Benedicto XVI: una vida dedicada a la oración al servicio de la Iglesia y de la humanidad
(RV).- (con audio) Benedicto XVI: una vida dedicada a la oración al servicio de la Iglesia y de la humanidad Asegurando nuestras oraciones – como él pidió – y contando con las suyas, como nos prometió, recordamos que se cumple un año de la histórica renuncia de Benedicto XVI, que ha guiado a la Iglesia Universal, durante casi ocho años, con sabiduría, dulzura, humildad y firmeza, como «simple y humilde trabajador de la viña del Señor», como dijo la tarde del 19 de abril de 2005. El 11 de febrero de 2013, daba la vuelta al mundo la noticia de la histórica renuncia de Joseph Ratzinger, anunciada con profunda emoción, por él mismo ese día, memoria de Nuestra Señora de Lourdes. Marcando un hito en 20 siglos de historia, al final del consistorio que había convocado, para tres causas de canonización, anunció al colegio cardenalicio su renuncia al ministerio de Obispo de Roma, con sencillez y confiada, serena y filial entrega al Señor de la historia:
“Los he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicarles una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice”.
«Me consuela – decía el día de su elección pontificia el hasta entonces cardenal Joseph Ratzinger – el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes». Ya desde el primer momento, pues, el Papa Benedicto XVI mostró su humildad y sencillez encomendándose a las oraciones de los fieles y a la “alegría del Señor” para seguir adelante.
«Les suplico que se acuerden de mí en sus oraciones y que sigan pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del Apóstol Pedro», pedía Benedicto XVI, en la última, intensa audiencia general de su pontificado – el 27 de febrero de 2013 – en cuya catequesis reiteró que «amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre por delante el bien de la Iglesia y no de sí mismos».
Con grandes aplausos y mucha emoción cientos de miles de fíeles y peregrinos acompañaron al Papa Ratzinger en la ultima audiencia general de su pontificado: casi ocho años de luminoso magisterio con «momentos de alegría y luces, así como también ‘momentos difíciles’, pero siempre bajo la guía y protección de Dios». Sabiendo que la barca de la Iglesia es del Señor y que Él la conduce por medio de hombres. Escuchemos sus palabras en nuestra lengua:
«Queridos hermanos y hermanas: Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad. Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad. Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres. Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme. Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. Muchas gracias. Que Dios os bendiga».
Benedicto XVI prosiguió su agradecimiento dirigiéndose a las numerosas personas de todo el mundo, que en especial en las últimas semanas le habían enviado muestras conmovedoras de atención, amistad y oración. «Sí, el Papa nunca está solo, ahora lo experimento de nuevo de una manera tan grande que toca el corazón». «Me escriben como hermanos y hermanas, o como hijos e hijas, con sentimientos de vínculos familiares muy cariñosos. Aquí se puede tocar con mano lo que es la Iglesia – no es una organización, ni una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunidad de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de esta manera es tener casi la capacidad de tocar con las manos el poder de su verdad y de su amor, es una fuente de alegría, en un momento en que muchos hablan de su declive».
Y cómo no recordar el primer saludo del Papa Bergoglio, al ser elegido como sucesor suyo, rezó e hizo que la abarrotada Plaza de San Pedro, sus alrededores y millones de personas en el mundo rezaran con él un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria al Padre por su amado predecesor:
«Hermanos y hermanas, buenas tardes.
Saben que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…, pero aquí estamos. Les agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja. –
(CdM – RV)

Fuente:: News.va

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Antonio Mª Rouco VarelaMons. Antonio Mª Rouco Varela      Queridos hermanos y hermanas:

La LV campaña contra el Hambre de Manos Unidas, que celebraremos el día 9 de febrero, se presenta bajo el lema Un mundo nuevo, proyecto común. Pretende recordarnos la responsabilidad ineludible de ser protagonistas de la historia y no meros espectadores. Desde sus orígenes, Manos Unidas se ha comprometido, desde la fe en el Señor Jesús, en trabajar por un mundo nuevo. Este objetivo de su misión se fundamenta, como no podía ser de otra manera, en la esperanza de los cielos nuevos y nueva tierra que consumarán la historia de la humanidad. Como muy bien dice el Concilio Vaticano II, esta esperanza «no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación por cultivar la tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo» (GS 39).

