En la alocución
que pronunció Juan Pablo II el domingo 29 de
agosto en Castel Gandolfo, recordó el
sacrificio de tantos testigos de la fe en los
regímenes totalitarios y anticristanos.
El Santo Padre
dijo: "San Pablo, al escribir a los
cristianos de Roma se hace eco de las enseñanzas
de Jesús, exhortándonos a no conformarse
con la mentalidad del mundo, sino antes a
ofrecer toda su existencia en sacrificio vivo,
santo y agradable a Dios (cf. Rm.12, 1-2).
"El
seguimiento de Cristo requiere un itinerario
señalado muchas veces por incomprensiones y
sufrimientos" recordó el Pontífice,
y advirtió que "nadie se engañe,
hoy como ayer, ser cristiano significa ir
contra la corriente en relación con la
mentalidad de este mundo, buscando no el
interés propio y la alabanza de los hombres,
sino únicamente hacer la voluntad de Dios y
el verdadero bien del prójimo".
"Muchos,
en varias partes del mundo continúan
sufriendo también en nuestros días por
causa del Evangelio", denunció.
En el fin de sus
palabras, Juan Pablo II invocó la protección
de "María, Reina de los confesores y
de los mártires". El Papa le pidió
que "nos ayude a ser fuertes delante
de las tribulaciones de la vida y para
vivirlas en unión con Cristo por la salvación
del mundo. Recurramos a Ella con confianza en
los momentos de prueba. Y Ella, Virgen fiel,
infundirá coraje a nuestro espíritu y
suscitará en nosotros un empeño cada vez más
generoso de fidelidad evangélica",
concluyó.
(L'Obsservatore
Romano, 4-9-99)
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