgulloso, sufre incomparablemente más al ser vencido y castigado por la pequeña y humilde esclava de Dios, cuya humildad lo humilla más que el poder divino; en segundo lugar, porque Dios concedió a María tan gran poder sobre los demonios que, como muchas veces se vieron obligados a confesar , por boca de los posesos, les infunde más temor uno sólo de sus suspiros por un alma, que las oraciones de todos los Santos; y una sola de sus amenazas que todos los demás tormentos”.

 

Enemistad creciente

San Luis María Grignion dice: “Es precisamente a estas últimas y crueles persecuciones del demonio que se multiplicarán todos los días hasta el reino del Anticristo, a las que se refiere aquella primera y célebre predicción y maldición que Dios lanzó contra la serpiente en el Paraíso Terrenal (Gen.III,15): Pondré enemistad entre tiy la mujer; entre tu descendencia y la suya. Ella te aplastará la cabeza y tú tramarás traiciones en su calcañar”.

 

+ SED AMPARO Y REFUGIO PARA EL PUEBLO FIEL

 

María se hizo toda para todos

Esa total, absoluta y constante protección que la Madre de Dios nos dispensa, fue exaltada de este modo por San Bernardo: “[María] se hace toda para todos; con una extraordinaria y profusa caridad se hizo deudora de sabios e ignorantes. A todos abre el tesoro de la misericordia, para que todos reciban de su plenitud: redención para el cautivo, cura para el enfermo, consuelo para el afligido, perdón para el pecador, gracia para el justo, alegría para el Ángel, gloria para la Trinidad Santísima; y la propia persona del Hijo recibe de ella la naturaleza humana, con el fin de que no haya nadie que se escape de su calor”(16).

Y San Alfonso Mª de Ligorio, insistiendo en la necesidad de que recurramos al auxilio de María, nos aconseja una bellísima súplica: “Digan, pues, todos con gran confianza, invocando a esta Madre de misericordia, como le decía el Pseudo-Agustín: «Acordaos, ¡oh piadosísima Señora! que no se ha oído jamás, desde que el mundo es mundo, que nadie fuese de Vos desamparado. Y por eso perdonadme si os digo que no quiero ser el primer desgraciado que, recurriendo a vos, no obtenga vuestro amparo(17).

 

Refugio de los cristianos contra toda clase de enemigos

En la misma alabanza que ahora se comenta, la Virgen Santísima es también invocada como el infalible refugio de los cristianos.

“Desde el tiempo de las persecuciones -escribe Mons. Dadolle-, la Iglesia depositó su confianza en el culto que ella profesa a María. Ese culto se lee aún hoy, vivo e inmortal, sobre los muros de las catacumbas, donde están estampados en dibujos y en colores. La imagen de la Virgen Madre colocada en los principales ábsides de esas criptas sagradas, donde la fe de los primeros cristianos se iba a enfervorizar o a defenderse, nos muestra que, desde esos primeros tiempos, la sociedad cristiana conocía su refugio seguro contra todas las formas de ataque del enemigo”(18).

Semejante es la opinión de Fr. Garrigou-Lagrange, que dice: “María es el socorro de los cristianos, porque el socorro es la consecuencia del amor, y en ella se encuentra la plenitud consumada de la caridad, que sobresale y excede a la de todos los Santos y Ángeles reunidos.

Nuestra Señora ama las almas rescatadas por la Sangre de su Hijo más de lo que nosotros sabríamos expresar, las asiste en sus penas y las ayuda en la práctica de todas las virtudes. Ella es el socorro, no sólo de las almas en particular, sino de los pueblos cristianos...

El título de Nuestra Señora de las Victorias nos recuerda que, frecuentemente, su intervención fue decisiva en los campos de batalla para la liberación de los cristianos oprimidos”(19).

 

+ V.-ÉL MISMO LA FORMÓ EN EL ESPÍRITU SANTO

 

Realmente formada en el Espíritu Santo

Refiriéndose al origen milagroso de Nuestra Señora, en virtud de su Inmaculada Concepción, observa Fr Bernard O.P., que ésta fue “una obra indiscutible del Espíritu Santo, de la que resultó la más santa infancia y la más santa adolescencia, como nunca se vieron semejantes, y como jamas se habrán de ver”(20).

Es lo que en otros términos afirma San Juan Eudes:“Así como Jesús fue predestinado para ser el Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo, así María estuvo animada y poseída por el mismo Espíritu, desde el primer instante de su vida, lo cual la llenó de gracia y la santificó siempre cada vez más, durante el curso de su infancia, para disponerla a concebir y dar a luz al Verbo Eterno y ser la Madre de Dios”(21).

El santo franciscano Fr, Maximiliano Kolbe (1894-1941), hermosa y osadamente, señala esa íntima unión de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad con Nuestra Señora: “Puede casi decirse, que la Inmaculada es la Encarnación del Espíritu Santo”(22).

El mismo autor en otro capítulo añade:

“En el alma de la Inmaculada, el Dispensador de todas las gracias -el Espíritu Santo- habitó desde el primer instante de su existencia, inundándola de tal manera que nadie más habitó en ella, y el nombre de Esposa del Espíritu Santo significa tan sólo un remoto, tenue e imperfecto -aunque verdadero-, esbozo de esta unión”(23).

 

+ V.- Y LA REPRESENTÓ MARAVILLOSAMENTE EN TODAS SUS OBRAS

 

Sublime compendio de la creación

Comentando el capítulo de los Proverbios (VIII,22-31) usado por la Liturgia en la celebración de la Natividad de Nuestra Señora, San Juan Eudes escribe:

“[María] estuvo presente con el Creador del universo, cuando Él asentaba los cielos, regulaba el movimiento de los astros, y cuando cercaba los abismos; cuando formaba el aire y los vientos y daba consistencia a las nubes en lo alto; cuando ponía límites al mar, para que las aguas no sobrepasasen sus confines; cuando asentaba los cimientos de la tierra.

¿Cómo se entiende esto?. ¿De qué modo esta sagrada Virgen estaba con Dios en la Creación del mundo, y de qué manera hizo todo con Él?

Estaba con Dios porque Él la llevaba siempre en su espíritu y en su corazón, y consideraba cuidadosamente todas las perfecciones naturales y sobrenaturales diferentemente repartidas entre todas las criaturas, para recogerlas un día y reunirlas todas en Aquella que había sido destinada para ser la Soberana del universo. Por esta razón, San Epifanio La llama: «Misterio del Cielo y de la tierra», porque Dios puso en esta maravillosa Virgen como en un resumen y compendio, todo lo que hay de más hermoso en el Cielo y en la tierra”(24).

En ese mismo sentido, el Pe. Jourdain transcribe este comentario de un piadoso autor: “Dios se confirma en la creación de los Ángeles, de los Arcángeles, de los Querubines y de los Serafines; se confirma en la creación del cielo material, de los astros, del sol, de la tierra y de las criaturas que la contienen. Creando todos esos seres, Dios prenunciaba su obra maestra por excelencia, la creación de María, que ella misma sería el preludio de la creación de la humanidad del Salvador. Todo se aplicaba a Jesús y a María, todo les representaba, todo preparaba su venida a la tierra para el rescate de los hombres y la glorificación de Dios”(25).

 

+ V.- PROTEGEDME, SEÑORA, ETC.

 

(se repiten las mismas oraciones del final de Maitines)

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1. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

2. ) San Luis María Grignion de Montfort, op.cit.

3. ) Pe Roschini, op.cit.

4. ) San Irineo de Lyon, in Johannes Quasten, “Patrología” B.A.C. (Madrid).

5. ) San Epifanio, “Adv.HoeresIII”, apud Roschini.

6. ) Pe. Manuel Bernardes, op.cit.

7. ) Pe. H. Pinard de la Boullaye S.J. “Marie, Chef-d`ouvre de Dieu” (París).

8. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

9. ) Pe Chevalier, op.cit.

10. ) Auguste Nicolas, ardoroso católico e ilustre magistrado de Burdeos, escribió a mediados del s.XIX.

11. ) Auguste Nicolas, op.cit.

12. ) San Buenaventura, op.cit.

13. ) Pe. Z.C. Jourdain, op.cit.

14. ) San Juan de Ávila, op.cit.

15. ) Pe. Henry Bolo, op.cit.

16. ) San Bernardo, op.cit.

17. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit.

18. ) Mons. Dadolle, op.cit.

19. ) Fr. Garrigou-Lagrange, op.cit.

20. ) Fr. Bernard, op.cit.

21. ) San Juan Eudes, op.cit.

22. ) San Maximiliano Kolbe, O.F.M. Conv.Conferencia el 5/2/1941

23. ) San Maximiliano Kolbe, “De Inmmacolata B.M.V. Conceptione...idem

24. ) San Juan Eudes, op.cit.

25. ) Pe. Z.C.Jourdain, op.cit.


Índice

Capítulo 3


TERCIA
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Sois el Arca de la Alianza, el trono de Salomón,

Arco iris de bonanza, zarza ardiente de visión.

Vos sois la Virgen florida, el velo de Gedeón,

Divino portal cerrado, panal de miel de Sansón.

Convenía, pues, ciertamente,

Que la Madre de tan noble Hijo

No tuviese de Eva la mancha

Y resplandeciese con todo el brillo.

Y habiendo el Verbo escogido

Por Madre a la Virgen casta,

No quiso que estuviese sujeta

A la culpa que el mundo arrastra. Amén.


V.- Yo habito en lo más alto de los cielos.

R.- Y mi trono está sobre una columna de nubes.

 

En conformidad con San Juan Eudes: “todos los libros sagrados de la Ley de Moisés están llenos de figuras y de símbolos de las dignísimas Personas de Nuestro Señor Jesucristo y de su sacratísima Madre. Y todos los Santos Padres en sus escritos, se complacen en descubrirnos tales figuras y en hacernos ver su esplendor y su belleza”(1).

El Himno Tercia del Pequeño Oficio evoca algunos de esos símbolos sugeridos por el Espíritu Santo en las páginas del Antiguo Testamento, para dar a conocer y amar por los hombres a la futura Madre de Dios, incluso antes de que Ella apareciese en la tierra.

Así, entre otras, fueron imágenes de Nuestra Señora: el Arca de la Alianza, que contenía las tablas de la Ley; el magnífico trono de Salomón; el arco iris que apareció en el cielo después del castigo del diluvio universal; la vara de Aarón, que floreció dentro del arca del Testamento; el velo de Gedeón, bien seco, mientras toda la tierra a su alrededor estaba empapada por la lluvia, bien lleno de rocío, cuando aquella permanecía árida; la zarza ardiente, desde dentro de la cual Dios habló a Moisés; el panal de miel que Sansón encontró en el cadáver del león que él mató; y la puerta oriental del Templo, que Ezequiel discernió, cerrada, en una de sus proféticas visiones.

El recuerdo de estos símbolos de la Santísima Virgen, acompañado de nuevas y afectuosas alabanzas a su Inmaculada Concepción, compone la bella Hora Mariana que a continuación meditaremos.

 

+ SOIS EL ARCA DE LA ALIANZA

En medio de “la gloria del Señor” que abrasaba la cima del Monte Sinaí, Moisés recibió de Dios esta orden (Ex. XXV, 10-16): «Harás un Arca con madera de acacia, que tenga de longitud dos codos y medio, de anchura un codo y medio y de altura otro codo y medio. Lo revestirás por dentro y por fuera con oro purísimo y lo cubrirás con una corona de oro; harás cuatro anillas de oro, que pondrás en los cuatro ángulos del arca, dos a un lado y dos al otro. Harás también unas varas de madera de acacia y las cubrirás con láminas de oro, que servirán para transportarlo. Las varas estarán siempre dentro de las anillas y jamás se sacarán de ellas. Y pondrás en el Arca el Testamento que Yo te daré.»

 

Símbolo de las múltiples dignidadesde Nuestra Señora

En su precioso conjunto, ese Arca constituía la elocuente imagen de la futura Madre del Verbo Encarnado. Tal relación fue así establecida por San Buenaventura, en una de sus admirables pláticas mariológicas:

“Según la exposición de los Santos, el Arca, en el sentido alegórico, se refiere a Cristo y a la Iglesia; (...) en lo místico, representa a la Virgen gloriosa, Santa María, felicísima Madre de Dios y Señora nuestra. (...)

“Bajo la figura del Arca del Testamento se sugiere la múltiple dignidad de la Virgen según los diversos aspectos que la Escritura nos enseña para que meditemos al considerar aquella mística Arca.

“En efecto, la Escritura nos propone que consideremos este Arca bajo cuatro aspectos, a saber: conforme a lo que es (construcción); según lo que encierra (contenido), según lo que de ella procede (virtud), y según lo que a ella se refiere (honor).

 

María, Arca del Testamento, en cuanto a su construcción

“Aquel Arca, como dice la Sagrada Escritura, fue construida con material incorruptible, de proporciones precisas, de bella forma y de figura cuadrangular, en lo cual se indica la grandeza y la dignidad de la gloriosa Virgen, elaborada conforme a la maestría del Hijo de Dios y del Espíritu Santo.

 

Virginidad incorruptible

“María es el Arca del Testamento en cuanto a su construcción, primero por ser de materia incorruptible, debido a la integridad de su cuerpo. (...) Integridad que la libró del peso de la carne y la hizo incorrupta, separándola del contagio de la corrupción, que tiene origen en esa misma carne.

