Eucaristía en Santa María la Mayor

Cortejo de entrada

En la Basílica Patriarcal de Santa María la Mayor, el Secretario del Pontificio Consejo para los Laicos, Monseñor Stanislaw Rylko, celebró una solemne misa el 1 de marzo. Reproducimos abajo trechos de su homilía.

“Permitidme que al comienzo de esta homilía manifieste mi alegría profunda y mi gratitud al Señor por el don del reconocimiento pontificio de vuestra Asociación Heraldos del Evangelio. Todavía está vivo en nuestra memoria el acto sencillo y simple del pasado lunes cuando en el Pontificio Consejo para los Laicos se os entregaba el Decreto con el cual la Iglesia os reconoce como ‘Asociación Privada de Fieles de Derecho Pontificio’. Acto sencillo y simple, pero a la vez significativo y solemne, porque la Iglesia reconoce vuestra asociación como camino e ‘instrumento válido de santidad... como respuesta generosa al llamamiento a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad’ (Estatutos, n.2). La Iglesia os convoca y os envía como Heraldos del Evangelio a su misión evangelizadora. Ser heraldos del evangelio significa ser heraldos de la Buena Nueva que es Cristo, por tanto se os pide ser testigos auténticos y fieles de Cristo en el mundo de hoy.

Momento en que Mons. Rilko está
incensando el altar durante el ofertorio

“Antes de ayer habéis querido agradecer a Dios el don de vuestro reconocimiento por parte de la Iglesia junto a la tumba del Apóstol Pedro. Habéis querido reafirmar, así, vuestra unión profunda al Santo Padre, al ‘dulce Cristo en la tierra’, y vuestra total adhesión al Magisterio de la Iglesia. Ubi Petrus, ibi Ecclesia. Donde está Pedro, allí está la Iglesia.

“Hoy, en cambio, queréis manifestar vuestra gratitud al Señor por medio de María, nuestra Madre. A Ella, como hijos fieles, queréis confiar la alegría de esta nueva etapa de la vida de vuestra Asociación. Ante Ella y por medio de Ella queréis renovar vuestra consagración a Jesucristo. A Dios uno y trino, en Cristo por María. Este es el lema bajo el cual expresáis vuestra espiritualidad mariana de esclavitud según la doctrina de San Luis María Grignion de Montfort”.