Salve luz pura
Nuestra Señora es Aquélla que generó a la Luz del Mundo: Jesucristo, Señor nuestro. Y tanto resplandece María de la luz de su Divino Hijo, que se diría ser Ella la misma luz.
Esta singular luminosidad de la Virgen, que esparce su fulgor sobre toda la creación, ha sido exaltada por el entusiasmo de San Juan de Villanueva:
¡Oh, antorcha brillantísima, a cuántos alegraste cuando, iluminada por el resplandor divino, apareciste inmaculada en el seno de vuestra madre! (...)
Decidnos, ¡oh sabios astrólogos que contempláis las estrellas!; decidnos, ¡oh profetas! ¿qué llegará a ser esta doncella que tan brillante y aventajada se presenta al mundo? (...)
Oh, día digno de ser celebrado con gran regocijo, en que recibimos tal don. Exclamamos con San Bernardo: « Quitad el sol, ¿y qué restará en el mundo sino tinieblas? Quitad a María de la Iglesia, ¿qué quedará sino oscuridad?»
Santo Tomas de Villanueva, op. cit., pp. 142, 208 y 212.