 

Virtudes proporcionadas

“Segundo, la Virgen fue el Arca del Testamento en cuanto a su construcción, porque fue de medidas proporcionadas, debido a la humildad de corazón, según el capítulo XXXVII del Éxodo: «Y Beseleel hizo el Arca de madera de acacia, la cual tenía dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto». Por codo entero de medida se entiende la virtud perfecta en la realización de los actos; por mitad de codo se entiende la humildad perfecta en la consideración de los defectos. (...) y esas dos cosas las tuvo, de modo eminentísimo, la Virgen María, pues, poseyó al mismo tiempo, una virtud perfecta y una profunda humildad.

 

Belleza en la forma, fruto de la honestidad de la vida

“Tercero, María fue el Arca del Testamento en cuanto a su construcción, porque fue bella en su forma, debido a la honestidad de su vida, según las palabras del capítulo XXXVII del Éxodo: «Y la revistió de oro finísimo por dentro y por fuera. Y le hizo una corona de oro alrededor». Por este revestimiento de oro se entiende la plenitud de la suma honestidad, que adornó por dentro y por fuera a la Virgen María. (...) Y advierte que se dice que tenía una corona de oro alrededor, por la honestidad que brilló en todos sus actos.

 

Eximia observante de la Ley Divina, según las virtudes cardinales

“Cuarto, la Virgen fue Arca del Testamento en cuanto a su construcción, por ser de forma cuadrangular, debido a la igualdad de las cuatro maneras de virtud, según las palabras del capítulo XXV del Éxodo: «Y harás cuatro anillas de oro, que pondrás en los cuatro ángulos del Arca. Harás también cuatro varas de madera de acacia y las cubrirás de oro y las harás pasar por las anillas que están en los ángulos del Arca, para que sirvan para su transporte».

“Por los cuatro ángulos se entiende las cuatro virtudes cardinales. Por las cuatro anillas en los ángulos, la obediencia perfecta de los preceptos divinos según la exigencia de las cuatro virtudes. Por las varas se entienden dos cosas: el temor y el amor que nos llevan por el camino de las buenas costumbres.

“La Virgen gloriosa poseyó todo esto de manera perfecta, pues observó de modo eximio la Ley Divina, sometiéndose a ésta según las cuatro virtudes cardinales, a saber: prudencia, justicia, templanza y fortaleza, que, aunque distintas, tiene conexión e igualdad entre sí, se conducen por el temor y por el amor perfecto, y por ellas, el Arca llegó hasta el Cielo. Y advierte al decir que las varas deberán estar siempre metidas en las anillas, y jamás se sacarán de ellas, porque el temor y el amor deben estar siempre unidos a las virtudes cardinales, para cumplir los mandamientos divinos; y así lo estuvieron en la gloriosa Virgen.

 

María, Arca del Testamento en cuanto a su contenido

“En el interior de aquella Arca material –prosigue San Buenaventura–, se guardaba el maná, la vara [de Aarón] y las dos tablas de la Ley; y por encima, rematándolo, había dos Querubines haciendo sombra al propiciatorio. En ese contenido se significa adecuadamente cuánto la Virgen tuvo en su interior. La Bienaventurada María, en efecto, fue el Arca que contenía dentro: el maná, por la dulzura de la gracia; la vara, por la virtud de la confianza; la Ley, por la recta inteligencia. Tenía, además, por encima, dos Querubines, por la plenitud de la Sabiduría.

 

La dulzura de la gracia (maná)

“En primer lugar, cuando fue construida y nació ese Arca, fue completada con la dulzura de la gracia, no sólo para su persona, sino también para todas las generaciones sucesivas.

 

La virtud de la confianza (vara)

“En segundo lugar, fue también Arca que contenía la vara de Aarón, que floreció, por la virtud de la confianza. (...) Virtud que hizo apto el brote del tronco de Jessé para, sin obra de varón, producir la flor de Nazareth, por la promesa de Dios y la sombra del Espíritu Santo, a quien la Virgen María se unió estrecha y confiadamente.

 

La recta inteligencia (Ley)

“En tercer lugar, fue Arca de la Alianza, que contenía las Tablas de la Ley, por la recta inteligencia, según las palabras del capítulo XXV del Éxodo: «Y pondrás en el Arca el Testamento que Yo te daré».

“Esta Ley fue escrita y puesta en el Arca del Testamento, o sea, en el corazón de la Bienaventurada Virgen. Así lo afirma San Lucas, en el capítulo II de su Evangelio: «Sin embargo, María conservaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón». Como el Arca del Testamento conservaba la Ley de Moisés, así Ella guardaba la Ley del Evangelio por la recta inteligencia de la verdad de la fe y de toda la Ley de Cristo.

 

La plenitud de la sabiduría (Querubines)

“En cuarto lugar, fue Arca del Testamento porque contenía a los Querubines, por la plenitud de la sabiduría. (...) La Virgen encerraba en sí los recónditos misterios de la sabiduría divina, por haber llevado en su seno la Carne de Cristo, en quien están contenidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.

 

María, Arca del Testamento, en cuanto a su eficacia

“Después de todo lo expuesto, consideremos la eficacia del Arca, en la cual se representaba a la Virgen María, en lo que de ella procede.

 

Eficaz en llevar los hombres al Cielo

“En efecto, aquel Arca, símbolo de María, fue eficaz para dirigir a los caminantes, según lo dicho en el capítulo X del Libro de los Números: «Partirán, pues, del monte del Señor, y caminarán tres días, y el Arca de la Alianza irá delante de ellos, indicándoles durante los tres días el lugar para acampar».

“Por esos tres días, se entiende la vida entera, desde el comienzo, su curso y el fin, o los tres votos que conducen al hombre al desierto de la Religión, como por un camino de tres días, a saber: de la continencia, la pobreza y la obediencia, gracias a la ayuda de la Virgen María, que fue pobrísima, humildísima y castísima. Ella va delante y prepara el camino hasta introducirnos en la Tierra de Promisión, como dice el capítulo III de Josué: «He aquí que el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra irá delante de vosotros por medio del Jordán», y continúa el texto diciendo que, a la entrada del Arca [en el río], se secarán las aguas, queriendo decir con esto que con el auxilio de la Virgen se hace más fácil lo que antes parecía difícil.

 

Eficaz en socorrer a los hombres en sus peligros y en sus angustias

“En segundo lugar, el Arca, figura de la Virgen, fue eficaz para defender a los que combatían, según se dice en el capítulo VI del libro II de los Paralipómenos: «¡Levántate oh Señor Dios! Y ven al lugar de tu morada, Tu eres el Arca de tu poderío».

“Se dice de tu poderío, porque es fuerte para defender, según cantamos: «Dame poder contra tus enemigos». Para significar esto, los ancianos de Israel dicen en el capítulo IV del primer libro de los Reyes: «Hagamos venir de Silo el Arca de la Alianza del Señor y pongámoslo en medio de nosotros, para que nos salve de las manos de nuestros enemigos», porque él puede realmente salvar.

“A pesar de todo, se añade que no salvó a todos, debido a que los que estaban manchados por la idolatría, despreciaban en su interior lo que veneraban exteriormente. Por lo que dice San Bernardo: «En los peligros, en las angustias, piensa en María, invoca a María; y para conseguir la ayuda de su intercesión, no dejes de seguir el ejemplo de su conducta». Porque quien invoca con los labios y se contradice con sus obras, no merece ser oído ni salvado, sino que merece recibir la sentencia de la condenación.

 

Eficaz en reconciliar a los pecadores arrepentidos con Dios

“En tercer lugar, el Arca era eficaz para reconciliar a los arrepentidos según se dice en el capítulo XXVI del Éxodo: «Pondrás también el propiciatorio sobre el Arca del Testamento del Santo de los Santos».

“¿Qué es el propiciatorio sino aquel por quien se alcanza la remisión de los pecados? Así se dice en el capítulo II de la primera carta de San Juan: «Tenemos por abogado, junto al Padre, a Jesucristo, el Justo. Él es la propiciación por nuestros pecados», etc.; y este propiciatorio se halla sobre el Arca, porque llegamos a él por medio de la Virgen María que, como Madre de misericordia, ruega al Hijo por nosotros y aplaca a Dios, encolerizado por nuestros pecados.

 

Eficaz en derrotar a los enemigos de nuestra salvación

“En cuarto lugar, el Arca fue eficaz para derrotar a los enemigos rebeldes, como se dice en el capítulo X del libro de los Números: «Y cuando se levantaba el Arca, Moisés decía: Levántate Señor y dispersa a tus enemigos», por eso, refiriéndonos a la Virgen, cantamos: «Alégrate, ¡oh Virgen María!». Ella es, en efecto, la mujer que aplastó la cabeza de la serpiente; y, del mismo modo, el Arca que hirió de muerte a los filisteos, como se describe en el capítulo V del primer libro de los Reyes: «Y llevando ellos el Arca de ciudad en ciudad, la mano del Señor hacía gran mortandad en cada ciudad». Como figura de esto, se dice en el capítulo VI del libro de Josué que, dando vueltas el Arca del Señor alrededor de la ciudad de Jericó, cayeron sus muros, porque Ella es quien derrota a sus enemigos y a los de Cristo, como Ester a Amán, y como Judith a Holofernes, y como Jahel a Sísara, pues Ella es tan terrible para nuestros enemigos como un ejército en orden de batalla.

 

María, Arca del Testamento, en cuanto al honor que le es debido

 

Honrada con unánime favor

“Para acabar, debemos considerar el Arca en cuanto al honor que se le tributaba, para deducir de ahí el honor y la reverencia que se ha de tributar a la gloriosa Virgen.

“Ella, figurada en el Arca, ha de ser honrada con unánime favor, como se simboliza en el capítulo VIII del libro tercero de los Reyes: «Entonces todos los ancianos de Israel y los príncipes de las tribus, y los jefes de las familias de los hijos de Israel, se reunieron junto al rey Salomón en Jerusalén, para trasladar el Arca de la Alianza del Señor de la ciudad de David»; con esto se entiende que tanto grandes como pequeños deben unirse para honrar y reverenciar unánimemente a la gloriosa Virgen.

 

Honrada con humilde favor

“En segundo lugar, ha de ser honrada con humilde favor, como se describe en el capítulo VI del segundo libro de los Reyes: «David estaba ceñido con un cíngulo de lino. Y David y toda la casa de Israel condujeron el Arca del Testamento del Señor con júbilo y al son de trompetas». David, que honraba humildemente el Arca, simbolizaba a Cristo, que venera humildemente a su Madre, la Virgen gloriosa. Del mismo modo que, a ejemplo del rey, humillado, se humillaban con gusto los demás para glorificar el Arca, así, a ejemplo del verdadero David, Cristo, que se humilló para rendir honor a este Arca [María] –pues en el capítulo II de San Lucas consta que estaba sujeto a su Madre– los cristianos deben humillarse y rendirle tributo de honor. Porque como Ella es la maestra de la humildad, cuanto más alguien se humilla a sus pies, tanto mayor honra le tributa.

 

Honrada con solemne favor

“En tercer lugar, ha de ser honrada con solemne favor, como se dice en el capítulo VI del libro segundo de los Reyes: «Fue pues David y llevó el Arca de Dios de la casa de Obededon; y David llevaba consigo siete coros de músicos». Por estos siete coros, reunidos para tributar homenaje al Arca, se simboliza la comunidad de todos los fieles, que deben proceder distinta pero no confusamente, esto es, con orden, para cantar las alabanzas divinas. Y porque estos deben ser cantados con toda el alma, se añade que David tocaba los instrumentos de música y danzaba delante del Señor con todas sus fuerzas.

 

Honrada con infatigable favor

“En cuarto lugar, concluye San Buenaventura, el Arca ha de ser honrada con infatigable favor, como dice el capítulo III del libro primero de los Reyes: «Samuel dormía en el templo del Señor, donde estaba el Arca de Dios», porque atendía sin descanso al cuidado del Arca, cumpliendo lo que dice el Evangelio: «El que persevera hasta el fin, ese será salvo»”(2).

 

Garantía de protección divina

Haciéndose eco de la luminosa enseñanza del Doctor Seráfico, el P. Jourdain escribe:

“María es nuestra Arca de la Alianza. Cuando la elevamos y la conducimos delante de nosotros, siguiendo las sendas de la vida, Dios está con nosotros y podemos decir con Moisés: «Levántate Señor, y sean dispersos tus enemigos, y huyan de tu cara los que te aborrecen». Elevemos por tanto a María Santísima, glorificándola; conduzcámosla delante de nosotros, rogando a Ella sin cesar, imitando sus virtudes, y caminemos con confianza, bajo su poderosa protección. El propio Dios construyó la nueva Arca de la Alianza, y se dignó habitar en Ella. Él exaltó su obra predilecta sobre todas las criaturas, desde su Inmaculada Concepción. Y la elevó aún más alto cuando se encarnó en su seno, haciéndose su Hijo, sin quitar nada al brillo de su virginidad.

“Ese Arca santa es, pues, para nosotros, la fuente de innumerables bienes. En medio de los peligros, Ella es nuestro socorro, nuestra luz, nuestro consejo (...) y nuestro consuelo. Ella nos separa del mundo para unirnos con Dios, como el Arca separaba las aguas del Jordán: las aguas inferiores, el amor del mundo, corran; elévense las aguas superiores, el amor de Dios”(3).

 

Arca que detuvo las olas del pecado original

En el mismo milagro obrado por el Arca, al entrar en el río Jordán, San Francisco de Sales ve un simbolismo con la Concepción Inmaculada de María:

“Así como las aguas del Jordán se detuvieron al entrar en ellas el Arca, y dejaron cruzar a los israelitas, para entrar en la Tierra Prometida, así también las aguas del pecado original suspendieron su curso en señal de reverencia, respetando a María, el Tabernáculo de la Eterna Alianza”(4).

