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Jueves, 13 Marzo 2003

Una celebración especial para una ocasión especial, 22 de febrero


En el sábado 22 de febrero, festividad de la Cátedra de San Pedro, los Heraldos del mundo entero conmemoraban el II aniversario de la aprobación que la Santa Sede concedía a esta asociación de fieles otorgándole el carácter de derecho pontificio.

Pero en Sao Paulo, Brasil, hubo un solemne acto de coronación de la imagen del Inmaculado Corazón de María de Fátima -la misma que el Santo Padre bendijera en aquella ocasión- , en la catedral de la Seo, de esa misma ciudad.

La ceremonia se basaba en las coronaciones de los reyes ingleses, actos que marcaron un hito en la historia de Gran Bretaña.

Mons. Gil Antonio Moreira, obispo auxiliar y vicario general de la archidiócesis de Sao Paulo, coronaba a la Virgen en medio de sonoros toques de clarines y "¡Vivas!" de los más de cuatro mil fieles que abarrotaban el templo.

Seguramente que Haendel nunca imaginaría que sus obras pudiesen ser tan bien adaptadas a la Reina de los ángeles y de los hombres, pero María le concedió esta añadido a su gloria de compositor al inspirar a los Heraldos para que utilizasen sus trabajos para alabarla. De la unión del nuevo carisma que brotaba en la Iglesia -los Heraldos del Evangelio-, y de la genialidad musical de Georg Friedrich Haendel (1685-1759) surge esta majestuosa ceremonia de coronación de Nuestra Señora y Madre, realizada aquel sábado, bajo el arrebato del público.

Acto continuo, tuvo lugar la celebración de la Eucaristía, presidida por Mons. Moreira y concelebrada por más de veinte sacerdotes, acompañada de los cánticos y acordes musicales de Los Caballeros del Nuevo Milenio.

El público pudo oir las palabras del prelado a propósito de lo qué es ser una Asociación de Derecho Pontificio, ser reconocida por la Iglesia, estando en plena comunión en la fidelidad a la palabra de Dios y en la doctrina, tener la confianza de la Iglesia en relación al cumplimiento de sus propósitos y tener la esperanza de la Iglesia en la misión para la cual Ella nos envía, nos anima y nos estimula en el evangelización.

Uno de los momentos más emocionantes fue la entrada de las ofrendas, donde representantes de los 42 naciones presentes en el Congreso Internacional de Cooperadores de los Heraldos del Evangelio, depositaron las banderas de sus respectivos países como símbolo de la ofrenda a Jesús de sus personas y sus esfuerzos apostólicos.

Tras el canto del Te Deum y bendición con el Santísimo Sacramento, hacía uso de la palabra el presidente general, D. Juan S. Clá Díaz, agradeciendo en primer lugar la presencia de las autoridades por la comparecencia a aquella celebración, y poniendo de relieve la vocación de los Heraldos: traer a la Tierra lo bello que como tal nunca hubo, que nunca fue imaginado.

En esta ocasión 25 seglares y 5 sacerdote recibían la túnica de Cooperadores, y firmaron el compromiso propio a sus ocupaciones familiares, sociales o profesionales.