La diócesis de Madrid está inmersa en una gran Misión, que tiene como centro el anuncio del Evangelio de Cristo. Como he dicho en la carta con que presentaba el Plan Pastoral para el curso 2013-1014, el anuncio del Evangelio no es posible sin el testimonio cristiano que abarca la palabra y las obras: «La fe, os decía, es inseparable de la caridad, ámbito donde se hace particularmente visible y consciente» (Servicio y Testimonio de la verdad 3). Así lo recordaba también el Papa Francisco en la Encíclica Lumen Fidei: «Por su conexión con el amor, la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, el derecho y la paz« (LF 51). Su reciente Exhortación apostólica es una ardiente exhortación a la acción evangelizadora y misionera de la Iglesia, que nace de la fe: «De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad». (cf. Evangelii Gaudium 186).

La fe en Dios, Creador y Padre de todos, nos exige vivir la responsabilidad de unos para con otros, como hijos del un mismo Padre y miembros de la única familia humana, ya que la fe, «como experiencia de la paternidad y de la misericordia de Dios se expande en un camino fraterno» (LF 54). Con respecto al desarrollo, Benedicto XVI nos recordaba en su última encíclica que «el desarrollo de los pueblos depende, sobre todo, de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto a otro» (CiV 53). Es cierto que no son pocas las iniciativas y testimonios de ello en nuestra Iglesia diocesana, pero la Campaña de Manos Unidas nos invita a mirar más allá de nosotros mismos, abriéndonos a la universalidad que reclama nuestro ser Iglesia. De este modo la luz de la fe «nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza» (LF 51).

En nuestros días, el fenómeno de la globalización contribuye no poco a hacernos conscientes de la fraternidad que existe entre los diversos pueblos de la tierra. Sin embargo, pese a las ventajas que todos reconocemos a este fenómeno, no se ha logrado acabar con las desigualdades e injusticias entre los hombres, sino que, en muchos casos, las ha reconfigurado, provocando, junto a aspectos positivos, la globalización de la indiferencia. Contra ella nos ha advertido repetidas veces el Papa Francisco, a la vez que la ha denunciado y desenmascarado, invitándonos a luchar contra el individualismo y el subjetivismo que nos aleja progresivamente del proyecto de un mundo más justo y solidario. Os animo, pues, a una participación generosa en la Campaña de Manos Unidas, cuyo lema nos recuerda lo que decía Pablo VI en la Populorum Progressio: «El desarrollo integral del hombre no puede realizarse sin el desarrollo solidario de la humanidad, mediante un mutuo y común esfuerzo» (PP 43).

Es verdad que no son pocas las necesidades presentes entre nosotros: necesidades a las que los cristianos de Madrid respondemos con gran generosidad. Sin embargo, estas necesidades y su atención no nos eximen de acudir en ayuda de tantos hermanos nuestros de otros países. Lo hemos hecho siempre a lo largo de nuestra historia y recientemente con nuestros hermanos afectados por el tifón en Filipinas. Lo hacemos también ahora al participar en esta LV Campaña de Manos Unidas, convencidos de que «la obligada solidaridad entre los que compartimos una misma condición y un mismo destino nos exige compartir, siendo preciso modificar nuestros hábitos de vida y adecuarlos a una sobria austeridad» (CEE, Mensaje con motivo del L aniversario de Manos Unidas 20). Manifestamos así que «las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones que tienen como fundamento el amor de Dios» (LF 51).

Con mi afecto y bendición.

+ Antonio Mª Rouco Varela

Cardenal-Arzobispo de Madrid

Fuente:: Mons. Antonio Mª Rouco Varela

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Campaña de Manos UnidasMons. Juan José Omella    Cuando empezó la Campaña de Manos Unidas, hace 54 años, promovida por las mujeres de Acción Católica, dijeron muy certeramente que la guerra y la limitación de la natalidad eran soluciones falsas para abordar el gran problema del hambre en el mundo. Decían: “No queremos que se den soluciones perezosas y criminales a este trágico problema: la guerra, la limitación de la natalidad, son soluciones falsas, soluciones ineficaces, soluciones de muerte”. Y seguían diciendo: “No podemos resignarnos al hecho de que la mitad de la humanidad sufra hambre”. Y emprendieron un camino de solidaridad y fraternidad para superar y vencer la lacra del hambre.

Este año, Manos Unidas, presente en todos los rincones de España, nos habla de soñar con un nuevo mundo en el que todos nos sintamos hermanos, nos invita a trabajar todos juntos por hacer realidad lo que el Papa Francisco nos decía en el Mensaje de la Jornada de la Paz de este mismo año 2014: que la fraternidad es el camino para la paz. Sí, se entiende que la fraternidad sea camino de la paz, porque los hermanos se respetan, se quieren, comparten y se ayudan.