 

Fuente de gracia para los hijos, principio de muerte para los enemigos

Terminamos estas consideraciones sobre Nuestra Señora, Arca de la Alianza, con las palabras del P. Rolland, misionero apostólico de principios de este siglo, refiriéndose a aquella prefigura de la Virgen: “¡Qué hermoso símbolo de María, toda enriquecida del oro de las más bellas virtudes, y en quien los siete dones del Espíritu Santo brillaron con tan vivo fulgor! De María, en quien se escondió la divinidad, en quien reposó el Pan vivo, y que fue el santuario del divino alimento de nuestras almas, del supremo Rey, del supremo Sacerdote, del supremo Legislador. De María, la Madre de Dios, la Madre de las misericordias, por medio de quien el alma se libera de la esclavitud del demonio, atraviesa el Jordán, derriba las murallas de Jericó y conquista los más bellos triunfos. De María, fuente de gracias para sus fieles súbditos, pero principio de muerte para los que la insultan”(5).

 

+ EL TRONO DE SALOMÓN

El libro tercero de los Reyes, describiendo las glorias y riquezas de Salomón, hijo de David, nos presenta así su magnífico trono (X, 18-20): “Hizo el rey Salomón un gran trono de marfil y lo recubrió de oro puro. Tenía seis gradas y un escabel de oro; dos brazos a uno y otro lado de la silla y cerca de los brazos dos leones, y otros doce leones más pequeños sobre las seis gradas, de una y otra parte. No se hizo obra semejante en ningún otro reino (del mundo).”

Sin embargo, más que por su esplendor material, ese regio asiento valía por el hecho de simbolizar a Aquella que sería el riquísimo trono del verdadero Salomón, Nuestro Señor Jesucristo.

 

Obra-prima destinada al Divino Salomón

Recorramos algunas de las bellas páginas de la Mariología que evidencian a Nuestra Señora como representada por el trono del Rey Sabio.

Escribe el P. Jourdain:

“Entre las figuras que Dios produjo en el Antiguo Testamento para simbolizar a María y proporcionarnos una idea de sus sublimes perfecciones, cabe señalar el trono de Salomón, ese gran trono de marfil revestido de oro purísimo, ese trono maravilloso del cual el Espíritu Santo afirma que no existe otro semejante en reino alguno. Ese trono de marfil y de oro era la obra prima destinada al Rey Salomón: ¿Quién lo podrá comparar al trono que Dios preparó para sí mismo, la Bienaventurada Virgen María?

“¡Qué preciosa es la materia de ese trono! La carne de María debía proporcionar los primeros elementos del adorable Cuerpo de Jesús; y su alma había de ser aún más pura que esta carne virginal. ¿Con qué arte el Creador de todas las cosas, Aquel cuyas menores obras exceden todas las conjeturas del genio humano, con qué arte, digo, no trabajaría Él esta materia, al lado de la cual el oro y el marfil son menos que el polvo?

“El Padre trabajaba para la gloria de su Hijo, el Hijo trabajaba para su Madre, el Espíritu Santo trabajaba para su celestial Esposa. ¡Oh trono del Divino Salomón, qué bello sois, qué perfecto! (...)

 

Trono revestido de las más bellas virtudes

“Ese trono es grande por la propia humildad de María, cuya bajeza fue objeto de la mirada del Señor, para elevarla por encima de todas las criaturas. Es grande porque María poseyó, de modo incomparable, todos los dones naturales y sobrenaturales que Dios distribuía, con medida, entre las demás obras salidas de su adorable mano.

“Ese trono es de marfil, pues María es la Virgen de las vírgenes. Está completamente recubierto del oro más puro, porque Dios concedió a María la más ardiente y perfecta caridad, superando incluso la de los propios Querubines y Serafines.

“El trono de Salomón tenía seis gradas. La humildad de María, su virginidad, su espíritu de pobreza, su pudor, su paciencia y su templanza fueron las seis gradas de ese trono místico.

“La parte superior del trono era redondeada, lo que hace recordar la esperanza en las cosas celestiales. Los dos brazos que sustentaban el trono representan el respeto y el temor. María, en efecto, respetaba y temía a su Hijo: Ella veía en Él a su Señor y a su Dios. Había dos leones junto a los dos brazos, y otros doce leones más pequeños sobre las gradas. Las virtudes de María estaban bien guardadas, y los más poderosos Ángeles del Señor velaban junto a Ella para rechazar al enemigo de todo el bien.

 

Trono espiritual del verdadero Salomón

“Jesús encuentra su reposo en la virginidad de María, porque Ella ama la pureza. Él reposa sobre su caridad, pues ama la concordia entre los hermanos. Él reposa sobre su humildad, porque Le agrada el alma tranquila. María es su trono favorito, el lugar de su paz y de sus delicias”(6).

Este aspecto de Nuestra Señora en cuanto trono espiritual del Hijo de Dios nos es presentado también por otros ardorosos entusiastas de la Santísima Virgen. Para Fray Luis de Granada, Ella “es figura del hermosísimo trono de Salomón, del cual dice la Escritura que era hecho de marfil, y estaba revestido de un oro resplandeciente, y que obra como esa nunca fue realizada en ningún reino del mundo (III Reyes, X, 20). Todas estas cosas, todas perfectísimas convienen a esta sacratísima Virgen, como el trono espiritual de Aquel verdadero Salomón, pacificador del Cielo y de la tierra”(7).

A su vez, Santo Tomás de Villanueva comenta:

“El trono de Salomón era de marfil y de oro finísimo, con seis gradas y dos brazos. La Virgen es el trono de nuestro pacífico Salomón, de Nuestro Señor Jesucristo según la carne; la Virgen, digo, que Él formó de marfil y oro finísimo y limpísimo, porque la creó purísima e inmaculada.

“Las seis gradas son las virtudes de todas las jerarquías eclesiásticas que tuvo en sí, esto es, patriarcas, profetas, apóstoles, evangelistas, mártires, confesores, vírgenes, anacoretas. Y los dos brazos, la creación y la preservación del pecado. Escultura maravillosa y admirable obra del Excelso(8).

Y San Pedro Damián dice que “Nuestro Salomón, no solamente el más sabio de los Reyes, sino la propia sabiduría del Padre, no sólo el Rey pacífico, sino la paz, (...) preparó para sí un trono, el seno de la purísima Virgen. Sobre ese trono reposa la Majestad que, con una señal, estremece la tierra. (...)

“El marfil merecía ser empleado en esa obra maravillosa y sin igual. El marfil, en efecto, resplandece con admirable blancura; es sólido y resistente; es frío al natural. ¿Existe blancura más fulgurante que la virginidad de María, que atrae todas las miradas de admiración de la corte celestial? ¿Existe fuerza mayor que aquella de la que se sirvió la propia fuerza de Dios, para arrebatar al demonio sus armas? ¿Existe sustancia más extraña a todo fuego impuro, que la sustancia sombreada por la virtud del Altísimo, y defendida contra todo pecado por la plenitud del Espíritu Santo que descendió sobre ella?”(9).

 

Trono de Dios para los pecadores

Magnífico trono del Rey de reyes, “María es también un trono de Dios para los pobres pecadores. San Pablo en su Carta a los Hebreos, nos convida a aproximarnos a Ella: «Aproximémonos con confianza, dice él, al trono de la gracia».

“Aquellos que pecaron, arrastrados por deseos impuros, encontrarán misericordia al aproximarse a este trono. Aquellos que pecaron por ignorancia o ceguera, obtendrán la gracia de Dios, según la oportunidad del momento: «Ut gratiam inveniamus in tempore opportuno».

“María será el trono de Dios en el día del juicio; trono del cual partirá el rayo que espantará a los miserables, y que brillará como el sol, para alegrar a los buenos”(10).

 

+ BELLO IRIS CELESTE

La tierra volvió a su normalidad, después de la terrible inundación del diluvio. Noé, con sus hijos y todos los animales que se salvaron del castigo, desembarcaron. Iba a recomenzar la historia del mundo.

Después de bendecir a su fiel siervo, Dios dijo a Noé (Gen. IX, 9-17): “He aquí que voy a hacer una alianza contigo y con tu descendencia, y con todos los animales que salgan del Arca, y con todas las bestias de la tierra. Hago contigo el pacto de no volver a exterminar a todo viviente por las aguas del diluvio, y de que no habrá ya más un diluvio que destruya la tierra.

“Y Dios añadió: Ved aquí la señal del pacto que establezco con vosotros, y cuantos vivientes están con vosotros, por generaciones sempiternas: pondré mi arco en las nubes como señal de mi pacto con la tierra, y cuando cubriere yo de nubes la tierra, aparecerá el arco, y me acordaré de mi pacto con vosotros, y con toda alma viviente que anima la carne; y no volverán las aguas del diluvio a destruir toda carne que vive. Estará el arco en las nubes y Yo lo veré y me acordaré del pacto eterno que fue hecho entre Dios y toda alma viviente de toda carne que hay sobre la tierra.

“Y dijo Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que establezco entre Mí y toda carne (que vive) sobre la tierra”.

 

ARCO-IRIS SOBRE LA IGLESIA DE DIOS

Atribuyéndose a sí misma la imagen del arco-iris, Nuestra Señora dirigió a Santa Brígida (1303-1373), palabras llenas de maternal y vigilante solicitud para con la Esposa Mística de Cristo. Pronunciadas en aquel lejano siglo XIV, muchas de ellas se aplican hoy en los confusos días en que vivimos.

Así se expresa la Santísima Virgen:

“Yo me extiendo sobre el mundo en continua oración, igual que sobre las nubes se encuentra el arco-iris que parece volverse hacia la tierra y tocarla en sus extremidades.

“Este arco-iris soy yo misma que, por mis oraciones, desciendo y me inclino sobre los buenos y los malos habitantes de la tierra. Me inclino sobre los buenos para ayudarlos a permanecer fieles y devotos en la observancia de los preceptos de la Iglesia; y sobre los malos, para impedirles que continúen en su maldad y se vuelvan peores.

“Pero os hago saber que, de una parte de la tierra, se elevan horribles nubes para obscurecer el brillo de este arco radiante. Por esas nubes entiendo aquellos que llevan una vida incontinente, que son insaciables del dinero, como los remolinos y los abismos del mar, o que por orgullo derrochan insensatamente la fortuna, como un torrente impetuoso vierte sus aguas.

“Varios, ya entonces, administradores de la Iglesia, se abandonan a esos tres excesos, y sus horribles pecados llegan hasta el Cielo, en presencia de la Divinidad, para estorbar mi oración, como las nubes lo hacen contra el brillo del arco-iris. Además los que deberían unirse a Mí para calmar la cólera de Dios, antes la provocan y la atraen sobre sí. Tales ministros no debían ser glorificados en la Iglesia.

“Por tanto, todo aquel que quiera trabajar para que permanezca inquebrantable el fundamento de la Iglesia, y se renueve esa bendita viña que el Señor plantó con su Sangre, que ese se anime, y caso de que se juzgue incapaz para esa tarea, Yo, Reina del Cielo, vendré a él con todos los Ángeles para ayudarlo, extirpando las hierbas dañinas, arrancando los árboles estériles y lanzándolos al fuego, sustituyéndolos por plantas vigorosas y fructíferas.

“Por esta viña entiendo la Iglesia de Dios, en la cual hay que renovar la humildad y el amor divino”. (Santa Brígida.- Celestiales revelaciones, Apostolado de la Prensa, Madrid 1901. Libro III, rev. III, pp. 143-44.)


La Inmaculada Concepción: preámbulo de la era de paz entre Dios y los hombres

Si, pues, un hermoso y diáfano arco-iris nos evoca el solemne pacto establecido entre Dios y los hombres, aquel nos debe recordar también a la Santísima Virgen, de quien es la armoniosa figura.

En efecto, el iris de la bonanza “encierra un simbolismo de reconciliación entre Dios y los hombres, y de paz, bien histórica (Génesis), bien literaria. Los dos caracteres que en él se encuentran –belleza y pacificación– los vemos realizados en María, y en su inmaculada belleza que es considerada, desde el primer instante, la obra-prima de Dios.

“El hecho de una hija de Adán ser concebida sin pecado original, es el preámbulo de una nueva era de paz y de reconciliación que Cristo trajo a la tierra”(11).

 

Arco-iris que une la Iglesia triunfante a la Iglesia militante

Ilustrando su discurso sobre el Santo Nombre de María, San Bernardino de Siena comenta:

“Las estrellas del firmamento sirven para mantener el orden y la estabilidad en el mundo inferior: ellas son como las medianeras entre el Cielo y la Tierra. Tal es precisamente la función de la Bienaventurada Virgen, Señora y Reina de este mundo. Ella une y concilia la Iglesia triunfante y la Iglesia militante. Su nacimiento anuncia que, de ahora en adelante, habrá paz entre el Cielo y la Tierra.

“Ella es el arco-iris dado por el Señor a Noé en señal de alianza, y como signo de que el género humano no será destruido más. ¿Y por qué? Porque Ella dio a la luz a Aquel que es nuestra paz, Aquel que de dos naturalezas hizo una sola Persona, Aquel que reúne en Sí mismo a Dios y al hombre, para confirmar la paz”(12).

 

Arco-iris que aplaca la cólera divina

El P. Jourdain, en su obra dedicada a las grandezas de María escribe: “El arco-iris alegra la tierra y le proporciona una lluvia abundante y benéfica. De igual modo, María consuela a los débiles, llenando de júbilo a los afligidos e inundando copiosamente los áridos corazones de los pecadores, por la fecunda lluvia de la gracia. (...)

