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Sábado, 01 Septiembre 2012

En honor de Santa Beatriz de Silva

Por invitación de la Madre Abadesa del Monasterio de San José y Jesús María, de las RR MM Concepcionistas Franciscanas, de la calle Blasco de Garay, de Madrid, los Heraldos del Evangelio participaron en la Celebración Eucarística con la que se finalizó el Triduo en honor a la Fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, Santa Beatriz de Silva, cuya festividad se celebra, desde hace años, en dicho monasterio, al inicio del mes de Septiembre.

Presidió la Eucaristía, D. Juan José Infantes, secretario de la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada, de la Archidiócesis de Madrid y antiguo Director de Radio María España, concelebrando con él, el Padre Ángel Ramos Sánchez, S.J. Superior de la Comunidad Jesuita de la calle Almagro y el Padre Antonio Núñez, Sch. P.

Antes de la Eucaristía, se clausuraron las Cuarentas Horas -que se llevaron a cabo en la bonita iglesia del Monasterio-, con una procesión con el Santísimo Sacramento por la nave del templo, que fue acompañada con fervor por los asistentes. Igualmente, al finalizar la Santa Misa, se realizó la procesión con la imagen de la Santa Madre.

En su homilía D. Juan José comenzó explicando cuál es el papel de la vida contemplativa en la Iglesia. "Ellas, las religiosas, son la máquina de un reloj que permite que la Iglesia continúe realizando su finalidad". Describió como en Santa Beatriz se pueden analizar las características y virtudes de todo santo. E insistió en la necesidad de que en todos los conventos de Vida Contemplativa se adore el Santísimo Sacramento, pues de esa manera alcanzan del Cielo toda especie de gracias.

En virtud de que están en Cristo y gozan de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión nunca remplaza la oración directa a Dios, quién puede conceder nuestros ruegos sin la mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así participen de su amor. Dios ha querido constituirnos en una gran familia, cada miembro haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten. Los santos son modelos. Debemos imitar la virtud heroica de los santos. Ellos nos enseñan a interpretar el Evangelio evitando así acomodarlo a nuestra mediocridad y a las desviaciones de la cultura. Por ejemplo, al ver como los santos aman la Eucaristía, a la Virgen y a los pobres, podemos entender hasta donde puede llegar el amor en un corazón, que se abre a la gracia. Así fue Santa Beatriz de Silva. Pidamos a ella que interceda por estas hijas suyas para que alcancen la plenitud de su vida espiritual y que les obtenga de la Virgen Inmaculada muchas vocaciones, muchas santas vocaciones.