Excelencias del Sagrado Corazón de Jesús
Aprovechando que este mes ha salido a la luz el libro El Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, nos parece oportuno detenernos a admirar la belleza de algunas invocaciones con las que le honramos en su Letanía, verdadero tesoro que llena nuestras almas de amor y adoración hacia Él.
Corazón del Hijo, Corazón de la Madre
Tomemos, por ejemplo, esta hermosísima invocación: Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre.
Si consideramos el Corazón de Jesús en su realidad material y carnal, objeto de nuestro culto como símbolo de la voluntad de Nuestro Señor y, por lo tanto, de su amor para con nosotros; si lo consideramos en cuanto formado en el seno inmaculado de la Virgen, con la materia que la Madre proporciona para la constitución del cuerpo del Hijo, ligada a su divinidad por la unión hipostática, comprendemos que la carne de Jesús es la propia carne de María, la sangre de Jesús es la propia sangre de María, y, por lo tanto, el Corazón de Jesús es, de algún modo, el Corazón de María.
Si nos detuviésemos en la evocación de ese proceso generativo tan admirable, por el cual Jesús se formó del cuerpo de María, en un incendio de adoración por parte de Ella hacia ese Hijo que se modelaba en sus entrañas, comprenderemos aún más cómo el Corazón de Jesús está unido al Corazón Inmaculado de María, y cómo podemos tener una confianza sin reservas en la eficacia de la intercesión de Nuestra Señora junto a Nuestro Señor.
Foco de todo el amor de Dios
Otra invocación: Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad.
Caridad es el amor de Dios. El hecho de que el Corazón de Jesús sea ese horno ardiente
-o sea, no sólo un horno, que ya trae en sí la idea del ardor, sino un horno ardentísimo- expresa bien la idea de que Él es el foco de todo el amor de Dios. Y que la devoción al Corazón de Jesús, por intermedio del Corazón Inmaculado de María, es específicamente espléndida para quien se lamenta de ser tibio, de estar arrastrándose de manera lenta en la vida espiritual. Es la devoción más indicada y más excelente, capaz de comunicar el fuego y el fervor de la caridad a estas almas que deploran su estancamiento en las vías de la piedad.Modelo de verdadera paciencia
Es asimismo muy importante para nuestra época la invocación con la cual alabamos el Corazón de Jesús, paciente y misericordioso.
Paciente significa aquel que sufre. Es, por lo tanto, el Corazón de Jesús sufridor y misericordioso, presto a padecer incluso las injurias que le hacen los hombres. Es su Corazón amando el sufrimiento, comprendiendo que es la gran ley de la vida, y que, sin esto, la existencia no vale absolutamente nada. Pues, en último análisis, considerando las cosas desde cierta perspectiva, el valor de una criatura humana se mide por su capacidad de aceptar con coraje y resignación los dolores que la Providencia permite a lo largo de su camino.
Así, tenemos el Corazón de Jesús como nuestro modelo de paciencia. Y una de las formas importantes de que seamos pacientes, en el sentido superior de la palabra, tiene que ver con la actitud que tomamos en relación a nuestro prójimo. Es decir, saber aguantar las injurias y provocaciones, ser amables y bondadosos con aquellos que nos hacen sufrir con su mal genio, por las dificultades de su trato, etc. Para ello, es necesario pedirle al Sagrado Corazón de Jesús esa paciencia de la cual Él es la fuente.
Además de esta forma preciosa de paciencia, una de las expresiones más típicas de la capacidad de sufrir es el espíritu de iniciativa, a través del cual el hombre vence la pereza, la molicie, el tedio, el amor a sí mismo y se lanza al trabajo, a la lucha apostólica, arrojándose a lo más arduo si es necesario. Es ese espíritu de iniciativa, en virtud del cual renunciamos a todos nuestros relajamientos, que también debemos pedir al Corazón de Jesús, como óptima forma de paciencia.
Paciente y misericordioso. Es la misericordia como corolario de la paciencia, dispuesta a soportar todo, y a perdonar todo. Sí, convenzámonos de esta maravillosa verdad: el Sagrado Corazón de Jesús nos perdona una vez, dos veces, dos mil veces, y no quiere que perdamos el ánimo en su perdón.
Fuente de todo consuelo
Consideremos una última invocación: Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo.
La palabra consuelo encierra dos sentidos: uno de ellos quiere decir fortalecimiento; el otro, alegría, unción del Divino Espíritu Santo en el alma. Y en ambos sentidos, el Sagrado Corazón de Jesús es fuente de todo consuelo.
Sabemos cómo Él llena de júbilo y de satisfacción espiritual a las almas que le son devotas, a los corazones que se abren a su bondad infinita. Pero importa que comprendamos también que nuestra fuerza nos viene de Él. Y, cuando nos sintamos flacos, tibios, desorientados, sobretodo cuando estemos sin coraje delante de algún gran acto de generosidad, no debemos avanzar solos, imaginando que lo conseguiremos por nuestros propios medios. ¡No! El Corazón de Jesús es la fuente de toda fuerza. A través del Corazón Inmaculado de María, necesario para aproximarnos del Corazón de Jesús, hemos de dirigirnos a Él e implorar las fuerzas de las que carecemos. Y, con toda seguridad, no nos veremos defraudados en nuestro pedido.
Asociación Cultural Salvadme Reina de Fátima - España
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