“Dios contempla ese arco-iris —María Santísima—, extendiendo su protección sobre la tierra. Y a pesar de los pecados de los hombres, a pesar de las nubes acumuladas por su justa cólera, Él se acuerda de su misericordia. Perfectamente se refiere a María cuando Dios dice a Noé: «Pondré mi arco en las nubes y él será la señal de la alianza entre Mí y la tierra»(13).

 

Arco-iris formado con los siete dones del Espíritu Santo

Con sugerente unción, el P. Thiébaud interpreta del siguiente modo este símbolo de Nuestra Señora:

“Cuando después de una tempestad, observamos el arco-iris desde las nubes hasta la tierra, no podemos impedir el admirar ese bello manto, tejido con los siete colores básicos, verdadero símbolo de la misericordia. Pero el esplendor de ese fenómeno se eclipsa en presencia de María, en la cual los siete dones del Espíritu Santo refulgen con tanta magnificencia. Si, durante la tormenta del Calvario, María quiso tomar el nombre de Nuestra Señora de los Siete Dolores, fue también para que su rica vestimenta, reflejando esperanza, se volviese para nosotros un verdadero arco-iris, en las tristes circunstancias de nuestra vida”(14).

 

En María, Dios cumple su promesa de alianza con el mundo

Sobre esa luminosa prefigura de la Virgen, otro ilustre mariólogo comenta:

“El arco que Dios hizo aparecer entre las nubes, para tranquilizar a su siervo Noé y a sus descendientes; para ser un brillante testimonio de su reconciliación con el mundo, del pacto que Él contrajo con toda carne viviente sobre la tierra; ese arco-iris que no centellea sino con el brillo radiante de los rayos del sol, ¿no es él una conmovedora imagen de María, la Madre de Jesús, por la cual Dios cumplió su promesa, una vez que de Ella salió Aquel en quien son bendecidas todas las naciones?”(15).

El arco-iris es, pues, el gracioso símbolo de Nuestra Señora, “reconciliadora del Cielo con la tierra. María es el instrumento de la alianza entre Dios y los hombres. Cuando nuestras iniquidades irritan al Señor y piden venganza, la Santísima Virgen interviene, tan eficazmente, que Dios se deja doblegar y perdona: Refugium peccatorum, ora pro nobis, — Refugio de los pecadores, ruega por nosotros!”(16).

 

+ LA ZARZA ARDIENTE DE LA VISIÓN

Este símbolo de María Santísima se nos presenta en el siguiente pasaje de la Escritura (Ex. III, 1-8):

“Apacentaba Moisés el ganado de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Llevóle un día más allá del desierto; y llegando al monte de Dios, Horeb, se le apareció el ángel de Yavé en llama de fuego en medio de una zarza. Veía Moisés que la zarza ardía y no se consumía, y se dijo: Voy a ver qué gran visión es ésta y por qué no se consume la zarza. Vio Yavé que se acercaba para mirar, y le llamó en medio de la zarza: ¡Moisés!, ¡Moisés!. Él respondió: Aquí estoy. Yavé le dijo: No te acerques. Quítate las sandalias de tus pies, que el lugar en que estás es tierra santa; y añadió: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro, pues temía mirar a Dios.

“Y Yavé le dijo: He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he oído los clamores a causa de sus capataces, pues conozco sus angustias. Y he bajado para librarle de las manos de los egipcios y subirle de esa tierra a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel.”

 

Símbolo de María virgen durante el parto

A respecto de la zarza ardiente e incombustible, en cuanto imagen de Nuestra Señora, San Bernardo comenta:

“¿Qué prefiguraba en otro tiempo aquella zarza de Moisés, ardiendo, pero sin extinguirse, sino a María dando a luz sin experimentar los dolores del parto?”(17).

Semejante es la consideración del P. Juan Colombo, que escribe:

“¡Cuántos siglos habían esperado a María, llamándola con lágrimas y suspiros! (...) La esperó el tiempo de Moisés y no la vio sino simbolizada en una zarza ardiendo e incombustible; así como aquella zarza podía arder y no se consumía, así también María podía dar a luz al Hijo de Dios sin dejar de ser Virgen”(18).

Y Santo Tomás de Villanueva, con elocuente entusiasmo, exclama:

“Bien recordáis ¡oh Virgen!, aquella zarza que ardía y no se quemaba. Así formáis Vos, sin corromperos, un sólo cuerpo con el divino fuego; lo revestís de carne y Él os bañará de esplendor; Vos lo coronaréis con la diadema de la mortalidad y Él os ceñirá la corona de gloria. Seréis una virgen fecunda, una madre sin corrupción. Sólo en Vos estarán asociadas la virginidad y la maternidad; poseeréis al mismo tiempo, la felicidad de ésta y el pudor de aquella”(19).

 

Llamas de amor divino que purifican la tierra

“María Santísima — escribe el docto Nicolás —, es la zarza ardiente en la cual el Señor se apareció a Moisés entre las llamas de un fuego que salía de la misma zarza sin consumirla. Zarza virginal que en nada se quema con el fuego de un parto divino, y de donde brotan esas llamaradas de amor celestial que abrasarán y purificarán la tierra”(20).

 

Zarza ardiente, en la cual habitó el Señor

También sobre este símbolo de la Santísima Virgen, encontramos en el P. Rolland estas bellas y fervorosas palabras:

“En la soledad del desierto, Moisés contempla la zarza ardiente: en el desierto del mundo, tan árido para el bien, María hace su aparición. La zarza está toda penetrada de llamas abrasadas por los Ángeles, en medio de las cuales Dios se manifiesta y habla a su siervo. Dios es un fuego que consume y Él viene a habitar en María, y dirige a su corazón las más sublimes palabras. Ante el milagro de la zarza que arde sin consumirse, Moisés se queda maravillado: ante el prodigio de María que recibe en sí el Verbo hecho carne y que mantiene el tesoro de su virginidad, hay una razón incomparablemente mayor para maravillarse.

“Todo es milagro en María, pero sobre todo en el misterio de la Encarnación, principio de la Salvación del mundo, fuente fecunda de la pureza y de la virginidad. Así debemos ofrecer a Dios el homenaje de nuestra alabanza por ese insigne acto de su Omnipotencia”(21).

 

Veneración y amor a María, “zarza ardiente de la visión”

“¡Ah! si Dios dijo a Moisés desde la ardiente zarza: «No te acerques; quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa»; ¿qué obsequio, qué reverencia no debemos profesar a la Mujer vestida de sol, de justicia y de santidad, de la cual sólo era una figura la zarza incandescente?

“Pero a su inmensa grandeza, une María una profunda bondad. ¿Y quién podrá decir, de cuantos encontraron en su clemente benignidad el perdón, el refugio y la salvación del alma, que se vieron obligados a bendecirla como Reina de misericordia?

“Así, pues, veneremos a María como súbditos a la Soberana; pero al mismo tiempo, amémosla como hijos a la Madre. No nos apartemos de su presencia sin encomendar nuestra vida, nuestra muerte, nuestra eterna salvación. Y Ella, llena de bondad, escuchará nuestras súplicas; llena de poder, atenderá nuestras oraciones, y sin duda experimentaremos los saludables efectos de su protección”(22).

 

+ VOS SOIS LA VIRGEN FLORIDA

La alabanza, en síntesis, se remonta al estupendo milagro obrado por Dios en el Antiguo Testamento, cuando hizo florecer la vara de Aarón. Quiso el Señor por medio de ese admirable hecho, declarar que el oficio divino quedaría vinculado a la familia del hermano de Moisés.

En efecto, Aarón ejercía el cargo de Sumo Sacerdote, auxiliado por los hijos de Leví. Ambiciosos por los honores, los otros judíos se pusieron a murmurar.

Dijo entonces el Señor a Moisés (Núm. XVII, 1-9): «Habla a los hijos de Israel y haz que te entreguen una vara cada uno de los príncipes de la casa patriarcal, una por cada una de las doce casas patriarcales, y escribe en cada una el nombre de una de ellas. Ponlas todas en el tabernáculo, delante del testimonio, desde el que Yo hablo. Florecerá la vara de aquel a quien Yo elija y (de esta manera) cesarán las quejas y murmuraciones de los hijos de Israel contra vosotros. Habló Moisés a los hijos de Israel, y todos sus jefes le entregaron las varas, una por cada casa patriarcal, doce varas; a ellas se unió la vara de Aarón, y Moisés las puso todas ante el Señor en el Tabernáculo del Testimonio. Al día siguiente, vino Moisés al tabernáculo, y la vara de Aarón, la de la casa de Leví, había echado brotes, yemas, flores y almendras. Devolvió Moisés las varas a los hijos de Israel y tomó cada uno su vara».

 

Vara de la cual nació Jesucristo, flor de salvación y fruto de la vida

Según el P. Jourdain, “la vara de Aarón cubierta de hojas, de flores y de frutos, fue también figura de María.

“Esa vara que floreció por un prodigio y dio su fruto sin haber sido plantada, y sin tener raíces ni savia fecundante, simboliza admirablemente a María que, colocada en el Tabernáculo y siendo Ella misma el templo vivo del Espíritu Santo, concibió sin intervención humana, y sin ninguna ayuda terrenal dio a luz ese bendito fruto que proporciona a todos los hombres y en ellos conserva la vida sobrenatural del alma”(23).

Considerando el milagro de la vara cubierta de flores, escribe Henry Le Mulier, basándose en los testimonios de los Santos Padres:

“¿Quién no reconocerá, bajo este emblema, a la Virgen salida de la raíz de Jesé, a la verdadera Madre de Dios? La vara de Aarón dio flores y frutos: así María dio a luz a Nuestro Señor Jesucristo, verdadera flor de salvación, único fruto de la vida.

“Esta vara no fue plantada, no pudo tomar de los nutrientes que sirven habitualmente para alimentar la planta. Sin embargo, se llenó de savia y se cubrió de yemas; así la Virgen concibió sin ayuda terrenal, sin nada que estuviese en contacto con la corrupción del mundo.

“La vara de Aarón es toda blanca, sin corteza y sin nudos, para representar mejor la albura y la pureza de María, en quien no se encuentra el meollo del pecado original, ni la corteza del pecado actual.

“Aquella vara se yergue derecha, sin semillas ni brotes, llevando en su extremo, flores y frutos; así, la Virgen de Jessé, aunque salida de la sinuosa raíz de los patriarcas y de los profetas, se eleva enhiesta como el junco de los pantanos, trayendo en su ápice la flor de los Cánticos.

 

Vara que dio testimonio en favor del Divino Sacerdote

“La vara del hermano de Moisés era una rama de almendro, como lo hicieron saber la flor y el fruto, para significar que, así como el almendro anuncia la venida del sol y testimonia su presencia, ya que es la primera de todas las plantas que se llena de flores en primavera y la última que pierde sus hojas, así la venida de María fue el anuncio del Adviento de su Hijo, y su presencia es señal segura de la presencia del Hijo.

“La vara de Aarón se volvió fértil milagrosamente para dar testimonio en favor del Sumo Sacerdote figurativo. El propio Espíritu de Dios descendió sobre María y la hizo fecunda, para la consagración del Sacerdote eterno según la orden de Melquisedec”(24).

 

Vara sublime que se eleva hasta el trono de Dios

Inspirado por su ardoroso amor a la Virgen florida, exclama San Bernardo:

“¿Qué significaba aquella vara de Aarón, que floreció estando seca, sino a María concibiendo sin concurso de varón? No dañó el verdor de la vara la salida de la flor, ni el pudor de la Virgen el parto sagrado.

“La Virgen Madre de Dios es esta vara, y su Hijo, la flor. Flor sin duda es el Hijo de la Virgen, flor cándida y amarilla, elegida entre mil, flor en la que los Ángeles desean mirarse, flor cuya fragancia resucita a los muertos, y, como él mismo afirma, la flor es del campo y no de huerto. Florece sin participación alguna del hombre. Nadie la siembra, ni es tratada con abonos. Así floreció completamente el seno de la Virgen. Así, las entrañas íntegras, intactas y castas de María, como prado de eterno verdor, produjeron la flor, cuya hermosura no experimentará la corrupción, y cuya gloria es imperecedera por siempre.

“¡Oh Virgen, vara sublime, a qué altura elevas tu sagrada copa! ¡Hasta Aquel que está sentado en el trono, hasta el Señor de la Majestad!”(25).
___________________________

1. ) San Juan Eudes, op.cit., p. 49

2. ) San Buenaventura, op.cit., t. IV, pp. 935-951

3. ) P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, pp. 481-482

4. ) San Francisco de Sales, en Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, ...... con comentarios [Ed. Paulinas], p. 109..

5. ) P. Ch. Rolland, op.cit., t. I, pp. 148-149.

6. ) P.Z.-C.Jourdain, op.cit., t. I, pp. 536-537; t. VII, pp. 264-265.

7. ) Fr Luis de Granada, op.cit., p.734.

8. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit., p.130.

9. ) San Pedro Damián, Serm. 1 de Nativ. B.M.V., apud P. Z.C. Jourdain, op.cit., t. I, p. 215.

10. ) P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, pp. 536-537.

11. ) Del Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, ... con Comentarios [Ed. Paulinas], pp. 105-105..

12. ) San Bernardino de Siena, “Serm. en la fiesta del Santo Nombre de María”, apud P. Z.-C. Jordain, op., cit., t. V, p. 620.

13. ) P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. III, p. 155; t. I, p. 432.

14. ) P. Thiébaud, Les Litanies de la Sainte Vierge expliquées et commentées, Jacques Lecoffre, París, 1864, 3ª ed., t. I, p. 64.

15. ) Henry Le Mulier, De la Très-Sainte Vierge d'aprés les Saintes Écritures et les Pères de l'Église, Pilon, París, 1854, t. I, p. 77.