No podemos ignorar a nuestros hermanos más pobres, a los que mueren de hambre en los países llamados del Tercer Mundo. No podemos encerrarnos en nuestras trincheras de países desarrollados tratando de desarrollar al máximo la sociedad del bienestar mientras hermanos nuestros carecen de lo más elemental y vital como es la comida, la sanidad, la educación, el respete de su dignidad.

Impresiona ver cómo muchos hermanos nuestros mueren desnutridos, carentes de atenciones sanitarias, abandonados a su suerte. Algunos de ellos tratan de huir de su realidad y emigran a los países desarrollados, pero no siempre encuentran una acogida fraterna y muchos de ellos mueren en el intento de llegar a ese “paraíso que imaginan hermoso y que les sacará de su extrema miseria”.

Estamos llamados a construir un mundo nuevo en el que nos sintamos todos hermanos y nos ayudemos unos a otros a vivir en dignidad y teniendo cubiertas las necesidades básica. Manos Unidas está trabajando con ilusión en esta empresa. Y siguen diciendo, hoy en día, lo mismo que decían las mujeres que pusieron en marcha la Campaña contra el Hambre: “ Un solo obstáculo en la lucha contra el hambre sería insuperable: creer la victoria imposible. Todos unidos podemos mucho más de lo que creemos. No se necesita más para acometer la empresa”.

Gracias Manos Unidas por vuestra lucha decidida contra la pobreza en el mundo. Gracias por creer que es posible erradicarla. Gracias por contar con nuestra ayuda para esta hermosa empresa. Y gracias también a todos los que colaboráis con Manos Unidas: trabajadores, socios, voluntarios, los que aportáis vuestros donativos, así como los que entregáis herencias o vuestro tiempo e ilusión. Que Dios os bendiga.
La colecta de este domingo en todas las comunidades cristianas de España está destinada a esta institución y a la labor que realiza. ¡Que seamos generosos para ayudar a ese fin tan humanitario!

La jornada viene precedida en muchos lugares por un día de oración y de Ayuno Voluntario, en el cual realizamos un ayuno como símbolo de solidaridad con quienes ayunan por necesidad durante todo el año. Es también una invitación a adoptar un estilo sobrio en todo el conjunto de nuestra vida. La misma crisis económica que padecemos en España nos invita también a ser austeros y a estar junto a los que sufren.
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño
y Consiliario Nacional de Manos Unidas

Fuente:: Mons. Juan José Omella

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Hambre y malnutrición en el mundoMons. Lluís Martínez Sistach     La realidad de nuestra humanidad es cruda: hay hambre en el mundo y muchas personas mueren de hambre cada día. Un año más, la organización católica Manos Unidas nos sensibiliza sobre esta triste y humillante realidad. Su conocida campaña contra el hambre llega a la edición número cincuenta y cinco, y tiene como lema: ” Un mundo nuevo, proyecto común”.

Ante el progreso científico y técnico de nuestro mundo nos podemos preguntar: ¿el avance es el mismo por lo que se refiere al humanismo? ¿Somos hoy más humanos? ¿Nos sentimos más hermanos unos de otros?

Todos amamos la vida humana y todos deseamos que cada persona la pueda conservar y desarrollar con calidad. Para lograrlo, es necesaria una actitud decidida de solidaridad generosa, es decir, de caridad cristiana. Y esto se consigue si uno se acerca a la realidad del hambre y del sufrimiento humano del hermano.

El samaritano del Evangelio que ayudó al herido que yacía al borde del camino lo hizo porque se acercó, lo vio y se compadeció de aquel hermano suyo. Si vemos a nuestros hermanos que yacen al borde de las calles y las plazas del mundo muriendo de hambre o desnutridos, nos compadecemos y les ayudamos.

En este sentido, Gandhi escribió: “Os daré un potente talismán. Antes de tomar una decisión importante, representaos ante vosotros al hombre más pobre y más necesitado que hayáis visto. Dejaos impresionar por él y preguntaos: ¿cómo, en qué grado, de qué manera esta decisión que tomaré afectará la suerte de este pobre ser humano? Realmente, todas nuestras decisiones inciden de alguna manera en el resto de la familia humana.

Así va creciendo una conciencia solidaria. El Papa, que ha sido llamado el Papa de la alteridad, está haciendo mucho para que nos sintamos interpelados por el rostro del otro, y especialmente por el rostro del pobre. Él clama contra la globalización de la indiferencia y nos invita a sentir como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidas en países lejanos que nunca visitaremos.

