Inmaculada, en todo

y por todo Inmaculada

Beato Pio IX
(Bula Ineffabilis Deus)

Nuestra boca está llena de alegría y nuestros labios de júbilo, y damos y daremos siempre las más humildes y más vivas acciones de gracia a Nuestro Señor Jesucristo por habernos concedido el don singular de poder, aunque sin mérito, ofrecer y decretar esta honra, esta gloria y esta alabanza a su Santísima Madre. Y, después, reafirmar nuestra más confiante esperanza en la Santísima Virgen que, toda bella e inmaculada, aplastó la cabeza venenosa de la cruelísima serpiente y trajo la salvación al mundo; en Aquella que es la gloria de los Profetas y de los Apóstoles, honra de los Mártires, alegría y corona de los Santos, segurísimo refugio y fidelísimo auxilio de todos los que están en peligro. (...)

Confiamos que Ella quiera, con su eficacísima protección, hacer con que nuestra Santa Madre Iglesia Católica, superadas todas las dificultades y desbaratados todos los errores, prospere y florezca cada día más en el medio de todos los pueblos y en todos los lugares, de mar a mar y de río a río hasta el confin de la tierra, y tenga paz, tranquilidad y libertad completa. (...)

Escuchen nuestras palabras todos nuestros queridísimos hijos y de la Iglesia Católica y con siempre más ardiente fervor de devoción, de piedad y de amor, continuen venerando, invocando y suplicando a la Beatísima Virgen María, Madre de Dios, concebida sin pecado original, y con toda confianza recurran a esta dulcísima Madre de misericordia y de gracia, en todos los peligros, en todas las angustias, en todas las necesidades, en todas las dudas y en todas las aprensiones. (...)

Constituida por Dios Reina del Cielo y de la Tierra y exaltada encima de los coros de los Ángeles y de todas las órdenes de los Santos, Ella está a la derecha de su Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesucristo, y con Su poderosísimas oraciones de Madre suplica, encuentra lo que busca y no puede quedar defraudada.