16. ) P. Ch Rolland, op.cit., t. I, p. 152.

17. ) San Bernardo, op.cit., t. I, p. 195.

18. ) P. Juan Colombo, Pensamientos sobre los Evangelios, Ed. Paulinas, São Paulo, 1960, 2ª ed., pp. 1211-1212.

19. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit., p. 306.

20. ) Auguste Nicolas, op.cit. t. II, p. 99.

21. ) P. Ch Rolland, op.cit., t. I, pp. 149-150.

22. ) Fr. Ramon Buldú, O.F.M., y otros, Tesoro de Oratoria Sagrada, Pons y Cia Editores, Barcelona, 1883, 2ª ed., t. IV, p.231.

23. ) P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, p. 485.

24. ) Henry Le Mulier, op.cit., t. I, pp. 82-83.

25. ) San Bernardo, op.cit., t. I, pp. 165-166, 195-196.


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+ EL VELO DE GEDEÓN

Nos relata el Libro de los Jueces que los judíos imploraron socorro a Dios contra sus perseguidores, pues hacía siete años que se encontraban bajo la esclavitud de los madianitas.

Envió entonces el Señor un Ángel a Gedeón “el más valiente de los hombres”, confiándole la misión de liberar a Israel del yugo madianita.

Sin embargo, no sólo por ser él el último hijo de la última familia de la tribu de Manasés, sino también por el hecho de ser 140.000 los guerreros adversarios, Gedeón tuvo miedo de no tener éxito en la empresa que Dios le había confiado. Sin la asistencia certera del Cielo, seguro que sucumbiría. Así propuso al Señor (Jc. VI, 36-40): “Gedeón dijo a Dios: «Si verdaderamente vas a salvar por mi mano a Israel, como has dicho, yo voy a tender un vellón sobre la era; si hay rocío solamente sobre el vellón y todo el suelo queda seco, sabré que tú salvarás a Israel por mi mano, como has prometido.»

“Así sucedió. Gedeón se levantó de madrugada, estrujó el vellón y exprimió su rocío, una copa llena de agua.

“Gedeón dijo a Dios: «No te irrites contra mí si me atrevo a hablar de nuevo. Por favor, quisiera hacer por última vez la prueba con el vellón: que quede seco sólo el vellón y que haya rocío por todo el suelo.» Y Dios lo hizo así aquella noche. Quedó seco solamente el vellón y por todo el suelo había rocío.”

 

Símbolo de la Inmaculada Concepción y de la plenitud de la gracia de María Santísima

Admirable símbolo de María Santísima fue el velo de Gedeón, prueba milagrosa de la soberana e irreversible promesa de asistencia, por parte de Dios. Así como lo hizo con relación a este vellón de lana, “también en favor de la Santa Oveja que debía dar a luz al Cordero de Dios, se dignó el Señor obrar milagros de excepción.

“Sólo Ella fue completamente santificada desde el primer instante de su Concepción. Mientras que las almas son, al comienzo de su existencia, totalmente privadas de la gracia santificante, áridas para el bien, desprovistas de toda flor, de todo fruto, de toda virtud, María es inundada de las gracias de Dios, ella es toda hermosa ante el Señor, y posee la plenitud de la santidad.

“Sólo María, en medio del diluvio de iniquidad que cubre la tierra y mancha a los hijos de Adán, fue totalmente preservada del pecado, y ni siquiera la menor sombra de falta tocó su alma. Ella fue la señal que anuncia la derrota de nuestros enemigos, la liberación del universo. Sólo ella fue la Madre de la divina gracia, que se extendió sobre el mundo para purificarlo y santificarlo.

“Por tanto, con un entusiasmo lleno de reconocimiento la Iglesia canta, dirigiéndose al verdadero Gedeón, al vencedor del demonio, a Nuestro Señor Jesucristo: «Cuando nacisteis inefablemente de la Virgen, se cumplieron entonces las Escrituras: bajasteis como la lluvia sobre un velo para salvar al género humano. Nosotros os alabamos, ¡oh Dios nuestro!»”(1).

Comenta Fray Tiago Monsabré, O.P.: “El velo de Gedeón, ora empapado de rocío celestial en un suelo árido, ora intacto bajo los torrentes de lluvia que corren a su alrededor, es María inundada por la gracia de Dios, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, cuando aquella falta en cualquier criatura humana; es María preservada del pecado, cuando éste penetra en toda alma viviente”(2).

 

Velo que recibió el Divino Rocío

También sobre esta maravillosa figura de Nuestra Señora, Nicolás escribió:

“María es el blanco velo de Gedeón, que recibe el rocío del Cielo, mientras ninguna parte de la tierra lo disfruta todavía. Rocío del que decía el Profeta: «Cielos, haced llover al Justo»; y del que cantaba David: «Descenderá como el rocío sobre la lana de los rebaños», sin ruido ni pérdida, recogido y mantenido completamente por la dulce consistencia de este velo [María], cuya flexibilidad no le opone resistencia alguna, sin sufrir por esto la menor pérdida en su casta integridad”(3).


Conmovedora figura de la humanidad de Nuestra Señora

Resumiendo la opinión de los autores eclesiásticos a respecto del Velo de Gedeón, Le Mulier enseña:

“Los Santos Padres consideran este velo como una de las más conmovedoras figuras de la humanidad de la Madre de Dios, verdadera imagen de dulzura y de mansedumbre, sagrado fragmento de pureza y de inocencia, destinado para ser teñido en escarlata, y servir en la confección del manto real del Salvador.

“En efecto, ¿no es de este velo bendito del que fueron tejidas todas las vestiduras de salvación para todas las naciones de la tierra?. ¿No salió de él el Cordero sin mancha, el cual, revestido de esta lana, esto es, de la carne de su Madre, vino a sanar y a curar las llagas del mundo?

“Aunque el toisón ciña el cuerpo, no se resiente de las pasiones ni de las enfermedades de la carne; así la Santísima Virgen, viviendo en un cuerpo mortal y corruptible, fue exenta de todos los vicios, de todas las imperfecciones inherentes a la humanidad.

“Fueron su candura, su pureza, las que hicieron descender el celestial rocío en el seno de María, como sobre un velo blanco y limpio. Fue atraída por María que la Divinidad habitó completa en nuestra carne, a fin de que, estando un día clavada sobre el Madero, ella irrigase toda la tierra con la deseada lluvia de la salvación.

“El velo de Gedeón fue inicialmente inundado de rocío , permaneciendo seca toda la tierra. Así, la Virgen fue la primera llena de la gracia del Señor, de la cual era la única digna y la única capaz de atraerla hasta nosotros.

“Y el velo, habiendo sido empapado, al día siguiente toda la tierra fue inundada de este celestial rocío. Es así como María, siendo la primera en recibir la plenitud de la Divinidad, por el hecho de ser ella la única digna de tal [esplendor], la lluvia, antes caída sobre el toisón, se precipitó después en torrentes sobre el mundo, por la palabra de los Apóstoles y de los predicadores, como el agua de los tejados por los regueros en un día de tempestad.

 

Señal de Redención del género humano

“Gedeón toma el velo empapado por el rocío, lo exprime y llena un gran vaso de agua, para darnos a entender que, así como Dios, en su Sabiduría, llena ese toisón de rocío antes de dejar caer una sola gota sobre la tierra, queriendo rescatar al mundo, encerró Él, primeramente, en el seno de María, todo el precio de nuestra Redención.

“Y, del mismo modo que esa señal fue dada a Gedeón como indicio de que Dios quería librar a su pueblo de la mano de los madianitas, así la venida del Verbo Divino en el seno de la Virgen fue un testimonio cierto de que Dios deseaba liberar al mundo de la tiranía de Satanás”(4).

“¡Oh! hombre —exclama el Pe. Jourdain—, admira los designios de Dios, reconoce las vías de su Sabiduría y de su Misericordia. Queriendo derramar el rocío celeste sobre la tierra, Él empapó antes el velo; queriendo rescatar al género humano, su precio lo depositó en María. Elevemos, por tanto, nuestros ojos y consideremos con qué sentimientos de devoción Él desea que honremos a María, pues Él La enriqueció con la plenitud de sus bienes. Esto significa que toda nuestra esperanza debe estar en ella, y que es por ella, como de una fuente abundante, por donde deben llegar sobre nosotros las gracias de la salvación”(5).

 

+ DIVINO PORTAL CERRADO

Así escribe Ezequiel al registrar una de sus proféticas visiones (Ez.XLIV,1-2):

“Y (el Ángel) me hizo volver después para el camino de la puerta del santuario exterior, que miraba hacia oriente, y que estaba cerrada. Y el Señor me dijo: Esta puerta estará cerrada; no se abrirá y nadie pasará por ella; porque el Señor Dios de Israel entró por esta puerta, y ella permanecerá cerrada”.

 

Símbolo de la perpetua virginidad de María

“En esta puerta misteriosa —escribe el Pe. Félix Cepeda, C.F.M.—, los Santos Padres, especialmente San Agustín y San Jerónimo contra Elvidio, ven figurada la virginidad de María después de su glorioso parto, hasta su muerte. Fue Virgen al concebir y al dar a luz a Jesucristo, y será perpetuamente Virgen. Había ofrecido a Dios como voto esa fragantísima azucena, y no faltó a su promesa. El Hijo perfecto, que es unigénito en el Cielo, ha de ser también único en la tierra.

“Después del parto ¡oh Virgen!, permaneciste Inmaculada!”(6).

Enumerando los símbolos de la excelsa virginidad de Nuestra Señora, comenta Fr. Luis de Granada:

“Es igualmente simbolizada por aquella puerta oriental que vio el profeta Ezequiel (...). Porque nadie entró por aquella puerta, sino exclusivamente el Hijo de Dios, porque sólo Él era su amor, su pensamiento, su deseo, sus cuidados y su continua añoranza”(7).

también San Ambrosio basa su opinión en favor de la perpetua virginidad de Nuestra Señora en el citado párrafo de Ezequiel. Dice él:

“¿Cuál es esta puerta, sino María? ¿Y por qué esta puerta está cerrada, sino porque la virginidad de María no sufrió con su maternidad divina?. «Esta puerta estará cerrada y no se abrirá», dice el profeta. María es esta puerta. Jesucristo entró por ella en este mundo, respetando el sello virginal con que estaba marcada, así como Él salió del sepulcro sin quebrar la piedra, y entró en el cenáculo estando las puertas cerradas.

“Esta puerta misteriosa permaneció cerrada antes y después de pasar el Señor, porque estaba reservada únicamente para Él. «Ella no se abrirá y nadie pasará por ella; porque el Señor Dios de Israel», entró por esta puerta para habitar entre nosotros.

 

Puerta que dio paso al Sol de Justicia 

“Esta puerta miraba hacia oriente, porque de ella salió el Oriente; ella dio a luz al Sol de Justicia. Y el que pasó por esta puerta es el mismo de quien dice David en el salmo CXLVII: «Alabad ¡oh Jerusalén! al Señor; alabad ¡oh Sión! a vuestro Dios; porque Él fortificó los cerrojos de vuestras puertas». Alaba a tu Dios ¡oh María! porque el nacimiento de tu Divino Hijo consagró e hizo para siempre gloriosa vuestra purísima virginidad"(8).

Y San Jerónimo, animado de ardiente celo en favor de la intacta virginidad de María, escribe:

“Virgen fue Cristo, virgen perpetua fue su Santísima Madre; madre y virgen al mismo tiempo, en cuyo seno cerrado entró Cristo. Esta es la puerta oriental, como dice Ezequiel, siempre cerrada y siempre brillante, ocultándose y dándonos de sí misma el Sancta Sanctorum; [puerta] a través de la cual entra y sale el Sol de Justicia y Pontífice nuestro, según el orden de Melquisedec"(9).

Conforme a las enseñanzas de San Ambrosio y de San Jerónimo, y con análogo fervor, comenta Santo Tomás de Villanueva:

“¿Qué significa puerta cerrada, sino el sello del pudor, la integridad de la carne inmaculada? Pues no sufrió detrimento en el parto La que en la concepción recibió aumento de santidad.

“También se ha de notar, en esta profecía de Ezequiel, que aquella puerta del santuario cerrada, miraba hacia oriente, y que solamente el Señor Dios de Israel entró por ella, precisamente para ofrecer el sacrificio.

“¿Qué puerta oriental es ésta sino la Virgen, mediante la cual brilló la luz en todo el mundo? ¿No es propiamente oriental la que engendró el Sol de Justicia?. pues de ti nació el Sol de Justicia, nuestro Dios. Sólo Cristo, Príncipe y Sacerdote, entró a través de esta puerta en el mundo para ofrecer el sacrificio; esto es, su muerte en la Cruz, pues vino al mundo para ofrecerlo al Señor”(10).


+ EL PANAL DEL FUERTE SANSÓN

Juez de Israel, dotado de una fuerza extraordinaria cuando el Espíritu Santo lo tomaba, Sansón decidió desposarse con una mujer de los filisteos, pueblo que entonces oprimía a los hijos de Jacob.

Al conocer este insólito deseo de Sansón, su padre y su madre, perplejos, le dijeron (Jc. XIV, 3-19): “¿No hay ninguna mujer entre las hijas de tus hermanos y en todo mi pueblo, para que vayas a tomar mujer entre esos filisteos incircuncisos? Pero Sansón respondió a su padre: Toma a ésa para mí, porque esa es la que me gusta. Su padre y su madre no sabían que esto venía de Yahveh, que buscaba un pretexto contra los filisteos, pues por aquel tiempo los filisteos dominaban a Israel.

