La Eucaristía: Dios con nosotros

      El Papa Juan Pablo II proclamó el período que va de octubre de 2004 a octubre de 2005, el Año de la Eucaristía. Para que podamos sacar el mayor provecho posible de estos escasos meses, invitamos a nuestros lectores a abstraerse de sus preocupaciones y, siguiendo el consejo de un artículo publicado en la revista francesa “Paillette d'Or”, a pensar en la estrecha relación de la Eucaristía con usted, conmigo, en fin, ¡con cada uno de nosotros, querido lector!

      Jesús en la Eucaristía es Dios que asumió nuestra humanidad; Dios hecho uno de nosotros, como un padre, un amigo, que habita materialmente en la misma casa donde vivimos en un cuarto cercano al nuestro, que nos invita todos los días a su Mesa, sin que ni un solo día quiera separarse de nosotros.

      Jesucristo es Dios hablando con nosotros; no a través del espacio, por correspondencia o por palabras confiadas a mensajeros de confianza, ni siquiera por inspiraciones íntimas; ¡es Dios con un cuerpo que vive, labios que hablan, manos que bendicen!

      La Eucaristía es Dios manifestando su amor, no solo por la abundancia de dones materiales y por la afección que tiene por nosotros; sino que es Dios con un corazón de carne, para que podamos sentir que late junto al nuestro; con manos para levantarnos de las caídas, con brazos para apretarnos misericordiosamente contra Su pecho y hacernos sentir que nos ama y nos perdona. Éste es Jesús en la Eucaristía. ¡Y todo eso es por mí, por usted, por cada uno de nosotros! ¡Por "mí", como si yo estuviese solo en el mundo con Él!

      Cuando me arrodillo delante del Tabernáculo, en una de las capillas laterales o en el altar principal de una iglesia, puedo decir con un profundo sentimiento de convicción y amor: ¡Él está aquí! Está recogido, pero me ve como mi madre me veía, incluso estando en otro cuarto.

      ¡Él está inmediatamente allí! Y me envía un Ángel para decirme: "¡Ven!" Jesús quiso, con la Eucaristía, quedarse entre nosotros, pero también quiso tener una casa Suya. Cada vez que entro en una iglesia, me ve y yo le doy el placer de estar allí.

      ¡Quién no comprende las dulces emociones de todos los santos que se apasionaron por la Eucaristía y que vivían horas, adorando a Su Señor, escondido, recogido en el Sagrario! ¡Qué bueno es estar junto a Él! ¡Allí, se olvidan todas las penas; allí se alivian todos los dolores; allí se alcanzan todas las victorias, allí se llenan los corazones de consolaciones! ¡Ah, si yo tuviese mil corazones para consolar al Abandonado en el sagrario y mil bocas capaces de pronunciar las palabras más inflamadas para conquistar a todos los hombres para Éste adorable Señor!

      Cuando, sobre el altar o en la exposición del Santísimo Sacramento, estoy delante de la Hostia, puedo decir: "¡He aquí!, velado, sí, a mis ojos humanos, como el alma o como el espíritu de mi hermano está velado a mis sentidos, pero está realmente presente en aquél lugar; y ¡yo puedo mirar aquella Hostia consagrada con la convicción de que es Jesucristo, el mismo Jesús que hablaba, trabajaba, y vivía con María, su Madre!

      Entonces, ¡¿cómo no quedarse delante de aquélla Hostia, a adorar, a contemplar, a llorar y a pedir gracias y favores que ayuden a mi salvación?!

      Cuando durante la Misa, en la Comunión, la Hostia consagrada entra en mis labios, puedo decir siempre con la misma convicción y el mismo amor: “Es Jesucristo, Dios-Hombre que toco con mis labios”.

      ¡Jesucristo y yo! Aquí está alguno de los pensamientos que sugerimos para el Año de la Eucaristía.

      Quien comprendiese bien estas palabras: “¡Jesús y yo!” vería su vida desembarazarse de sus preocupaciones, inquietudes y cuidados, su corazón calmo, se apaciguaría y se sentiría más dedicado. Los sufrimientos si no se hiciesen más llevaderos, por lo menos serían “divinizados”, pues serían transformados en coronas en el Cielo, e incluso su rostro reflejaría algo de la paz, alegría y bondad que el rostro de Jesús reflejó.

      Muy simples son las conclusiones prácticas de este artículo: Si Jesucristo está conmigo en la Eucaristía, debo visitarlo. Si Cristo está por mí, debo consultarle, dirigirle alguna oración, servirlo y esperar todo de Él.


Índice


Asociación Cultural Salvadme Reina de Fátima - España
http://www.salvadmereina.org
correo@salvadmereina.org