El poder de la voz de María

Al sonido de la voz de María Santísima, San Juan Bautista, que aún estaba en el seno materno, se estremeció de júbilo y, según los teólogos, en ese mismo instante fue purificado de la mancha original.
Este hecho nos revela la poderosa intercesión de María. El eco de su voz transformó a un hombre, confiriéndole un eminente grado de santidad. He aquí lo que debemos esperar de la Santísima Virgen: que su voz hable en lo íntimo de nuestras almas y que, en un instante, ese timbre inmaculado nos santifique y nos conceda una virtud que años de luchas y de trabajos no nos proporcionaron.
Por esto, todo aquél que tenga algún desánimo, tristeza o perplejidad en la vida espiritual puede hacer suya la oración que la liturgia tomó de las palabras que el centurión dirigió a Jesús (Lc. VII, 6-7) y dirigirlas a María Santísima: Señora, no soy digno de oír vuestra voz, pero decid una sóla palabra y mi alma será transformada, en un instante, si así lo queréis