En el fondo de la problemática del hambre está el sentido universal de los bienes materiales y de la propiedad privada. La propiedad privada no anula que la tierra esté destinada originalmente al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes continúa siendo primordial. El Señor ya nos da la tierra para todos. Es necesario que nosotros repartamos mejor sus frutos.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Fuente:: Mons. Lluís Martínez Sistach

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Mons. Adolfo MontesMons. Adolfo González    Llega la campaña de Manos Unidas y no quiero dejar de ofreceros unas reflexiones que glosen el lema de este año: «Un mundo nuevo, proyecto común».

Parto ciertamente, del supuesto de que un mundo verdaderamente nuevo es obra de Dios, porque sólo de él, de su poder y de su misericordia depende la irrupción de un mundo nuevo, es decir, de Dios depende el hombre nuevo y la nueva creación, que nos ha mostrado en la resurrección de Cristo, vencidos el mal que infecta el mundo y la muerte. A quienes no les gusta esta afirmación, les basta mirar en su entorno para ver hasta qué punto el mal flagela la vida de los seres humanos.

Algunas de estas manifestaciones son crudelísimas como esa forma nueva de esclavitud que es la trata de personas, principalmente mujeres, niños y adolescentes; seres humanos reducidos a fuerza de trabajo, maltratados por la desnutrición y el hambre y huyendo despavoridos de los conflictos bélicos, de la guerra que todo lo reduce a ruinas, diezma y aniquila las poblaciones, causa quebrantos irrecuperables en las sociedades divididas y enfrentadas, dejando en ellas heridas que son estigmas del odio y de la falta de entendimiento por décadas. ¿Para qué mencionar lo que todo el mundo conoce? Ahí están las noticias de cada día.

Entonces, ¿no podemos hacer nada? En modo alguno. Es mucho lo que se ha hecho y, en su justa comprensión de las cosas, es posible lograr un mundo nuevo, en la misma medida en que ayudemos al desarrollo humano de las sociedades; es decir, en la medida en que contribuyamos a su humanización verdadera mediante la propuesta y el fomento constate de una «civilización del amor». Los papas de nuestro tiempo vienen proponiendo este mensaje incansablemente. Desde los tiempos de Pío XII y la campaña llevada a cabo con su estímulo y el apoyo de su magisterio, la Iglesia viene presentando y ofreciendo esta propuesta: «Por un mundo mejor». Después, Juan XXIII abrió los corazones a la esperanza en la superación definitiva de los enfrentamientos entre las naciones que desencadenaron la segunda guerra mundial, para lo cual proponía el establecimiento de la paz sobre el respeto a la dignidad humana y la defensa de los derechos humanos en la encíclica Pacen in terris (1963).

El Vaticano II que él convocó promovió cuanto une a los cristianos, frente a lo que los divide, para favorecer su servicio a la humanidad mediante el mayor avance hacia una humanidad mejor que resultará de “la unidad en la verdad y en el amor, bajo la virtud poderosa del Espíritu Santo”, de suerte que unidas las fuerzas, “nos esforcemos por cooperar fraternalmente para prestar un servicio a la familia humana, que está llamada en Cristo Jesús a ser la familia de los hijos de Dios” (GS, n.93). El Concilio nos alentó para no confundir la historia de la salvación con la simple historia del progreso, siempre ambigua, que sólo se orienta al hombre cuando tiene en cuenta a Dios. La Iglesia aprecia cuanto de bueno y noble le es posible alcanzar al esfuerzo humano, siempre que se rija por los valores del espíritu que hacen del ser humano infinitamente más que un animal evolucionado, es decir, hijo de Dios. Así, hace equipamiento suyo: «el estudio de las ciencias y la fidelidad exacta a la verdad en las investigaciones científicas, la necesidad de trabajar conjuntamente en equipos técnicos, el sentido de la solidaridad internacional, la conciencia cada vez más viva de la responsabilidad de los expertos para ayudar e incluso proteger a los hombres, la voluntad de hacer más favorables para todos las condiciones de vida, especialmente para aquellos que sufren privación de su responsabilidad o pobreza cultural» (GS, n. 57).

