Virgen de Marfil, de Sainte Chapelle, París, Francia.

 

Alma de fuego
y llamas de
amor

 

      Dios, que es el Amor, el propio fuego, vino a la tierra para encender en todos los hombres esta llama divina; pero a ningún corazón inflamó como el de su Madre que, siendo completamente pura de afectos terrenos, estaba perfectamente dispuesta para arder en este fuego bienaventurado.

      El alma de María se volvió, pues, todo fuego y llamas...

      ¡Cuando Ella llevaba al Niño Jesús en brazos, bien se podía decir que era un fuego llevando a otro fuego!

      San Alfonso María de Ligorio