 

Sansón y el panal de miel

“Sansón bajó a Timná y al llegar a las viñas de Timná, vio un leoncillo que venía rugiendo a su encuentro. El espíritu del Señor le invadió, y sin tener nada en la mano, Sansón despedazó al león como se despedaza un cabrito; pero no contó ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. Bajó y habló con la mujer, la cual le agradó.

“Algún tiempo después, volvió Sansón para casarse con ella. Dio un rodeo para ver el cadáver del león y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas con miel. La recogió en su mano y según caminaba la iba comiendo. Cuando llegó donde su padre y su madre les dio miel y comieron, pero no les dijo que la había cogido del cadáver del león.


Enigma propuesto por Sansón

“Su padre bajó donde la mujer y Sansón hizo allí un banquete, pues así suelen hacer los jóvenes (novios). Pero, al verle, eligieron treinta compañeros para que estuvieran con él. Sansón les dijo: «Os voy a proponer una adivinanza. Si me dais la solución dentro de los siete días de la fiesta y acertáis, os daré treinta túnicas y treinta mudas. Pero si no podéis darme la solución, entonces me daréis vosotros treinta túnicas y treinta mudas.» Ellos le dijeron: «Propón tu adivinanza, que te escuchamos.» El les dijo: «Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura.»

“A los tres días aún no habían acertado la adivinanza. Al cuarto día dijeron a la mujer de Sansón: «Convence a tu marido para que nos explique la adivinanza. Si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu padre. ¿O es que nos habéis invitado para robarnos?» La mujer de Sansón se puso a llorar sobre él, y dijo: «Tú me odias y no me amas. Has propuesto una adivinanza a los hijos de mi pueblo y a mí no me la has explicado.» Él le respondió: «Ni a mi padre ni a mi madre se la he explicado ¿y te la voy a explicar a ti?»

“ella estuvo llorando encima de él los siete días que duró la fiesta. Por fin el séptimo día se la explicó, porque lo tenía asediado y ella explicó la adivinanza a los hijos de su pueblo. El séptimo día, antes que entrara en la alcoba, la gente de la ciudad dijo a Sansón: «¿Qué hay más dulce que la miel, y qué más fuerte que el león?» El les respondió: «Si no hubierais arado con mi novia(11), no habríais acertado mi adivinanza.»

“Luego el espíritu del Señor le invadió, bajó a Ascalón y mató allí a treinta hombres, tomó sus despojos y entregó las mudas a los acertantes de la adivinanza; luego, encendido en cólera, subió a la casa de su padre.”

 

Panal que trajo al autor de la vida

En el panal de miel, extraído del cadáver de un león, “se considera la imagen de la vida que se encuentra en el propio seno de la muerte, y la dulzura de la miel sabrosa, recogida en un lugar que naturalmente provoca asco y repugnancia.

“Así como el panal trae la miel, María aunque poseedora de una naturaleza mortal, trajo dentro de sí al autor de la vida. No podía la miel celestial querer otro panal que no fuese el purísimo y blanquísimo panal del inmaculado seno de María”(12).


Los labios de María son como un panal de miel

Y el Pe. Rolland refiere así la extraordinaria dulzura de la Madre de Dios:

“Si es verdad que la [virtud de la] dulzura está en proporción con la de la pureza, la humildad y la caridad, ¿qué cima de perfección alcanzaría la dulzura de María, la más pura, la más humilde y la más amable de las criaturas?

“en María no hubo jamás dureza, ni frialdad, ni inconstancia de ánimo, sino la gracia , la amenidad, y la cordialidad perfectas. ¡Qué dulce y amable fue ella en la casa de San Joaquín y Santa Ana, en el templo de Jerusalén, en el exilio, en Nazaret, durante la Pasión y durante su permanencia en la tierra, después de la Ascensión!. ¡Aproximarse a ella, verla, oírla, era una felicidad indecible!.

“Su inigualable dulzura nos es afirmada por el propio Espíritu santo. Se refería a ella cuando, describiendo a la mujer ideal, dijo: «ella abrió su boca a la sabiduría, y una ley de dulzura reside en sus labios».

“La Santa Iglesia, en su liturgia, no deja de resaltar la amabilidad de María, en estos breves y expresivos términos: «Vuestros labios son como un panal de miel que destilan suavidad; la leche y la miel están sobre vuestra lengua, vuestras palabras son deliciosas».

“Que la inefable dulzura de María excite, por tanto, nuestra entusiasmada admiración, nuestra confianza sin límites y, sobre todo, nuestra generosa imitación"”(13).

 

+ CONVENÍA, CIERTAMENTE, QUE LA MADRE DE TAN NOBLE HIJO NO TUVIESE

+ DE EVA LA MANCHA, Y RESPLANDECIESE CON TODO SU BRILLO.

 

Incomparable brillo de la Inmaculada Concepción

Cuenta el P. Bernardes que “a un siervo de Dios (Juan Brebencio, jesuita), que mereció la aureola del martirio, y era devotísimo de la Virgen María, se dignó la mismísima Señora aparecérsele acompañada de tantas vírgenes, que parecían innumerables. Estaban todas en orden en un vastísimo y altísimo monte, decreciendo el número a medida que el monte se iba estrechando piramidalmente, hasta que en la cima estaba únicamente la soberana Virgen de las vírgenes. Y desde este lugar, único y solitario entre tanta multitud de almas puras, emanaba una gloria incomparable.

“Así —deduce el Pe. Bernardes—, puedes tú, alma mía, meditar y gozarte en la gloria de la Señora que, entre la multitud casi infinita de hijos de Adán, ella es la única que ocupa el ápice de la pirámide, siendo preservada de mancha que todos llevamos y que en este espeso bosque de generaciones humanas, sólo este ramo de oro brilla tanto con los resplandores de la divina gracia, desde el primer instante de su naturaleza”(14).

Sí, “el brillo de la luz eterna resplandece en esta sencilla criatura que, por una perfecta virginidad de corazón, una singular continencia de espíritu, única entre todas, conservó pura y sin mancha la imagen del Señor”(15).


Convenía a la dignidad de la Madre de Dios un alma inmaculada

Ese admirable fulgor con que el Padre Eterno revistió a la Inmaculada Concepción, tiene por principal motivo el haber escogido a la Santísima Virgen para Madre de su Hijo unigénito, como afirma Fr. Luis de Granada:

“que un alma encerrada en un cuerpo sujeto a tantas miserias y cercado por tantos sentidos, pase a volar sobre todos los Ángeles en perfección, y sea más pura que las estrellas del Cielo, esto es cosa de gran admiración. (...)

“Pues tal convenía que fuese, y sobremanera convenía que naciese aquella que ab aeterno fue escogida para ser Madre de Dios. Porque es norma de Dios adecuar los medios a los fines, o sea, hacer tales los medios para la excelencia del fin para los que se crearon.

“Al escoger Dios esta benditísima Virgen para la mayor dignidad de cuantas hay debajo de Él, que es para ser Madre del mismo Dios, convenía que le diese el espíritu, la santidad y la gracia proporcionadas a la excelencia de esta dignidad. Por eso, así como aquel templo material de Salomón fue una de las más famosas obras que hubo en el mundo, porque era casa que se edificó no para hombres, sino para Dios, así convenía que este templo espiritual donde Dios había de morar fuese una obra perfectísima, pues para tal huésped se preparaba.

“Porque, ¿cómo convenía que fuese el alma que el Hijo de Dios había tomado por especial morada, sino llena de toda la santidad y pureza?

“¿Y cómo convenía que fuese la carne de la cual había de tomar nuestra naturaleza el Hijo de Dios, sino libre de todo pecado y corrupción? porque así como el cuerpo de aquel primer Adán fue hecho de tierra virgen antes que la maldición de Dios cayese sobre él, como sucedió después del pecado (Gn. II, 7), así convenía que fuese formado el cuerpo del segundo [Adán] de otra carne virginal, libre y exenta de toda maldición y pecado”(16).

 

El honor y la nobleza del Hijo exigían una Madre Inmaculada

La frase que acabamos de subrayar es común entre los autores eclesiásticos, como perfectamente nos demuestra San Alfonso María de Ligorio. Escribe el Fundador de los Redentoristas:

“Así habla San Bernardo a la Señora: Antes que toda criatura fuisteis destinada en la mente de Dios para Madre del Hombre-Dios. Si no por otro motivo, al menos por el honor de su Hijo, que es Dios, era necesario que el Padre Eterno la crease pura de toda mancha. (...)

“Como es sabido, la primera gloria para los hijos es nacer de padres nobles. «La gloria de los hijos son sus padres» (Pr. XVII, 6).

“Por eso en la sociedad mortifica menos ser pobre y poco inteligente, que haber sido villano en el nacimiento. Pues trabajando, el pobre puede enriquecerse, y el ignorante puede hacerse docto con los estudios. Pero quien nace villano, difícilmente puede ennoblecerse, [y] aunque lo consiga está expuesto a que le digan a la cara la bajeza de su origen.

“Dios, sin embargo, podía dar a su Hijo una Madre nobilísima y exenta de la culpa original. ¿Cómo admitir entonces que le hubiera dado una manchada por el pecado? ¿Cómo dar a Lucifer la ocasión de censurar al Hijo de Dios la vergüenza de haber nacido de una madre que otrora fue esclava suya y enemiga de Dios? No; el Señor no lo permitió. Respetó el honor de su Hijo, haciendo que María fuese siempre Inmaculada. Así la hizo digna Madre de tal Hijo, como atestigua la Iglesia Oriental.

 

Convenía a la Madre de Dios una brillante e inigualable pureza

“Jamás se concedió don alguno a ninguna criatura, del que no fuese enriquecida también la Virgen. Este es un axioma común entre los teólogos. Para confirmarlo, he aquí las palabras de San Bernardo: Lo que a pocos mortales fue concedido, no le fue negado a la excelsa Virgen; no hay sombra de duda en eso. Santo Tomás de Villanueva lo expone así Ninguna gracia fue concedida a los Santos, sin que María la poseyese desde el comienzo de su plenitud. Hay, sin embargo, entre la Madre de Dios y los siervos del Señor una distancia infinita, según la célebre sentencia de San Juan Damasceno. Luego, a su Madre, Dios habrá conferido privilegios de gracias, en todo sentido mayores que las que otorgó a sus siervos. Forzosamente así lo debemos concluir con Santo Tomás.

“Esta hipótesis, pregunta San Anselmo, el gran defensor de la Inmaculada Concepción: ¿Faltaría poder a la Sabiduría divina para preparar a su Hijo una morada pura y para preservarla de la mancha del género humano? pues, continúa el Santo, Dios, que puede eximir a los Ángeles del Cielo de la ruina de los otros, ¿no habría podido preservar a la Madre de su Hijo, la Reina de los Ángeles, de la caída común de los hombres? Y añado yo: Dios, que pudo conceder a Eva la gracia de venir al mundo inmaculada, ¿no habría podido concederla también a María?

“¡Ah!, ¡ciertamente que sí. Dios podía hacerlo, y así lo hizo. Dice, por eso, San Anselmo: La Virgen, a quien Dios quiso dar a su Hijo único, tenía que brillar en una pureza que obscureciese la de todos los Ángeles y la de todos los hombres, y que fuese la mayor que se pueda imaginar, por debajo de Dios. Por todos los motivos, eso era conveniente. San Juan Damasceno explica el mismo pensamiento con más claridad: «El Señor la conservó tan pura en el cuerpo y en el alma, como realmente convenía a aquella que iba a concebir a Dios en su seno. Pues, santo como es, procura morar sólo entre los santos. Por tanto el Eterno Padre podía decir a esta hija: Como el lirio entre los espinos eres Tu, amiga mía, entre las hijas. (Ct. II, 2). pues, mientras las otras fueron manchadas por el pecado, Tu fuiste siempre Inmaculada y llena de gracia»”(17).

 

+ Y HABIENDO EL VERBO ESCOGIDO A LA VIRGEN CASTA,

+ NO QUISO QUE FUESE SUJETA A LA CULPA QUE EL MUNDO ARRASTRA


La alabanza que aquí rendimos a la Santísima Virgen es una extensión de la anterior. He aquí como, bella y cabalmente, el autor de las glorias de María nos explica el asunto:

 

Nuestro Señor quiso crear para sí una Madre Inmaculada

“Ningún otro hijo puede escoger a su madre. Pero si a alguno de ellos le diesen tal oportunidad, ¿cuál sería aquel que, pudiendo tener por madre una reina, escogiese una esclava? ¿O, pudiéndola tener noble, la tuviese villana? ¿O, pudiéndola tener amiga, la tuviese enemiga de Dios? Ahora, el Hijo de Dios, y solamente Él, pudo escoger a su Madre a su gusto. Por consiguiente, se tiene por cierto que la escogió tal y como convenía a Dios. Pero a un Dios purísimo, convenía una Madre exenta de toda culpa. La hizo, por eso, Inmaculada, escribe San Bernardino de Siena.

“Aquí encaja un párrafo de San Pablo: «pues convenía que hubiese para nosotros un pontífice tal, santo, inocente, impoluto, segregado de los pecadores» (Hb.VII,26). Un docto autor observa que, según el Apóstol, fue conveniente que nuestro Redentor fuese separado tanto del pecado como de los pecadores. También Santo Tomás lo afirma al decir: Aquel que vino a arrancar el pecado, debía ser segregado de los pecadores, debido a la culpa que pesaba sobre Adán. Pero, ¿cómo podría Jesucristo decirse separado de los pecadores, si su Madre hubiese sido pecadora? (...)

