"Alabo a todas las familias que rezan juntas"

Durante su última visita apostólica a Nigeria, el Santo Padre pronunció estas palabras, incentivando a la oración en familia: "alabo a todas las familias que rezan juntas".

Y continuó: "familias cristianas, el Papa os pide hoy que fomentéis la oración en familia, la oración diaria en familia. Maridos y mujeres juntos, los padres con sus hijos. Tened especial devoción al Rosario. Rogad a María, madre de Cristo y madre de la iglesia, la madre de las familias católicas. Dios no dejará de bendecir a la familia que rece unida en el nombre de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo", afirmó el Pontífice en esa ocasión.

 

En los Corazones de Jesús y María
se encuentra la fuente de las gracias y
el refugio de los pecadores

En la celebración de la fiesta del Sagrado Corázon de Jesús, el Papa recordó que el "Corazón de Cristo contiene un mensaje para cada hombre y habla también al mundo de hoy. En una sociedad donde se desarrollan con un ritmo creciente la técnica y la informática, donde nos vemos atraídos por miles de intereses, con frecuencia en conflicto, el hombre corre el riesgo de perder el centro de sí mismo".

"Al mostrarnos su Corazón, Jesús recuerda ante todo que ahí, en lo íntimo de la persona, se decide el destino de cada uno, la muerte o la vida en sentido definitivo. Él mismo nos da en abundancia la vida que permite a nuestros corazones, en ocasiones endurecidos por la indiferencia y el egoísmo, abrirse a una forma de vida más elevada", agregó.

Juan Pablo II recordó también que el Corazón de Cristo "es la fuente inagotable de gracia en la que todo hombre puede encontrar siempre amor, verdad, misericordia, especialmente en este año del gran Jubileo".

Al referirse a la Virgen María, "copartícipe de la Pasión del Hijo", el Pontífice destacó que Ella ofrece su Corazón "como refugio para quien se encuentra en busca de perdón, de esperanza y de paz, como nos ha recordado la fiesta de su Corazón Inmaculado".

 

"Jesucristo, Hijo de la
Virgen María, ¡sálvanos!"

 

Tú, Señor Jesucristo, Hijo de la Virgen María, eres el único Salvador del hombre, `ayer, hoy y siempre'! ¡En Ti creemos, sálvanos!" Con estas emotivas palabras, el Santo Padre clausuró ante la Plaza de San Pedro llena de peregrinos — incluyendo 10.000 niños que habían hecho la Primera Comunión —, el 47° Congreso Eucarístico Internacional: "Jesucristo, único Salvador del mundo, Pan para la nueva vida".

Durante la homilía de la Misa de Clausura, el Pontífice recordó que Cristo "nos confía su cuerpo entregado y su sangre derramada. Nos lo confía como hizo con los Apóstoles en el Cenáculo, antes del supremo sacrificio del Gólgota".

"Esta verdad reafirmamos en la Statio Orbis de este Congreso Eucarístico Internacional, mientras, obedientes al mandamiento de Cristo, rehacemos `en su memoria' lo que Él cumplió en el Cenáculo en la víspera de su Pasión", dijo el Pontífice, al proclamar que "desde esta plaza queremos repetir a los hombres y mujeres del tercer milenio el anuncio extraordinario: el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros y se ha ofrecido en sacrificio por nuestra salvación. Él nos entrega su cuerpo y su sangre como alimento de una nueva vida, de una vida divina ya no más sujeta a la muerte" — concluyó.