Oración al Niño Jesús

Cuando nos aproximemos al pesebre y contemplemos la venerable y maternal figura de la Santísima Virgen, la de San José y, sobre todo, la imagen de Aquel que es la fuente de toda nuestra alegría, hagamos la siguiente oración:
Heme aquí, ¡oh Niño Jesús!, arrodillado a tus pies, para agradecerte todas las gracias que me has concedido a lo largo del año.
Agradezco el plan eterno que tenías para mí, como de cualquier hombre, el plan determinado e individual. Te agradezco por haber puesto una lucha en mi camino. Agradezco la fuerza que me diste para resistir, para combatir y para rezar.
Quedo agradecido por todo eso. Sin embargo hay más. Agradezco todos los años de mi vida que ya pasaron, especialmente los que se pasaron en tu gracia. Agradezco también los años que se fueron y que no se pasaron en tu gracia, porque en determinado momento, por tu voluntad, ellos cesaron, y yo abandoné así el camino de la desgracia para entrar nuevamente en tu gracia.
¡Oh Divino Infante! ¡Oh Niño Jesús!, por las manos de María Santísima y de San José, agradezco el momento en que dije "Sí" a tu llamada y empecé a trabar el buen combate por Tí.
Agradezco todo el auxilio que me diste para vencer mis defectos. Agradezco porque no te has impacientado conmigo, y porque me conservaste la vida para tenga tiempo de corregirlos.
Y si en esta noche de Navidad puedo dirigirte una oración, Señor Jesús, la formularé inspirado en las palabras del salmista que dijo: "no me lleves en la mitad de mis días" (Sl. 101). Yo digo: "No me quites los días en la mitad de mi obra y ayúdame para mis ojos no se cierren por la muerte; que mis músculos no pierdan su vigor, mi alma no quede privada de su fuerza y agilidad antes que yo haya vencido en mi, por tu gloria, todos mis defectos, haya subido todas las alturas interiores a las cuales me destinaste y, que en el campo de batalla, yo te haya prestado, por hechos heroicos toda la gloria que esperabas de mí cuando me creaste. Así sea.