“Con San Pedro Damián y con San Pablo debemos tener por cierto que el Verbo Encarnado escogió para símismo una Madre digna, de la que no tuviese que avergonzarse. Los judíos llamaban con desprecio a Jesús, el Hijo de María, esto es, hijo de una mujer pobre: «¿No es su madre esa que llaman María?» (Mt. XIII, 55). No alcanzó ese desprecio a Aquel que venía a dar al mundo ejemplos de humildad y paciencia. Pero ciertamente sería un oprobio si hubiese de escuchar de los demonios: ¿No es su madre esa que es pecadora? que Jesús naciese de una mujer deforme y mutilada en el cuerpo, o poseída del demonio, sería igualmente inadmisible. ¿Cuánto más, por consiguiente, sería el nacer de una mujer, cuya alma por algún tiempo hubiese estado deformada y poseída por Lucifer?

“Dios es la propia Sabiduría. ¡Oh!, ¡cómo supo fabricar la casa en la que había de habitar en la tierra, y cómo consiguió hacerla realmente digna de sí mismo!

 

Convenía al Legislador del IV Mandamiento preservar a su Madre del pecado original

“El Señor nos dio el precepto de honrar a nuestros padres. Él mismo no quiso dejar de cumplirlo al hacerse hombre, anota San Metodio, y por eso llenó a su Madre de todas las gracias y honores. Por tanto, según el Pseudo-Agustín, se debe creer ciertamente que Jesús preservó de la corrupción el cuerpo de María, después de su muerte. Ahora bien, ¿cuánto menos habría atendido el honor de su Madre, si no la hubiese preservado del pecado de Adán? Ciertamente, pecaría el hijo que, pudiendo preservar a su madre del pecado original, no lo hiciese, observa el agustino Tomás de Estrasburgo. Pero —continúa él—, lo que para nosotros sería pecado, no sería ciertamente decoroso para el Hijo de Dios. Pudiendo hacer a su Madre Inmaculada, ¿dejaría de hacerlo? No; eso es imposible, asevera Gerson. (...)

 

Digna Madre de un digno Hijo

“En conclusión, recuerdo las palabras de Hugo de San Victor: Si el Cordero fue siempre Inmaculado, siempre sin mancha tuvo que ser la Madre, pues por el fruto se conoce el árbol. Y por ello la saluda así: ¡oh digna Madre de un digno Hijo! María era de hecho digna Madre de tal Hijo y sólo Jesús era digno Hijo de tal Madre. Añade después: ¡oh hermosa Madre de tan bello Hijo!, ¡oh excelsa Madre del Altísimo!

“Digámosle pues con San Ildefonso: Alimenta con vuestra leche ¡oh Madre!, a vuestro Creador; alimenta a Aquel que os hizo, y tan pura y tan perfecta os creó, que merecisteis que de Vos, Él mismo tomase el ser humano”(18).

 

Espejo de la inmaculada pureza de Jesús

Haciéndose eco de las sugerentes enseñanzas de San Alfonso, escribe un piadoso dominico:

“El más amante de los hijos puede imaginar, pero no realizar, la perfección de su madre. La encuentra hecha según la voluntad divina, y no según su propio deseo. (...)

“Un único hijo pudo crear a su agrado a la madre de la cual Él debía nacer, la perfeccionó constantemente a fin de amarla siempre más, sin recelo de ver un límite impuesto a la generosidad y a la alegría de su amor. Ese hijo es Jesús, el Verbo Encarnado, el Dios que depositó todas sus complacencias en María, mucho antes de llamarla a la vida terrena. La sola previsión de la parte que ella tendría en la Encarnación, la unía íntimamente a Él. Y para resguardarse a símismo en su humanidad, de la ofensa del pecado, Él la purificó anticipadamente de la mancha original y la revistió de una pureza inmaculada. «Tota pulchra es, amica mea, et macula nos est in te» (Ct. IV, 7), decía Él por los labios del profeta. «Ni siquiera la sombra del pecado podría tocaros, y vos sois el espejo de mi propio esplendor»” (19).

 

Perla Inmaculada

Para acabar, degustemos una sabia y graciosa consideración hecha por San Francisco de Sales:

“Nuestra Señora, la Santísima Virgen, fue concebida por vía ordinaria de gestación; sin embargo Dios, habiéndola predestinado en su mente, desde toda la eternidad, para Madre suya, la preservó pura y limpia de toda mancha. Me resulta forzoso servirme de una comparación para hacerlo comprender.

“¿Sabéis cómo se forman las perlas?. Las madreperlas hacen como las abejas: tiene su reina, y eligen como tal la mayor entre ellas, a la cual siguen todas. Suben a la superficie del mar a la hora más fresca del día, que es el amanecer, principalmente en el mes de mayo. Cuando están ahí, abren sus conchas hacia el cielo, y las gotas de rocío caen dentro de ellas. Enseguida las cierran y se sumergen de nuevo en el mar, donde incuban ese rocío y lo convierten en perlas, que después se aprecian tanto. Observad que ellas cierran tan bien sus conchas, que no dejan entrar ni una gota de agua salada.

“Esta lección conviene mucho para mi discurso. El Señor hizo lo mismo con la Santísima Virgen. En el instante de su Concepción, Él se puso, por decirlo así, debajo de ella, para impedir que cayera en el pecado original. Y así como la gota de rocío que no encuentra concha para recibirlo, cae en el mar y se convierte en agua amarga y salada, así, si una concha la recibe, se transforma en perla; así María vino a este mundo de la forma normal de la gestación, pero preservada de las aguas saladas de la corrupción del pecado.

“Debía tener ese privilegio especial, porque no era razonable que el demonio echase en cara a Jesús, alguna vez, que quien lo había llevado en sus entrañas había sido esclava de Satanás” (20).

 

+ V.-YO HABITO EN LO MÁS ALTO DE LOS CIELOS

Encima de los coros de los Ángeles y de los Santos

En virtud de la insondable dignidad que le confiere la Maternidad Divina, y de los singulares privilegios con que el Señor la enriqueció, María Santísima constituye, en el Cielo, una jerarquía especial, superior a todos los coros de Ángeles y de Santos.

Es lo que, confirmado por el sentir común de los doctores, enseña el eminente mariólogo D. Alastruey:

“La Bula Ineffabilis Deus elogia así a María: «por lo que la elevó tan maravillosamente y mucho más que a todos los Ángeles y Santos con la abundancia de todas las gracias sacadas del tesoro de la Divinidad, libre por completo de todo pecado, toda hermosa y perfecta, posee aquella plenitud de inocencia y de santidad que, después de Dios, no se pudo concebir mayor».

“Dice San Efrén: «Pura Madre de Dios, Reina de todos, más excelsa que los habitantes del Cielo, más honorable que los Querubines, más Santa que los Serafines y más gloriosa que todos los demás ejércitos celestiales».

“San Pedro Damián: «Así la Virgen, levantada sobre las almas de los Santos y de los coros de los Ángeles, supera los méritos de cada uno y los títulos de todos».

“Raimundo Jordán, llamado el Idiota: «túeres, pues, Reina coronada en los Cielos, elevada sobre los coros angélicos; túestás sentada a la diestra de tu Hijo bendito».

“Gerson: «La Virgen, sola, forma la segunda jerarquía por debajo de Dios, Uno y Trino, primera y suprema jerarquía, junto a tal Jerarca, sólo la Humanidad sublimada del Hijo se sienta a la diestra del Poder de Dios».

“San Bernardino de Siena: «Con toda certeza se ha de admitir que ella fue elevada en la gloria sobre toda criatura, como formando y completando un estado íntegro y total, al cual, según la recta razón, no puede tener acceso ninguna otra persona, porque el Hijo de Dios no tiene sino una sola Madre natural».

“Y la Sagrada Liturgia: «La Santa Madre de Dios fue elevada sobre todos los coros angélicos». «La Virgen María fue elevada al tálamo celestial en que el Rey de los reyes se sienta en solio estrellado».

“San Antonio: «Dista más la Virgen en dignidad y gloria de los Serafines, que los Serafines de los Querubines; pero los Serafines, por la excelencia de su dignidad, tienen un orden superior a los Querubines; luego la Virgen estará sobre toda la jerarquía de los Ángeles».

“El mismo santo afirma: «Más desproporción existe entre el siervo y el señor que entre el siervo y el siervo; pero los Ángeles son espíritus de servicio del ministro, esto es, siervos, y, sin embargo, entre ellos hay diversas ordenes, en cuanto que la Bienaventurada Virgen es la Señora de los Ángeles. Luego fue elevada desproporcionadamente sobre los Serafines y sobre todas las jerarquías de Ángeles».

“Y ciertamente — concluye D. Alastruey —, siendo la dignidad de la Maternidad Divina de un orden superior, (...) fue necesario que María formase en el Cielo una jerarquía especial, sobre todas las categorías de los Ángeles y de los Santos” (21).

 

Regio y elevadísimo solio

Al considerar la entrada de Nuestra Señora en el Cielo, San Bernardo exclama:

“¿Quién será capaz de expresar con palabras con cuánta honra fue recibida [María], con cuánto gozo, con cuánta alegría? ni en la tierra hubo jamás lugar tan digno de honra como el templo de su seno virginal, en el cual recibió María al Hijo de Dios, ni en el Cielo habrá otro solio regio tan excelso como aquel al que fue elevada María por el Hijo de María.

“Porque cuanta mayor gracia alcanzó ella en la tierra sobre todas las demás [criaturas], tanto más obtiene en el Cielo de gloria singular. Y si el ojo no vio, ni oído escuchó, ni cabe en corazón humano lo que Dios tiene preparado para los que le aman, ¿quién podrá decir lo que reservó Él para Aquella que Lo engendró y Lo amó más que todos los hombres?” (22).

Lleno de semejante fervor mariano, dice el venerable Tomás de Kempis:

“Alabanza y gloria a Dios Altísimo, que os confirió ¡oh María!, mayor gracia que a todas las hijas de los hombres que en el mundo existieron. Y luego colocó vuestro asiento junto al trono de vuestro Hijo en el Reino de los Cielos; en el lugar más eminente sobre todos los coros de los Ángeles y de los Santos, que Él os había preparado con suprema belleza desde toda la eternidad” (23).

 

Confianza en Aquella que habita en la altura

Ahí está el pensamiento de San Juan Bosco, gran ejemplo de Devoción a la Auxiliadora de los Cristianos:

“Desde su altísimo trono de gloria, [María] nos dirige sus maternales miradas y nos dice: «Yo habito en la altura, para enriquecer a los que me aman y llenarlos de tesoros». por consiguiente, desde su Asunción al Cielo, comenzó el constante e ininterrumpido recurso de los cristianos a María, y nunca se oyó, dice San Bernardo, que alguien haya recurrido con confianza a ella, que es Madre piadosa, y no haya sido atendido.

“Esta es la razón por la cual todo siglo, año, día y, podríamos decir, momento, está marcado, en la Historia, por algún favor concedido a quien La invocó con fe” (24).

 

+ R.- Y MI TRONO ESTÁ SOBRE UNA COLUMNA DE NUBE

Aunque este versículo insinúe, nuevamente, la sublime exaltación de Nuestra Señora a lo más alto de los Cielos, nos evoca también otro símbolo de María Santísima: la columna de nube que guiaba al pueblo elegido, a través del desierto, en busca de la Tierra Prometida.

Así dice el Libro de los Números (Nm IX, 15-23): “El día en que fue alzado el Tabernáculo, la nube lo cubrió, y desde la tarde hasta la mañana hubo sobre el Tabernáculo como un fuego. Así sucedía constantemente: de día lo cubría la nube y de noche la nube parecía de fuego. Cuando la nube se alzaba del Tabernáculo, partían los hijos de Israel; y en el lugar en que se paraba la nube, allí acampaban los hijos de Israel. A la orden del Señor, partían los hijos de Israel y a la orden del Señor asentaban su campamento. Todo el tiempo en que la nube estaba parada sobre el Tabernáculo, permanecían en el mismo lugar, y los hijos de Israel estaban a las órdenes del Señor, y no partían durante el tiempo en que la nube estaba sobre el Tabernáculo. A la orden del Señor levantaban las tiendas, y a su mandado las desarmaban. (...) Y estaban siempre atentos a la orden del Señor, como el Señor se lo había dicho a Moisés.”

 

Columna de nube que conduce a los hombres a la Patria Celestial

Interpretando este texto sagrado, el Pe. Jourdain comenta:

“San Epifanio enseña que esta columna de nube era la figura de María: «vos sois» — dice él —, «esta nube, semejante a una columna, que conducía al pueblo en el desierto».

“San Juan Crisóstomo también dice que esta augusta Virgen es semejante a la columna de nubes en que Dios habitaba, para servir de guía a su pueblo en el desierto.

“Ella es, añade Ricardo de San Lorenzo, la nube que Dios extendió sobre nosotros, para protegernos contra los ardores del Sol de Justicia. Semejante a aquella que conducía a los israelitas por el desierto, ella nos defiende contra las celadas de las tentaciones, ilumina las tinieblas de nuestra ignorancia, y nos muestra la vía que nos lleva a la Patria Celestial.

 

Nube siempre radiante de luz

“El gran San Jerónimo, para mostrar que María está realmente simbolizada por la nube misteriosa que guiaba a los descendientes de Jacob a través del desierto, recuerda la imagen de esa otra nube de la cual habla el profeta Isaías en el capítulo XIX: «He aquí que el Señor viene a Egipto sobre una nube ligera»; y también este versículo de los Salmos: «El Señor los conducía durante el día por medio de una nube». La nube, debemos reconocerlo, es la Bienaventurada Virgen María. Ella es ligera; su Maternidad, sin concurso de varón, en nada le pesó. «Él los conducía durante el día por medio de una nube».

“dice bien el Salmista: Durante el día, porque esta nube jamás fue tenebrosa, sino siempre radiante de luz.

