Aprobación
Pontificia de los Heraldos del Evangelio,
Catedral de la Almudena, en Madrid
El domingo 18 de marzo la celebración se llevó a cabo en la catedral madrileña de Santa María la Real de la Almudena.
La eucaristía fue presidida por el Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro. El templo estaba repleto.
En la homilía, el embajador del Papa, así se dirigió a los Heraldos del Evangelio:
Agradezco la invitación que me habéis hecho para presidir esta celebración, a la vez que os saludo con todo afecto en nombre del Santo Padre Juan Pablo II, a quien tengo el honor de representar en España. Es fuente de alegría para mí saber que la fidelidad a los mandatos y deseos del Santo Padre es parte importante de vuestra espiritualidad.
Me complace dirigir un recuerdo particular al Sr. Juan Clá Scognamiglio, Coordinador General de vuestra Asociación.
El Evangelio de hoy habla de los frutos que el Señor quiere de nosotros. Vuestra Asociación joven y vigorosa puede compararse a la higuera de la parábola evangélica: plantada en la viña del Señor, crecida con el abono de la oración, cultivada continuamente con el trabajo de cada uno y el compromiso de correspondencia a la gracia, hoy ofrece frutos de apostolado y de vida cristiana, gratos a Dios.
Por eso, con alegría, damos hoy gracias al Señor por estos frutos que también la Iglesia reconoce. La finalidad de vuestro Instituto es, precisamente, la de ayudar a la Iglesia en la necesaria e ingente tarea de la Nueva Evangelización, a la que en tantas y en tan repetidas ocasiones se ha referido el Santo Padre Juan Pablo II, invitándonos siempre a su realización.
Vosotros estáis comprometidos en ello, con el esfuerzo de una vida que busca la perfección evangélica, con un apostolado intenso dirigido, sobre todo, a la promoción de la cultura cristiana, a la catequesis y a la animación litúrgica.
Cultivad particularmente la música sagrada, que la Iglesia considera patrimonio de inestimable valor, que sobresale entre las demás expresiones del arte, con un singular papel en el servicio divino. Cantad al Señor un cántico nuevo, decimos en el salmo 96. Que vuestra música sea la respuesta de unos corazones llenos de fervor y de alegría, que reconocen junto a ellos la presencia de Dios.
El nuncio concluyó sus palabras afirmando:
Confiamos estos sentimientos al Corazón de María Santísima, al que estáis especialmente consagrados. Que sea Ella la que dirija los pasos futuros de vuestra Asociación para que, en fidelidad a la Iglesia y al propio carisma, a vuestros tres amores la Eucaristía, María y el Papa, podáis ofrecer al mundo los frutos cada vez más abundantes de vuestro apostolado.
El Nuncio Apostólico durante la homilía y posteriormente a la Santa Misa saluda a
D. Juan Clá Scognamiglio, Coordinador general de los Heraldos del Evangelio.
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Coro de Los Caballeros del Nuevo Milenio, que participó en la solemnidad litúrgica