"Europa del Tercer Milenio, no te resignes ante las maneras de pensar y de vivir que no tienen futuro"

Juan Pablo II, en la homilía de apertura del segundo Sínodo de Obispos de Europa, que reunió a 197 padres sinodales y a unos cincuenta auditores y delegados fraternos, convocados "para hacer más incisivos en cada rincón de Europa el anuncio y el testimonio de Cristo", realizó un llamamiento a la esperanza.

Este llamamiento, sin embargo, es sumamente realista. El Pontífice mencionó las "muchas pruebas dolorosas que las naciones europeas han tenido que sufrir durante este azaroso y difícil siglo que se acerca a su ocaso".

En concreto, citó los campos de concentración, los gulags, los bombardeos y las trincheras y las ocasiones en las que ha sido pisada la dignidad humana. "Los entusiasmos suscitados por la caída de los muros y de las revoluciones pacíficas — constató — por desgracia

parece que se han diluido frente al impacto con los egoísmos políticos y económicos. De los labios de muchas personas de Europa salen las palabras desconsoladas de los discípulos de Emaús: `nosotros creíamos...'".

A este continente lleno de desiluciones, al que la libertad reobtenida no le ha traído la felicidad, el Santo Padre quiso lanzar un emotivo llamamiento: "Europa del Tercer Milenio, no te quedes con los brazos caídos, no cedas ante el desaliento, no te resignes ante las maneras de pensar y de vivir que no tienen futuro, pues no se fundamentan en la sólida certeza de la palabra de Dios".

(Padre Nuestro 10-10-99)

Ser discípulo de Cristo

En la alocución que pronunció Juan Pablo II el domingo 29 de agosto en Castel Gandolfo, recordó el sacrificio de tantos testigos de la fe en los regímenes totalitarios y anticristanos.

El Santo Padre dijo: "San Pablo, al escribir a los cristianos de Roma se hace eco de las enseñanzas de Jesús, exhortándonos a no conformarse con la mentalidad del mundo, sino antes a ofrecer toda su existencia en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (cf. Rm.12, 1-2).

"El seguimiento de Cristo requiere un itinerario señalado muchas veces por incomprensiones y sufrimientos" recordó el Pontífice, y advirtió que "nadie se engañe, hoy como ayer, ser cristiano significa ir contra la corriente en relación con la mentalidad de este mundo, buscando no el interés propio y la alabanza de los hombres, sino únicamente hacer la voluntad de Dios y el verdadero bien del prójimo".

"Muchos, en varias partes del mundo continúan sufriendo también en nuestros días por causa del Evangelio", denunció.

En el fin de sus palabras, Juan Pablo II invocó la protección de "María, Reina de los confesores y de los mártires". El Papa le pidió que "nos ayude a ser fuertes delante de las tribulaciones de la vida y para vivirlas en unión con Cristo por la salvación del mundo. Recurramos a Ella con confianza en los momentos de prueba. Y Ella, Virgen fiel, infundirá coraje a nuestro espíritu y suscitará en nosotros un empeño cada vez más generoso de fidelidad evangélica", concluyó.

(L'Obsservatore Romano, 4-9-99)

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