 

Nube que nunca se aparta de los hombres

“María es, pues, una nube, pero una nube ligera y luminosa. Sigamos a esa nube misteriosa, paso a paso, imitando sus ejemplos, pues con ella llegaremos al Cielo.

“Columna de fuego, ella brillará delante de nosotros en la soledad de este mundo. Ella no permitirá que nos extraviemos en las sendas peligrosas; ella nos defenderá contra los ataques de nuestros enemigos, contra las presa de los animales feroces que rondan en torno a las tinieblas.

“La nube luminosa y la columna de fuego de las que nos habla la Escritura no se apartaban de los hijos de Israel, incluso cuando este pueblo, de dura cerviz, ofendía al Señor. María no se aparta de nosotros aunque seamos infieles a las gracias que ella nos obtiene de Dios, y ofendamos a nuestro Soberano Juez. Ella permanece junto a nosotros, intercediendo y calmando la cólera divina, abrasada por nuestros pecados.

“Ella es nuestra guía y nuestra protectora que nos introducirá en la Tierra Prometida” (25).

 

Nube en la cual se refleja la magnificencia de Dios

También sobre este símbolo de Nuestra Señora escribe le Mulier, a cuyas devotas palabras nos asociamos, para acabar estos comentarios de la Hora Tercia:

“La nube, una vez formada en el seno de la tierra, se eleva, atraída por los rayos del sol. Así, después de concebido en el seno de su Santísima Madre, Dios atrajo a María hasta Él, elevándola hasta su perfecta semejanza, y a la más alta dignidad a la cual fue capaz una mera criatura.

“La nube está entre el cielo y la tierra; la Virgen está entre Dios y los hombres.

“La magnificencia de Dios aparece en las nubes, dice David; mucho más aparece ella en su Santísima Madre, tan elevada por encima de cualquier criatura.

“La nube, dice el santo Job, es la vestimenta del mar, las fajas que lo envuelven; ¿y la Virgen, no vistió ella al Salvador, que es como un inmenso Océano, del cual manan todas las gracias, sin número ni medida?

“¡oh María! que sois esta nube ligera sobre la cual el Salvador vino a visitar los pueblos de Egipto y derribó a sus falsos ídolos, venid a nosotros, para que el Señor nos mire en su misericordia y disperse a los malos espíritus que nos persiguen” (26).

 

+ V.- PROTEGED, SEÑORA, ETC.

(Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines).

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1. ) P. Ch Rolland, op.cit., t. I, p. 147

2. ) Fr. Tiago María L. Monsabré, O.P., in Pequeño Oficio da Imaculada Conceição, ... com comentários [Ed. Paulinas], p. 112.

3. ) Auguste Nicolas, op.cit., t. II, p. 99

4. ) Henry le Mulier, op.cit., t. I, pp. 85-87.

5. ) P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, p. 513.

6. ) P. Félix Alejandro Cepeda, C.F.M. Virgo Veneranda, Editorial del Corazón de María, Madrid, 1928, pp. 193-194.

7. ) Fr. Luis de Granada, op.cit., p. 734.

8. ) San Ambrosio, De Institut. Virg., c. VIII y ss., apud P. Z.-C. Jourdain, op. cit., t. III, p. 96.

9. ) San Jerónimo, Epístola 48, o Libro apolog. a Pammaq. En defensa de los libros contra Joviniano, n. 21. Apud, Santo Tomás de Villanueva, op. cit. p. 289.

10. ) Santo Tomás de Villanueva, op.cit., p. 289

11. ) Es decir, "si no os hubieseis aprovechado de mi débil y tímida esposa" (Nota del P. Matos Soares, en la Biblia por él traducida y comentada).

12. ) Del Pequeno oficio da Imaculada Conceição, .... com comentários [Ed. Paulinas], p. 114.

13. ) P. Ch. Rolland, op.cit., t. I, pp. 581-582.

14. ) P. Manuel Bernardes, op.cit., p. 412.

15. ) Henry le Mulier, op.cit., t. I, p. 24.

16. ) Fr. Luis de Granada, op.cit., 731 y 733.

17. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit., pp. 192-193.

18. ) San Alfonso María de Ligorio, op.cit., pp 194, 196-199.

19. ) Fr. Marie-Joseph Ollivier, O.P. Les amitiés de Jesus, P.Lethielleux, París, 1929, p.3.

20. ) San Francisco de Sales, Obras Selectas, B.A.C., Madrid, 1953, t. I, p. 503.

21. ) D. Alastruey, op.cit., Pp. 516-517.

22. ) San Bernardo, op.cit., t. I, pp. 704-705

23. ) Tomás de Kempis, La Imitación de María, Editorial Regina, Barcelona, 1959, pp. 68-69.

24. ) San Juan Bosco, Obras fundamentales, B.A.C., Madrid, 1979, 2ª ed., p. 761.

25. ) P. Z.-C. Jourdain, op.cit., t. I, pp. 218-219, 480-481.

26. ) Henry le Mulier, op.cit., t. I, pp. 90-92.


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Oficio de la Inmaculada Concepción

(Transcrito del Oracional del Instituto "Alianza en Jesús por María", 2ª edición de 1953)

Modo de rezarlo

El Oficio de la Inmaculada sigue las divisiones tradicionales del gran oficio divino, cuya recitación distribuye por las diversas horas del día el salterio de David que decía: "Siete veces al día, oh Señor, te dirigiré alabanzas". Aquellas son: antes de la aurora, Maitines; durante el día, las Horas diurnas, denominadas por los romanos como: Prima, Tercia, Sexta y Nona, que convencionalmente corresponden, para los efectos de nuestra manera de dividir la jornada, a las seis, nueve, doce y quince horas, respectivamente; por la tarde son Vísperas y por la noche Completas. Es loable que se siga esta distribución, que renueva durante el día el recuerdo y las excelsas alabanzas de María Santísima. No obstante, ya sea particular, ya sea colectivamente, pueden rezarse todas las Horas de una sola vez.

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Texto del Oficio de la

Inmaculada Concepción

 

Maitines y Laudes


V.- Sin tardanza pregona, lengua mía,
R.- Las glorias y alabanzas de María.
V.- Atiende a mi socorro, gran Señora,
R.- y libreme tu diestra protectora.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en un principio, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
(Desde Septuagésima hasta Pascua, en lugar de Aleluya se dice: Alabanza a Tí,
Señor, Rey de la gloria)

Himno

Salve, Señora del mundo
y del empíreo Reina;
salve, Virgen de las Virgenes;
salve, matutina Estrella.
Salve, Tú, llena de gracia,
que luz divina reflejas:
apresúrate, Señora,
a socorrer a la tierra.
El Señor, desde el principio,
te escogió para que fueras
Madre del Verbo unigénito
por quien todo el mundo hiciera.
Y para sí el mismo Dios
hízote esposa tan bella,
que ni quiso te manchara
de Adán la culpa primera. Amén.

V.- Fue escogida de Dios y preservada.
R.- Y le da en habitación su tabernáculo.
V.- Dígnate, Señora, acoger mis súplicas.
R.- Y lleguen a Ti mis clamores.

Oración: Santa María, Reina de los cielos, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Señora del Mundo, que a nadie desamparas y a nadie desechas; mírame, Señora, benignamente con ojos de piedad, y alcánzame de tu querido Hijo el perdón de todos mis pecados, para que yo, que con devoto afecto celebro ahora tu santa e Inmaculada Concepción, reciba después el premio de la eterna bienaventuranza, concediéndomelo el mismo de quien fuiste Madre, quedando Virgen, Jesucristo Nuestro Señor, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina en unidad perfecta, Dios por los siglos de los siglos. Amén.

V.- Dígnate, Señora, acoger mis súplicas.
R.- Y lleguen a Ti mis clamores.
V.- Bendigamos al Señor.
R.- A Dios démosle gracias.
V.- Por la misericordia de Dios, descansen en paz las almas de los fieles difuntos.
R.- Amén.

Prima

V.- Atiende a mi socorro, gran Señora.
R.- y líbreme tu diestra protectora.
Gloria...

Himno

Salve, Virgen sapientísima,
Casa al Señor dedicada,
que adornan siete columnas
y rica mesa de gracias.
Fuiste de todo contagio,
de este mundo preservada,
y en el seno de tu madre
Dios te quiso siempre santa.
Tú eres madre de los vivos,
para los santos entrada,
nueva estrella de Jacob,
de los cielos Soberana.
Ya que eres para el demonio
terrible hueste en batalla,
sé también puerto y refugio
para las almas cristianas. Amén.

V.- El Señor Dios, Éste es el que le dio el ser en el Espíritu Santo.
R.- Y derramóla sobre todas sus obras.
V.- Dígnate, Señora, ... (Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines ).

Tercia

V.- Atiende a mi socorro, gran Señora.
R.- y líbreme tu diestra protectora.
Gloria...

Himno

Salve ¡oh, Arca de Alianza!,
y trono de Salomón,
Arco iris hermosísimo,
Zarza que no se abrasó.
Vara de José florida,
gedeónico vellón,
Puerta al Señor reservada,
Panal que Sansón halló.
Preservar era muy justo
a quien nació en tanto honor,
del original pecado
en que Eva nos engendró.
La que por su madre excelsa
escogiera el mismo Dios,
sujeta a culpa ninguna
ni un instante consintió. Amén.

 

V.- En los altísimos cielos tengo yo mi morada.
R.- Y el trono mío sobre una columna de nubes.
V.- Dígnate, Señora, ... (Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines).

Sexta

V.- Atiende a mi socorro, gran Señora,
R.- y líbreme tu diestra protectora.
Gloria ...

Himno

Dios te salve, Virgen Madre,
Templo de la Trinidad,
de los Ángeles el gozo,
de la pureza panal.
Consuelo de los que lloran,
Jardín que alegría da,
Palma de la paciencia,
Cedro de la castidad.
Tú eres tierra bendecida,
y herencia sacerdotal,
santa y libre de la culpa
que a todos transmitió Adán.
Tú eres la puerta oriental,
en Ti está toda la gracia,
Tú eres la Virgen sin par. Amén.

V.- Como azucena entre espinas,
R.- Así es mi amiga entre las hijas de Adán.
V.- Dígnate, Señora, ... (Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines)

Nona

V.- Atiende a mi socorro, gran Señora,
R.- y líbreme tu diestra protectora.
Gloria ...

Himno

Salve, ciudad de refugio,
Torre de David provista
de poderosas defensas,
y con armas guarnecida.
En tu Concepción, ardiendo
en la caridad divina,
Tú del infernal dragón
quebrantaste la malicia.
Salve, pues, oh mujer fuerte,
salve Tú, Judit invicta,
Abisag, virgen hermosa,
que al David del cielo aviva.
Raquel llevó en sus entrañas
quien salvó la gente egipcia:
pero al Salvador del mundo
llevó en las suyas María. Amén

V.- Toda Tú eres hermosa, oh amiga mía.
R.- Y nunca hubo en Ti la culpa original.
V.- Dígnate, Señora, ... (Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines)

Vísperas

V.- Atiende a mi socorro, gran Señora,
R.- y líbreme tu diestra protectora.
Gloria ...

Himno

Salve, místico Reloj,
do el Sol de Justicia eterna
retrocediera diez grados,
al tomar Dios carne nuestra.
Para que el hombre subiese
del profundo a suma alteza,
hízose menos que el Ángel
todo un Dios de gloria inmensa.
Con los rayos de este Sol,
¡oh, María!, centelleas;
como Aurora que de Él nace,
ya en tu Concepción te ostentas.
Lirio entre espinas, quebrantas
de la sierpe la cabeza
y hermosa como la luna
la senda al errante muestras. Amén.

V.- Yo hice nacer en los cielos la luz indeficiente.
R.- Y como una nieba cubrí toda la tierra.
V.- Dígnate, Señora, ... (Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines)

Completas

V.- Conviértanos, Señora, tu Hijo Jesucristo, aplacado por tus súplicas.
R.- Y aparte Él su ira de nosotros.
V.- Atiende a mi socorro, gran Señora,
R.- y líbreme tu diestra protectora.
Gloria ...

Himno

Salve, Virgen floreciente;
salve, Madre siempre intacta;
salve, Reina de clemencia,
por estrellas coronada.
Más que los Ángeles todos
eres Tú pura y sin mancha,
y estás del Rey a la diestra
con vestidura dorada.
Oh, Tú, de la gracia Madre,
del reo dulce esperanza,
luciente Estrella del mar,
Refugio del que naufraga.
Oh, puerta del cielo abierta
por Ti que al enfermo sanas,
ver a nuestro Rey logremos
en la celestial morada. Amén.

V.- Bálsamo derramado es tu nombre, oh María.
R.- Tus siervos te amaron sobremanera.
V.- Dígnate, Señora, ... (Se repiten las mismas oraciones que al final de Maitines).

Después del Oficio

V.-
Suplicando te ofrecemos,
Madre nuestra y Virgen pía,
estos himnos de alabanza.
Condúcenos en la vida
por el camino más próspero,
y en la agonía tristísima
asístenos con tu amparo
¡oh, dulcísima María! Amén

R.- A Dios démosle gracias.

Antífona

R.- Esta es la vara en la cual no hubo ni el nudo del pecado original, ni la corteza de la culpa actual.

V.- Oh Virgen concebida sin pecado.
R.- Ruega a Aquél cuyo Hijo nos has dado.

Oración. ¡Oh, Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste digna morada para tu Hijo; rogámoste que, así como preservaste a Ella de toda mancha por la muerte prevista de tu mismo Hijo, así también nos concedas que, mediante tu intercesión, lleguemos limpios de toda culpa a tu presencia. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

V.- Amén.