La Santa Casa de Loreto
JESÚS, dice el Evangelio, bajó con María y José y vino para Nazaret. Y les era sumiso. Crecía en estatura, sabiduría y gracia, delante de Dios y de los hombres" (Lc. 2, 51 y 52). ¡Bendito el techo que protegió a tan augusta familia!
Esta santa casa, verdadero cielo sobre la tierra, no era un palacio, sino una habitación simple y pobre. Aún hoy podemos visitarla, y contemplar con los propios ojos el humilde recinto que presenció la infancia de Jesús, que fue testigo de sus virtudes, de sus conversaciones con María, su Madre y San José, su padre adoptivo; donde en el silencio y en la oscuridad se desarrollaron los inefables misterios de humildad, pobreza, obediencia y amor, que sirven de enseñanza a todo el universo.
Gracias a un milagro especial, la santa casa de Nazaret está conservada en la catedral de Loreto. La autenticidad de este depósito sagrado, su traslado por los Ángeles en el siglo XIII, son hechos históricamente basados sobre pruebas incontestables.
Desde la ascensión del Señor a los cielos, la ciudad de Nazaret se convirtió en lugar de peregrinación. Los cristianos querían visitar y venerar la casa donde habitara la Sagrada Familia.
Mientras tanto, el día 10 de mayo de 1291, bajo el pontificado del Papa Nicolás V, cuando los mahometanos estaban dispuestos a destruir la antigua morada de la Virgen María, Nuestro Señor envió a sus Ángeles con la misión de llevarla para un lugar seguro.
Así, milagrosamente fue transportada a Dalmacia (actual Croacia), sin que nadie pueda explicar como se realizó dicho traslado.
Algunos habitantes del Adriático, habiendo salido bien temprano para trabajar en el campo, se encontraron no muy lejos del mar, en una localidad llamada Rannizza, un edificio solitario colocado en un lugar donde nunca existiera ninguna casa o cabaña. Fuera de sí, los campesinos corrieron a anunciar lo que habían visto. Los especialistas analizaron el misterioso edificio, construido con pequeñas piedras rojas y cuadradas, unidas con cemento. Todos se quedaron asombrados con la singularidad de su estructura y aspecto antiguo. Pero, un hecho los dejaba aún más perplejos: ¿cómo se mantenía de pie, asentada apenas en la tierra, sin cimientos?
La sorpresa aumentó aún más cuando penetraron en su interior, por la única puerta abierta. La sala era rectangular, a la derecha de la puerta, se abre una única ventana estrecha. Delante de ella, se ve un altar donde se lee la siguiente inscripción: "Aquí el Verbo de Dios se hizo carne" y sobre el cual se encuentra una cruz griega. A la derecha del altar está una imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los brazos: las fisionomías están oscurecidas por el tiempo y sin duda por el humo de las velas, encendidas delante de la imagen. A la izquierda, cerca del altar, se ve un pequeño armario incrustado en la pared, destinado a recibir los utensilios necesarios para la vida de una familia pobre. En él, se encuentran algunas jarras y rudos platos de sopa donde se alimentaban, normalmente, los campesinos más pobres. Y finalmente, cerca de allí, una especie de chimenea, encima de la cual hay un nicho. Tal era la distribución de esta humilde casa.
El obispo del lugar, D. Alexandre di Giorgio, y el gobernador de Dalmacia, Nicolau Frangipane, informados del acontecimiento, y creyendo ver en esta misteriosa casa el santuario de Nazaret, enviaron comisarios a Palestina. Constataron que de hecho este pequeño edificio era la santa casa que hasta entonces se encontraba en Nazaret. Se veía aún en Galilea las estructuras del edificio que ahora estaba en Dalmacia.
Tres años y medio después de haber llegado, la santa casa desapareció delante de la mirada desolada de los habitantes, y fue reencontrada en Italia, el día 10 de diciembre de 1294, en medio de un bosque, en la localidad de Recanati. Pasados ocho meses, la casa dejó el bosque y fue a posarse sobre una colina no muy distante. Cuatro meses después, se volvió a elevar del suelo, siempre por manos angélicas y se estableció finalmente en Loreto, donde aún hoy se encuentra, dentro de una catedral.
Fue en esta casa que el Arcángel Gabriel saludó a la Virgen María: "¡Dios te salve, llena de Gracia!", recibiendo la respuesta: "He aquí la esclava del Señor, hágase en Mí, según tu palabra". Entre sus paredes benditas se operó el más estupendo milagro que jamás hubo o habrá: ¡la concepción virginal del Hombre Dios!.
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