Por esto el Concilio apoya todo proyecto de «humanización» de la vida, destinado a combatir el hambre y la miseria y a promocionar las aptitudes de las personas y de las colectividades para lograr por sí mismas un bienestar necesario para acoger mejor la palabra del Evangelio. Es imposible separar el apoyo a proyectos de esta índole de la predicación evangélica, aunque estos proyectos representen un paso previo a la misma predicación en determinadas circunstancias. El Concilio, en el mismo lugar citado dice refiriéndose a cuanto de bueno acabamos de mencionar: «Todo lo cual puede aportar alguna preparación para recibir el mensaje del Evangelio, que puede ser animada con la caridad divina por Aquel que vino a salvar el mundo». ¡No cabe mayor claridad!

Pablo VI, que aplicó con voluntad grande el Concilio, hablaba de la necesidad de una verdadera «civilización del amor», expresión que acuñada particularmente por él fue después más desarrollada y aplicada por Juan Pablo II a su magisterio social. Benedicto XVI le ha dado una singular validación al poner en relación caridad y verdad en la encíclica Caritas in veritate (Caridad en la verdad, 2009). Por eso dice de él en esta encíclica remitiéndose a Pablo VI, que con sus enseñanzas sociales de gran relevancia, «reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia, en la perspectiva ideal e histórica de una civilización animada por el amor» (n.13); concluyendo con la misma claridad que su predecesor: «No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad, alma y cuerpo» (n.76).

Manos Unidas nos lanza un mensaje también claro: es posible un mundo nuevo como proyecto común, pero no olvidemos desde dónde lo dice: desde la fe que anima a sus militantes, particularmente a las mujeres de fe que le han dado cuerpo a una organización como Manos Unidas, imprescindible hoy en la lucha contra el hambre. Manos Unidas cree en la imbricación de Dios en toda acción en favor del hombre, donde se deja sentir ya la novedad del mundo nuevo que esperamos de Dios. También el Papa Francisco se apoya en Pablo VI, para recordarnos, con su estimulante magisterio, que la propuesta es el Reino de Dios, y que «se trata de amar a Dios que reina en el mundo», por eso asegura: «En la medida en que él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales» (Evangelii gaudium, n.181). También muy claro: la novedad del mundo viene de Dios y, mientras llega su plenitud, se nos pide que vayamos hacia ella cambiando todo lo que no entra en el proyecto de Dios para el mundo, como el hambre y la miseria de los pobres, que el amor fraterno puede remediar.

Almería, 9 de febrero de 2014

Día de la Campaña contra el hambre en el mundo

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

Fuente:: Mons. Adolfo González Montes

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logo-semana-cine-espiritual-300x212Más de un millar de escolares participará en la X Semana de Cine Espiritual de Valencia que incluirá la proyección de películas con valores, hasta el próximo 14 de febrero, entre las que se encuentran “Los Miserables”, “La vida de Pi” o “El medallón perdido”.

Las películas serán visionadas en los cines ABC-El Saler de Valencia, desde esta mañana  y hasta el próximo viernes así como en Cineapolis-El Teler de Ontinyent, donde empezaron la semana pasada. El programa incluirá, en Valencia, los films “La Vida de Pi”, de Ang Lee, el 10 de febrero; “Moscati, el médico de los pobres” (2012), de Giacomo Campiotti, el 11 de febrero; “El medallón perdido” (2013), de Bill Muir, el 12 de febrero; “October Baby” (2011), de Andrew Erwin y Jon Erwin, el 13 de febrero; y “Los Miserables”, de Tom Hooper, 14 de febrero.

La Semana de Cine Espiritual pretende “potenciar la formación crítica y activa en torno a los medios audiovisuales” e “impulsar el cine de valores que plantea los grandes interrogantes vitales y facilita la apertura a la transcendencia educando, además, la dimensión espiritual de una forma integral”.

 

(AVAN)

Fuente:: SIC

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virgenes_consagradasLa Capilla Real acogió el sábado 8 de febrero, a las 12:00 h. la consagración de tres vírgenes de manos de mons. Juan José AsenjoMaría Gallego, Pilar Ríos y Mª Inocencia Romero. Como el propio arzobispo describía en una carta pastoral, el orden de las vírgenes es “una institución eclesiástica hoy poco conocida a pesar de ser casi tan antigua como la misma Iglesia”.

En la citada carta, el prelado sevillano explica que las vírgenes consagradas “viven en medio del mundo. No pertenecen a ninguna familia religiosa, ni dejan su familia o su trabajo profesional. No hacen voto de pobreza, aunque tratan de vivir despegadas de los bienes materiales. Tampoco hacen  voto de obediencia, aunque están especialmente vinculadas al obispo, que puede señalarles un campo concreto de apostolado, casi siempre al servicio de su propia parroquia o de un sector concreto de la pastoral diocesana. Sí se les pide vivir el consejo evangélico de la castidad que, si bien no es voto, la tradición siempre lo ha considerado muy próximo a él”.

