BrasilEspañaCanadáColombiaArgentinaItaliaCosta-RicaPeru_1Guatemala_1ParaguayPortugal

 

Viernes, 24 Febrero 2012

Vía Crucis en la Cripta de la Catedral de la Almudena, en Madrid

Vía-Crucis en la Cripta de la Catedral de Madrid Vía-Crucis en la Cripta de la Catedral de Madrid Pedro Galán

Durante los viernes de esta Cuaresma, y organizado por los Heraldos del Evangelio, se está realizando un Vía Crucis en la Cripta de la Catedral de Santa María Real de la Almudena al terminar la celebración de la Eucaristía de las 18:30 hrs.

El pasado viernes, 24 de febrero, presidió la Eucaristía Mons. Antonio Astillero Bastante, Deán de la Catedral y Vicario Episcopal de Actos Púbicos del Arzobispado de Madrid.

El coro de los Heraldos del Evangelio animó la Eucaristía y el ejercicio del Vía Crucis, que fue dirigido por D. Pedro Paulo de Figueiredo presidente de los Heraldos en España.

En todos los presentes resonaban todavía las palabras del Papa Benedicto XVI al finalizar el Vía Crucis de la JMJ en Madrid:

“Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo» (ibid.).

“Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo”.