Estas tres jóvenes se han estado preparando durante meses para este momento con el sacerdote sevillano, Andrés Ybarra. En la actualidad, la archidiócesis de Sevilla cuenta con un grupo de unas cuarenta vírgenes consagradas.

Fuente:: SIC

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encuentro comunidad islamica tarragonaEl encuentro, al que asistió también el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell, tuvo lugar en el oratorio islámico situado en la calle Cartagena de Tarragona.

El presidente de la Unión de las Comunidades Islámicas de Cataluña (UCIDCAT), Mohamed El Ghaidouni, calificó el encuentro de histórico y sacó una valoración muy positiva. Según los representantes de la comunidad islámica, nunca un representante de la Iglesia Católica de ese nivel había visitado una mezquita en Cataluña y tampoco en el resto del estado.

Por su parte, Enrique Vendrell explicó que este es uno de los servicios que se pueden aportar desde Asuntos Religiosos en la sociedad para una buena convivencia. «Los prejuicios están pero tienen que ir trabajando para un mayor conocimiento», dijo.

El Sr. Arzobispo afirmó que «las religiones bien vividas no deben ser un obstáculo». «Agradezco el tiempo de conversación compartida y la cordialidad con la que he sido acogido».

 

(Archidiócesis de Tarragona

Fuente:: SIC

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Clausura-Año-jubilar-TrinitarioEste Año Jubilar ha sido una oportunidad para renovar el compromiso liberador en los 800 años de la muerte del fundador, San Juan de Mata, y los 400 de la muerte del reformador, San Juan Bautista de la Concepción. El 14 de febrero, festividad de San Juan Bautista de la Concepción, comenzarán en Córdoba los actos de Clausura del Año Jubilar Trinitario para toda la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos.

Por ello, para la clausura se han organizado diversos actos que comenzarán el viernes 14 de febrero con una celebración eucarística presidida por Fray José Narlaly, Ministro General OSST, en la parroquia de Ntra. Sra. de Gracia, a las 20:00 horas. Al día siguiente, el sábado 15 de febrero, será la procesión extraordinaria con las reliquias de San Juan Bautista de la Concepción desde la iglesia de los PP. Trinitarios hasta la Catedral. La salida está prevista para las 17:00 horas y la llegada a la Catedral sobre las 20:00 horas. Finalmente, el domingo se celebrará una Eucaristía de Acción de Gracias a la Santísima Trinidad, presidida por Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, y en la que participarán el Ministro General de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, todo el Consejo General y los Ministros Provinciales, Vicarios y Delegados de la Orden en todo el mundo, además de religiosos, miembros de la Familia Trinitaria y amigos. La celebración comenzara a las 12 de la mañana y después habrá una procesión con las reliquias hasta la parroquia de San Francisco.

(Diócesis de Córdoba)

Fuente:: SIC

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cine2010Desde hoy lunes, hasta el próximo sábado, 15 de febrero, tendrá lugar la VII semana de cine espiritual- Ikusiz Ikasi, “cuya finalidad –explican sus organizadores- consiste en promover los valores humanos y espirituales a partir del cine”. Este año la asistencia a las sesiones escolares prácticamente duplicará la del año anterior. Hay inscritas casi 2.000 personas.

La elección de las películas de cada edición de Ikusiz Ikasi se hace en función del lema que da título a la semana de cine, y que marca la temática que los organizadores trabajan de fondo en todas ellas. El lema, este año, es “Infinitas dimensiones-Mugagabeak, mugaezinak”.

Las películas que presentan la edición actual son “Nocturna (2007)” (euskera), para escolares de 8 a 10 años (3º y 4º E.P.); Irabazle eta Galtzaile (euskera), de 10 a 13 años (5º y 6º E.P. y 1º ESO); “El diario de Greg 2” (2011) (castellano), de 10 a 14 años (5º y 6º E.P. y 1º-2º ESO); “Txori Urdin” (euskera) 14 a 18 años  (2º – 4º ESO y Bachiller) e “Intocable” (2011) (castellano), de 15 a 18 años (3º y 4º ESO y Bachiller) y se proyectarán en  los cines Zubiarte, de Bilbao, Zugaza, de Durango y Gernika Kultur Etxea.

(Diócesis de Bilbao)

Fuente:: SIC

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